En 1859, el semanario neoyorquino New York Clipper publicó una cuadrícula de nueve filas y nueve columnas. A la izquierda, los nombres de los jugadores. Arriba, las entradas, que son cada uno de los nueve turnos en que se divide un partido de béisbol. En cada cruce, una cifra. La firmaba Henry Chadwick, un periodista nacido en Exeter que había llegado a Brooklyn con doce años y que hasta entonces cubría críquet. Aquella tabla, conocida desde entonces como box score (el resumen numérico de un encuentro), no contaba el partido. Lo reducía a datos que podían compararse con los de cualquier otro partido. Hubo tablas anteriores, desde 1845, pero ninguna tan detallada como para juzgar a cada jugador por separado.
Ese gesto discreto resultó ser una de las invenciones más duraderas del periodismo del siglo XIX, y su descendencia llega mucho más lejos que las páginas deportivas. El principio no ha cambiado. Una cifra aislada no significa nada y solo empieza a hablar cuando se coloca junto a otras, en filas y columnas, dispuesta para el contraste.
Chadwick abrió esa vía en el béisbol y otras disciplinas la siguieron después, cada una con los indicadores que su propio juego dejaba contar. Esos números sirven hoy tanto al aficionado que discute un partido como a quien intenta anticiparlo, porque convierten una impresión en una probabilidad.
Y la propia cuadrícula ha sobrevivido a siglo y medio y a soportes que Chadwick no llegó a ver. Su heredera más literal no está hoy en la página deportiva, sino en las tablas comparativas, donde cada fila es una empresa y cada columna una condición, el mismo reparto que él dio a jugadores y entradas en 1859. Así, según la comparativa de Legalbet, un portal que analiza y publica rankings de casas de apuestas con licencia, el requisito de los bonos de bienvenida en México, o sea las veces que hay que volver a jugar el dinero recibido antes de poder retirarlo, va de tres a veinte, mientras que la media queda entre cinco y diez. Nada de eso se deduce del importe anunciado, que es la única cifra que aparece en el cartel. Puesta en una fila junto a las demás, esa cifra empieza a decir algo.
Un cronista de críquet ante un juego nuevo
Chadwick vio su primer partido organizado de béisbol en 1856, mientras cubría un encuentro de críquet en Hoboken, Nueva Jersey. Al año siguiente entró en el New York Clipper y convirtió ese deporte en su tema. Venía de un juego que ya tenía hojas de anotación y adaptó aquel sistema a otro distinto. De ahí salió el box score de 1859, que recogía, jugador por jugador, las carreras anotadas, los hits (las veces que el bateador golpea la pelota y alcanza una base por su propio mérito), las eliminaciones, las asistencias defensivas y los errores del club Excelsior de Brooklyn. Suya es también la abreviatura K para el ponche, la jugada en que el bateador queda eliminado tras fallar tres lanzamientos. La letra es la última de struck, la forma en inglés de decir que un bateador ha quedado fuera.
No se detuvo en el registro. Introdujo la distinción entre carreras limpias y sucias, según fueran mérito del bateo rival o consecuencia de un fallo defensivo, y se le atribuye el promedio de bateo, la proporción de aciertos de un jugador al golpear la pelota. En 1860 empezó a editar el Beadle’s Dime Base-Ball Player, la primera guía de béisbol puesta a la venta al público, donde aparecieron los totales de temporada por equipos y jugadores. El salón de la Fama del Béisbol lo incorporó en 1938, treinta años después de su muerte, y sigue siendo el único periodista con placa en su galería principal.
Vistas juntas, sus aportaciones se resumen así.
| Aportación | Qué recogía | Para qué sirvió |
| Box score (1859) | Carreras, hits, eliminaciones, asistencias y errores de cada jugador | Seguir un partido sin haber estado en él |
| La letra K | Los ponches conseguidos por el lanzador | Dar al juego una notación abreviada |
| Promedio de bateo | La proporción de aciertos de un bateador | Comparar a jugadores que nunca se enfrentaron |
| Carreras limpias y sucias | El mérito del rival frente al fallo propio | Aislar la responsabilidad individual |
| Beadle’s Dime Base-Ball Player (1860) | Totales de temporada por equipo y jugador | Primer registro estadístico de acceso público |
Un siglo de espera y después la sabermetría
Durante décadas las cifras de Chadwick se acumularon sin que la discusión saliera de círculos muy reducidos. El giro llegó en agosto de 1971, cuando dieciséis aficionados a la investigación fundaron en Cooperstown la Society for American Baseball Research, conocida por sus siglas SABR. Bill James, que se incorporó a la sociedad más tarde, empezó a publicar en 1977 unos anuarios caseros, los Baseball Abstracts, en los que ponía en duda que las estadísticas heredadas midieran lo que decían medir. En 1980 bautizó su método como sabermetría, en honor a esas siglas, y lo definió como la búsqueda de conocimiento objetivo sobre el béisbol.
La discusión salió del círculo de los aficionados cuando un equipo modesto la llevó a su plantilla. Moneyball, el libro que Michael Lewis publicó en 2003 sobre la temporada anterior de los Atléticos de Oakland, contó cómo una franquicia sin dinero fichaba jugadores infravalorados a partir de indicadores que el resto del mercado no miraba. Desde entonces la estadística avanzada dejó de parecer una excentricidad de contables.
Del béisbol al fútbol, la probabilidad de cada disparo
El fútbol tardó más en dejarse medir porque no se juega por turnos y casi ninguna acción termina en gol. La métrica que rompió esa barrera fue el xG, del inglés expected goals, «goles esperados». En abril de 2012 Sam Green, analista de la empresa de datos Opta, publicó un artículo en el que asignaba a cada disparo una probabilidad de acabar en gol a partir del histórico de miles de remates anteriores. Un tiro con un xG de 0,15 significa que, de cien ocasiones parecidas, quince terminaron dentro. Sumando todas las de un partido se obtiene cuántos goles merecía cada equipo por la calidad de lo que generó.
El modelo no mira solo desde dónde se dispara. Entre las variables que pesan en el cálculo, según Opta, están estas.
- La distancia y el ángulo respecto a la portería.
- La parte del cuerpo con que se remata, porque un cabezazo no equivale a un disparo con el pie.
- El tipo de jugada previa, ya que un contragolpe deja al defensa peor colocado que un córner.
- La posición del portero y la claridad con la que el rematador ve la portería, según dónde estén los demás jugadores.
Cada proveedor entrena su propio modelo, de modo que dos cadenas de televisión pueden dar cifras algo distintas del mismo encuentro.
El sector que más partido saca a esos números
La estadística avanzada nació en las redacciones y creció en los clubes, pero su mayor consumidor está en otra parte. Las casas de apuestas se dedican justamente a convertir probabilidades en precios, y el xG lo adoptaron antes las empresas del sector que las televisiones. El mecanismo se entiende sin esfuerzo. Un modelo estima la probabilidad de cada resultado y esa probabilidad se traduce en una cuota, el número por el que se multiplica lo apostado cuando el pronóstico acierta. Una probabilidad del 50 % equivale a una cuota de 2,00, y una del 25 %, a 4,00.
A ese precio la empresa le suma siempre un margen, que es su beneficio ya incorporado a la cifra. Por eso las probabilidades implícitas de un partido, las que se deducen de las cuotas ofrecidas, suman más de 100 %. A partir de ahí, los dos lados del mostrador hacen el mismo trabajo en direcciones opuestas.
- La casa estima la probabilidad de cada resultado, le añade el margen y publica una cuota que va corrigiendo según cambian las alineaciones y llega el dinero.
- El apostante recorre el camino inverso, calcula por su cuenta la probabilidad de un suceso con sus propios modelos y busca los casos en que el precio ofrecido no coincide con su estimación.
Es, en el fondo, la misma operación que Chadwick propuso en 1859, con más variables y mucho menos tiempo para resolverla.
Chadwick murió en abril de 1908. No llegó a ver una hoja de cálculo ni un modelo probabilístico, y sin embargo su idea sigue intacta dentro de ambos. Un acontecimiento deportivo, por confuso que parezca mientras sucede, puede escribirse en una tabla y ponerse al lado de otro. Todo lo que vino después son variables añadidas a esa misma cuadrícula.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









