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Espartaco: el gladiador que desafió a Roma y casi la destruyó

by Marcelo Ferrando Castro
28 febrero, 2026
in Biografías, Roma
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Espartaco arengando a su ejército de esclavos rebeldes frente a las legiones romanas (73-71 a.C.)

Espartaco lideró durante dos años la mayor revuelta de esclavos de la historia romana, derrotando a varios ejércitos consulares antes de ser aplastado por Craso en el 71 a.C. Sus seis mil supervivientes fueron crucificados a lo largo de la Vía Apia. Crédito: Red Historia

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En el año 73 a.C., 73 gladiadores escaparon de una escuela de entrenamiento en Capua con cuchillos de cocina y asadores de carne. Dos años después, su líder, Espartaco, comandaba un ejército de más de 100.000 hombres que había derrotado a varios ejércitos consulares romanos y recorrido Italia de sur a norte sembrando el pánico. Roma, que había sobrevivido a Aníbal y a las invasiones germánicas, tuvo que movilizar ocho legiones bajo el mando de uno de sus generales más ricos y más despiadados para aplastar lo que había empezado como una fuga de gladiadores.

Espartaco es uno de los personajes más famosos de la historia antigua y también uno de los más difíciles de conocer. Las fuentes que hablan de él son todas romanas, escritas desde el punto de vista del poder que intentó derrotar y ninguna de ellas muestra el menor interés por entender sus motivaciones, su pensamiento o sus objetivos más allá de lo estrictamente militar. Lo que sabemos de Espartaco es lo que sus enemigos consideraron digno de registrar. El resto es silencio.

Y sin embargo, a través de ese silencio parcial, emerge una figura que sigue siendo extraordinaria dos mil años después: un hombre que con recursos mínimos organizó la resistencia más duradera y más peligrosa que los esclavos del mundo romano levantaron jamás contra el sistema que los mantenía encadenados.


Índice:

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  • Quién era Espartaco: origen e identidad
  • La fuga de Capua: setenta y tres hombres con cuchillos de cocina
  • El crecimiento del ejército: de fugitivos a fuerza militar
  • El debate estratégico: ¿cruzar los Alpes o quedarse en Italia?
  • Craso y la campaña final
  • La batalla final y la muerte de Espartaco
  • Por qué fracasó la revuelta de Espartaco
  • El mito de Espartaco: de gladiador a símbolo
  • Cronología de la revuelta de Espartaco
  • Explora más en Red Historia
  • Fuentes y bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre Espartaco
    • ¿Era Espartaco realmente tracio?
    • ¿Cuántos esclavos participaron en la revuelta?
    • ¿Qué quería conseguir Espartaco?
    • ¿Por qué Craso usó la decimatio contra sus propias tropas?
    • ¿Dónde está la tumba de Espartaco?

Quién era Espartaco: origen e identidad

Las fuentes antiguas ofrecen detalles contradictorios y en algunos casos claramente legendarios sobre el origen de Espartaco. Lo que parece razonablemente establecido es que era tracio, es decir, natural de la región que hoy corresponde aproximadamente a Bulgaria y el norte de Grecia y que había servido en algún momento en las fuerzas auxiliares romanas antes de convertirse en esclavo.

Plutarco en sus Vidas Paralelas, la fuente más detallada sobre su vida, dice que Espartaco era «un hombre que no solo tenía gran valor y fuerza corporal, sino que era también más inteligente y más humano que lo que su fortuna indicaba, y más griego que tracio en su educación». Es un retrato condescendiente, la condescendencia de quien asume que la inteligencia es un atributo griego, no bárbaro, pero que transmite algo real: Espartaco no era el salvaje primitivo que Roma habría preferido ver en él.

Cómo llegó a ser esclavo es incierto. Las posibilidades más plausibles son que fuera capturado en alguna de las guerras que Roma libraba continuamente en el norte y el este, o que hubiera desertado del ejército romano y fuera condenado a la esclavitud como castigo. Lo que sí sabemos es que acabó en la escuela de gladiadores de Cneus Cornelio Léntulo Batiato en Capua, en el sur de Italia, que era una de las instalaciones de entrenamiento gladiatorio más importantes de la península.

La vida de un gladiador era paradójica en términos de la esclavitud romana. Los gladiadores eran esclavos, sin duda, pero esclavos valiosos en los que sus dueños habían invertido una formación costosa y que podían generar ingresos considerables en los juegos. Se les alimentaba bien, se les entrenaba sistemáticamente y se les mantenía en condiciones físicas óptimas, pero también vivían encerrados, bajo una disciplina brutal, sabiendo que su destino probable era morir en la arena para entretener a un público que los consideraba al mismo tiempo fascinantes y subhumanos.

La fuga de Capua: setenta y tres hombres con cuchillos de cocina

En la primavera del 73 a.C., un grupo de gladiadores descubrió o diseñó un plan de fuga. Las fuentes difieren en los detalles: Plutarco habla de 200 que planeaban escapar, de los que solo 78 lograron salir; Apiano dice 73. Lo que coincide en todas las fuentes es que se armaron con lo que encontraron en la cocina de la escuela — cuchillos, asadores, cualquier objeto que pudiera hacer daño — y que en el camino interceptaron varios carros que transportaban equipamiento de gladiadores, con lo que se armaron más adecuadamente.

El grupo huyó al Vesubio, el volcán que dominaba la llanura campana y estableció un campamento en sus laderas. Desde allí comenzaron a reclutar: esclavos fugitivos de las haciendas y villas de los alrededores, trabajadores agrícolas sin tierra, hombres que no tenían nada que perder y que vieron en ese grupo de gladiadores armados algo que quizás nunca habían visto antes: la posibilidad de resistir.

Roma envió al pretor Cayo Claudio Glabrión con 3.000 hombres para aplastar lo que consideraba una simple fuga de esclavos. Glabrión bloqueó el único camino que descendía del Vesubio y esperó a que el hambre hiciera su trabajo. Espartaco respondió con un movimiento que revelaba ya la calidad táctica que distinguiría toda su campaña: hizo trenzar cuerdas con sarmientos de vid silvestre, descolgó a sus hombres por el lado del volcán que los romanos no vigilaban y atacó al ejército de Glabrión por la retaguardia, destruyéndolo casi por completo.

Era solo el comienzo.

El crecimiento del ejército: de fugitivos a fuerza militar

Las victorias iniciales atrajeron a más fugitivos y la revuelta creció con una rapidez que asombró a Roma. En los meses siguientes, Espartaco derrotó a dos pretores más y su ejército alcanzó los 70.000 hombres según las estimaciones más conservadoras, con algunas fuentes hablando de más de 100.000 en el momento de mayor expansión.

Lo notable no era solo el número sino la organización. Espartaco dividió el mando con dos lugartenientes, Crixo y Enómao, aunque las fuentes sugieren que la relación entre ellos no siempre fue armoniosa. Entrenó a sus hombres con armas capturadas a los romanos y estableció talleres para fabricar más equipo. Organizó la logística de un ejército en movimiento, lo que era tan difícil como ganar batallas y estableció una disciplina que las fuentes romanas reconocen a regañadientes: los bienes capturados se repartían equitativamente, no se tomaban prisioneros para venderlos como esclavos y las atrocidades contra los civiles estaban, al menos en principio, prohibidas.

Esa última norma no siempre se cumplió (el ejército de esclavos cometió su parte de violencia) pero el intento de imponerla dice algo sobre la visión que Espartaco tenía de su movimiento, aunque las fuentes no nos permiten saber exactamente qué era esa visión.

El debate estratégico: ¿cruzar los Alpes o quedarse en Italia?

El momento de mayor confusión estratégica de la revuelta llegó cuando Espartaco, con el ejército en su punto de mayor fuerza, tomó una decisión que los historiadores han debatido desde entonces: en lugar de cruzar los Alpes hacia el norte y dispersar a sus seguidores en sus tierras de origen, que era, según Plutarco, su plan inicial, giró hacia el sur y volvió a recorrer Italia.

Las razones no son muy claras. Una posibilidad es que sus lugartenientes y la masa del ejército se negaran a abandonar Italia, donde el botín era abundante y donde muchos de los esclavos no tenían ya un «hogar» al que volver después de años o décadas de cautiverio. Otra es que Espartaco tuviera en mente un plan diferente: cruzar a Sicilia, donde la población esclava era enorme y donde una revuelta anterior — la de Euno en el 135 a.C. — había durado casi una década. Una tercera posibilidad, más especulativa, es que Espartaco creyera genuinamente que podía derrotar a Roma en Italia.

Lo que sí ocurrió es que negoció con piratas cilicios para que le proporcionaran barcos para cruzar a Sicilia. Los piratas aceptaron el dinero y no aparecieron. Era un signo de que el mundo exterior no iba a ayudar a los esclavos rebeldes, por mucho que sus victorias hubieran asombrado a ese mundo.

La división entre Espartaco y Crixo se hizo insalvable en ese período. Crixo y unos 30.000 hombres se separaron del ejército principal y fueron destruidos por el cónsul Gelo en el Gargano, en el talón de Italia. Era la primera derrota importante de la revuelta y la señal de que Roma había decidido tomársela en serio.

Craso y la campaña final

El Senado asignó el mando definitivo contra Espartaco a Marco Licinio Craso, el hombre más rico de Roma, que financió con su propia fortuna el reclutamiento de seis legiones adicionales. Craso era un general competente aunque no brillante y entendía que contra Espartaco la clave no era la batalla campal sino el agotamiento.

Craso comenzó por restablecer la disciplina en su propio ejército: cuando una de sus legiones huyó ante los esclavos, ejecutó a un hombre de cada diez mediante la decimatio, el castigo más temido del ejército romano, que no se había aplicado en generaciones. El mensaje fue claro: los soldados debían temer más a Craso que a Espartaco.

Luego construyó una línea de contención en el extremo sur de Italia, el dedo del pie de la bota, para encerrar al ejército de Espartaco en Brucio. Era un muro de unos cincuenta kilómetros de longitud con foso y empalizada, diseñado para cortar el suministro y rendir por hambre a los rebeldes. Espartaco rompió la línea en una noche de invierno, llenando parte del foso con tierra, ramas y cadáveres y cruzó con la mayor parte de su ejército.

Pero la rotura de la línea de Craso fue el último gran éxito de Espartaco. Pompeyo regresaba de Hispania con sus legiones y Lúculo llegaba desde el Mediterráneo oriental. El cerco se estrechaba. En la primavera del 71 a.C., Espartaco intentó negociar con Craso (las fuentes dicen que envió emisarios que fueron rechazados) y luego buscó la batalla decisiva que sabía que tenía pocas posibilidades de ganar.

La batalla final y la muerte de Espartaco

La batalla final se libró en la primavera del 71 a.C. en algún punto de la región de Lucania, en el sur de Italia. Las fuentes no ofrecen detalles tácticos precisos: lo que dicen es que Espartaco combatió con una ferocidad que impresionó incluso a sus enemigos, avanzando hacia el puesto de mando de Craso e intentando llegar hasta el general romano. Mató a dos centuriones que intentaron detenerle, pero no llegó a Craso.

Espartaco murió en la batalla. Su cuerpo nunca fue identificado entre los miles de muertos: las fuentes dicen que quedó cubierto por los cadáveres de los que habían caído a su alrededor. 6.000 prisioneros supervivientes fueron crucificados a lo largo de la Vía Apia, el camino que unía Capua con Roma, espaciados regularmente durante los casi 200 kilómetros del trayecto. Era un mensaje de una claridad brutal: esto es lo que le ocurre a quien desafía el orden de Roma.

Pompeyo, que llegó cuando la batalla ya había terminado, interceptó y mató a 5.000 fugitivos y escribió al Senado reclamándose el mérito de haber terminado la guerra. Craso nunca le perdonó ese robo de gloria.

Por qué fracasó la revuelta de Espartaco

La revuelta de Espartaco fracasó por razones que tienen más que ver con la estructura del mundo antiguo que con los errores tácticos de su líder. Espartaco nunca tuvo un objetivo político que pudiera realizarse: no existía en el mundo antiguo ningún modelo de sociedad sin esclavitud al que pudiera aspirar y los propios esclavos que le seguían venían de docenas de orígenes étnicos y culturales diferentes que hacían difícil cualquier proyecto político coherente.

Roma, además, era un sistema extraordinariamente resiliente. Podía perder ejércitos y seguir reclutando, podía sufrir humillaciones y seguir combatiendo, podía tardar dos años en tomarse en serio una amenaza y luego movilizar los recursos necesarios para aplastarla. Espartaco podía ganar batallas indefinidamente sin acercarse a ganar la guerra, porque ganar la guerra habría requerido destruir un sistema que se extendía por todo el Mediterráneo.

Lo que sí logró fue algo más limitado pero no menos significativo: demostrar que los esclavos podían organizarse, combatir y resistir. Ese hecho, registrado por los romanos con una mezcla de horror y fascinación, pesó sobre la conciencia de los dueños de esclavos durante generaciones.

El mito de Espartaco: de gladiador a símbolo

La posteridad ha sido generosa con Espartaco de una manera que las fuentes antiguas nunca fueron. Para los romanos era simplemente un esclavo rebelde, peligroso pero en última instancia derrotado. Para la tradición posterior se convirtió en algo completamente diferente.

La Ilustración lo redescubrió como símbolo de la resistencia contra la tiranía. Voltaire y Rousseau mencionaron su nombre con admiración. Karl Marx llamó a Espartaco «el más grandioso de los hombres que conoce la historia antigua» en una carta privada. Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht nombraron a su grupo político la Liga Espartaquista en su honor. Stanley Kubrick lo llevó al cine en 1960 con Kirk Douglas en el papel protagonista, en una película que era tanto sobre la Roma antigua como sobre el macartismo americano.

Ninguno de esos usos posteriores tiene mucho que ver con el Espartaco histórico, del que sabemos tan poco, pero la potencia del símbolo, el esclavo que se rebela, el gladiador que desafía al imperio, el hombre que prefiere morir libre a vivir encadenado, es lo suficientemente universal como para sobrevivir a cualquier uso que se haga de él.

Cronología de la revuelta de Espartaco

Fecha Acontecimiento Resultado
Primavera 73 a.C. Fuga de la escuela de gladiadores de Capua. 73 hombres. Campamento en el Vesubio. Inicio del reclutamiento.
Verano 73 a.C. Victoria sobre el pretor Glabrión en el Vesubio. Primera derrota romana. El ejército crece a varios miles.
Otoño-invierno 73 a.C. Derrota de dos pretores más. Recorrido del sur de Italia. Ejército supera los 70.000 hombres. Roma alarma.
72 a.C. Marcha hacia el norte. División con Crixo. Derrota y muerte de Crixo en el Gargano. Primera pérdida importante. Espartaco gira al sur.
72 a.C. Negociación con piratas cilicios para cruzar a Sicilia. Los piratas no cumplen. Plan siciliano abandonado. Espartaco queda atrapado en Italia.
Invierno 72-71 a.C. Craso construye línea de contención en Brucio. Espartaco la rompe en una noche. Último gran éxito. Pompeyo y Lúculo se aproximan.
Primavera 71 a.C. Batalla final en Lucania. Espartaco muere combatiendo. 6.000 supervivientes crucificados en la Vía Apia.

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Fuentes y bibliografía

Fuentes:

  • Plutarco: Vida de Craso, en Vidas paralelas.
  • Apiano: Historia romana — Guerras civiles, libro I.
  • Floro: Epítome de la historia romana, libro II.
  • Salustio: Historias (fragmentos).

Bibliografía en español:

  • Rubio Tovar, J.: Espartaco: historia y mito. Síntesis, Madrid, 2009.
  • Montanelli, I.: Historia de Roma. Plaza & Janés, Barcelona, 1991.
  • Grimal, P.: La civilización romana. Paidós, Barcelona, 1990.
  • Bradley, K. R.: Esclavitud y sociedad en Roma. Península, Barcelona, 1998.

Bibliografía en otras lenguas:

  • Bradley, K. R.: Slavery and Rebellion in the Roman World, 140-70 BC.. Indiana University Press, Bloomington, 1989.
  • Shaw, B. D.: Spartacus and the Slave Wars: A Brief History with Documents. Bedford/St. Martin’s, Boston, 2001.
  • Strauss, B.: The Spartacus War. Simon & Schuster, New York, 2009.
  • Beard, M.: SPQR: A History of Ancient Rome. Profile Books, London, 2015.

Preguntas frecuentes sobre Espartaco

¿Era Espartaco realmente tracio?

Las fuentes antiguas coinciden en describirle como tracio, aunque con matices. Plutarco dice que era «de origen nómada» y que su mujer, que escapó con él de Capua, era también tracia y profetisa del culto a Dioniso. Floro le llama simplemente «tracio.» La identificación con Tracia — la región que hoy corresponde aproximadamente al sur de Bulgaria, el norte de Grecia y la Turquía europea — parece bien establecida, aunque los detalles precisos de su origen dentro de esa región son imposibles de determinar con las fuentes disponibles.

¿Cuántos esclavos participaron en la revuelta?

Las cifras que dan las fuentes antiguas varían considerablemente y deben tomarse con cautela. Plutarco habla de 70.000 en algún momento de la campaña; Apiano llega a 120.000 en el punto de mayor expansión. Los historiadores modernos tienden a ser más conservadores, estimando entre 60.000 y 100.000 participantes en el momento álgido, con un núcleo de combatientes efectivos bastante menor. Lo que sí es claro es que la revuelta fue la mayor de su tipo en la historia romana, superando ampliamente las anteriores revueltas de Sicilia del siglo II a.C.

¿Qué quería conseguir Espartaco?

Es la pregunta más difícil y la que las fuentes responden de forma menos satisfactoria. Plutarco sugiere que el plan inicial era cruzar los Alpes y dispersar al ejército en sus tierras de origen, lo que implicaría que el objetivo era la libertad individual de los participantes, no ningún proyecto político más amplio. Otros pasajes sugieren que Espartaco pensó en algún momento en cruzar a Sicilia y organizar allí una base más permanente. Lo que parece claro es que no había un proyecto de abolición de la esclavitud ni de transformación del sistema romano: ese marco conceptual simplemente no existía en el mundo antiguo.

¿Por qué Craso usó la decimatio contra sus propias tropas?

La decimatio era el castigo más extremo de la disciplina militar romana: se seleccionaba por sorteo a uno de cada diez soldados de una unidad que había actuado cobardemente o desobedecido órdenes, y ese hombre era ejecutado por sus propios compañeros. Craso la aplicó después de que una de sus legiones huyera ante los esclavos, en un momento en que la moral del ejército romano estaba en su punto más bajo. El objetivo era restablecer el principio de que la cobardía ante el enemigo era más peligrosa que el enemigo mismo. No se había aplicado en generaciones y su uso por Craso fue comentado con horror por las fuentes, que lo consideraron un anacronismo brutal pero eficaz.

¿Dónde está la tumba de Espartaco?

No existe. El cuerpo de Espartaco nunca fue identificado entre los miles de muertos de la batalla final en Lucania. Las fuentes antiguas mencionan explícitamente este hecho, probablemente porque la imposibilidad de exhibir el cadáver del líder rebelde — como se hacía habitualmente con los enemigos de Roma para demostrar su derrota definitiva — era una frustración para la narrativa de la victoria. Espartaco desapareció en la batalla sin dejar rastro físico, lo que contribuyó a rodear su figura de una ambigüedad que la historia posterior convirtió en leyenda.

Tags: Grandes personajes de la HistoriaHistoria de RomaRepública romana
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