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Belcebú: de dios oráculo filisteo a príncipe de los demonios

by Marcelo Ferrando Castro
12 marzo, 2026
in Mitología, Historia de las Religiones
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Belcebú: templo filisteo de Ekron, pergamino con escritura semítica y figura demoníaca con alas, representación de la transformación de Baal Zebub en príncipe de los demonios

La transformación de Baal Zebub: del templo oráculo de Ekron al príncipe de los demonios de la tradición cristiana medieval. Las moscas, atributo iconográfico central de Belcebú, aparecen dispersas por toda la escena. Crédito: Red Historia

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De todos los seres que pueblan la jerarquía demoníaca de la tradición cristiana occidental, pocos tienen una historia de origen tan precisa y tan bien documentada como Belcebú. No es una figura surgida de la imaginación apocalíptica ni una construcción teológica abstracta: es un dios real, venerado en un lugar concreto, con una función específica y una ciudad identificable, que a través de un proceso de demonización de varios siglos acabó convirtiéndose en el segundo en la jerarquía del infierno, el príncipe de los demonios que el Nuevo Testamento contrapone directamente a Jesucristo.

Ese lugar era Ekron, una de las cinco ciudades de la Pentápolis filistea en la costa mediterránea de Canaán. Ese dios era Baal Zebub, «el señor de las moscas» o posiblemente «el señor de las alturas», el dios oráculo al que los reyes y los particulares consultaban para conocer el futuro. Y el momento preciso en que esa figura comenzó su transformación de dios legítimo a demonio está registrado en un pasaje del segundo libro de los Reyes con una claridad histórica excepcional.

Reconstruir la trayectoria completa de Belcebú desde Ekron hasta los evangelios y desde los evangelios hasta la demonología medieval es uno de los ejercicios más fascinantes que ofrece la historia comparada de las religiones. Es la historia de cómo la derrota política de un pueblo, los filisteos, convirtió a sus dioses en demonios para sus vencedores, y de cómo ese proceso de demonización se aceleró y profundizó a medida que las tradiciones religiosas que lo iniciaron ganaban influencia y alcance cultural.


Índice:

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  • Ekron y el culto de Baal Zebub: el contexto histórico
  • La única mención bíblica: el rey Ocozías y el oráculo de Ekron
  • La etimología del nombre: ¿señor de las moscas o señor de las alturas?
  • Belcebú en el Nuevo Testamento: el príncipe de los demonios
  • La demonología medieval: Belcebú como gran príncipe del infierno
  • Belcebú en la literatura y la cultura
  • La transformación de Baal Zebub en Belcebú
  • Artículos relacionados con mitología y demonología
  • Fuentes y bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre Belcebú
    • ¿Quién era Baal Zebub antes de convertirse en demonio?
    • ¿Qué significa el nombre Belcebú?
    • ¿Por qué el Nuevo Testamento llama a Belcebú «príncipe de los demonios»?
    • ¿Qué rango tiene Belcebú en la jerarquía demoníaca medieval?
    • ¿Cuál es la relación entre Belcebú y Satanás?

Ekron y el culto de Baal Zebub: el contexto histórico

Para entender a Belcebú hay que comenzar por Ekron, y para entender Ekron hay que entender quiénes eran los filisteos y qué lugar ocupaban en el panorama político y religioso del Levante de la Edad del Hierro.

Los filisteos eran un pueblo de origen egeo, probablemente relacionado con los llamados Pueblos del Mar que protagonizaron la gran crisis del Mediterráneo oriental hacia 1200 a.C. y pusieron fin a la civilización de la Edad del Bronce en el Egeo y el Levante. Se asentaron en la costa sur de Canaán y fundaron o conquistaron las cinco ciudades de la Pentápolis: Gaza, Ashkelon, Ashdod, Gat y Ekron. Cada una de estas ciudades tenía su propio perfil religioso, aunque compartían un panteón de base cananea reinterpretado a través de su herencia egea.

Ekron, identificada con el yacimiento arqueológico de Tel Miqne en la llanura costera de la actual Israel, fue excavada sistemáticamente entre 1981 y 1996 en una campaña que produjo resultados extraordinarios. Era una ciudad de tamaño considerable, con una extensión de unas 40 hectáreas en su período de máximo esplendor en el siglo VII a.C., cuando se convirtió en el mayor centro de producción de aceite de oliva del mundo antiguo conocido, con más de cien instalaciones de prensado documentadas arqueológicamente.

El hallazgo más importante para la historia de Belcebú fue la inscripción de Ekron, descubierta en 1996 en el interior de un templo y datada en el siglo VII a.C. Es la única inscripción real filistea conocida y en ella el rey Ikausu dedica el templo a una diosa llamada Ptgyh, solicitando su protección. La inscripción confirma que Ekron tenía una vida religiosa activa y sofisticada, con un templo real en el centro de la ciudad, aunque no menciona directamente a Baal Zebub.

La mención de Baal Zebub de Ekron en la Biblia es, por tanto, la fuente principal para conocer el culto de este dios, complementada por los datos arqueológicos sobre la religión filistea en general.

La única mención bíblica: el rey Ocozías y el oráculo de Ekron

El pasaje del segundo libro de los Reyes que menciona a Baal Zebub es uno de los más precisos y más informativos de todo el Antiguo Testamento en lo que respecta a la religión filistea. Vale la pena analizarlo con detalle porque contiene información histórica y religiosa de gran valor.

El contexto es el reinado de Ocozías, hijo de Ajab y Jezabel, rey de Israel hacia 850 a.C. Ocozías sufrió un accidente doméstico: cayó por la celosía de su habitación en el palacio de Samaria. Herido gravemente, decidió consultar a un oráculo para saber si sobreviviría. Y el oráculo que eligió no fue el del Dios de Israel sino el de Baal Zebub, dios de Ekron.

Este detalle es histórico y religiosamente significativo. Que un rey de Israel enviara mensajeros a consultar el oráculo de un dios filisteo refleja la realidad del pluralismo religioso del período: los santuarios oraculares no tenían fronteras étnicas o nacionales estrictas y la reputación de un oráculo podía atraer consultas de reyes y particulares de culturas distintas. El oráculo de Baal Zebub en Ekron tenía evidentemente una reputación suficiente para que Ocozías, rey de Israel, lo considerara una fuente legítima de información sobre su propio destino.

El profeta Elías interceptó a los mensajeros de Ocozías antes de que llegaran a Ekron y les transmitió el mensaje divino: ¿acaso no hay Dios en Israel para que el rey vaya a consultar a Baal Zebub de Ekron? Y añadió la condena: Ocozías moriría en su lecho sin recuperarse. El rey, al escuchar el mensaje, intentó capturar a Elías enviando sucesivamente dos compañías de 50 soldados, que fueron consumidas por el fuego del cielo. La tercera compañía se postró ante Elías y le suplicó, y el profeta bajó con ellos y repitió personalmente a Ocozías la condena. El rey murió exactamente como Elías había profetizado.

Lo que este relato revela sobre Baal Zebub es fundamental. Era un dios oráculo: su función principal no era la fertilidad, la guerra o la tormenta, como otros dioses cananeos y filisteos, sino la revelación del futuro, especialmente en lo relativo a la vida y la muerte. La pregunta que Ocozías quería hacerle, «¿voy a recuperarme de esta enfermedad?», es exactamente el tipo de consulta oracular que los textos del mundo antiguo documentan en innumerables santuarios: la pregunta sobre el destino personal ante una crisis existencial.

Esta función oracular es un dato clave para entender la posterior demonización de Baal Zebub como Belcebú, porque la capacidad de revelar el futuro fue reinterpretada en la tradición cristiana no como un don divino sino como un engaño demoníaco.

La etimología del nombre: ¿señor de las moscas o señor de las alturas?

El nombre Baal Zebub ha generado un debate etimológico que tiene implicaciones directas para entender la naturaleza del dios y el proceso de su demonización.

La interpretación más extendida en la tradición popular y en muchos textos académicos es la que lee el nombre como «el señor de las moscas«, de baal («señor») y zebub («mosca» en hebreo). Esta lectura tiene la ventaja de la simplicidad etimológica: zebub es efectivamente la palabra hebrea para mosca y aparece en ese sentido en otros textos bíblicos.

Sin embargo, muchos especialistas consideran que esta lectura es en realidad una deformación intencional del nombre original, comparable a la deformación de Ashtoreth a partir de Ashtart. El nombre original del dios filisteo habría sido Baal Zebul, «el señor de las alturas» o «el señor de la mansión excelsa», donde zebul en hebreo y ugarítico designa una residencia elevada o un lugar de honor. Esta lectura conecta mejor con el estatus del dios como señor de un templo importante y con la función oracular de una divinidad asociada con las alturas donde residen los dioses.

La deformación de zebul a zebub habría sido, en esta interpretación, una burla deliberada de los autores bíblicos: convertir al «señor de las alturas» en el «señor de las moscas» era una forma de ridiculizar al dios rival degradando su nombre. Es el mismo procedimiento que usaron con Ashtoreth y con los nombres que contenían Baal: la manipulación fonética como arma de polémica religiosa.

Esta hipótesis recibe apoyo de los textos de Ugarit, donde el término zebul aparece como título honorífico de Baal Hadad: «el príncipe, señor de la tierra», zbl baal ars. Si el dios de Ekron compartía este título con el Baal cananeo de Ugarit, el nombre original Baal Zebul tendría perfecto sentido como designación de un dios señorial de alto rango.

En el Nuevo Testamento, significativamente, la forma del nombre que aparece en algunos manuscritos griegos es Beelzeboul, que correspondería a la forma zebul, no a zebub. Esto sugiere que en el período del Nuevo Testamento circulaban ambas formas del nombre y que la distinción era conocida.

Belcebú en el Nuevo Testamento: el príncipe de los demonios

El salto de Baal Zebub, el dios oráculo de Ekron, a Belcebú, el príncipe de los demonios del Nuevo Testamento, es cuantitativamente enorme pero cualitativamente comprensible dentro de la lógica de la demonización religiosa.

La mención más importante y más teológicamente cargada de Belcebú en el Nuevo Testamento aparece en los tres evangelios sinópticos en el contexto de la polémica sobre el poder de Jesús para expulsar demonios. En Marcos 3:22, los escribas que habían bajado de Jerusalén acusan a Jesús: «Tiene a Belcebú y expulsa los demonios por el príncipe de los demonios». En Mateo 12:24-27 y Lucas 11:15-19, la acusación es similar: los fariseos o la multitud acusan a Jesús de expulsar demonios «por Belcebú, el príncipe de los demonios».

La respuesta de Jesús en los tres evangelios es el argumento del reino dividido: «¿Cómo puede Satanás expulsar a Satanás? Si un reino está dividido contra sí mismo, ese reino no puede subsistir». Este argumento implica que Jesús identifica a Belcebú con Satanás, o al menos que los usa como figuras intercambiables en el contexto del poder sobre los demonios.

Lo que este pasaje revela es que en el período del Nuevo Testamento, hacia mediados del siglo I d.C., Belcebú era ya el nombre del jefe de la jerarquía demoníaca en el judaísmo popular palestino. El dios oráculo de Ekron había completado su transformación en príncipe de los demonios en el espacio de unos ocho siglos, desde la mención en los Reyes hasta los evangelios.

La mecánica de esa transformación es comprensible: los filisteos habían sido derrotados y absorbidos por los asirios y luego por los babilónicos en los siglos VIII y VII a.C. Su cultura desapareció como entidad política identificable, pero sus dioses sobrevivieron en la memoria religiosa de sus vecinos israelitas, reinterpretados como demonios. Baal Zebub de Ekron, el dios que podía revelar el futuro y que los reyes israelitas infieles consultaban en lugar del Dios de Israel, era un candidato perfecto para convertirse en jefe de los seres que engañan a los humanos con falsas revelaciones.

Un texto del período intertestamentario, el Testamento de Salomón, un texto judío probablemente del siglo I d.C. aunque con adiciones posteriores, presenta a Belcebú como uno de los demonios que Salomón somete mediante su anillo mágico. En ese texto, Belcebú se describe a sí mismo como el antiguo ángel del primer firmamento, ahora caído, que causa destrucción mediante los tiranos, provoca guerras y mata a los que tienen poder. Es una figura de enorme poder pero ya claramente demoníaca, no divina.

El Testamento de Salomón no es un texto aislado sino el eslabón más antiguo de una cadena de tradición que llega hasta la demonología moderna. La idea central, que Salomón poseía un anillo con el sello de Dios que le permitía convocar demonios, interrogarlos y someterlos a su voluntad, es exactamente la misma que estructura la Ars Goetia, el grimorio del siglo XVII que sistematiza la invocación de los 72 demonios de la Ars Goetia con sus nombres, rangos, poderes y sellos identificativos. La Ars Goetia es, en ese sentido, el Testamento de Salomón con 1.500 años más de elaboración demoníaca encima: misma estructura, misma autoridad salomónica, misma lógica de control sobre los seres del inframundo. Y Belcebú aparece en ambos textos con el mismo rango excepcional, convocado, interrogado y sometido por el rey que según la tradición dominaba a todos los espíritus del mal.

La demonología medieval: Belcebú como gran príncipe del infierno

La demonología cristiana medieval elaboró la figura de Belcebú con gran detalle, construyendo una imagen compleja que combinaba los elementos del Nuevo Testamento con especulaciones teológicas y con material tomado de las tradiciones mágicas del mundo antiguo tardío.

En los grandes tratados de demonología de los siglos XVI y XVII, especialmente la Pseudomonarchia Daemonum de Johann Weyer (1563) y la Lemegeton o Clavícula de Salomón, Belcebú ocupa un rango extraordinariamente elevado en la jerarquía infernal. En algunas clasificaciones es el segundo después de Lucifer, en otras es coigual con Lucifer y Leviatán como los tres grandes príncipes del infierno.

El Dictionnaire Infernal de Collin de Plancy (1818), que sistematizó gran parte de la demonología medieval tardía, describe a Belcebú como el príncipe de los demonios, señor de las moscas, que se aparece bajo la forma de una mosca gigantesca o de un ser monstruoso con enormes alas negras. Esta imagen conecta directamente con la etimología popular del nombre como «señor de las moscas»: la mosca se convirtió en el atributo iconográfico central de Belcebú en la demonología moderna.

En la jerarquía de los siete príncipes del infierno asociada a los siete pecados capitales, Belcebú se identificó con la gula, una asociación que puede parecer arbitraria pero que tiene su lógica: las moscas se asocian con la podredumbre y la comida en descomposición y el exceso alimentario como forma de corrupción moral encontró en Belcebú su representante demoníaco natural.

El Malleus Maleficarum (1486), el tratado de caza de brujas de Kramer y Sprenger, menciona a Belcebú en el contexto de los pactos demoníacos y la posesión, consolidando su imagen como uno de los grandes poderes del mal que actúan en el mundo humano a través de brujas y posesos.

En los procesos de posesión del período moderno temprano, Belcebú aparece con frecuencia como uno de los demonios que poseen a las víctimas. El caso más famoso es el de las ursulinas de Loudun (1634), donde entre los demonios que supuestamente poseían a las monjas estaba Belcebú junto con Asmodeo, Leviatán y otros príncipes demoníacos.

Belcebú en la literatura y la cultura

La figura de Belcebú trascendió los tratados de demonología para convertirse en una presencia habitual en la literatura y el arte occidentales, especialmente a partir del Renacimiento.

John Milton le dio a Belcebú un papel central en el Paraíso Perdido (1667), donde es el segundo en rango entre los ángeles caídos, el lugarteniente de Satanás y su consejero más cercano. Milton lo describió como el más parecido a Satanás en gloria y en crimen, una figura de inteligencia extraordinaria y poder devastador que ayuda a Satanás a organizar la rebelión y la posterior campaña contra la humanidad. Esta representación miltoniana, enormemente influyente en la cultura anglófona, fijó la imagen de Belcebú como el gran segundo del diablo para la literatura posterior.

Johann Wolfgang von Goethe incluyó a Belcebú en el Fausto, y la figura aparece en innumerables obras dramáticas, novelas y poemas del período romántico y posterior que exploraron la demonología como territorio literario y filosófico.

En la cultura popular contemporánea, Belcebú aparece en series como Good Omens, donde es una de las figuras demoníacas principales, en videojuegos de rol y fantasía oscura, y en la música de varios géneros que han adoptado la iconografía demoníaca como elemento estético. La imagen de la mosca gigantesca o del ser con alas de insecto se ha convertido en su representación visual más reconocible en la cultura popular.

La transformación de Baal Zebub en Belcebú

EtapaPeríodoNombreNaturalezaFunciónFuente
Dios filisteoSiglos X-VII a.C.Baal Zebub / Baal ZebulDios oráculo legítimoRevelar el futuro, especialmente sobre enfermedad y muerte2 Reyes 1:2-16
Degradación bíblicaSiglos VII-VI a.C.Baal ZebubÍdolo extranjero condenadoSímbolo de idolatría filistea que los reyes infieles consultabanDeuteronomista
Demonización intertestamentariaSiglos II a.C. – I d.C.Belcebú / BeelzeboulDemonio de alto rangoCausar destrucción, instigar guerras, engañar a los poderososTestamento de Salomón
Príncipe de los demoniosSiglo I d.C.BelcebúJefe de la jerarquía demoníacaPoder bajo el que actúan todos los demonios; opuesto a CristoEvangelios sinópticos
Gran príncipe del infiernoSiglos XIII-XVIIBelcebúSegundo en la jerarquía infernalSeñor de las moscas; demonio de la gula; consejero de SatanásDemonología medieval
Figura literaria y culturalSiglos XVII-actualidadBelcebúFigura literaria ambivalenteLugarteniente de Satanás en Milton; figura cultural demoníacaParaíso Perdido y cultura popular

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Fuentes y bibliografía

Fuentes:

  • Biblia de Jerusalén (ed. 2009): 2 Reyes 1:2-16; Mateo 12:24-27; Marcos 3:22; Lucas 11:15-19.
  • Testamento de Salomón (s. I-III d.C.), en Duling, D.C. (1983). The Testament of Solomon. Doubleday, Nueva York.
  • Weyer, Johann (1563). Pseudomonarchia Daemonum. Ed. facsímil Forgotten Books, Londres.
  • Milton, John (1667). El Paraíso Perdido, libro II.

Bibliografía:

  • Xella, Paolo (2007). Los dioses fenicios. Ediciones del Oriente y del Mediterráneo, Madrid.
  • Del Olmo Lete, Gregorio (1998). Mitos, leyendas y rituales de los semitas occidentales. Trotta, Barcelona.
  • Russell, Jeffrey Burton (1984). El diablo: percepciones del mal desde la antigüedad hasta el cristianismo primitivo. Laertes, Barcelona.
  • Day, John (2000). Yahweh and the Gods and Goddesses of Canaan. Sheffield Academic Press.
  • Gitin, Seymour; Dothan, Trude; Naveh, Joseph (1997). «A Royal Dedicatory Inscription from Ekron«. Israel Exploration Journal 47(1-2): 1-16.
  • Kallas, James (1962). The Significance of the Synoptic Healings. SPCK, Londres.
  • Twelftree, Graham H. (1993). Jesus the Exorcist. Mohr Siebeck, Tübingen.

Preguntas frecuentes sobre Belcebú

¿Quién era Baal Zebub antes de convertirse en demonio?

Baal Zebub era el dios oráculo de Ekron, una de las cinco ciudades de la Pentápolis filistea en la costa de Canaán. Su función principal era revelar el futuro, especialmente en lo relativo a la vida y la muerte en situaciones de enfermedad o crisis. El único registro bíblico directo de su culto describe al rey israelita Ocozías enviando mensajeros a consultar su oráculo tras sufrir un accidente, lo que sugiere que tenía una reputación suficiente para atraer consultas de reyes de culturas vecinas. Era por tanto un dios oracular respetado, comparable en función a los grandes oráculos del mundo antiguo, antes de que la derrota política de los filisteos y la polémica religiosa israelita iniciaran su transformación en demonio.

¿Qué significa el nombre Belcebú?

La etimología del nombre es debatida. La interpretación más popular lo lee como «señor de las moscas», de baal («señor») y zebub («mosca» en hebreo). Sin embargo, muchos especialistas consideran que el nombre original era Baal Zebul, «el señor de las alturas» o «el señor de la mansión excelsa», y que la forma zebub es una deformación intencional de los redactores bíblicos que convertía al «señor de las alturas» en el ridículo «señor de las moscas», usando la manipulación fonética como arma de polémica religiosa. El hecho de que el Nuevo Testamento use en algunos manuscritos la forma Beelzeboul apoya la hipótesis de que la forma original era zebul, no zebub.

¿Por qué el Nuevo Testamento llama a Belcebú «príncipe de los demonios»?

En el período del Nuevo Testamento, hacia mediados del siglo I d.C., Belcebú había completado su transformación de dios oracular filisteo a jefe de la jerarquía demoníaca en el judaísmo popular palestino. Los fariseos y escribas usaron su nombre para acusar a Jesús de actuar con poder diabólico, lo que confirma que Belcebú era el nombre más reconocible del poder demoníaco supremo en ese contexto cultural. La respuesta de Jesús, el argumento del reino dividido, implica la identificación de Belcebú con Satanás como cabeza del reino del mal. La capacidad oracular de Baal Zebub, el dios que revelaba el futuro, fue reinterpretada como la capacidad de los demonios para engañar a los humanos con falsas revelaciones.

¿Qué rango tiene Belcebú en la jerarquía demoníaca medieval?

En la demonología cristiana medieval, Belcebú ocupa un rango extraordinariamente elevado, generalmente el segundo después de Lucifer o coigual con él como uno de los tres grandes príncipes del infierno junto con Leviatán. La Pseudomonarchia Daemonum de Johann Weyer lo describe como el rey de todos los demonios y señor de las moscas. En la jerarquía de los siete príncipes del infierno asociada a los pecados capitales, se le asignó la gula. En el Paraíso Perdido de Milton, es el lugarteniente de Satanás y su consejero más cercano, la figura de mayor poder e inteligencia entre los ángeles caídos después del propio Satanás.

¿Cuál es la relación entre Belcebú y Satanás?

La relación entre Belcebú y Satanás en la tradición cristiana es compleja y ha variado según el período y el autor. En el Nuevo Testamento, Jesús parece identificarlos como parte del mismo reino del mal, usando sus nombres de forma intercambiable en el argumento del reino dividido. En la demonología medieval, son figuras distintas pero estrechamente vinculadas: Satanás o Lucifer es el primero del infierno y Belcebú el segundo, o en algunas clasificaciones son coiguales. En el Paraíso Perdido de Milton, la distinción es clara: Satanás es el líder y Belcebú su segundo en mando. La confusión entre los dos nombres en el uso popular refleja la tendencia general de la demonología cristiana a identificar los distintos nombres del diablo como referencias al mismo ser.

Tags: Demonologíafilisteos
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