Encuentran un tumor de ovario en el esqueleto de una mujer de la época romana

Un equipo de investigadores dirigidos por la antropóloga Núria Armentano de la Unidad de Antropología Biológica de la Universidad Autonómica de Barcelona (UAB) ha hallado los restos más antiguos de un teratoma ovárico calcificado, dentro de la pelvis del esqueleto de una mujer de la época romana.

Tumor de ovario encontrado en el esqueleto de una mujer romana
Tumor de ovario encontrado en el esqueleto de una mujer romana

Gracias al descubrimiento se ha podido corroborar la presencia de este tipo de tumores encapsulados desde tiempos muy antiguos. Por lo que se conoce, los teratomas pueden adoptar formas grotescas ya que están compuestos de restos de tejidos u órganos como pelo, dientes, huesos, e incluso ojos, o manos. En este caso en particular, la pequeña masa redonda contenía cuatro dientes y un pequeño fragmento de hueso.

Debido a esta característica estructura, los teratomas entrañan una gran dificultad a la hora de ser localizados durante un examen común de restos antiguos. “Estos tumores no se suelen calcificar, los tejidos blandos desaparecen, no nos llegan, y los pequeños dientes del contenido podrían fácilmente haber pasado desapercibidos en la excavación”, señalaba Núria Armentano.

Por lo general, estos tumores son benignos (más en mujeres que en hombres) y hoy día, todavía no se ha encontrado ninguna referencia literaria sobre teratomas ováricos en restos antiguos como los hallados en este estudio, que ha sido publicado en la International Journal of Paleopathology.

Este teratoma en concreto mostraba una forma redondeada, con una superficie rugosa del mismo color que los huesos, y un tamaño de 43 mm de largo y 44 mm de diámetro. Fue localizado en la parte derecha de la pelvis de una mujer de entre 30 y 40 años de edad que vivió hace unos 1.600 años, y que fue encontrada en el cementerio romano del yacimiento arqueológico de La Fogonussa (Lleida) durante unas excavaciones en 2010. Tras un examen macroscópico los investigadores hallaron un pequeño trozo óseo y cuatro dientes de morfología anómala en el interior del tumor, dos de los cuales estaban adheridos a la pared interior del mismo.

La calcificación y la preservación de las paredes externas de este tumor son excepcionales, ya que este tipo de restos por lo general, sólo conservan las estructuras internas, y las externas acaban desapareciendo debido a su extremada fragilidad“, declaró Assumpció Malgosa, co-autor del estudio.

Es por ello que en diversos contextos arqueológicos se hayan realizado diferentes diagnósticos de calcificaciones pélvicas y abdominales, debido en mayor medida a la complejidad a la hora determinar su naturaleza (se podría tratar de cálculos renales, fibromas, teratomas, restos arteriales, etc.) Además, estas calcificaciones son difíciles de detectar durante las excavaciones ya que con una considerable facilidad pueden confundirlas con piedras.

En el 60% de los casos los teratomas son asintomáticos, aunque en ciertas ocasiones pueden llegar a causar torsiones y problemas funcionales en los órganos cercanos. Actualmente están bastante controlados y raramente llegan a hacerse tan grandes, o a calcificarse, ya que se detectan y operan muy temprano.

Sin embargo, los investigadores no desechan la teoría de que la mujer romana pudiera haber muerto por este tumor. Aunque también cabe la posibilidad de que viviera durante toda su vida con el teratoma pegado en su ovario sin que le supusiera ningún problema.