Hay criaturas bíblicas que han sido domesticadas por la interpretación hasta convertirse en algo irreconocible. Behemot es una de ellas. Para la mayoría de los lectores modernos, el nombre evoca vagamente algún animal enorme y amenazante, quizás un dinosaurio según ciertas lecturas creacionistas, quizás simplemente una bestia sin forma precisa. Pero en la tradición religiosa que lo creó, Behemot era mucho más que un animal grande: era la contraparte terrestre de Leviatán, el gran monstruo de la tierra que equilibraba al monstruo del mar en la cosmología del caos primordial, reservado desde el origen del tiempo para ser sacrificado en el banquete escatológico que celebrarían los justos al final de los tiempos.
Su nombre en hebreo, behemot, es el plural intensivo de behema, «bestia» o «animal», una forma gramatical que en hebreo indica grandeza o intensidad: no simplemente «bestias» sino «la bestia por excelencia», «lo más bestial que existe». Esa etimología ya revela algo esencial sobre la criatura: es la encarnación de lo animal en su forma más extrema, la naturaleza bruta e indomable llevada a su límite absoluto.
El texto que describe a Behemot con mayor detalle es el mismo que dedica dos capítulos a Leviatán: el libro de Job, donde Dios presenta a ambas criaturas como los ejemplos supremos de su poder creador que ningún ser humano puede comprender ni controlar, pero la trayectoria de Behemot es distinta a la de Leviatán. Mientras que Leviatán se convirtió en el gran dragón del Apocalipsis y en uno de los príncipes del infierno más reconocibles, Behemot tuvo una vida cultural más modesta, aunque igualmente fascinante para quien la rastrea en detalle.
Behemot en el libro de Job: la criatura que desafía la comprensión
El libro de Job es el texto fundacional para entender a Behemot. En el gran discurso que Dios pronuncia desde el torbellino, la respuesta divina a las preguntas de Job sobre el sufrimiento injusto, Behemot ocupa el capítulo 40, inmediatamente antes de que Leviatán ocupe el 41. La yuxtaposición no es accidental: las dos criaturas son presentadas como pareja, las dos bestias más extremas de la creación que demuestran la imposibilidad de que Job comprenda el orden divino.
La descripción de Behemot en Job 40:15-24 es una de las piezas de prosa poética más impresionantes de toda la Biblia hebrea:
Mira a Behemot, al que hice junto contigo; come hierba como el buey. Mira su fuerza en sus lomos y su vigor en los músculos de su vientre. Dobla su cola como un cedro; los tendones de sus muslos están entretejidos. Sus huesos son tubos de bronce, sus miembros como barras de hierro. Es la primera de las obras de Dios; el que lo hizo puede acercarle su espada. Los montes le producen hierba, donde todos los animales del campo retozan. Se recuesta bajo los lotos, en la cobertura de los carrizos y del pantano. Los lotos lo cubren con su sombra; los sauces del arroyo lo rodean. He aquí, si el río se desborda, no se apresura; está tranquilo aunque el Jordán surja hasta su boca. ¿Puede alguien capturarlo cuando está mirando, o perforar su nariz con una trampa?
Job 40:15-24
Este pasaje contiene los elementos iconográficos fundamentales de Behemot que determinarán toda la tradición posterior: la fuerza descomunal concentrada en los lomos y el vientre, la cola como un cedro, los huesos como metal, la asociación con los pantanos y los ríos, la calma absoluta ante las crecidas del agua, la imposibilidad de capturarlo.
La descripción ha generado un debate académico que dura siglos: ¿qué animal real está detrás de Behemot? La respuesta más aceptada es el hipopótamo, el animal más grande y más poderoso del mundo conocido para los autores bíblicos, habitante de los ríos y los pantanos, capaz de permanecer inmóvil en el agua mientras las corrientes más fuertes lo rodean. El hipopótamo del Nilo era bien conocido en el antiguo Egipto y en el Levante y sus características físicas corresponden con notable precisión a la descripción de Job.
Pero el hipopótamo real no explica completamente a Behemot. La frase «es la primera de las obras de Dios», o en algunas traducciones «la primera de las creaciones de Dios», sugiere que Behemot no es simplemente un animal grande sino la criatura primordial por excelencia, el ser que ocupa el primer lugar en la jerarquía de lo creado. Esa dimensión cosmológica va más allá del hipopótamo real y conecta con la tradición mitológica más amplia del monstruo primordial que la literatura intertestamentaria desarrollará explícitamente.
Behemot y Leviatán como pareja cósmica
La relación entre Behemot y Leviatán en la tradición judía es una de las parejas míticas más elaboradas de toda la literatura religiosa antigua. No son simplemente dos animales grandes mencionados en el mismo libro: son los representantes respectivos de los dos dominios del caos primordial, la tierra y el mar, cuya separación en el origen del tiempo es condición necesaria para que el mundo ordenado exista.
La literatura apocalíptica judía del período intertestamentario desarrolló esta pareja con gran detalle. El Libro de Enoc (capítulo 60) describe el origen de ambas criaturas:
En ese día serán distribuidos Leviatán y Behemot como alimento para todo lo que Dios haya preparado. Leviatán habitará en los abismos del océano sobre las fuentes de las aguas, y Behemot ocupará un desierto llamado Dundayin, al este del jardín donde habitan los elegidos y los justos.
Esta separación geográfica de los dos monstruos, Leviatán en el mar y Behemot en el desierto, tiene una lógica cosmológica precisa: si los dos monstruos del caos se encontraran, su conflicto destruiría el mundo. Su separación es el acto divino que mantiene el cosmos en equilibrio, la última barrera entre el orden y el caos absoluto.


El cuarto libro de Esdras (6:49-52) desarrolla la misma tradición con un detalle adicional sobre el destino escatológico de las criaturas:
Entonces preservaste a dos seres vivos; al uno lo llamaste Behemot y al otro Leviatán. Y los separaste el uno del otro, pues el séptimo día no podía contenerlos a ambos. Y a Behemot le diste una parte de la tierra que fue secada el tercer día, para que habitara en ella, donde hay mil montes. Y a Leviatán le diste el séptimo día del mar húmedo… Y los has preservado para que sean devorados por quienes tú quieras y cuándo tú quieras.
cuarto libro de Esdras (6:49-52)
El Apocalipsis de Baruc y otros textos apocalípticos del período desarrollan igualmente la imagen del banquete mesiánico donde Behemot y Leviatán serán sacrificados para alimentar a los justos al final de los tiempos. Esta imagen es una de las más extrañas y más fascinantes de toda la escatología judía: los dos grandes monstruos del caos primordial, preservados desde el origen del tiempo, se convierten al final en alimento para los redimidos. El caos devora al mundo durante la historia; al final de la historia, los justos devoran al caos.
La identificación con el hipopótamo: el debate arqueológico
El debate sobre la identidad zoológica de Behemot ha ocupado a intérpretes durante siglos y sigue siendo relevante porque afecta a cómo se lee el texto de Job.
La hipótesis del hipopótamo es la más aceptada entre los especialistas modernos. Los argumentos son sólidos: el hipopótamo es el animal más grande del África subsahariana y del Nilo, bien conocido en el antiguo Egipto y mencionado en fuentes egipcias antiguas. Su asociación con los ríos y los pantanos, su fuerza descomunal, su calma ante las corrientes de agua, su piel prácticamente impenetrable para las armas antiguas y la imposibilidad de capturarlo corresponden con la descripción de Job de forma coherente.
El nombre egipcio del hipopótamo, p-ehe-mau («el buey del agua»), ha sido propuesto como posible origen del hebreo behemot, aunque esta etimología es debatida. Lo que sí es claro es que los autores bíblicos conocían el hipopótamo y que algunas de sus características físicas inspiraron la descripción de Job.
Sin embargo, hay elementos de la descripción que van más allá del hipopótamo real. La «cola como un cedro» es el más problemático: el hipopótamo tiene una cola pequeña y delgada que no se parece en nada a un cedro. Algunos intérpretes han propuesto el elefante como alternativa, cuya trompa podría describirse como un cedro y otros han propuesto que la descripción combina características de distintos animales en una criatura mítica que no corresponde a ningún animal real específico.
Las lecturas creacionistas modernas han propuesto a un saurópodo, un dinosaurio de cuello largo como el Diplodocus o el Brachiosaurus como identificación de Behemot, argumentando que la «cola como un cedro» describe perfectamente la cola de un dinosaurio. Esta interpretación es rechazada por la práctica totalidad de los paleontólogos y de los especialistas en Biblia, pero tiene una presencia significativa en ciertos círculos evangélicos y creacionistas.
Behemot en la demonología medieval: el demonio de la pereza
Como Leviatán, Behemot fue incorporado a la demonología cristiana medieval, aunque con un perfil menos prominente. En la clasificación de los siete príncipes del infierno asociados a los siete pecados capitales, Behemot fue asignado a la pereza, acedia en latín, en algunas clasificaciones, aunque no hay unanimidad entre los distintos tratados demonológicos sobre esta asignación.
La asociación entre Behemot y la pereza tiene una lógica interna: la criatura de Job es descrita como un ser que «se recuesta bajo los lotos», que permanece inmóvil en el pantano, que no se apresura aunque el río se desborde. Es la imagen de la inmovilidad total, de la criatura que existe sin hacer nada, que descansa con una calma que raya en la indiferencia total. Esa inmovilidad fue reinterpretada moralmente como pereza, como la negativa a actuar, a comprometerse, a luchar.
El Dictionnaire Infernal de Collin de Plancy describe a Behemot como uno de los principales demonios del infierno, «el demonio de la brutalidad animal», representado frecuentemente como una criatura monstruosa con características de hipopótamo, elefante y otros animales grandes. Es una de las figuras demoníacas más físicamente grotescas de toda la demonología occidental, lo que contrasta con la majestuosidad serena que el libro de Job le atribuye.
En el Paraíso Perdido de Milton, Behemot aparece brevemente en la descripción del caos primordial antes de la creación, como una de las fuerzas del desorden que Dios ordena en el acto creador. No tiene el papel protagónico que Leviatán tiene en el poema, pero su presencia en ese contexto del caos primordial es coherente con su función cosmológica en la tradición judía.
Behemot en el pensamiento moderno y la cultura contemporánea
La trayectoria de Behemot en la modernidad es más discreta que la de Leviatán pero igualmente reveladora. Mientras Leviatán encontró en Hobbes una reinterpretación política brillante, Behemot tuvo que esperar al siglo XX para encontrar su equivalente.
El historiador alemán Franz Neumann publicó en 1942 un estudio sobre el régimen nazi titulado precisamente Behemoth: The Structure and Practice of National Socialism. La elección del nombre era deliberada y contrastiva con respecto a Hobbes: si el Leviatán de Hobbes era el Estado soberano que impone el orden sobre el caos, el Behemoth de Neumann era el Estado que ha regresado al caos, la estructura política que ha abandonado cualquier principio de legalidad o racionalidad para convertirse en pura brutalidad organizada. El nazismo como Behemot: la bestia del caos disfrazada de Estado.
Esta oposición Leviatán/Behemot como metáfora política, el Estado ordenado versus el Estado caótico y brutal, ha tenido una vida larga en el pensamiento político del siglo XX y sigue siendo relevante en los debates sobre los Estados fallidos y el totalitarismo.
En la cultura popular contemporánea, Behemot aparece en videojuegos de rol y fantasía, en series de animación japonesa y en el metal extremo, generalmente como una criatura de poder aplastante asociada con la tierra y la destrucción física. La banda polaca de black metal Behemoth tomó su nombre directamente de la criatura bíblica, contribuyendo a su presencia en la cultura underground.
El gato Behemot de la novela El maestro y Margarita de Mikhail Bulgakov, un gato negro parlante y bebedor de vodka que acompaña al diablo en su visita a Moscú, es probablemente la aparición más famosa de Behemot en la literatura del siglo XX. Es una reinterpretación completamente irónica de la criatura bíblica: de monstruo cósmico a gato travieso que juega con la burocracia soviética.
La pareja Behemot-Leviatán como símbolo del mal total
Una de las lecturas más interesantes de la pareja Behemot-Leviatán en la teología contemporánea es la que los interpreta como símbolo del mal en sus dos dimensiones fundamentales: el mal del poder y el mal de la brutalidad.
Leviatán, el monstruo del mar, representa el mal del poder político y espiritual: el Estado totalitario de Hobbes, el gran dragón del Apocalipsis que persigue a la mujer vestida de sol. Es el mal que se organiza, que tiene estructura, que usa el poder para oprimir. Behemot, el monstruo de la tierra, representa el mal de la brutalidad irreflexiva: la pura fuerza animal sin propósito más allá de su propia existencia, el caos que no necesita organizarse porque simplemente aplasta. Es el mal de la violencia gratuita, de la destrucción sin objetivo.
Juntos, los dos monstruos cubren el espectro completo del mal: el mal organizado y el mal caótico, el mal que piensa y el mal que simplemente actúa. Su separación en el origen del tiempo es la condición del cosmos; su reunión al final de los tiempos señala el apocalipsis; su sacrificio para alimentar a los justos es la victoria definitiva del bien sobre ambas formas del mal.
Behemot en las distintas tradiciones
| Tradición | Período | Naturaleza | Función | Relación con Leviatán |
|---|---|---|---|---|
| Bíblica (Job) | Siglos VII-V a.C. | Bestia primordial terrestre indomable | Demostrar la incomprensibilidad del poder divino | Pareja implícita en el mismo discurso divino |
| Apocalíptica judía (Enoc) | Siglos III-I a.C. | Monstruo primordial de la tierra | Separado de Leviatán para preservar el cosmos | Pareja explícita: tierra vs mar |
| Apocalíptica judía (4 Esdras) | Siglo I d.C. | Bestia preservada desde la creación | Alimento del banquete mesiánico final | Sacrificados juntos al final de los tiempos |
| Demonología medieval | Siglos VI-XVII | Demonio de la brutalidad animal | Pereza; representación de la bestialidad | Ambos príncipes del infierno |
| Pensamiento político moderno | Siglo XX | Metáfora del Estado caótico y brutal | El totalitarismo como caos organizado | Opuesto al Leviatán ordenado de Hobbes |
| Cultura popular | Siglos XX-XXI | Criatura de poder aplastante | Villano en videojuegos, música, literatura | Frecuentemente mencionados juntos |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Biblia de Jerusalén (ed. 2009): Job 40:15-24.
- Libro de Enoc.
- Cuarto libro de Esdras 6:49-52.
Bibliografía:
- Alonso Schökel, Luis; Sicre Díaz, José Luis (1983). Job: comentario teológico y literario. Ediciones Cristiandad, Madrid.
- Messadié, Gerald (1994). A history of the devil.
- Habel, Norman C. (1985). The Book of Job: A Commentary. Westminster Press, Filadelfia.
- Day, John (1985). God’s Conflict with the Dragon and the Sea: Echoes of a Canaanite Myth in the Old Testament. Cambridge University Press. (Traducción española)
- Neumann, Franz (1942). Behemoth: The Structure and Practice of National Socialism. Oxford University Press.
- Pope, Marvin H. (1965). Job: Introduction, Translation, and Notes. Anchor Bible, Doubleday.
- Forsyth, Neil (1987). The Old Enemy: Satan and the Combat Myth. Princeton University Press.
Preguntas frecuentes sobre Behemot
¿Qué animal real es Behemot?
La identificación más aceptada entre los especialistas es el hipopótamo, el animal más grande y poderoso del mundo conocido para los autores bíblicos. Su asociación con ríos y pantanos, su fuerza descomunal, su calma ante las crecidas del agua y la imposibilidad de capturarlo con las armas de la época corresponden con la descripción de Job. Sin embargo, la «cola como un cedro» no encaja bien con el hipopótamo real, cuya cola es pequeña. Algunos especialistas proponen una criatura mítica que combina características de distintos animales; las lecturas creacionistas proponen un dinosaurio saurópodo, hipótesis rechazada por la práctica totalidad de los científicos y especialistas bíblicos.
¿Cuál es la relación entre Behemot y Leviatán?
En la literatura apocalíptica judía del período intertestamentario, Behemot y Leviatán son los dos grandes monstruos primordiales que representan respectivamente el caos de la tierra y el caos del mar. Fueron separados por Dios en el origen del tiempo para que su conflicto no destruyera el mundo. Al final de los tiempos serán sacrificados juntos para alimentar a los justos en el banquete mesiánico escatológico. Son la pareja cósmica del caos primordial cuya separación mantiene el orden del cosmos y cuya derrota final marca la victoria definitiva del bien.
¿Por qué Behemot se asocia con la pereza en la demonología medieval?
La asociación procede de la descripción de Job, donde Behemot es presentado como una criatura que «se recuesta bajo los lotos», que permanece inmóvil en el pantano con total indiferencia ante las crecidas del río. Esa inmovilidad absoluta fue reinterpretada moralmente como acedia, la pereza espiritual que la teología cristiana consideraba uno de los pecados más graves porque implicaba la indiferencia ante Dios y ante el bien. La bestia que no se mueve se convirtió en el demonio de los que no quieren moverse espiritualmente.
¿Qué es el Behemoth de Franz Neumann?
En 1942, el historiador y politólogo alemán Franz Neumann publicó Behemoth: The Structure and Practice of National Socialism, un análisis del régimen nazi que usaba el nombre de la criatura bíblica como metáfora del Estado que ha regresado al caos. En contraste con el Leviatán de Hobbes, el Estado soberano que impone el orden, el Behemoth de Neumann es el Estado que ha abandonado cualquier principio de legalidad o racionalidad para convertirse en pura brutalidad organizada. El nazismo como la bestia del caos disfrazada de Estado: un sistema que funciona sin normas, sin legalidad, sin racionalidad, solo con poder bruto.
¿Aparece Behemot en el Nuevo Testamento?
No directamente. El Nuevo Testamento no menciona a Behemot por nombre. Sin embargo, el gran dragón del Apocalipsis —que fusiona a Leviatán con el adversario sobrenatural— es heredero de la tradición de la pareja Behemot-Leviatán, y la imagen del banquete escatológico del Apocalipsis tiene conexiones con la tradición del banquete mesiánico donde ambos monstruos serán sacrificados.
¿Cómo aparece Behemot en la cultura popular contemporánea?
La aparición más famosa en la literatura es el gato Behemot de El maestro y Margarita de Mikhail Bulgakov, un gato negro parlante y travieso que acompaña al diablo en su visita a Moscú, reinterpretación completamente irónica de la criatura bíblica. En los videojuegos y la fantasía, Behemot aparece frecuentemente como una criatura de poder aplastante asociada con la tierra y la destrucción. La banda polaca de black metal Behemoth tomó su nombre de la criatura bíblica. En el pensamiento político, el análisis de Neumann sobre el nazismo como Behemoth sigue siendo una referencia en los estudios sobre totalitarismo.









