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La carta más alta del ocio en la Edad Media: los pasatiempos de la época

Si te pedimos que cierres los ojos e imagines una manera de pasar el tiempo jugando, seguro que te vienen a la mente videojuegos, un ordenador o una videoconsola, o incluso el móvil o la tablet.

Y es que la tecnología ha logrado en los últimos veinte años avances extraordinarios y ha conseguido en un tiempo récord hacerse un hueco en la mayoría de hogares.

Tal ha sido la influencia de las nuevas tecnologías en la sociedad y en la vida de las personas, que muchas costumbres y tradiciones se han visto modificadas y entre ellas, por supuesto, también los juegos y pasatiempos.

Los juegos han dado un cambio radical, ya que se han ido digitalizando e individualizando con el tiempo. Esto les ha hecho diferenciarse mucho de los juegos más tradicionales, donde el juego representaba sobre todo un momento de reunión y distracción en compañía de otros.

Hoy en día, por ejemplo, hasta se puede echar una partida de parchís y dominó con amigos, sin ni siquiera tenerlos en la misma mesa, e incluso viviendo en países diferentes.

Algo así habría sido inimaginable siglos atrás, como en la Edad Media, donde la única opción de jugar juegos de mesa era compartiendo el momento y el lugar con el compañero de pasatiempo.

Y es que la sociedad ha ido evolucionando a pasos agigantados, pues quién iba a decirles a nuestros antepasados que existirían juegos como los de mesa tradicionales o de cartas de forma online: solitarios, ajedrez, juegos de poker texas holdem y hasta juegos de deportes, como el fútbol o el tenis, que ya puedes disfrutarlos desde cualquier lugar con tu dispositivo.

Volviendo a la Edad Media, tan solo imaginar algo así habría sido con toda seguridad tachado de brujería y quien lo pensara, quemado en la hoguera.

En la Edad Media, los juegos más populares eran aquellos donde se empleaban los caballos de madera, las muñecas, sonajeros y pajarillos.

Además, de estos cuatro ejemplos, hay estudios que enumeran otros juguetes típicos de la Edad Media que han perdurado hasta la actualidad: las peonzas (trompos), los cazamariposas, los pequeños teatrillos con marionetas y los dados.

Y es que, parece ser que cuando jugamos nuestro comportamiento es el mismo sin importar la época histórica y a veces nos distraemos con el objeto más simple que se pueda imaginar.

Por otro lado, algunos de los juegos de mesa empleados mayoritariamente por adultos durante la Edad Media, y que todavía siguen existiendo y siendo empleados (aunque cada vez menos) en la actualidad son los dados, el ajedrez, el backgammon o el zorro y las gallinas.

Tal vez algún nombre te suene a chino, pero una vez sepas de qué trata, seguro que te suena e incluso es probable que lo hayas jugado en algún momento.

El ajedrez es tan conocido a nivel mundial y probablemente quien más y quien menos lo habrá jugado alguna vez, que una explicación del juego parece innecesaria.

Piezas de ajedrez de madera. Crédito: Pixabay

El backgammon, por el contrario, a pesar de ser uno de los juegos más antiguos de tablero de dos jugadores, no es tan famoso ni practicado como el ajedrez.

Y te preguntarás, ¿de qué trata exactamente este juego? Bien, se trata de un pasatiempo que llegó a Europa desde Oriente y está pensado para dos personas, en el que cada jugador dispone de 15 fichas de un color distinto al de las fichas de su rival, normalmente negro y rojo.

El resultado depende de varios factores: del azar de los dados, de las habilidades estratégicas de los rivales y de su cálculo de probabilidades, así que hay que estar bien concentrado para tener opciones de ganar.

Con este juego, la gente en la Edad Media no solamente se distraía, sino que además también mejoraba las habilidades mentales y de cálculo, muy útiles para aquella época, ya que cabe recordar que no gozaban de comodidades como podría ser una simple calculadora.

Por otro lado, el juego llamado el zorro y los gansos (o la variante con las gallinas, cuyo nombre originario es el halatafl debido a sus raíces vikingas) también se practicaba frecuentemente entre la población.

Este juego tiene como objetivo que un jugador con una pieza (el zorro) capture las trece piezas del contrincante (los gansos) sin ser capturado.

En este juego de mesa hay dos jugadores, uno con la ficha negra del zorro y el otro con 13 fichas, los gansos. Los 13 gansos se colocan formando una barrera en una parte del tablero. Tanto el zorro como los gansos pueden moverse para todos los lados.

Recordad que esto se debe hacer también de manera ortogonal y no en diagonal. Para que ganen los gansos, tienen que inmovilizar al zorro, y para que el zorro sea el ganador, tiene que devorar a tantos gansos de manera que ya no le puedan inmovilizar.

Es posible que al principio suene complicado, pero con el tablero y las fichas delante todo tiene otro color y resulta muy divertido.

Si en lugar de haber surgido en la Edad Media hubiese surgido en pleno siglo XXI, probablemente el tablero sería digital y en lugar de fichas, habría figuras que se moverían según se indicase con el ratón.

Y es que está bien poder jugar con amigos en la distancia, pero la tensión que se vive en un cara a cara y en ocasiones, las risas que causa esta rivalidad (aunque sea por un tiempo), no se puede comparar con nada.

¿O no? Lo que está claro es que ni la Edad Media es tan oscura como habrás leído, ni la gente era tan aburrida como alguien de esta época podría pensar.

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