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El Evangelio de la Verdad: el texto más bello de los gnósticos

by Marcelo Ferrando Castro
6 octubre, 2026
in Historia de las Religiones, Fuentes Históricas
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Bodegón en penumbra con un papiro escrito en caracteres antiguos sobre una roca, junto a una cruz de madera tosca y una rama seca con un pequeño fruto, iluminados por un rayo de luz que atraviesa la niebla, representando al Evangelio de la Verdad.

El Evangelio de la Verdad transforma la cruz en el árbol del conocimiento: Jesús, clavado en el madero, se convierte en un fruto que no trae la muerte, como el del Edén, sino el despertar de quienes lo comen. Crédito: recreación con IA - Red Historia

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Hacia el año 180, el obispo Ireneo de Lyon advertía en su gran tratado Contra las herejías que los seguidores de Valentín presumían de tener más evangelios que los demás cristianos. Entre ellos, decía, había uno al que llamaban Evangelio de la Verdad, aunque no coincidía en nada con los evangelios de los apóstoles. Durante casi 1.800 años, esa frase fue todo lo que se sabía de él.

En 1945, entre los códices hallados en Nag Hammadi, apareció un texto copto sin título que empezaba con estas palabras: el evangelio de la verdad es alegría para quienes han recibido del Padre de la verdad la gracia de conocerlo. Los investigadores lo identificaron de inmediato con el libro que mencionaba Ireneo. Fue el primer texto de la biblioteca de Nag Hammadi que se publicó completo, en 1956 y desde entonces se considera una de las obras más importantes y más bellas de la literatura gnóstica.

El Evangelio de la Verdad no se parece a los evangelios del Nuevo Testamento. No cuenta la vida de Jesús, no narra milagros ni recoge parábolas en orden. Es una meditación, quizá una homilía, sobre una sola idea: el ser humano vive en el olvido de su origen, como quien sufre una pesadilla y Jesús vino a despertarlo revelándole al Padre. Está escrito con una prosa rítmica y llena de imágenes: la ignorancia como una niebla que se espesa, el Error que fabrica un mundo falso en el vacío, Jesús clavado en un madero como un libro abierto en el que se publica el testamento del Padre, la oveja perdida que, al ser encontrada, hace pasar la cuenta de la mano izquierda a la derecha.

Muchos especialistas atribuyen la obra al propio Valentín, el maestro alejandrino que enseñó en Roma a mediados del siglo II y fundó la escuela gnóstica más influyente de la Antigüedad. La atribución no puede probarse, pero el estilo, las ideas y la ausencia del complicado mito que desarrollaron sus discípulos encajan con lo que sabemos de él. Si fuera suyo, sería el único texto completo que conservamos del fundador del valentinianismo.

Índice:

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  • Un evangelio que no cuenta una vida
  • Dos copias en Nag Hammadi
  • ¿Lo escribió Valentín?
  • La niebla del olvido
  • El fruto del árbol
  • El libro vivo clavado en la cruz
  • Jesús, maestro en las escuelas
  • Los que son llamados por su nombre
  • Vivir como en una pesadilla
  • La oveja perdida y la mano derecha
  • La deficiencia y la plenitud
  • Un texto con ética
  • El lugar del descanso
  • Las grandes imágenes del Evangelio de la Verdad
  • Por qué importa el Evangelio de la Verdad
  • Artículos relacionados con gnosticismo
  • Fuentes y bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre el Evangelio de la Verdad
    • ¿Qué es el Evangelio de la Verdad?
    • ¿Quién escribió el Evangelio de la Verdad?
    • ¿Dónde se encontró el Evangelio de la Verdad?
    • ¿Qué dice el Evangelio de la Verdad sobre Jesús?
    • ¿En qué se diferencia de los evangelios del Nuevo Testamento?
    • ¿Es el Evangelio de la Verdad un texto gnóstico?
    • ¿Qué es el pasaje de la pesadilla?

Un evangelio que no cuenta una vida

La palabra evangelio significa en griego buena noticia. Antes de designar un género literario, el relato de la vida, muerte y resurrección de Jesús, designaba el mensaje mismo de la salvación. Cuando Pablo habla de su evangelio en sus cartas, no se refiere a un libro, sino a lo que predica. El Evangelio de la Verdad usa la palabra en este sentido antiguo. Es un evangelio porque anuncia una buena noticia, no porque narre una biografía.

Por eso el texto no tiene título. Los copistas antiguos solían colocar el título al final de cada obra, pero aquí no hay ninguno. El nombre con el que lo conocemos procede de sus primeras palabras, igual que muchos documentos antiguos se conocían por su comienzo. Los editores modernos lo llamaron Evangelium Veritatis, Evangelio de la Verdad y la coincidencia con la noticia de Ireneo hizo el resto.

La forma del texto se parece más a un sermón que a cualquier otro género. Avanza por asociaciones de ideas, vuelve una y otra vez sobre los mismos temas, alterna la exposición con exhortaciones dirigidas directamente a los oyentes y termina con una reflexión sobre el lugar del descanso, al que el autor dice no tener nada más que añadir. Algunos investigadores lo han definido como una meditación, otros como una homilía para una celebración litúrgica y otros como un tratado de teología en forma poética.

Dos copias en Nag Hammadi

El Evangelio de la Verdad se conserva en dos copias de la biblioteca de Nag Hammadi. La principal está en el Códice I, el que salió de Egipto de contrabando y fue comprado en 1952 para el Instituto Carl Gustav Jung de Zúrich. Ocupa unas 27 páginas y está casi completa, aunque con algunas lagunas. Está escrita en un dialecto copto del Egipto Medio, el licopolitano, distinto del sahídico que predomina en el resto de la biblioteca.

La segunda copia, en el Códice XII, está muy dañada y solo conserva algunos fragmentos, pero confirma que el texto circuló en más de una versión copta. Ambas son traducciones de un original griego que se ha perdido.

La primera edición del texto, preparada por Michel Malinine, Henri-Charles Puech y Gilles Quispel, apareció en Zúrich en 1956 con el título Evangelium Veritatis. Le faltaban unas páginas que no estaban en el códice comprado por el Instituto Jung, sino en El Cairo y se publicaron en 1961. Fue el primer texto de Nag Hammadi que el mundo pudo leer completo, más de diez años después del hallazgo y su publicación causó un enorme interés.

¿Lo escribió Valentín?

Ireneo atribuye el Evangelio de la Verdad a los seguidores de Valentín, no al maestro mismo y no dice nada sobre su autor. La identificación del texto de Nag Hammadi con ese evangelio es casi segura, porque las primeras palabras coinciden con el título, la teología es claramente valentiniana y la fecha encaja. La cuestión del autor es más difícil.

Desde la primera edición, Quispel y Puech defendieron que el autor era el propio Valentín y muchos especialistas los han seguido, entre ellos el estadounidense Bentley Layton, que en su antología de textos gnósticos incluye el Evangelio de la Verdad entre las obras de Valentín. Los argumentos son de tres tipos.

El primero es el estilo. Los pocos fragmentos auténticos de Valentín que conservamos, citados por Clemente de Alejandría e Hipólito de Roma, muestran un autor de prosa poética, aficionado a las imágenes y a las comparaciones, que escribe con un tono cálido y personal. El Evangelio de la Verdad tiene la misma cualidad, que contrasta con la sequedad de otros textos gnósticos.

El segundo son las coincidencias de contenido. Uno de los fragmentos de Valentín compara el corazón humano con una posada llena de huéspedes que la ensucian hasta que el Padre la visita y la purifica. El Evangelio de la Verdad usa una imagen muy parecida cuando habla de las casas que se vacían y de los recipientes que se llenan.

El tercero es lo que el texto no dice. El Evangelio de la Verdad no menciona los 30 eones, ni a Sofía, ni a Achamot, ni al Demiurgo por su nombre, ni la división de la humanidad en tres clases, es decir, los elementos característicos del mito que desarrollaron Ptolomeo y otros discípulos. En su lugar aparece una figura más sencilla, el Error, que desempeña un papel parecido. Si el texto fuera obra de un discípulo tardío, cabría esperar que reflejara el sistema completo. Su sencillez sugiere que procede de una etapa temprana, quizá del propio fundador.

Otros investigadores, como Christoph Markschies, son más prudentes. Señalan que el estilo poético no es exclusivo de Valentín, que las coincidencias con los fragmentos son genéricas y que un discípulo pudo escribir en un registro sencillo, sin entrar en el mito, por razones pedagógicas o litúrgicas. La conclusión más honesta es que el Evangelio de la Verdad procede del círculo de Valentín, probablemente en Roma, entre los años 140 y 180 y que pudo escribirlo él mismo.

La niebla del olvido

El texto comienza con una pregunta implícita: ¿por qué el ser humano vive alejado de Dios? La respuesta no es un pecado original ni una rebelión, sino algo más sutil. Todos los seres buscaban a Aquel de quien habían salido, el Padre, que es incomprensible e impensable y está por encima de todo pensamiento. Como no lo conocían, sintieron angustia y terror.

Esa angustia, dice el texto, se espesó como una niebla, de modo que nadie podía ver. En esa niebla, el Error se hizo fuerte. Trabajó su propia materia en el vacío, sin conocer la verdad y se dedicó a fabricar una criatura, preparando con belleza un sustituto de la verdad. El mundo material es, por tanto, una obra del Error, una imitación sin sustancia de la realidad verdadera.

El Evangelio de la Verdad insiste, sin embargo, en que el Error no es una potencia temible. Fue algo que no tenía raíz y por eso no hay que despreciarlo ni temerlo. Su poder depende solo de la ignorancia. En cuanto el Padre es conocido, el Error se disuelve, igual que la oscuridad desaparece cuando llega la luz. El mal no es una fuerza que haya que vencer, sino un vacío que se llena.

La idea tiene raíces platónicas. Para Platón y sus herederos, el mal no tiene existencia propia, sino que es una ausencia de bien, igual que la sombra es una ausencia de luz. El Evangelio de la Verdad traduce esa intuición filosófica a un lenguaje religioso y presenta la salvación como un despertar más que como un rescate.

El fruto del árbol

En el centro del texto aparece Jesucristo, a quien el autor describe como el misterio oculto que iluminó a quienes estaban en la oscuridad a causa del olvido. Jesús los iluminó, les mostró un camino y ese camino es la verdad que les enseñó.

La reacción del Error fue violenta. Se enfureció contra Jesús, lo persiguió, lo oprimió y lo redujo a nada. Lo clavó en un madero. Pero el madero se convirtió en algo inesperado: Jesús, clavado en la cruz, se transformó en un fruto del conocimiento del Padre. A diferencia del fruto del árbol del Edén, que trajo la muerte a quienes lo comieron, este fruto no causó la ruina de quienes lo comieron, sino que les hizo descubrirse a sí mismos en él y llenarse de alegría.

La imagen invierte deliberadamente el relato del Génesis. En el paraíso, el árbol del conocimiento del bien y del mal fue el origen de la caída. En el Evangelio de la Verdad, la cruz es el árbol del conocimiento verdadero y comer de su fruto es la salvación. La teología del texto gira en torno a esta inversión: la muerte de Jesús no es un sacrificio para pagar una deuda, sino la revelación del Padre que disuelve la ignorancia.

El libro vivo clavado en la cruz

Uno de los pasajes más originales del Evangelio de la Verdad describe a Jesús como un libro. En el corazón de los elegidos, dice el texto, se manifestó el libro vivo de los vivientes, escrito en el pensamiento y en la mente del Padre desde antes de la creación del mundo. Nadie podía tomar ese libro, porque estaba reservado para quien sería sacrificado.

Jesús tomó el libro y se revistió de él, por eso fue clavado en un madero y publicó en la cruz el edicto del Padre. El autor compara el libro con un testamento. Igual que el testamento de un padre de familia permanece sellado hasta su muerte y solo entonces se abre y se reparte la herencia, el testamento del Padre se abrió con la muerte de Jesús y los herederos recibieron lo que les correspondía.

La imagen se apoya en dos textos del Nuevo Testamento. El primero es el libro sellado con siete sellos del Apocalipsis de Juan, que solo el Cordero degollado puede abrir. El segundo es un pasaje de la Carta a los Colosenses según el cual Cristo anuló el documento de la deuda que había contra nosotros y lo clavó en la cruz. El Evangelio de la Verdad fusiona ambas ideas: lo que se clava en la cruz no es una deuda, sino el propio libro de la vida, que queda abierto a la vista de todos.

Este uso del Apocalipsis, de Colosenses y de otros escritos es significativo. El investigador neerlandés Willem van Unnik mostró en los años 50 que el Evangelio de la Verdad alude a casi todos los libros que acabarían formando el Nuevo Testamento, incluidos algunos cuya autoridad todavía se discutía en el siglo II, como la Carta a los Hebreos y el Apocalipsis. Es uno de los testimonios más antiguos de que esos textos circulaban juntos y se leían como Escritura en Roma a mediados del siglo II.

Jesús, maestro en las escuelas

El Evangelio de la Verdad presenta también a Jesús como un maestro. Dice que se convirtió en guía, sereno y pausado y que entró en las escuelas y habló la palabra como un maestro. Se acercaron a él los sabios según su propia opinión, para ponerlo a prueba, pero él los confundió, porque eran vanidosos y lo odiaron, porque no eran verdaderamente sabios. Después de ellos se acercaron los pequeños, a quienes pertenece el conocimiento del Padre.

El pasaje recuerda al episodio de Jesús niño discutiendo con los doctores del templo, que cuenta el Evangelio de Lucas y a las palabras de Jesús sobre los pequeños, a quienes el Padre revela lo que oculta a los sabios y entendidos. Pero tiene también un trasfondo social. Valentín y sus discípulos se movían en el ambiente de las escuelas filosóficas de Alejandría y Roma, y el texto presenta a Jesús como un maestro superior a todos los filósofos.

Los que son llamados por su nombre

Otro tema central del texto es el nombre. El Padre conoce a los suyos desde el principio y los llama por su nombre. Quien posee el conocimiento es alguien de lo alto. Cuando lo llaman, escucha, responde y se vuelve hacia quien lo llama para subir hacia él. Sabe cómo es llamado. Quien no tiene el conocimiento, en cambio, no oye su nombre cuando lo llaman, porque su nombre no está escrito en el libro de los vivientes.

La idea se resume en una frase que muchos comentaristas consideran el núcleo del texto: quien conoce de esta manera sabe de dónde viene y adónde va. Es la misma pregunta que formula Teódoto, otro valentiniano, en su definición del conocimiento que salva: saber quiénes éramos, en qué nos hemos convertido, dónde estábamos, adónde hemos sido arrojados y hacia dónde nos apresuramos.

En la parte final, el texto desarrolla una larga reflexión sobre el nombre del Padre, que es invisible e impronunciable. El autor afirma que el nombre del Padre es el Hijo. El Padre no tiene un nombre que pueda pronunciarse, pero se lo dio a su Hijo, y el Hijo lo manifiesta. Es una de las reflexiones teológicas más elaboradas del cristianismo del siglo II sobre la relación entre el Padre y el Hijo, anterior en más de un siglo a las grandes controversias trinitarias.

Vivir como en una pesadilla

El pasaje más famoso del Evangelio de la Verdad compara la vida en la ignorancia con una pesadilla. El autor describe a quienes no conocen al Padre como personas que viven en el terror, la confusión y la inestabilidad, como si estuvieran hundidas en el sueño y se encontraran a sí mismas en sueños perturbadores.

La descripción es de una viveza poco común en la literatura antigua. En esos sueños, unos huyen hacia algún lugar, o se quedan sin fuerzas tras perseguir a otros. Otros dan golpes o los reciben; otros caen desde lo alto, o vuelan por el aire sin tener alas. Otras veces parece que alguien los mata, aunque nadie los persigue, o que ellos mismos matan a sus vecinos y se manchan con su sangre. Hasta que llega el momento en que despiertan. Entonces, quienes han pasado por todas estas angustias no ven nada, porque nada de aquello era real.

Así es, concluye el autor, el camino de quienes han arrojado la ignorancia lejos de sí como el sueño, sin darle ninguna importancia. No consideran las obras de la ignorancia como algo sólido, sino que las dejan atrás como un sueño en la noche y el conocimiento del Padre lo estiman como la luz del amanecer.

El pasaje tiene una fuerza psicológica que ha fascinado a los lectores modernos. Describe con precisión la experiencia de las pesadillas, con sus caídas, sus vuelos y sus persecuciones y la usa como metáfora de la condición humana. La salvación no consiste en escapar de un peligro real, sino en descubrir que el peligro era ilusorio. No es extraño que Carl Gustav Jung, en cuyo instituto se guardó durante años el códice, se interesara tanto por este texto.

La oveja perdida y la mano derecha

El Evangelio de la Verdad interpreta también algunas parábolas de los evangelios. La más original es su lectura de la oveja perdida. Jesús es el pastor que deja las 99 ovejas que no se han perdido y va a buscar la que se ha extraviado. Cuando la encuentra, se alegra.

El autor añade un detalle que depende de una costumbre antigua. En el mundo grecorromano se contaba con los dedos según un sistema en el que los números del 1 al 99 se indicaban con la mano izquierda y a partir de 100 se pasaba a la mano derecha. Mientras falta una oveja, la cuenta es 99 y está en la mano izquierda, la mano de la deficiencia. Cuando se encuentra la oveja perdida, el número llega a 100 y pasa a la mano derecha, la de la plenitud. Para el autor, esto significa que lo que estaba incompleto se completa cuando se encuentra lo que faltaba y que la salvación de uno solo restablece la totalidad.

El texto recoge también la imagen de la oveja caída en un pozo en sábado. Jesús trabajó en sábado para sacarla y así enseñó que en el día del descanso no hay que dejar que la salvación quede ociosa, porque el día de arriba no tiene noche.

La deficiencia y la plenitud

Todo el texto gira en torno a una oposición entre la deficiencia y la plenitud. La deficiencia es la situación del mundo y de los seres humanos mientras ignoran al Padre: algo les falta, viven en la carencia, en la angustia, en el olvido. La plenitud, el Pléroma en el vocabulario valentiniano, es la situación de quienes conocen al Padre y regresan a él.

El paso de una a otra no exige una lucha cósmica ni una transformación del mundo, sino el conocimiento. El autor lo resume en una frase: puesto que la deficiencia surgió porque el Padre no era conocido, cuando el Padre sea conocido la deficiencia dejará de existir. Igual que la ignorancia de alguien se disuelve cuando ese alguien adquiere conocimiento, igual que la oscuridad se disuelve cuando aparece la luz, la deficiencia desaparece en la plenitud.

Un texto con ética

A menudo se acusa a los gnósticos de despreciar la conducta moral, como si el conocimiento bastara para la salvación y las obras no importaran. El Evangelio de la Verdad desmiente esa imagen. Cerca del final, el autor se dirige directamente a sus lectores y les pide que hablen de la verdad con quienes la buscan y del conocimiento con quienes han pecado por error.

Después les da una serie de instrucciones concretas: que afirmen los pies de los que han tropezado, que tiendan la mano a los enfermos, que den de comer a los hambrientos y descanso a los cansados, que levanten a quienes quieren levantarse y despierten a quienes duermen. Les advierte también que no se conviertan en morada del diablo y que no se preocupen por los demás, sino que hagan la voluntad del Padre.

La exhortación muestra que el conocimiento, para el autor, no es una especulación abstracta, sino algo que transforma la vida y se traduce en solidaridad con los demás.

El lugar del descanso

El Evangelio de la Verdad termina con una reflexión sobre el descanso, uno de los conceptos clave de la espiritualidad valentiniana. Quienes han recibido el conocimiento regresan al Padre, que es el lugar de su descanso. No tienen envidia ni gemidos, no hay muerte en ellos, sino que reposan en aquel que reposa. No se esfuerzan ni se enredan en la búsqueda de la verdad, porque ellos mismos son la verdad.

El autor cierra el texto con una frase casi personal: este es el lugar de los bienaventurados y él no dirá nada más, porque ha llegado al lugar del descanso. Es un final que no se parece a ningún otro texto antiguo, la conclusión de alguien que siente que ha dicho todo lo que tenía que decir y que el resto pertenece al silencio.

Las grandes imágenes del Evangelio de la Verdad

ImagenSignificado en el textoTrasfondo
La nieblaLa angustia que surge de ignorar al PadreLa ignorancia como oscuridad en la filosofía platónica
El ErrorLa fuerza que fabrica el mundo material, sin raíz ni sustanciaEquivalente sencillo de Sofía y el Demiurgo en el mito valentiniano
El fruto del árbolJesús en la cruz como fruto del conocimiento que da vidaInversión del árbol del Edén en el Génesis
El libro vivoEl testamento del Padre publicado en la cruzEl libro sellado del Apocalipsis y el documento clavado de Colosenses
La pesadillaLa vida en la ignorancia como un mal sueño del que se despiertaImagen original del texto
La oveja perdidaEl paso de 99 a 100, de la mano izquierda a la derechaParábola de los evangelios y sistema antiguo de contar con los dedos
El nombreEl Hijo como nombre invisible del PadreTeología del nombre divino en el judaísmo
El descansoEl regreso al Padre como reposo finalEl descanso de Dios en el Génesis y en la Carta a los Hebreos

Por qué importa el Evangelio de la Verdad

El Evangelio de la Verdad tiene una importancia excepcional por varias razones.

La primera es que corrige la imagen que los heresiólogos transmitieron de los valentinianos. Ireneo presentó su doctrina como un mito extravagante de eones y emanaciones y durante siglos esa fue la única imagen disponible. El Evangelio de la Verdad muestra otra cara: una espiritualidad profunda, centrada en Jesús, en el conocimiento del Padre y en la experiencia interior del despertar, expresada con una belleza literaria que pocos textos cristianos del siglo II igualan. Si el autor es Valentín, el texto nos permite escuchar directamente al hombre que estuvo a punto de ser obispo de Roma.

La segunda es su valor para la historia del Nuevo Testamento. Las abundantes alusiones del texto a los evangelios, a las cartas de Pablo, a la Carta a los Hebreos y al Apocalipsis demuestran que, en la Roma de mediados del siglo II, estos escritos ya circulaban juntos y se leían con autoridad, incluso entre quienes la gran Iglesia acabaría considerando herejes. Los valentinianos no rechazaban los textos que formarían el canon, sino que los interpretaban de otra manera.

La tercera es su influencia en la lectura moderna del gnosticismo. El Evangelio de la Verdad fue el primer texto de Nag Hammadi que se publicó y marcó la forma en que los investigadores y el gran público descubrieron la biblioteca. Su tono, más místico que mitológico, contribuyó a que el gnosticismo se interpretara en el siglo XX como una forma de espiritualidad interior, cercana a la psicología de Jung o a la filosofía existencial de Hans Jonas. Esa interpretación tiene sus límites, porque no todos los textos gnósticos se parecen a este, pero el Evangelio de la Verdad la hizo posible

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Fuentes y bibliografía

Ediciones y traducciones:

  • Attridge, Harold W. y MacRae, George W. «The Gospel of Truth». En Attridge, Harold W. (ed.), Nag Hammadi Codex I (The Jung Codex). Leiden: Brill, 1985.
  • Layton, Bentley. The Gnostic Scriptures. Nueva York: Doubleday, 1987.
  • Malinine, Michel; Puech, Henri-Charles y Quispel, Gilles (eds.). Evangelium Veritatis. Zúrich: Rascher, 1956.
  • Meyer, Marvin (ed.). The Nag Hammadi Scriptures. Nueva York: HarperOne, 2007.
  • Piñero, Antonio; Montserrat Torrents, José y García Bazán, Francisco (eds.). Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi. Vol. II. Madrid: Trotta, 1999.
  • Ireneo de Lyon. Contra los herejes.

Bibliografía:

  • Grobel, Kendrick. The Gospel of Truth: A Valentinian Meditation on the Gospel. Nashville: Abingdon, 1960.
  • Jonas, Hans. La religión gnóstica. Madrid: Siruela, 2000.
  • Markschies, Christoph. Valentinus Gnosticus? Untersuchungen zur valentinianischen Gnosis. Tubinga: Mohr Siebeck, 1992.
  • Ménard, Jacques-É. L’Évangile de vérité. Leiden: Brill, 1972.
  • Orbe, Antonio. Estudios valentinianos. 5 vols. Roma: Pontificia Universidad Gregoriana, 1955-1966.
  • Pagels, Elaine. Los evangelios gnósticos. Barcelona: Crítica, 1982.
  • Standaert, Benoît. «L’Évangile de vérité: critique et lecture». New Testament Studies 22 (1976), pp. 243-275.
  • Thomassen, Einar. The Spiritual Seed: The Church of the «Valentinians». Leiden: Brill, 2006.
  • Unnik, Willem C. van. «The «Gospel of Truth» and the New Testament». En Cross, F. L. (ed.), The Jung Codex. Londres: Mowbray, 1955.
  • Williams, Jacqueline A. Biblical Interpretation in the Gnostic Gospel of Truth from Nag Hammadi. Atlanta: Scholars Press, 1988.

Preguntas frecuentes sobre el Evangelio de la Verdad

¿Qué es el Evangelio de la Verdad?

Es un texto cristiano gnóstico escrito en griego hacia mediados del siglo II, probablemente en Roma, y conservado en copto en dos códices de Nag Hammadi. No narra la vida de Jesús, sino que es una meditación o una homilía sobre cómo la ignorancia del Padre produjo un mundo de error y angustia, y cómo Jesús vino a despertar a los seres humanos revelándoles al Padre. Su nombre procede de sus primeras palabras.

¿Quién escribió el Evangelio de la Verdad?

No se sabe con certeza. Procede del círculo de Valentín, el fundador de la escuela gnóstica valentiniana, y muchos especialistas, como Gilles Quispel o Bentley Layton, lo atribuyen al propio Valentín por su estilo, sus ideas y su sencillez teológica. Otros consideran que pudo escribirlo un discípulo. Ireneo de Lyon, hacia el año 180, ya lo atribuía a los valentinianos.

¿Dónde se encontró el Evangelio de la Verdad?

En la biblioteca de Nag Hammadi, descubierta en Egipto en 1945. Se conserva casi completo en el Códice I, conocido como Códice Jung porque lo compró en 1952 el Instituto Carl Gustav Jung de Zúrich, y en fragmentos en el Códice XII. Fue el primer texto de Nag Hammadi publicado completo, en 1956.

¿Qué dice el Evangelio de la Verdad sobre Jesús?

Presenta a Jesús como el revelador del Padre, que vino a iluminar a quienes vivían en la oscuridad del olvido. El Error lo persiguió y lo clavó en un madero, pero en la cruz Jesús se convirtió en el fruto del conocimiento, que da vida a quienes lo comen, y publicó en ella el testamento del Padre como un libro abierto. No niega su muerte, sino que la interpreta como revelación más que como sacrificio.

¿En qué se diferencia de los evangelios del Nuevo Testamento?

Los evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan narran la vida, la muerte y la resurrección de Jesús. El Evangelio de la Verdad no cuenta ningún episodio de forma ordenada, sino que reflexiona sobre el significado de la revelación de Jesús. Usa la palabra evangelio en su sentido original de buena noticia, no como nombre de un género literario. Aun así, alude constantemente a los textos del Nuevo Testamento.

¿Es el Evangelio de la Verdad un texto gnóstico?

Sí, aunque es más sencillo que otros textos gnósticos. No menciona los 30 eones, ni a Sofía, ni al Demiurgo por su nombre, sino que habla de una figura llamada Error que fabrica el mundo material. Su idea central, que la salvación llega por el conocimiento del Padre y del propio origen, es típicamente gnóstica, y su vocabulario es el de la escuela valentiniana.

¿Qué es el pasaje de la pesadilla?

Es el fragmento más conocido del texto. Compara la vida en la ignorancia con una pesadilla en la que se huye, se cae desde lo alto, se vuela sin alas o se mata a otros, y en la que todo parece real hasta que uno despierta y descubre que nada de aquello existía. Para el autor, conocer al Padre es despertar de ese sueño.

Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.

Tags: Gnosticismolibros apócrifosTextos apócrifos
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La correspondencia entre Pablo y Séneca: las cartas que hicieron cristiano a un filósofo estoico

1 octubre, 2026
Pintor renacentista retocando un retrato de Jesús de pelo largo castaño con raya en medio y barba bífida, junto a una medalla con su perfil y un recuadro con la reconstrucción del rostro de un galileo del siglo I, de piel morena, pelo corto y rizado y barba oscura.

La carta de Léntulo: la falsificación medieval que inventó el rostro de Jesús

1 octubre, 2026
Descubren una fortaleza de 4 mil años en Marruecos.

La muralla defensiva más antigua de África fuera de Egipto ha sido descubierta en el Magreb

30 septiembre, 2026
Pintura al estilo del siglo XIX que muestra al rey Abgar de Edesa, sentado en su trono, mientras su mensajero le presenta un paño con el rostro de Jesús impreso y una carta, ante cortesanos y soldados.

La carta de Jesús al rey Abgar: la leyenda de Edesa y el origen del Mandylion

30 septiembre, 2026 - Updated on 1 octubre, 2026
Escritorio antiguo con las principales epístolas apócrifas del Nuevo Testamento: la correspondencia entre Pablo y Séneca, la Epístola a los Laodicenos, la Tercera Epístola a los Corintios, la Epístola de los Apóstoles, una placa con el rey Abgar y Jesús y el retrato de Jesús según la carta de Léntulo.

Epístolas apócrifas del Nuevo Testamento: las cartas que nunca escribieron los apóstoles

30 septiembre, 2026

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