La historia o el origen de Roma no comienza en el año 754 a.C. como muchos creen. En realidad, comienza mucho antes, con la caída de Troya. Según la tradición romana, la ciudad eterna nace de una combinación de destino divino, romance imposible y fratricidio. Es una historia que los antiguos romanos contaban una y otra vez, porque en ella reconocían su propia identidad: una ciudad construida sobre el conflicto, pero también sobre el poder.
La huida de Eneas: cuando los dioses trazan destinos
Cuando Troya cayó bajo los ataques griegos, la ciudad ardió durante días. La mayoría de sus habitantes perecieron, pero uno logró escapar: Eneas, hijo de la diosa Afrodita y del mortal Anquises. La diosa intervino en el último momento, permitiendo que su hijo huyera cargando a su padre anciano sobre los hombros mientras su hijo Ascanio corría tras él.
El viaje de Eneas fue accidentado. Primero llegó a las costas de África septentrional, donde encontró algo inesperado: la ciudad de Cartago, recién fundada por la reina Dido. Esta reina, exiliada de Tiro, había escapado de su hermano con todo el oro que pudo llevar y buscaba reconstruir su vida en tierras nuevas. Cuando vio llegar a Eneas desde el mar, quedó cautivada por el héroe troyano. Aquello fue más que un simple encuentro: Dido se enamoró profundamente de él.
Por un tiempo, Eneas olvidó su misión. Pasó los días con Dido en Cartago, disfrutando de la belleza de la ciudad y la compañía de la reina. Pero los dioses nunca olvidan sus planes. Un día, Hermes, el mensajero divino, se apareció en los sueños de Eneas para recordarle que su destino no era quedarse en Cartago, sino que tenía una misión más importante: fundar una dinastía que gobernaría el mundo. Eneas despertó sabiendo que debía partir, aunque ello significara abandonar a Dido. La reina, devastada por su partida, se suicidó poco después.
Eneas navegó entonces hacia Italia, donde su verdadero destino lo esperaba.
La alianza en el Lacio: cuando comienzan las dinastías
La costa italiana no era territorio desconocido. Años antes, el rey Evandro, un arcadio que había emigrado desde Grecia, había establecido su ciudad, Palanteo, en las colinas de lo que después sería Roma. Era un territorio ya habitado, pero no por una gran potencia.
Cuando Eneas llegó a la región del Lacio, fue recibido por el rey Latino. Este monarca reconoció en Eneas a alguien de noble origen y lo hospedó como correspondía a un príncipe. Durante su estancia, Eneas conoció a Lavinia, la hija del rey y poco después, contrajeron matrimonio y tuvieron un hijo al que llamaron Ascanio.

Ascanio creció en el Lacio y, cuando ya era adulto, decidió fundar una nueva ciudad que serviría como capital del reino: Alba Longa. Este cambio fue importante: Alba Longa se convirtió en el centro del poder latino durante varias generaciones, y desde allí se gobernaba todo el territorio.
Durante siglos, reyes sucesivos mantuvieron el poder en Alba Longa, pero el destino, como siempre en la mitología romana, tenía otros planes. Eventualmente llegó el momento en que dos hermanos, Numitor y Amulio, optaban al trono y el conflicto entre ellos cambiaría para siempre la historia de la región.
La usurpación: cuando la ambición corrompe
Amulio no era un hombre dispuesto a compartir el poder, así que decidió apartar a su hermano Numitor del trono y tomar el control para sí. Pero eso no era suficiente. Para asegurar que nadie reclamara el trono después, Amulio se deshizo de la hija de Numitor, Rea Silvia. Su solución fue cruel: obligó a la joven a convertirse en sacerdotisa vestal, una de las sacerdotisas que servían a la diosa Vesta en el templo de Roma.
Las vestales hacían un voto de castidad perpetua, se les exigía mantenerse vírgenes de por vida, dedicando su existencia al servicio divino. Violar este voto significaba la muerte. Era la forma perfecta de Amulio de asegurar que Rea Silvia nunca tendría hijos que pudieran amenazar su reinado. O al menos, eso pensaba.
Pero los dioses tienen sentido del humor y frecuentemente interfieren en los planes de los mortales.
El encuentro junto al río: cuando los dioses se enamoran
Un día, mientras caminaba junto al río Tíber, Rea Silvia se sintió cansada. Se acostó en la orilla para descansar y se quedó dormida bajo el cálido sol italiano, sin saber que Marte, el dios de la guerra, pasaba por allí en ese momento. La vio dormida y quedó fascinado por su belleza. Marte, un dios apasionado y a menudo impulsivo, se enamoró instantáneamente de ella.
De ese encuentro entre un dios y una mortal nacieron dos gemelos: Rómulo y Remo. Rea Silvia sabía que el nacimiento de estos niños era su sentencia de muerte y que Amulio no toleraría la existencia de sus sobrinos, especialmente porque eran hijos de Marte, lo que los hacía semidivinos.
La decisión de Rea Silvia fue desgarradora pero rápida: metió a los bebés en una cesta de mimbre, los cubrió con una tela y los llevó hasta el río Tíber. Con las manos temblando, lanzó la cesta al agua, rezando a cualquier dios que la escuchara para que sus hijos sobrevivieran. Luego regresó a Alba Longa para enfrentar su destino. Amulio, furioso al descubrir lo que había sucedido, mandó ejecutar a Rea Silvia. Sus últimas palabras fueron probablemente una maldición contra su hermano, aunque los cronistas nunca las registraron.
La salvación inesperada: cuando una loba se convierte en madre
La cesta descendió por las aguas del Tíber, golpeándose contra las rocas y siendo arrastrada por la corriente. Por suerte, quedó varada en la orilla aproximadamente a 20 kilómetros de la desembocadura del río, en las cercanías del monte Palatino, en donde una loba encontró los bebés. Según la leyenda, la loba no los atacó, sino que los amamantó con su propia leche, convirtiéndose en su madre adoptiva.
Los gemelos pasaron meses en la guarida de la loba, alimentándose de su leche y creciendo en las sombras del monte Palatino hasta que un pastor llamado Faustulo los descubrió. El pastor, con la compasión que caracteriza a los hombres de corazón noble, decidió no abandonar a los niños. Los llevó a su hogar y los crió como si fueran sus propios hijos. Los llamó Rómulo y Remo.
El regreso de los héroes: cuando los destinos se cumplen
Rómulo y Remo crecieron en el seno de una familia de pastores, ignorantes de su verdadero origen, pero la sangre y el destino son fuerzas poderosas. En cierto momento, se enteraron de quiénes eran realmente: hijos de Marte, descendientes de Eneas y herederos del trono de Alba Longa. Esta revelación encendió algo en ellos. No podían tolerar que su tío Amulio siguiera en el poder, usurpando un trono que por derecho les pertenecía.
Los gemelos atacaron Alba Longa, derrotaron a Amulio y lo ejecutaron. Luego, restauraron el trono a su abuelo Numitor, quien había pasado años esperando la oportunidad de recuperar lo que era suyo. Numitor, agradecido con sus nietos, les concedió honores y reconocimiento público.
Pero Rómulo y Remo tenían sus propias ambiciones. No querían simplemente servir como príncipes en Alba Longa, querían fundar algo nuevo, algo que fuera suyo. Decidieron construir una ciudad en el lugar exacto donde habían sido criados por la loba: las colinas cercanas al monte Palatino. Allí, donde había agua suficiente, terreno defendible y buenas oportunidades comerciales, nació la idea de una nueva ciudad.
El conflicto de los hermanos: cuando los dioses eligen un ganador
Sin embargo, los gemelos no estaban completamente de acuerdo. Rómulo quería que la ciudad se construyera en el monte Palatino, mientras que Remo prefería el monte Avenino. Era un conflicto menor, pero en el mundo antiguo, los lugares sagrados importaban. Decidieron consultar a los dioses mediante auguricio, una práctica romana consistente en observar el vuelo de los pájaros para interpretar la voluntad divina.
Rómulo se subió al monte Palatino mientras Remo ascendía al monte Avenino. Ambos escrutaron el cielo, buscando señales y pronto vieron buitres. Remo vio 6 buitres, una cantidad respetable que cualquiera interpretaría como una señal divina, pero Rómulo vio 12 buitres, el doble. Según las reglas del auguricio, el número mayor indicaba la voluntad más clara de los dioses.
Rómulo interpretó esto como una confirmación divina: la ciudad debería construirse donde él estaba, en el monte Palatino. Con confianza renovada, Rómulo bajó de la colina y comenzó a trazar el perímetro de la futura ciudad con un arado. Este acto, simple en apariencia, era ritual y sagrado. Mientras trazaba las líneas, Rómulo anunció que cualquiera que transgrediera las murallas que se construirían allí sería ejecutado sin misericordia.
El fratricidio: cuando el destino se completa
Remo, descontento con la decisión de los dioses, decidió poner a prueba la determinación de su hermano. Caminó hasta las líneas trazadas por Rómulo y, en un acto deliberado de desafío, las cruzó saltando sobre ellas. Fue una prueba de lealtad, una prueba de poder, una prueba de dominio.
Rómulo, enfurecido por lo que interpretó como un desafío directo a su autoridad y a la voluntad de los dioses, no dudó: tomó una espada y mató a su propio hermano. Algunos cronistas dicen que fue Rómulo quien lo golpeó; otros afirman que fue uno de sus soldados, pero el resultado fue el mismo: Remo yacía muerto.
La muerte de Remo fue un acto de violencia que marcó el carácter de la ciudad que nacería. Roma no nació de la paz o la cooperación fraternal, sino de conflicto, ambición y derramamiento de sangre. Era un augurio adecuado para una ciudad que se convertiría en la más poderosa del mundo antiguo, construida sobre la expansión militar y la conquista.
La fundación de Roma: el nacimiento de una ciudad
Con Remo muerto, Rómulo procedió sin oposición. Trazó completamente el pomerium, el límite sagrado de la ciudad y supervisó la construcción de las primeras murallas. En honor a su hermano caído, o quizás en una intención de sellar su legado, Rómulo llamó a la ciudad Roma.
Según la tradición romana, la ciudad fue fundada el 21 de abril del año 754 a.C., fecha que se convirtió en el Natalis Urbis Romae, el cumpleaños de Roma y era celebrada cada año por los romanos con festividades y sacrificios religiosos. Aunque la arqueología moderna sugiere que Roma se desarrolló gradualmente durante varios siglos, para los antiguos romanos, el año 754 a.C. marcaba el momento exacto en el que su destino comenzó.
Rómulo se convirtió en el primer rey de Roma y gobernó durante casi 40 años, según las fuentes, estableciendo las instituciones fundamentales de la ciudad: el Senado, las magistraturas y el sistema de patrocinio (patronazgo, donde hombres poderosos brindaban protección a cambio de lealtad política). Cuando finalmente murió, la leyenda dice que fue arrebatado al cielo en una tormenta, siendo deificado por los romanos como el dios Quirino.

La leyenda como identidad
La historia de Rómulo y Remo es mucho más que una simple narrativa sobre los orígenes de una ciudad. Para los antiguos romanos, era una explicación de quiénes eran y por qué estaban destinados a gobernar el mundo. Los gemelos descendían de Venus (Afrodita), la diosa del amor, de Marte, el dios de la guerra y de los héroes troyanos, conectándolos con la civilización más prestigiosa del Mediterráneo oriental.
La loba que los amamantó se convirtió en el símbolo de Roma misma: feroz, protectora y capaz de cuidar a sus propios hijos incluso en las circunstancias más adversas. El conflicto entre Rómulo y Remo reflejaba la realidad política romana: la competencia por el poder, la necesidad de decisiones claras y la disposición a usar la violencia cuando fuera necesario.
Aunque la investigación arqueológica moderna ha demostrado que Roma se desarrolló de manera más gradual y menos dramática, la leyenda perduró durante más de 1.000 años. Los romanos la contaban a sus hijos, la celebraban en festivales y la invocaban para justificar sus decisiones políticas. Era verdad no porque hubiera sucedido exactamente así, sino porque explicaba de forma poética y memorable quiénes eran los romanos y cuál era su lugar en el mundo.
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Fuentes y bibliografía
Fuentes primarias
- Tito Livio. «Ab Urbe Condita» (Desde la Fundación de la Ciudad). Libros I-II sobre los reyes y Rómulo.
- Ovidio. «Fastos«. Descripción poética de la fundación de Roma.
- Plutarco. «Vidas Paralelas«. Biografías de Rómulo y Numa Pompilio.
En español
- Gibbon, Edward. «Decadencia y caída del Imperio Romano» (Traducción), 2006. Ediciones Sígueme.
- Rostovtzeff, Michael. «Historia social y económica del Imperio Romano«, 1990. Espasa-Calpe.
- Grant, Michael. «Historia de Roma«, 1990. Editorial Planeta.
- Alföldy, Géza. «Historia social de Roma«, 1987. Alianza Editorial.
En inglés
- Syme, Ronald. «The Roman Revolution» (reprint 2002), 1939. Oxford University Press.
- Beard, Mary. «SPQR: A History of Ancient Rome«, 2015. Profile Books.
- Lintott, Andrew. «Imperium Romanum: Politics and Administration«, 1993. Routledge.
- Harris, William V. «War and Imperialism in Republican Rome«, 1979. Oxford University Press.
- Crook, John A. «Law and Life of Rome«, 1967. Thames and Hudson.
- Nicolet, Claude. «The world of the citizens in republican Rome«, 1980.
Preguntas frecuentes sobre el origen de Roma
¿Rómulo y Remo realmente existieron?
Los historiadores modernos tienen sus dudas. No hay evidencia arqueológica de la existencia de Rómulo y Remo como figuras históricas. La mayoría de los estudiosos cree que la leyenda de los gemelos fue creada posteriormente para explicar los orígenes de Roma de una manera memorable y dramática. Roma, en realidad, se desarrolló gradualmente a través de la fusión de varios asentamientos en las siete colinas durante los siglos VIII y VII a.C.
¿Qué significa la loba en la leyenda?
La loba es un símbolo central de Roma. Representa la fiereza, la maternidad protectora y la salvajidad controlada. En la psicología romana, la loba simbolizaba la capacidad de la ciudad para cuidar a sus hijos (sus ciudadanos) y protegerlos del peligro, especialmente del peligro externo. La estatua de la loba amamantando a los gemelos, conocida como la Lupa Capitolina, se convirtió en uno de los símbolos más icónicos de Roma.
¿Por qué Rómulo mató a Remo?
Según la tradición, Remo cruzó las líneas sagradas trazadas por Rómulo, desafiando su autoridad y las señales divinas. Sin embargo, algunos historiadores modernos sugieren que esta historia fue inventada para justificar por qué solo Rómulo fue recordado como el fundador. En realidad, podría ser que ambos nombres provengan de la palabra latina «roma» o que sean títulos paralelos que gradualmente se fusionaron en una sola narrativa.
¿Cuándo fue realmente fundada Roma?
La arqueología sugiere que Roma se desarrolló durante varios siglos, con ocupación humana en las colinas comenzando alrededor del siglo X a.C. Sin embargo, el período de desarrollo más intenso fue entre los siglos VIII y VII a.C., cuando varios asentamientos se fusionaron gradualmente. La fecha tradicional de 754 a.C. es una construcción posterior de historiadores antiguos como Varrón, que utilizó cálculos genealógicos para llegar a una fecha específica.
¿Qué rol jugó Eneas en la historia de Roma?
Según la mitología romana, Eneas fue el antepasado de Rómulo y Remo a través de su descendencia. La conexión entre Eneas y Roma era fundamental para la identidad romana, especialmente porque conectaba a Roma con la prestigiosa tradición troyana. Virilio inmortalizó esta conexión en su épica la Eneida, escribiendo sobre el viaje de Eneas y su llegada a Italia.
¿Por qué importa esta leyenda si no es históricamente precisa?
La leyenda de Rómulo y Remo es importante porque explica cómo los antiguos romanos se entendían a sí mismos. Reveló sus valores (poder, conflicto resuelto mediante violencia, destino divino), sus conexiones (con dioses y héroes), y su misión (gobernar el mundo). Para los romanos, la verdad de una historia no estaba necesariamente en los hechos, sino en lo que revelaría sobre la naturaleza del universo y el lugar de Roma en él.













Es una historia muy linda