La guerra de las Siete Semanas

La guerra de las Siete Semanas, también conocida como la guerra austro-prusiana, fue uno de los tres grandes conflictos que conformaron la unificación de los territorios germanos. Tuvo grandes consecuencias negativas para el Imperio Austríaco y situó a Prusia a la cabeza de los reinos germanos.

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Tras la guerra de los Ducados, el canciller de Prusia, Otto von Bismarck, tenía la duda de si su ejército sería suficiente como para imponerse militarmente en la Confederación Germánica y desbancar a los austríacos al frente del grupo. Una vez que tuvo constancia de que las tropas dirigidas por Moltke eran extremadamente superiores a las del resto de reinos y principados, aprovechó las disputas por los derechos recíprocos sobre los ducados para excluir a Austria de la Confederación. Para no quedar desamparado, Bismarck contaba con la neutralidad de Napoleón III y con una alianza militar con el reino de Piamonte.

Esta acción no fue del agrado del emperador austríaco, quien acusó a Prusia de violar los acuerdos de Gastein con la proposición de la Constitución Federal y la exclusión en los asuntos alemanes del Imperio de los Habsburgo. Las medidas supusieron una declaración de guerra contra Prusia por parte de Austria y de la Liga de los Cuatro Reyes, formada por Baviera, Sajonia, Württemberg y Hannover, en 1866.

En realidad, la campaña fue muy corta y tuvo dos escenarios: Alemania y Piamonte. En las tierras germanas, el ejército de Moltke derrotó con facilidad a los austríacos en la batalla de Sadowa; mientras que en tierras italianas el ejército y la flota piamonteses fueron vencidos en las batallas de Custozza y Lissa.

Aunque fue un conflicto corto, lo cierto es que las consecuencias fueron muy relevantes. Por un lado, Prusia consiguió anexionarse varios territorios de la zona septentrional, que antes de la guerra eran independientes. Gracias a estas adquisiciones, formó la “Confederación de Alemania del Norte”, una organización política que rivalizaba directamente con Austria. Por otra parte, el Imperio Austríaco sufrió graves consecuencias.

Perdieron la hegemonía sobre los reinos germánicos y el Imperio se transformó en una monarquía dual dividida entre Austria y Hungría. Por último, otros de los grandes beneficiados fue Piamonte. Aunque es cierto que perdieron sus batallas, los italianos consiguieron prácticamente cumplir su sueño de unidad, mediante la soberanía de Lombardía y el Véneto.

La guerra de las Siete Semanas
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Apasionado por la Historia, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Desde pequeño le encantaba la Historia y acabó por explorar sobre todo los siglos XVIII, XIX y XX.

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