Publicado el: Mie, mar 13th, 2013

Los Argonautas y el Vellocino de oro

Una de las aventuras más mencionadas en la mitología clásica es la aventura de Jasón y los argonautas en busca del vellocino de oro. Jasón quería ocupar su lugar en el trono, que había sido usurpado por su tío, Pelias. Para poder conseguirlo, le ordenó buscar las cenizas de un antepasado que había sido asesinado en la Cólquide, Frixo, y que además allí encontraría el famoso vellocino de oro. Para poder llevar a cabo la misión, Jasón hizo que construyeran un barco que se llamaría Argos. En él embarcó junto a sus amigos tras haber hecho un sacrificio a Apolo para conseguir su protección.

La nave Argos

El viaje no fue directo como cabría pensar, sino que realizaron numerosas paradas corriendo aventuras. La primera de ellas fue la parada realizada en Lemnos. Allí se encontraron con que Afrodita había maldecido a los hombres haciendo que desprendieran un olor tan nauseabundo que las mujeres del lugar los rechazaron y después los asesinaron, por lo que estaban solas. Viendo la situación en que se encontraban, los argonautas decidieron quedarse un tiempo y darles hijos para poder repoblar la isla.

Sin embargo, se encontraban tan a gusto que comenzaron a retrasar su fecha de partida, por lo que el propio Hércules debió de ir para recordarles su misión. Viendo la pronta marcha de estos hombres, la mismísima reina, Hipsípile, les suplicó que no lo hicieran e incluso le ofreció a Jasón el trono, el cual él rechazó.

Partieron tan pronto como pudieron y llegaron a Samotracia. Allí el dios Orfeo les convino a aprender los misterios del lugar. La siguiente parada fue en la isla de Cícico, donde fueron recibidos hospitalariamente por los doliones.

Cuando se hicieron a la mar, una terrible tormenta les obligó a regresar a la misma isla, pero con la oscuridad causada por la tormenta ni ellos reconocieron el sitio donde habían estado ni los isleños reconocieron su nave. Los tomaron por piratas y se enfrentaron a ellos. Durante el enfrentamiento, Jasón mató al rey.

Cuando pudieron ver lo ocurrido una vez había amanecido, quedaron profundamente consternados y decidieron organizar unos juegos fúnebres de tres días de duración. Además, levantaron una estatua dedicada a Rea en el monte Díndimo. Sin embargo, los que se habían quedado a vigilar la nave estaban siendo atacados mientras tanto por gigantes, que fueron rápidamente vencidos gracias a Hércules, que había tomado el control del Argos.

Jasón y Medea

Habiendo terminado las exequias funerarias, emprendieron de nuevo su viaje y llegaron a Misia para que Hércules pudiera encontrar madera lo suficientemente dura para construirse un remo. Mientras esperaban, Fineo, uno de los miembros de la tripulación, les comentó que para atravesar las peligrosas rocas Simplágades, que se encontraban siempre en continuo movimiento, debían soltar una paloma y seguirla. Gracias a esta idea consiguieron pasar con apenas unos rasguños en la nave. Al lograr atravesar tan arduo camino, las rocas se quedaron quietas, ya que así lo decía su destino.

Llegaron entonces al país de Lico, donde perdieron a varios miembros de la expedición debido a las enfermedades, incluido el piloto, aunque pudo ser sustituido. Poco después llegaron a su destino, la Cólquide. Allí Jasón se presentó ante el rey, Eetes, para poder explicarle el motivo de su visita. El rey le impuso dos condiciones: la primera, tenía que poner bajo el mismo yugo a dos toros nunca uncidos que le había regalado Hefesto y que tenían las pezuñas de bronce y arrojaban fuego; la segunda consistía en arar un campo con ellos y sembrar en él los dientes del terrible dragón consagrado a Ares que protegía el vellocino.

Para poder enfrentarse a estas misiones, recibió la ayuda de la hija del rey, la hechicera Medea. Ésta se había enamorado de Jasón por obra de Eros, por lo que le ofreció su ayuda a cambio de que se casara con ella y la llevase con él a Grecia. Jasón aceptó sus condiciones a pesar de no sentir nada por ella.

Medea entonces le entregó un ungüento con el que ni el fuego ni el hierro le harían daño durante el plazo de un día. Respecto al dragón, le dijo que de sus dientes salían soldados, pero que podría vencerlos fácilmente si les tiraba una piedra; todos ellos se pondrían a luchar entre sí por ver quién había sido el culpable. Gracias a su inestimable ayuda, Jasón pudo realizar los encargos del rey.

Sin embargo, Eetes nunca pensó que lo conseguiría. De hecho, no quería entregarle el vellocino de oro, ya que sus intenciones consistían en reducir a cenizas la nave Argos y acabar con todos los miembros de la tripulación. Cuando Jasón tuvo conocimientos de tales pretensiones, fue en busca de Medea para que le ayudase a dormir al dragón para coger el vellocino y se dio a la fuga.

Jasón con el Vellocino de oro

Cuando el rey se enteró de la huida, salió rápidamente en su busca. Medea, que había previsto lo que haría su padre, había matado y descuartizado a su hermano Apsirto para ir tirando al mar sus trozos, de tal manera que su padre tuviera que pararse para recogerlos. Cuando Eetes hubo recogido todas las partes decidió detenerse en Tomes para organizar el funeral de su hijo, lo que le dio a Jasón una gran ventaja.

La muerte de Apsirto enfureció enormemente a Zeus, que condenó a la nave a perder su ruta. Tras tiempo en el mar, desesperados por no encontrar el rumbo, decidieron ir a ver a Circe para que les librase de sus crímenes y así poder aplacar la ira de los dioses. Ella les ayudó pero no permitió a Jasón descansar en su palacio.

Cuando de nuevo pusieron rumbo a Grecia, tuvieron que pasar por las temidas aguas donde moraban las sirenas, pero el canto de Orfeo, que era mucho más bello que el de ellas, les salvó de caer bajos sus encantos. Únicamente perdieron a un hombre, Butes, pero Afrodita le salvó y le llevó a Sicilia.

Cuando llegaron a Corfú, el rey Alcínoo negoció para poder quedarse con Medea si ésta seguía siendo virgen. La esposad el rey se entero del acuerdo y acudió presta a Medea para que fuera conocedora de tales hechos. Medea no perdió el tiempo y se unió a Jasón esa misma noche. Finalmente, llegaron a Yolco, consiguiendo Jasón el trono. La nave fue llevada a Corinto para que fuera consagrada al dios del mar, Poseidón.

Imágenes: Dominio Público

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