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El Senado romano: Historia, poder y funcionamiento de la institución más importante de Roma

by Marcelo Ferrando Castro
24 enero, 2026
in Roma
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Senadores romanos en togas blancas durante una sesión del Senado Romano en la Curia

Los senadores, vistiendo sus togas blancas características con franja de púrpura, se reúnen en la Curia Iulia para debatir asuntos de política, guerra y administración imperial. Esta imagen ilustra la disposición física de la asamblea, con senadores sentados en gradas y un orador de pie en el centro, representando el debate formalizado que caracterizaba las sesiones senatoria. Obra: Cicerón denuncia a Catilino, de Cesare Maccari, 1889. Palazzo Madama, dominio público.

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El Senado romano fue la institución política más duradera e influyente de la antigüedad clásica, existiendo durante más de 1.000 años desde la fundación de Roma hasta el siglo VI d.C. Originalmente creado como un consejo de ancianos de 100 miembros durante la monarquía, evolucionó hasta convertirse en el corazón del poder político romano, primero durante la República y luego adaptándose bajo los emperadores del Imperio.

Su nombre derivaba de la palabra latina «senex» (anciano), reflejando su función original de asamblea de sabios que asesoraban al gobernante. El Senado no fue jamás un cuerpo completamente democrático, pero representó un intento único en la antigüedad de limitar el poder centralizado mediante la experiencia colectiva y el debate institucionalizado.

Durante la República alcanzó su máximo poder, controlando la guerra, la diplomacia, las finanzas y la religión de un imperio en expansión. Bajo los emperadores, aunque perdió autoridad, continuó existiendo como símbolo del poder romano y como mecanismo de administración.

Su historia refleja la transformación de Roma de una pequeña ciudad-estado a la potencia mediterránea más importante y su legado perduró en los sistemas políticos modernos que buscaron equilibrar el poder mediante cámaras deliberativas de representantes experimentados.


Índice:

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  • Orígenes del Senado: de Rómulo a la República
    • Los primeros senadores y la monarquía
    • El Senado en la transición hacia la República
  • El Senado en su Apogeo: la República Romana (509-27 a.C.)
    • Composición y requisitos para ser senador
    • Funciones y poderes en la República
    • Cómo funcionaba una sesión senatorial
    • El poder del Senado frente a otras instituciones
  • El Senado bajo los emperadores: adaptación y declive (27 a.C. – 476 d.C.)
    • Augusto y la recepción imperial
    • Los emperadores difíciles y la represión
    • Cambios en composición y poder
    • Vida de un senador imperial
    • Funciones administrativas del Senado Imperial
  • La vida de un Senador romano
    • Requisitos y camino al Senado
    • Privilegios e indumentaria
    • El ideal del hombre político romano
    • Riqueza y financiación
  • Funciones, procedimientos y el funcionamiento cotidiano
    • La orden de oradores
    • Divisiones y votaciones
    • Senatus consulta
    • Senatus consultum ultimum
  • El Senado en transición: del imperio temprano al tardío
    • Las dinastías imperiales y el Senado
    • El Senado en el siglo III d.C.
  • El fin del Senado romano
    • El Senado bajo Diocleciano y Constantino
    • El Senado en el Imperio Tardío
    • La desaparición final
  • El legado del Senado romano
    • Influencia en sistemas políticos modernos
    • Su significado histórico
  • Fuentes y bibliografía
  • Explora más sobre la Historia de Roma
  • Preguntas frecuentes sobre el Senado romano
    • ¿Cuántos miembros tenía el Senado romano?
    • ¿Cuál era el requisito de riqueza para ser senador?
    • ¿Las mujeres podían ser senadoras?
    • ¿Podría un emperador ser destituido por el Senado?
    • ¿Cuál era la diferencia entre el Senado y las Asambleas Populares?
    • ¿Cómo ganaban experiencia política los senadores jóvenes?
    • ¿Qué sucedió con los senadores después de la caída del Imperio romano de Occidente?
    • ¿Cuál era el edificio donde se reunía el Senado?
    • ¿Cuál era la diferencia entre los Conscripti y los Patres?
    • ¿Podía un senador ser expulsado del Senado?

Orígenes del Senado: de Rómulo a la República

Los primeros senadores y la monarquía

Según la tradición romana transmitida por historiadores como Tito Livio y Dionisio de Halicarnaso, el fundador de Roma, Rómulo, creó el Senado alrededor del año 753 a.C. como institución asesora del rey. El número inicial era reducido: cien miembros, conocidos como «patres» (padres), que representaban a las familias patricias más poderosas de Roma. Estos 100 senadores fueron elegidos de entre los jefes de las 30 gentes (clanes patricios) que formaban la primitiva comunidad romana.

Poco sabemos con certeza sobre el funcionamiento real del Senado en esta época temprana de la Monarquía, ya que los registros históricos son escasos e incluso legendarios. Lo que sí es cierto es que durante la monarquía el Senado funcionaba principalmente como órgano consultivo, sin poder vinculante. El rey podía solicitar su consejo, pero no estaba obligado a seguirlo. Sin embargo, la mera existencia de esta institución sugería una tradición de gobierno que incorporaba el consejo de hombres experimentados, un principio que distinguía a Roma de otros reinos antiguos dominados por monarcas absolutistas.

Bajo el reinado de Tarquino Prisco (616-578 a.C.), el número de senadores aumentó a 300, incorporando representantes de las gentes menores. Este cambio fue significativo: reflejaba el crecimiento de Roma como comunidad política y el reconocimiento de que la consulta debía extenderse más allá de la élite más antigua. Aunque los patricios seguían dominando, la ampliación del Senado permitió incluir voces de nuevas familias aristocráticas.

El Senado en la transición hacia la República

El último rey de Roma, Tarquino el Soberbio (534-509 a.C.), fue depuesto en el año 509 a.C. tras una revuelta popular liderada por miembros de la aristocracia. Con la caída de la monarquía nació la República romana, un nuevo sistema político que transformaría radicalmente el papel y el poder del Senado. Mientras que durante el reino el Senado era subordinado al monarca, en la República se convirtió en la institución central del gobierno.

Los primeros años de la República fueron turbulentos. El poder se distribuyó entre magistrados elegidos anualmente, asambleas populares que representaban a los ciudadanos, y el Senado. Pero fue el Senado quien, gradualmente, se consolidó como la verdadera fuente de estabilidad política. Esto ocurrió por una razón práctica y estratégica: mientras los magistrados cambiaban cada año y los ciudadanos no siempre se reunían, el Senado mantenía una continuidad de 100 a 300 hombres experimentados que conocían los asuntos del Estado.

El último Senado de César.

El Senado en su Apogeo: la República Romana (509-27 a.C.)

Composición y requisitos para ser senador

Durante la República, el Senado alcanzó su máximo poder e influencia. A mediados de la República, contaba con aproximadamente 300 miembros, aunque este número fluctuó según las necesidades políticas y los conflictos internos. El Senado estaba compuesto por varios grupos:

Los conscripti eran exmagistrados que habían ocupado cargos curules (cónsules, pretores, ediles). Estos hombres accedían automáticamente al Senado tras dejar su magistratura. Constituían el núcleo principal de la institución, formado por hombres que habían demostrado capacidad administrativa y militar.

Los patres eran los descendientes de las antiguas familias patricias de Roma, los linajes más antiguos que reclamaban descender de los primeros senadores de Rómulo. Aunque ya no era requisito ser patricio para entrar al Senado, estas familias mantenían un prestigio social particular.

Los senatores pedarii (senadores de a pie) eran miembros incluidos por el censor que no habían ejercido una magistratura superior. Tenían derecho a voto pero, significativamente, no tenían derecho a hablar en los debates. Solo podían manifestar su apoyo uniéndose físicamente a uno de los lados del recinto senatorial cuando se votaba.

La entrada al Senado estaba estrictamente controlada. A partir de la Ley Ovinia (probablemente del 339 a.C.), fue el censor quien decidía quiénes serían senadores. El censor debía incluir automáticamente a todos los exmagistrados, pero tenía discreción para seleccionar a otros hombres distinguidos por su valor, riqueza o servicios al Estado. Esto significaba que el Senado no era una institución completamente cerrada: un hombre rico y bien conectado podía llegar a él, aunque no hubiera ocupado una magistratura.

Sin embargo, existían restricciones significativas. Los tribunos de la plebe no obtuvieron acceso automático al Senado hasta la Ley Atinia en el 149 a.C., un indicador de las tensiones entre patricios y plebeyos que caracterizaron los primeros siglos de la República. Las mujeres estaban completamente excluidas y los extranjeros obviamente no podían ser senadores.

Funciones y poderes en la República

El Senado republicano no era, técnicamente, un órgano legislativo. Es decir, el Senado no promulgaba leyes directamente. Sin embargo, su poder era tan omnipresente que resultaba inescapable.

Las leyes romanas se proponían típicamente por los tribunos de la plebe o por un magistrado, y luego eran sometidas a la aprobación de las asambleas populares (comitia). Pero antes de esto, casi cualquier propuesta seria debía presentarse al Senado para obtener su aprobación mediante un senatus consultum (consulta del Senado). Un senatus consultum no era tecnicamente vinculante, pero su peso era tremendo. Si el Senado desaprobaba algo, los magistrados podían no ejecutarlo, lo que dejaba la ley muerta de hecho, aunque teóricamente aprobada por el pueblo.

En la práctica, el Senado controlaba:

La política exterior y la guerra. El Senado decidía si Roma iría a la guerra, contra quién y bajo qué condiciones. Recibía a los embajadores extranjeros, negociaba tratados y paz, no podía un cónsul simplemente marchar a la guerra sin el consentimiento senatorial. Esto fue especialmente importante cuando Roma se enfrentó a enemigos como Cartago, Macedonia y los reinos helenísticos. El Senado determinaba estrategia, asignaba recursos y decidía qué generales recibirían prestigio.

Batalla de las Guerras Macedónicas mostrando falange macedonia con sarisas enfrentando legiones romanas en terreno griego, representación histórica del conflicto entre Roma y Macedonia (214-148 a.C.)
Batalla entre la falange macedónica y las legiones romanas durante las Guerras Macedónicas (214-148 a.C.). Las largas sarisas macedonias enfrentan la flexibilidad táctica de los manípulos romanos. Ilustración de Red Historia.

Las finanzas públicas. El Senado controlaba el tesoro estatal. Decidía cómo se gastaba el dinero, qué impuestos se cobraban y cómo se distribuían los recursos entre las provincias. Este poder financiero era enorme: permitía al Senado recompensar a aliados políticos y castigar enemigos.

La administración provincial. A medida que Roma conquistaba territorios, el Senado decidía cómo gobernarlos. Elegía a los gobernadores provinciales (aunque técnicamente eran elegidos por las asambleas, el Senado determinaba los candidatos), establecía sus poderes y supervisaba su conducta.

La religión. El Senado supervisaba el culto público romano y los auspicios (interpretación de signos divinos). Tenía autoridad sobre los templos, festivales religiosos y la observancia de ritos oficiales. Esto era más que ceremonial: en la Roma antigua, la religión estaba entrelazada con la política y controlar la religión significaba controlar un aspecto crucial de la legitimidad política.

Asuntos penales. El Senado tenía jurisdicción sobre ciertos crímenes, especialmente aquellos que afectaban al Estado.

Cómo funcionaba una sesión senatorial

Las reuniones del Senado eran eventos formales y altamente ritualizados. Solo podían celebrarse en lugares sagrados (templos, el Comitium o el Capitolio), y debían ocurrir durante horas de luz. Las sesiones solían iniciarse con sacrificios religiosos para consultar los auspicios divinos. Si los auspicios eran desfavorables, la sesión podía ser cancelada.

El Senado estaba presidido por un magistrado con poder para convocar a la asamblea, típicamente un cónsul o un pretor. Este presidente determinaba qué temas se debatían, aunque los temas religiosos tenían prioridad automática. Los senadores se sentaban en orden de rango, con los hombres de mayor dignidad cerca del presidente.

El procedimiento era el siguiente: primero, el presidente exponía el asunto a debatir. Luego, los senadores más antiguos (seniores) tenían el derecho de hablar primero, en orden de importancia y edad. Los senatores pedarii, los miembros de rango inferior, raramente hablaban. Si hablaban, era brevemente y solo sobre el tema en cuestión.

Lo interesante es que, en teoría, un senador podía desviarse del tema y hablar de cualquier cosa. Los senadores podían interrumpir con objeciones, comentarios o moción de cierre. El debate podía ser ardiente y personal: algunos de los discursos de Cicerón contra Marco Antonio (las Filípicas, pero no confundir con las las Filípicas de demóstenes contra Filipo II) fueron pronunciados en el Senado y atacaban no solo las políticas sino el carácter personal de su rival.

Cuando llegaba el momento de votar, los senadores se dividían físicamente en dos grupos dentro de la sala. Los que apoyaban la propuesta se movían a uno de los lados (o permanecían en su lugar) y los que se oponían iban al otro lado. El resultado se determinaba por conteo simple: la mayoría ganaba. Las votaciones debían completarse antes del ocaso, una restricción práctica que a veces significaba que los asuntos tenían que aplazarse a otro día.

El poder del Senado frente a otras instituciones

Aunque el Senado era poderoso, no era omnipotente. Los tribunos de la plebe tenían el poder de vetar decisiones senatales. Un solo tribuno podía bloquear una propuesta senatorial diciendo «Veto» (me opongo). Esto era un poder tremendo que los tribunos utilizaban regularmente para proteger los intereses de los plebeyos contra la aristocracia. En el siglo II a.C., los reformadores Tiberio y Cayo Graco utilizaron este poder de una manera revolucionaria, amenazando los mismos fundamentos del poder senatorial.

Las asambleas populares también retenían poder, aunque era limitado. El pueblo votaba sobre leyes, pero solo sobre aquellas que un magistrado presentaba formalmente. El Senado, al tener influencia sobre los magistrados, controlaba de facto la agenda legislativa.

Sin embargo, fue durante la República tardía (150-27 a.C.) cuando el Senado enfrentó sus mayores desafíos. Generales victoriosos como Pompeyo, Julio César y Marco Antonio comenzaron a usar sus ejércitos para presionar al Senado. Los conflictos civiles de este período —las guerras civiles que destruyeron la República— fueron, en esencia, conflictos sobre el poder del Senado. ¿Podría el Senado controlar a generales con ejércitos leales? La respuesta, al final, fue no.

El Senado bajo los emperadores: adaptación y declive (27 a.C. – 476 d.C.)

Augusto y la recepción imperial

Cuando Octaviano (posteriormente llamado Augusto) se convirtió en el primer emperador de Roma en el 27 a.C., enfrentó un dilema político. No podía simplemente abolir el Senado: era demasiado antiguo, demasiado respetado, y sus miembros incluían la élite terrateniente del imperio. Así que, en su lugar, Augusto practicó lo que los historiadores llaman ficción constitucional: mantuvo el Senado intacto, pero transformó su naturaleza.

Técnicamente, Augusto fue el primer ciudadano (princeps civium), no un dictador y teóricamente, el Senado lo había elegido y podía deponerlo. Pero en la realidad, Augusto poseía el control del ejército, el control de las provincias más ricas y el apoyo popular. El Senado se convirtió en un órgano subordinado al emperador, aunque mantuviera la apariencia de poder.

Bajo Augusto, las relaciones entre el emperador y el Senado fueron generalmente respetuosas. Augusto era astuto: consultaba frecuentemente al Senado, permitía debates, y a veces aceptaba sus consejos. Esta relación colaborativa estableció un patrón que persistiría durante los siglos posteriores.

Los emperadores difíciles y la represión

No todos los emperadores fueron tan diplomáticos como Augusto. Bajo emperadores como Tiberio (14-37 d.C.), Calígula (37-41 d.C.), Nerón (54-68 d.C.) y Domiciano (81-96 d.C.), el Senado enfrentó represión abierta. Estos emperadores vieron a los senadores como potenciales rivales y, en algunos casos, como amenazas.

Los relatos contemporáneos, especialmente de historiadores como Tácito, describen juicios políticos en los que senadores acusados de conspiración eran condenados, sus propiedades confiscadas y sus nombres borrados de los registros. Nerón, en particular, fue famoso por ejecutar a senadores que sospechaba de deslealtad. Domiciano también realizó purgas senatoriales, eliminando a hombres que consideraba peligrosos.

Tácito, quien nos legó una gran cantidad de información sobre el Senado romano. Crédito: Depositphotos.

Sin embargo, incluso estos emperadores no disolvieron el Senado. Parecía que la institución era demasiado fundamental en la identidad romana. Incluso los emperadores más tiranos querían mantener la apariencia de gobernar con el consentimiento del Senado, aunque en realidad ese consentimiento fuera coercionado o ignorado.

Cambios en composición y poder

Durante el Imperio, la composición del Senado se transformó. Augusto redujo inicialmente el número de senadores a trescientos mediante purgas de los «elementos indeseables». Con el tiempo, el número volvió a crecer. Para el siglo III d.C., el Senado contaba con 800 a 900 miembros, mucho más grande que en la República.

Más importante aún, la fuente de entrada al Senado cambió. Durante la República, el Senado se autorreproducía: los exmagistrados entraban automáticamente y los censores elegían a los nuevos miembros. Durante el Imperio, el emperador controlaba esencialmente el acceso al Senado. Aunque técnicamente el proceso formal permanecía, en realidad el emperador decidía quiénes serían senadores.

Esto significaba que el Senado se convirtió gradualmente en un cuerpo de hombres leales al emperador. Los senadores que cuestionaban demasiado al emperador o que se volvían demasiado populares, podían ser eliminados del Senado, exiliados o ejecutados.

Los poderes legislativos también cambiaron. Bajo el Imperio, los decretos senatoriales (senatus consulta) se convirtieron en la principal forma de legislación, una vez que el emperador los aprobaba. Las asambleas populares prácticamente dejaron de existir. El Senado ganó poder legislativo formal, pero lo ganó solo porque pasó a ser un instrumento del emperador.

Vida de un senador imperial

Ser senador durante el Imperio seguía siendo prestigioso, pero también más peligroso. Un senador de alto rango, especialmente bajo un emperador hostil, podía perder su fortuna y su vida por una palabra imprudente o un voto impopular ante el emperador.

Los senadores disfrutaban de ciertos privilegios. Llevaban una toga con una franja ancha de púrpura (laticlavo), anillos de oro y sandalias especiales. Su asiento estaba reservado en los anfiteatros. Se los saludaba con respeto y algunos cargos burocráticos estaban reservados para ellos.

Pero también enfrentaban restricciones. No podían abandonar Italia sin permiso del emperador. Algunos emperadores les prohibían el comercio marítimo. Durante ciertos períodos, sus ingresos por tierras fueron gravados diferentemente que los del pueblo común.

Funciones administrativas del Senado Imperial

Aunque el Senado perdió poder político, ganó responsabilidades administrativas. El Senado retuvo autoridad sobre:

Provincias senatoriales. El imperio se dividió en provincias imperiales (controladas por el emperador) y provincias senatoriales (nominalmente bajo control senatorial). En realidad, los gobernadores senatoriales también responden al emperador, pero la distinción refleja que el Senado mantuvo cierta autoridad territorial.

Procedimientos judiciales. El Senado tenía jurisdicción sobre ciertos crímenes y apelaciones. Los juicios senatoriales eran eventos públicos de alto perfil.

Asuntos religiosos. El Senado continuó supervisando los cultos oficiales, aunque el emperador ejercía creciente control sobre la religión.

Cuestiones financieras. El Senado retenía cierta autoridad sobre el presupuesto, aunque el emperador controlaba las fuentes principales de ingresos (impuestos provinciales, arrendamientos imperiales, etc.).

La vida de un Senador romano

Requisitos y camino al Senado

Convertirse en senador durante la República requería una combinación de factores: nacimiento en la clase senatorial (o aspiración demostrable a ella), riqueza considerable, experiencia militar, educación retórica y conexiones políticas.

El camino típico durante la República era el siguiente: un joven de familia aristocrática estudiaría retórica y filosofía en la adolescencia. Luego, entraría en la vida militar, sirviendo como oficial en las legiones. Después de ganar experiencia militar, entraría en la carrera de las magistraturas: primero como cuestor (magistrado financiero), luego como pretor (magistrado judicial), finalmente como cónsul (magistrado ejecutivo supremo). Cada una de estas magistraturas lo acercaba al Senado. Una vez que dejaba el cargo de pretor o superior, automáticamente se convertía en senador.

Había excepciones. Un hombre rico pero sin experiencia magistral podía ser nombrado senador por el censor, especialmente si había demostrado valor militar o había salvado la vida de un ciudadano romano. Sin embargo, estas excepciones eran relativamente raras.

Durante el Imperio, el camino cambió. El emperador tenía mayor control sobre quiénes ascendían por las magistraturas, lo que significa que el emperador tenía control sobre quién entraba al Senado. Los amigos y aliados del emperador ascendían rápidamente. Los hombres que no gozaban del favor imperial encontraban su progreso estancado.

Privilegios e indumentaria

Los senadores disfrutaban de privilegios visibles. La laticlavo (banda ancha de púrpura en la toga) los distinguía inmediatamente como miembros de la élite. Los anillos de oro senatorials eran símbolos de estatus. Los senadores tenían asientos reservados en los teatros y anfiteatros. En banquetes públicos, se esperaba que ocuparan lugares de honor.

En los viajes, los senadores podían esperar ciertos derechos. Podían confiscar posadas para su uso personal, requisar caballos y se esperaba que otros ciudadanos les cedieran el paso en la calle.

Pero estos privilegios venían con restricciones. Un senador no podía dirigir un navío comercial de gran tamaño, no podía viajar fuera de Italia sin permiso. Bajo ciertos emperadores, sus tierras eran tasadas diferentemente que la propiedad de otros ciudadanos. Algunos emperadores los prohibían de ciertos tipos de negocio, presumiblemente para evitar que acumularan demasiado poder económico independiente.

El ideal del hombre político romano

¿Qué era un «buen senador» en la visión romana? Los romanos tenían un ideal bien definido. Los historiadores encontraron una descripción vívida en el panegírico (oración fúnebre) que Quinto Metelo pronunció en honor de su padre, Lucio Metelo, en el 221 a.C. Metelo describió el ideal como:

  • Un soldado de primera clase – Los romanos valoraban el valor militar y esperaban que sus líderes políticos hubieran ganado gloria en batalla.
  • Un excelente orador – La capacidad de persuadir mediante palabras era esencial en una sociedad donde el debate político ocurría en el Senado y las asambleas.
  • Un emperador fortísimo – Capacidad de liderazgo absoluto en una campaña militar, un guía de cosas importantes y capacidad de navegar cuestiones complejas de Estado.
  • Tenedor del cargo más alto – Haber alcanzado el consulado, la magistratura suprema.
  • Sabiduría extraordinaria – Conocimiento tanto de asuntos romanos como de generales (filosofía, historia, etc.).
  • Un gran senador – Haber ganado respeto en el Senado por su juicio y experiencia.
  • Riqueza adquirida honorablemente – Fortuna obtenida no por expoliación sino por medios aceptables (tierra, herencia, negocios apropiados).
  • Muchos hijos – Familia numerosa como signo de virilidad y éxito.
  • Gran consideración entre los ciudadanos – Reputación y respeto popular.

Este ideal combinaba cualidades militares, políticas, intelectuales y morales. Un buen senador no era simplemente un político; era un soldado, un orador, un sabio y un hombre de carácter integro.

Riqueza y financiación

Los senadores no recibían salario. Esto suena sorprendente en términos modernos, pero tiene sentido en el contexto romano: se esperaba que los senadores fueran ricos. El requisito de riqueza (el «census» senatorial) garantizaba que solo los hombres de medios pudieran servir. Aunque el monto exacto del requisito de riqueza varía según la época, era sustancial: probablemente equivalente a varios millones de dólares en términos modernos.

Los senadores financiaban sus propias actividades políticas. Si se postulaba para el consulado, debía pagar por su campaña, sus promesas de espectáculos públicos, distribuciones de dinero a los votantes. Si se convertía en gobernador provincial, esperaba recuperar sus inversiones y hacer fortuna de los impuestos provinciales (aunque existían límites legales, frecuentemente burlados).

Esta dependencia de la riqueza personal significaba que el Senado era fundamentalmente una institución de terratenientes. Los senadores más ricos eran aquellos que poseían vastas propiedades en Italia. Bajo el Imperio, la fuente principal de riqueza senatorial se desplazó gradualmente: la propiedad de tierra permanecía importante, pero los senadores también se beneficiaban de contratos con el emperador, puestos administrativos lucrativos y favores imperiales.

ciceron senador romano
Cicerón, un extraordinario político romano y orador. Crédito: Depositphotos.

Funciones, procedimientos y el funcionamiento cotidiano

La orden de oradores

En una sesión senatorial, el orden en que los hombres podían hablar era estrictamente regulado. El senador más antiguo con dignidad relevante tenía la primera palabra. Típicamente esto significaba un examen general (general retirado que había ganado el más alto honor militar) o un excónsul de rango particular.

Después de él hablaban otros en orden de antigüedad y rango. Los pretores llegaban a hablar antes que los ediles y los hombres que nunca habían ocupado magistratura alguna (los senatores pedarii) casi nunca hablaban. Si lo hacían, era brevemente y sobre un tema muy específico.

El presidente de la sesión (típicamente el cónsul que había convocado la sesión) podía cortar a un senador que hablaba demasiado tiempo. Si el tema era altamente divisivo, el presidente podía «proclaim a closure» y avanzar a la votación.

Divisiones y votaciones

Cuando llegaba el momento de votar, el presidente anunciaba la opción. Los senadores que apoyaban la propuesta se movían a un lado de la sala (o permanecían donde estaban), y los que se oponían se movían al otro lado. El presidente contaba y anunciaba el resultado.

Este sistema, llamado discessio (división física), significaba que la votación era observable y cuantificable. No había voto secreto. Si eras el único senador que votaba en contra de una propuesta popular, todos lo sabían. Esto creaba presión social para conformarse, especialmente bajo emperadores intimidantes.

Algunas fuentes sugieren que el presidente contaba el número de senadores en cada lado. Si el número era cercano, podía pedir un reconteo. En casos muy raros, parece que se podía solicitar un voto nominal (cada senador es llamado por nombre).

Senatus consulta

El resultado de una votación del Senado se formalizaba en un senatus consultum (singular) o senatus consulta (plural), un documento que registraba la decisión del Senado. Durante la República, los senatus consulta no eran tecnicamente leyes, pero tenían peso enorme y los magistrados generalmente los ejecutaban.

Durante el Imperio, los senatus consulta se convirtieron en la principal forma de legislación, especialmente después de que las asambleas populares dejaron de funcionar. Un senatus consultum podía:

  • Determinar que se pasaría una ley específica a una asamblea popular para votación formal
  • Establecer una política administrativa
  • Asignar dinero del tesoro para un fin específico
  • Investigar y juzgar un caso criminal
  • Otorgar honores a un individuo
  • Decidir sobre asuntos de guerra y paz

Senatus consultum ultimum

En momentos de crisis extrema, el Senado podía invocar el senatus consultum ultimum (decreto final del Senado). Esto era una declaración de emergencia que esencialmente daba autoridad absoluta a los cónsules para «salvar el Estado». En la práctica, esto significaba que el cónsul podía arrestar, ejecutar o declarar la guerra sin el consentimiento formal habitual.

Este instrumento fue invocado durante la República en casos de peligro extremo, como durante la conspiración de Catilina en el 63 a.C., cuando el cónsul Cicerón lo usó para justificar la ejecución de los conspiradores sin juicio. También fue usado durante las guerras civiles.

El Senado en transición: del imperio temprano al tardío

Las dinastías imperiales y el Senado

Diferentes dinastías imperiales tuvieron diferentes relaciones con el Senado. Los Julio-Claudios (27 a.C. – 68 d.C.) tenían una relación inconsistente. Augusto respetaba el Senado. Tiberio era con frecuencia hostil. Calígula y Nerón fueron abiertamente antagonistas.

Los Flavios (69-96 d.C.) fueron más respectuosos. Vespasiano trabajó para restaurar cierta dignidad al Senado después del caos de la Guerra Civil de los Cuatro Emperadores. Domiciano, sin embargo, fue represivo.

Los Antoninos (138-180 d.C.) —especialmente Antonino Pío y Marco Aurelio— parecen haber tenido relaciones más colaborativas con el Senado. Marco Aurelio consultaba frecuentemente al Senado y permitía debate abierto, aunque bajo el entendimiento de que la decisión final era suya.

estatua marco aurelio emperador roma
Estatua de Marco Aurelio en el Capitolio de Roma. Crédito: Depositphotos.

La dinastía Severa (193-235 d.C.) originaria de la frontera africana del imperio, fue menos respetuosa con la tradición senatoria. Su fundador, Septimio Severo, era un general militar cuyo poder descansaba en el ejército, no en la aristocracia senatorial. Bajo los Severos, el Senado fue gradualmente arrinconado en favor del orden ecuestre (caballeros romanos) y de una burocracia imperial creciente formada por funcionarios imperiales de rango ecuestre.

El Senado en el siglo III d.C.

El siglo III d.C. fue el período más caótico del Imperio Romano, con crisis económica, invasiones bárbaras y sucesiones rápidas de emperadores. Durante este tiempo, el Senado prácticamente desapareció de la política. Los emperadores ya no eran elegidos por el Senado ni incluso reconocían su existencia formal, el poder pasó enteramente al ejército: un emperador gobernaba mientras mantuviera la lealtad de las legiones; cuando las perdía, era derrocado.

Sin embargo, el Senado continuó existiendo administrativamente. Los senadores continuaban siendo nombrados y continuaba realizando algunas funciones judiciales y administrativas, pero no tenía poder político real.

El fin del Senado romano

El Senado bajo Diocleciano y Constantino

Cuando Diocleciano (284-305 d.C.) reorganizó el imperio en la tetraquia (regla de cuatro emperador), el Senado fue efectivamente marginado. Diocleciano gobernaba desde Nicomedia en Asia Menor, no desde Roma. El Senado se quedó en Roma, una institución fantasmal sin conexión real al poder.

Constantino (306-337 d.C.) fundó una nueva capital, Constantinopla, en el 330 d.C. Este movimiento fue devastador para el Senado. Roma, la ciudad donde el Senado se había reunido durante casi mil años, dejó de ser la capital. Aunque un Senado romano continuó existiendo en Roma, era cada vez más una reliquia.

El Senado en el Imperio Tardío

En el siglo IV y V d.C., el Senado sobrevivió, pero como institución cada vez más irrelevante. Su composición había cambiado drásticamente: muchos senadores eran ahora latifundistas provinciales que habían adquirido riqueza y estatus bajo el nuevo sistema administrativo. El Senado siguió promulgando decretos, pero estos eran principalmente de naturaleza ceremonial o local.

Con la conversión del imperio al cristianismo bajo Constantino, incluso la función religiosa del Senado se volvió obsoleta. El Senado había supervisado los cultos paganos romanos; ahora esos cultos estaban prohibidos.

La desaparición final

El Senado romano finalmente desapareció en los turbulentos años del siglo VI d.C. El imperio romano occidental había caído en el 476 d.C., cuando el general Odoacro depuso al último emperador del occidente, Rómulo Augusto, pero la institución senatorial sobrevivió a través del cambio político. En Italia, que fue conquistada por el reino ostrogodo de Teodorico, el Senado continuó existiendo como institución administrativa bajo gobierno germánico.

Fue durante las Guerras Góticas (535-554 d.C.), cuando el imperio romano oriental bajo Justiniano I intentó reconquistar Italia del reino ostrogodo, el Senado finalmente fue eliminado. El conflicto fue feroz y destructivo y las fuentes sugieren que durante estos años de guerra, el Senado simplemente dejó de existir. No hay registros de sesiones senatoria en el 550s d.C. en adelante.

Así, el Senado romano, que había existido durante más de 1.000 años desde su legendaria creación por Rómulo alrededor del 753 a.C., desapareció silenciosamente en los años turbulentos del siglo VI d.C.

El legado del Senado romano

Influencia en sistemas políticos modernos

El Senado romano no fue democrático en el sentido moderno. No era elegido por sufragio universal y no representaba al pueblo común de Roma, pero sí representó un intento, único en la antigüedad, de crear una institución que equilibrase el poder mediante el debate y la experiencia colectiva.

Cuando los fundadores de los Estados Unidos diseñaron su Constitución, miraron hacia atrás al Senado romano como un modelo. La institución de dos cámaras legislativas, con una cámara (el Senado) compuesta por representantes de las entidades subnacionales (Estados), fue inspirada directamente por el Senado romano.

La palabra misma «Senado» viene del latín senatus. Casi todas las democracias modernas tienen un «Senado» o alguna institución con nombre similar (la Cámara Alta en algunos países).

Su significado histórico

El Senado romano fue quizás la institución política más estable jamás creada. Existió bajo la monarquía, la república, el imperio temprano y el imperio tardío y subsistió a cambios religiosos dramáticos, crisis militares, reorganizaciones administrativas hasta la caída del imperio occidental. Su flexibilidad y capacidad de adaptación lo mantuvieron vivo durante más de mil años.

Su historia también es la historia de Roma misma: cómo una pequeña ciudad-estado se convirtió en un imperio, cómo el poder político evolucionó de un consejo aristocrático a una institución subordinada a un emperador absoluto, cómo las estructuras políticas se adaptan (o no) a cambios históricos fundamentales.

El Senado fue también un lugar donde la excelencia retórica, intelectual y política se valoraba y se ejercitaba. Algunas de las mejores escrituras políticas de la antigüedad fueron pronunciadas en el Senado. Los discursos de Cicerón contra Marco Antonio (las Filípicas) fueron debates senatoriales que se convirtieron en obras maestras literarias.


Fuentes y bibliografía

Fuentes primarias

  • Tácito. Annales.
  • Tito Livio. History of Rome.
  • Cicerón. Discursos y Filípicas.
  • Suetonio. Las Vidas de los Doce Césares.
  • Aulo Gelio. Noches Áticas.
  • Plinio el Joven. Cartas y Panegírico.

Bibliografía especializada en español

  • Bravo, Gonzalo. Historia de la Roma Antigua. Alianza Editorial, 1998.
  • Novillo López, Miguel Ángel. Breve Historia de Roma. Nowtilus, 2012.
  • Roldán Hervás, José Manuel. Historia de Roma. Ediciones Universidad de Salamanca, 1995.
  • Roldán Hervás, José Manuel. Instituciones Políticas de la República Romana. Akal, 1990.

Bibliografía en inglés

  • Abbott, Frank Frost. A History and Description of Roman Political Institutions. Elibron Classics, 1981.
  • Baker, Samantha. Roma: Auge y Caída de un Imperio. Planeta, 2017.
  • Bagnall, Roger S. The Encyclopedia of Ancient History. Wiley-Blackwell, 2012.
  • Grant, Michael. The History of Rome. Faber & Faber, 1993.
  • Hornblower, Simon (ed.). The Oxford Classical Dictionary. Oxford University Press, 2012.
  • Potter, David S. (ed.). A Companion to the Roman Empire. Wiley-Blackwell, 2009.
  • Taylor, Lily Ross y Scott, Robert T. «Seating Space in the Roman Senate and the Senators Pedarii«. Transactions and Proceedings of the American Philological Association, vol. 100, 1969.

Recursos académicos

  • Kunkel, Wolfgang. Historia del Derecho romano. Ariel, 1973.
  • De Martino, Francesco. Historia Económica-Social del Imperio Romano (múltiples volúmenes).
  • Mommsen, Theodor. The History of Rome. Dover Publications, 2003.
  • Vilacoba Ramos, Karen María. El Senado romano: Estudio Histórico y Exegético. Tesis doctoral, UNED, 2018.

Recursos en línea

  • Enciclopedia Virtual del Instituto Cervantes. Entradas sobre instituciones romanas.

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Preguntas frecuentes sobre el Senado romano

¿Cuántos miembros tenía el Senado romano?

El número varió significativamente según la época. Comenzó con cien miembros bajo Rómulo, aumentó a trescientos bajo los primeros reyes. Durante la República, se mantuvo aproximadamente en trescientos. Bajo el Imperio, especialmente en los siglos II-III d.C., creció a ochocientos o novecientos miembros.

¿Cuál era el requisito de riqueza para ser senador?

Durante la República, no había un requisito estrictamente definido, pero se esperaba que los senadores fueran ricos. Los censores típicamente seleccionaban hombres de familias terratenientes establecidas. Durante el Imperio Temprano, Augusto estableció un requisito de riqueza (census) de 1 millón de sestercios, una suma enorme en ese momento.

¿Las mujeres podían ser senadoras?

No. El Senado fue una institución exclusivamente masculina. Las mujeres estaban completamente excluidas. La única excepción notable fue durante el reinado del emperador Heliogábalo (218-222 d.C.), cuando reportadamente su madre o abuela fue permitida asistir a sesiones senatiales.

¿Podría un emperador ser destituido por el Senado?

Tecnicamente, sí. El Senado mantenía el poder de destituir a un emperador y elegir a uno nuevo. En la práctica, esto sucedía raramente. Un emperador que gozaba del apoyo del ejército podía ignorar al Senado completamente. Sin embargo, los senadores ocasionalmente destituían a emperadores impopulares, especialmente si el ejército no intervenía para protegerlo.

¿Cuál era la diferencia entre el Senado y las Asambleas Populares?

Las Asambleas Populares (Comitia) estaban compuestas por ciudadanos romanos comunes que se reunían para votar sobre leyes y elegir magistrados. El Senado era compuesto por la élite aristocrática. En la República, ambas instituciones tenían poder, aunque el Senado tenía autoridad moral más grande. En el Imperio, las Asambleas Populares dejaron de funcionar y el Senado se convirtió en el único órgano legislativo formal.

¿Cómo ganaban experiencia política los senadores jóvenes?

Los hombres jóvenes de familias aristocráticas típicamente seguían el cursus honorum (carrera de honores): servicio militar, luego elección como cuestor (oficial financiero), luego como pretor (magistrado judicial), luego posiblemente como cónsul (magistrado ejecutivo). Cada cargo les enseñaba a administrar, y después de dejar una magistratura superior, entraban automáticamente al Senado.

¿Qué sucedió con los senadores después de la caída del Imperio romano de Occidente?

En Italia, bajo el gobierno ostrogodo, algunos senadores continuaron existiendo como administradores bajo autoridades germánicas. Sin embargo, su influencia política se evaporó. Con el tiempo, la clase senatorial se fusionó con la nobleza germánica emergente, y la institución senatorial desapareció. En el Imperio romano de Oriente (Bizancio), un Senado continuó existiendo en Constantinopla, pero era muy diferente del Senado romano original.

¿Cuál era el edificio donde se reunía el Senado?

Durante la República y el Imperio temprano, el Senado se reunía en varios lugares, incluyendo el Comitium, el Capitolio, y varios templos. El emperador Julio César construyó la Curia Julia (Curia Iulia), que se convirtió en la sede principal del Senado. Esta estructura, aunque reconstruida varias veces, aún se mantiene en el Foro romano de hoy.

¿Cuál era la diferencia entre los Conscripti y los Patres?

Los Patres (Padres) eran los descendientes de las antiguas familias patricias, el grupo original de senadores. Los Conscripti eran hombres que habían sido añadidos al Senado más recientemente, principalmente exmagistrados. Hacia el final de la República, la distinción se volvió principalmente ceremonial. Todos eran simplemente «senadores».

¿Podía un senador ser expulsado del Senado?

Sí. El censor podía expulsar a un senador si determinaba que era indigno o incompetente. Un senador también podía perder su estatus si era condenado criminalmente. Bajo los emperadores hostiles, los senadores podían ser ejecutados, lo que automáticamente los quitaba del Senado. Sin embargo, la expulsión formal era relativamente rara; era más común que un senador impopular simplemente se retirara de la vida política.

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