Entre los textos apócrifos del judaísmo del período del Segundo Templo, el Libro de los Jubileos ocupa un lugar singular. No es simplemente otro texto apocalíptico más entre los muchos que florecieron entre el siglo III a.C. y el I d.C.: es una obra de una ambición extraordinaria que se propone nada menos que reescribir el Génesis y los primeros capítulos del Éxodo desde el principio, corrigiendo, ampliando y reinterpretando el texto canónico desde la perspectiva teológica de la comunidad que lo produjo.
Su título procede de su sistema de organización cronológica: divide toda la historia desde la creación hasta el Sinaí en jubileos, períodos de 49 años cada uno, organizando los eventos bíblicos en una estructura temporal precisa que no existe en el Génesis canónico. Esa organización cronológica no es un capricho sino una declaración teológica: la historia sagrada tiene un orden exacto y ese orden está determinado por el calendario solar de 364 días que la comunidad autora consideraba el único calendario legítimo, en oposición al calendario lunar de 354 días usado en el Templo de Jerusalén.
Pero lo que hace al Libro de los Jubileos verdaderamente extraordinario para la historia de la demonología y de la teología del mal no es su sistema cronológico sino su protagonista sobrenatural: Mastema, el príncipe de los espíritus malignos que negoció con Dios para conservar su ejército de demonios después del diluvio y que actúa en cada momento crítico de la historia patriarcal intentando frustrar el plan divino. En ese papel, Mastema es la figura de transición más importante entre el adversario funcional del Antiguo Testamento y el príncipe del mal autónomo que el Nuevo Testamento heredará.
Contexto histórico: quién escribió los Jubileos y por qué
El Libro de los Jubileos fue compuesto en hebreo casi con certeza durante el siglo II a.C., en el período de crisis religiosa y política que siguió a la conquista seléucida de Judea y a la persecución de Antíoco IV Epífanes. Ese contexto histórico es fundamental para entender la agenda teológica del texto.
La comunidad que produjo los Jubileos vivía en un momento en que el judaísmo tradicional se sentía amenazado por la helenización creciente: los sacerdotes del Templo adoptaban costumbres griegas, el sumo sacerdocio había sido corrompido por el proceso de venta del cargo y el calendario lunar usado en el Templo era, desde la perspectiva de la comunidad autora, una traición a la tradición recibida. Los Jubileos son en parte una respuesta a esa crisis: una reafirmación de la identidad judía auténtica frente a la contaminación exterior.
La mayoría de los especialistas relaciona el texto con el mismo ambiente que produjo los Rollos del Mar Muerto y la comunidad de los esenios. Múltiples copias del texto en hebreo y arameo fueron encontradas en las cuevas de Qumrán, lo que confirma que la comunidad lo consideraba un texto autorizado y lo estudiaba junto a los libros canónicos. La doctrina de los dos espíritus, el dualismo entre luz y tinieblas y el énfasis en el calendario solar que aparecen en los Jubileos son coherentes con la teología de los textos de Qumrán.
El texto fue atribuido al Ángel de la Presencia, que lo dicta a Moisés durante los 40 días en el monte Sinaí. Esta atribución angélica es un recurso literario típico de la literatura apocalíptica para dotar al texto de autoridad: si el ángel que está más cerca del trono divino le dictó el texto directamente a Moisés, tiene la misma o mayor autoridad que el Génesis canónico.
El texto original en hebreo se perdió casi completamente. Se conserva íntegro únicamente en una traducción etiópica —el Ge’ez— dentro del canon de la Iglesia Ortodoxa Etíope, que incluye los Jubileos entre sus libros sagrados. También se conservan fragmentos en latín y griego y los fragmentos hebreos y arameos de Qumrán han permitido verificar la fidelidad de la traducción etiópica.
La estructura del texto: cómo reescribe el Génesis
El Libro de los Jubileos cubre el mismo territorio narrativo que el Génesis 1 hasta el Éxodo 14: desde la creación del mundo hasta el cruce del Mar Rojo. Lo hace siguiendo la misma secuencia de eventos del texto canónico pero añadiendo, modificando y reinterpretando en cada paso.
Las adiciones más significativas son de tres tipos.
Adiciones cronológicas: el texto fecha cada evento con precisión en el sistema de jubileos, semanas de años y años individuales. Adán fue creado en el primer año del primer jubileo; Noé nació en el año tal del jubileo tal; el diluvio comenzó en una fecha específica. Esta precisión cronológica tiene una función teológica: demostrar que la historia sagrada sigue un orden divino exacto que valida el calendario solar de 364 días.
Adiciones demoníacas: el texto introduce a Mastema y sus espíritus en episodios del Génesis que en el texto canónico no tienen ninguna dimensión demoníaca. El sacrificio de Isaac, el intento de matar a Moisés en el camino a Egipto, las plagas: todos estos episodios reciben en los Jubileos un agente sobrenatural maligno detrás de ellos que no existe en el texto original.


Adiciones halájicas: el texto introduce leyes y prescripciones que no están en el Génesis canónico pero que la comunidad autora considera parte de la revelación original. La prohibición de casarse con mujeres no judías, las reglas del Shabat, las normas de pureza: los Jubileos proyectan hacia el pasado patriarcal las normas que la comunidad considera esenciales, presentándolas como parte de la revelación original y no como innovaciones posteriores.
El calendario solar: la disputa teológica central
Para entender el Libro de los Jubileos es imprescindible entender la importancia del calendario solar de 364 días que defiende. Esta disputa calendárica, que puede parecer un tecnicismo irrelevante, era en realidad una de las divisiones teológicas más profundas del judaísmo del período del Segundo Templo.
El calendario lunar de 354 días usado en el Templo de Jerusalén requería ajustes periódicos para mantenerse sincronizado con las estaciones, lo que significaba que las fiestas religiosas caían en días distintos cada año. El calendario solar de 364 días, exactamente 52 semanas, tenía la ventaja de que las fiestas caían siempre en el mismo día de la semana, lo que la comunidad autora consideraba teológicamente necesario: si el Shabat debe caer siempre en sábado y si las grandes fiestas deben caer siempre en días específicos de la semana, solo el calendario solar lo garantiza.
Los Jubileos presentan este calendario como la revelación original hecha a Adán, a Enoc y a Noé, anterior al calendario lunar. Usar el calendario lunar es, en la perspectiva del texto, una traición a la revelación divina original influida por las costumbres de los pueblos paganos vecinos. Esta disputa calendárica tenía consecuencias prácticas enormes: una comunidad que seguía el calendario solar celebraba las fiestas en días distintos a los del Templo oficial, lo que equivalía a una separación litúrgica radical de las prácticas religiosas de Jerusalén.
Mastema: el protagonista sobrenatural de los Jubileos
Como desarrollamos en el artículo dedicado a Mastema, la figura demoníaca central de los Jubileos es el príncipe Mastema, cuyo nombre significa «hostilidad» u «odio» en hebreo. Su primera aparición en el texto es también la más teológicamente significativa: la negociación después del diluvio.
Cuando Noé pide a Dios que encadene a todos los espíritus impuros para que no corrompan a sus hijos, Mastema interviene y negocia: «Señor creador, deja algunos de ellos ante mí, y que escuchen mi voz y hagan todo lo que les diga.» Dios accede: una décima parte de los espíritus impuros queda bajo el mando de Mastema; las otras nueve partes descienden al lugar de condenación.
Esta negociación es el momento fundacional de la demonología de los Jubileos y uno de los pasajes más importantes de toda la literatura apocalíptica judía. Establece varios principios teológicos de una vez:
- Primero, que el mal sobrenatural opera con permiso divino explícito: Mastema no actúa clandestinamente sino que negocia abiertamente con Dios y obtiene su consentimiento.
- Segundo, que el mal tiene una función en el plan divino: Mastema necesita sus demonios para «ejecutar el poder de su voluntad sobre los hijos de los hombres», que están «destinados a corromperse». La tentación y el castigo de los pecadores forman parte del plan providencial.
- Tercero, que el mal tiene límites estructurales: solo una décima parte de los demonios queda disponible para Mastema; las otras nueve partes son destruidas. El mal es real y poderoso pero no ilimitado.
Los episodios bíblicos reinterpretados
La operación más audaz del Libro de los Jubileos es la reinterpretación demoníaca de episodios del Génesis y el Éxodo que en el texto canónico no tienen ninguna dimensión sobrenatural maligna.
El sacrificio de Isaac
En el Génesis canónico, es Dios quien ordena a Abraham sacrificar a Isaac: «Después de estas cosas, Dios probó a Abraham» (Génesis 22:1). No hay ninguna figura demoníaca en el texto original.
En los Jubileos, la iniciativa es de Mastema, que actúa exactamente como el ha-satan del Libro de Job:
Y el príncipe Mastema vino y habló ante Dios acerca de Abraham: ‘Mira, Abraham ama a Isaac su hijo, y se complace en él sobre todas las cosas. Dile que lo ofrezca como holocausto en el altar, y verás si lo hace.
Esta reinterpretación tiene consecuencias teológicas importantes. Libera a Dios de la responsabilidad directa de una orden que muchos lectores han encontrado moralmente perturbadora y transfiere la iniciativa a Mastema, que quería que Abraham fallara. La prueba resulta en la demostración de la fe de Abraham y en la humillación de Mastema.
El intento de matar a Moisés
En el Éxodo canónico hay un versículo enigmático que ha generado siglos de debate: durante el viaje de Moisés a Egipto, «el Señor salió a su encuentro en el camino y trató de matarlo» (Éxodo 4:24). ¿Por qué iba Dios a intentar matar a su propio enviado?
Los Jubileos ofrecen una solución: no fue Dios sino Mastema quien intentó matar a Moisés. El ángel narrador interviene para protegerlo y Mastema se ve frustrado. Es una inversión de la lógica del texto canónico que resuelve la dificultad teológica atribuyendo el acto violento al adversario demoníaco.
Las plagas de Egipto
En los Jubileos, Mastema actúa del lado de los egipcios durante las plagas, ayudando a sus magos a imitar los prodigios de Moisés. Esta versión introduce una dimensión de guerra sobrenatural en el Éxodo: detrás de la resistencia del faraón está Mastema, el príncipe del mal que lucha contra el plan divino de liberación de Israel.
La noche de Pascua, cuando Dios manda matar a los primogénitos de Egipto, los Jubileos atribuyen el acto a Mastema y sus fuerzas: «Y todas las fuerzas de Mastema fueron enviadas para matar a todos los primogénitos en la tierra de Egipto». Mastema, el adversario de Israel, se convierte paradójicamente en instrumento del castigo de los enemigos de Israel.
Los ángeles caídos en los Jubileos: los Vigilantes
Aunque Mastema es el protagonista demoníaco central de los Jubileos, el texto también desarrolla la tradición de los ángeles Vigilantes heredada del Libro de Enoc. En los Jubileos, los Vigilantes, los ángeles caídos que se unieron a mujeres humanas y engendraron a los Nefilim, son el origen de los espíritus impuros que Mastema gobierna.
Cuando los Nefilim murieron en el diluvio, sus espíritus quedaron en el mundo como seres demoníacos sin cuerpo. Esos espíritus son los que Mastema negoció conservar en su ejército. La cadena causal es clara: ángeles caídos → Nefilim → espíritus de los Nefilim muertos → demonios bajo el mando de Mastema. Esta genealogía demoníaca conecta los Jubileos con el Libro de Enoc y establece una cosmología coherente del origen del mal sobrenatural en el mundo: no es una creación independiente de Dios sino el resultado de la rebelión de los ángeles y de la muerte de sus hijos gigantes.
El énfasis en la separación: endogamia y pureza
Una de las preocupaciones más persistentes del Libro de los Jubileos es la separación del pueblo de Israel de las naciones gentiles, especialmente en materia de matrimonio. El texto presenta la prohibición de casarse con mujeres no judías no como una ley posterior sino como parte de la revelación original hecha a los patriarcas.
Abraham instruye a su hijo Isaac: «No tomes una esposa de entre las hijas de Canaán, porque todos sus descendientes están destinados a ser arrancados de la tierra». La prohibición se repite en distintos contextos y con distintos patriarcas, construyendo una norma de endogamia estricta que refleja la preocupación de la comunidad autora por la contaminación cultural y religiosa.
Esta preocupación conecta directamente con el contexto histórico del texto: la helenización del judaísmo del siglo II a.C. era percibida como una amenaza existencial y la mezcla matrimonial con los griegos y otros pueblos era uno de los vectores de esa helenización. Los Jubileos responden proyectando la prohibición hacia el pasado patriarcal para darle la máxima autoridad posible.
Los Jubileos y el Nuevo Testamento
La influencia del Libro de los Jubileos sobre el Nuevo Testamento es indirecta pero real. El texto no es citado explícitamente en el Nuevo Testamento, pero el ambiente teológico que refleja, con su dualismo entre luz y tinieblas, su figura del adversario sobrenatural activo en la historia, su escatología de tribulación y redención, es el mismo ambiente en el que nació el movimiento cristiano primitivo.
La figura de Mastema como adversario que actúa en los momentos críticos de la historia sagrada prefigura al Satanás de los evangelios que tienta a Jesús en el desierto y que actúa a través de sus agentes humanos. La reinterpretación demoníaca de episodios del Antiguo Testamento en los Jubileos es coherente con la forma en que Pablo y otros autores del Nuevo Testamento reinterpretan los mismos episodios en clave cristológica.
El Libro de los Jubileos y otros textos apocalípticos
| Aspecto | Libro de los Jubileos | Libro de Enoc | Rollos del Mar Muerto | Libro de Daniel |
|---|---|---|---|---|
| Período | Siglo II a.C. | Siglos III-I a.C. | Siglos II a.C. – I d.C. | Siglo II a.C. |
| Canon | Apócrifo (etíope: canónico) | Apócrifo (etíope: canónico) | Sectario | Bíblico |
| Figura demoníaca central | Mastema | Azazel, Semyaza | Belial | Príncipes angelicales |
| Método narrativo | Reescritura del Génesis-Éxodo | Visiones y viajes celestiales | Reglas comunitarias, himnos | Visiones proféticas |
| Calendario | Solar (364 días) | Solar (364 días) | Solar (364 días) | No relevante |
| Relación con Qumrán | Autoritativo, múltiples copias | Autoritativo, múltiples copias | Producido por la comunidad | Bíblico, estudiado |
| Influencia en el NT | Indirecta (Mastema → Satanás) | Directa (Judas 14-15) | Directa (vocabulario dualista) | Directa (Hijo del Hombre) |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Libro de los Jubileos, en Charlesworth, J.H. (ed.) (1985). The Old Testament Pseudepigrapha, vol. II. Doubleday.
- Biblia de Jerusalén: Génesis 22; Éxodo 4:24.
- Libro de Enoc.
- Dead Sea Scrolls Digital Library
Bibliografía:
- Díez Macho, Alejandro (ed.) (1982). Apócrifos del Antiguo Testamento, vol. II. Ediciones Cristiandad, Madrid.
- García Martínez, Florentino (1992). Textos de Qumrán. Trotta, Madrid.
- VanderKam, James C. (1989). The Book of Jubilees, 2 vols. Peeters, Lovaina.
- VanderKam, James C. (2001). The Book of Jubilees. Guides to Apocrypha and Pseudepigrapha. Sheffield Academic Press.
- Endres, John C. (1987). Biblical Interpretation in the Book of Jubilees. Catholic Biblical Association, Washington.
- Charlesworth, James H. (ed.) (1983). The Old Testament Pseudepigrapha, 2 vols. Doubleday.
Preguntas frecuentes sobre el Libro de los Jubileos
¿Qué es el Libro de los Jubileos y por qué se llama así?
El Libro de los Jubileos es un texto apócrifo judío del siglo II a.C. que reescribe el Génesis y los primeros capítulos del Éxodo desde la perspectiva teológica de su comunidad autora. Se llama así porque organiza toda la historia desde la creación hasta el Sinaí en jubileos —períodos de cuarenta y nueve años cada uno— siguiendo un calendario solar de 364 días que la comunidad consideraba el único calendario legítimo. También es conocido como la Pequeña Génesis o el Apocalipsis de Moisés.
¿Está el Libro de los Jubileos en la Biblia?
No forma parte del canon hebreo ni del Antiguo Testamento protestante o católico. Sin embargo, es canónico en la Iglesia Ortodoxa Etíope, que lo incluye entre sus libros sagrados, y se conserva íntegro únicamente en traducción etiópica. Múltiples copias fragmentarias en hebreo y arameo fueron encontradas en las cuevas de Qumrán, lo que confirma que la comunidad esenia lo consideraba un texto autorizado de primera importancia.
¿Quién es Mastema en los Jubileos?
Mastema es el príncipe de los espíritus malignos, la figura demoníaca central del texto. Su nombre significa «hostilidad» u «odio» en hebreo. Su primera aparición es la negociación después del diluvio, cuando convence a Dios de dejarle una décima parte de los espíritus impuros bajo su mando para poder continuar su obra de tentación y castigo de los humanos. Actúa en los momentos más críticos de la historia patriarcal —el sacrificio de Isaac, el intento de matar a Moisés, las plagas de Egipto— siempre intentando frustrar el plan divino y siempre siendo frustrado.
¿Por qué los Jubileos defienden el calendario solar?
Porque la comunidad autora consideraba que el calendario lunar usado en el Templo de Jerusalén era una corrupción de la revelación original. El calendario solar de 364 días —exactamente 52 semanas— garantiza que las fiestas religiosas caigan siempre en el mismo día de la semana, lo que la comunidad consideraba teológicamente necesario. Los Jubileos presentan este calendario como la revelación original hecha a Adán, Enoc y Noé, anterior al calendario lunar que atribuyen a la influencia de los pueblos paganos vecinos.
¿Cómo influyó el Libro de los Jubileos en el cristianismo?
Su influencia es indirecta pero significativa. El ambiente teológico que refleja —dualismo entre bien y mal, adversario sobrenatural activo en la historia, escatología de tribulación y redención— es el mismo en que nació el movimiento cristiano primitivo. La figura de Mastema como adversario que actúa en los momentos críticos de la historia sagrada prefigura al Satanás de los evangelios. La reinterpretación demoníaca de episodios del Antiguo Testamento en los Jubileos es coherente con la hermenéutica del Nuevo Testamento que reinterpreta los mismos episodios en clave cristológica.









