Biografía de Alejandro I de Rusia, el “libertador de Europa”

Alejandro I de Rusia se definió a sí mismo como el “libertador de Europa”. Fue un monarca ruso que reinó entre 1801 y 1825. Tenía tendencias místicas y su política pasó de un cierto liberalismo, a un absolutismo feroz. Fue uno de los principales impulsores de la Santa Alianza.

Alejandro I de Rusia
Alejandro I de Rusia

Nació el 23 de diciembre de 1777 en San Petersburgo, siendo el hijo de Pablo I y nieto de Catalina II la Grande. En su infancia estuvo influido por la filosofía liberal de su preceptor Frederic Caesar Laharpe, la mentalidad autocrática de Nikolái Saltykov y por los desfiles militares de su padre. Estas contradicciones marcarían los vaivenes políticos de Alejandro I durante todo su mandato. Estableció amistad con Napoleón, pero la presión de los nobles y su familia hicieron que la rompiese, enemistándose con Francia.

En 1801, accedió al trono tras el asesinato de su padre y afirmando querer gobernar según los principios de su abuela, Catalina II. Las ideas liberales que tenía, hicieron que dotase a la educación de un estatuto que concedía la autonomía a las universidades. Además, en 1803 invitó a los nobles a liberar a sus siervos pero casi ninguno lo aplicó.

Alejandro I ordenó a Speranski que se encargase en 1809 de una reorganización del estado. Este propuso confiar el poder legislativo a una representación nacional, pero la aristocracia rusa se negó por completo. De su proyecto original, tan solo quedaron el Consejo de Estado y los nueve ministerios organizados en 1810 y 1811. Alejandro I cedió a la presión de la nobleza y echó a Speranski en 1812.

El apartado que daría más fama al monarca sería el de política exterior, donde trató en un principio de imponer su mediación entre Francia y Gran Bretaña. No obstante, fracasó y fue arrastrado a la tercera y a la cuarta coalición contra Napoleón. Derrotado en Austerlitz en 1805, en Eylau y en Freidland en 1807, firmó con Napoleón los tratados de Tilsit. Rusia derrotó a Suecia y obtuvo a Finlandia en 1809.

Alejandro I soñaba con llegar al mar Mediterráneo, por lo que entró en guerra con Turquía entre 1806 y 1812. La consecuencia fue que se anexionó Besarabia. Pero los conflictos en el este de Rusia prosiguieron, hasta el punto de que estuvieron 9 años de guerra con Irán, que tuvo que reconocer la anexión de Georgia realizada en 1801, así como ceder a Rusia el Daguestán y el Azerbaiján septentrional.

Con excepción de Tilsit, parecía que Alejandro I llevaba una exitosa política exterior, pero no tardó en romperla en 1811. Ese año, se negó a aplicar el bloqueo continental sobre Gran Bretaña, ya que cerraba a su agricultura el mercado británico. Este hecho contrarió a Napoleón, quien emprendió la campaña de Rusia. El país respondió con la llamada “Guerra patriótica” de 1812, dirigida por Kutuzov, Bagration y Barclay de Trolly, quienes movilizaron a las milicias campesinas. La defensa fue un éxito, por lo que el monarca salió extremadamente reforzado.

Alejandro I participó en la campaña de Francia y fue entonces cuando se autodefinió como el “libertador de Europa”. Después del Congreso de Viena en 1815, influido por el pietismo de la señora Krüdener y de A.N.Galitzin, organizó la Santa Alianza. Creía que él era el elegido por Dios para restaurar las monarquías absolutistas y salvaguardar la integridad del Antiguo Régimen en Europa.

Su política fue desde entonces cada vez más contradictoria. Por un lado, concedió una constitución y una amplia autonomía al reino de Polonia, pero se alineó junto al conservadurismo de Metternich y no intervino a favor de los griegos en su guerra de independencia contra el Imperio Otomano.

Al conocer la existencia de sociedades secretas de jóvenes oficiales liberales, se sintió extremadamente decepcionado y traicionado. Su respuesta fue la aplicación de una política reaccionaria. Alejandro I realizó un endurecimiento de la censura, aumentó el control de las universidades, le dio omnipotencia a Arakchéiev y restableció las deportaciones a Siberia de aquellos que se opusieran a su voluntad.

Finalmente, el 1 de diciembre de 1825 murió en Taganrog, aunque estuvo cubierta de sospechas. Algunas teorías establecían que fingió su muerte para llevar una vida ermitaña. En cualquier caso, al final de su reinado, el descontento era generalizado entre la población.

Imagen: Dominio Público

Apasionado por la Historia, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Desde pequeño le encantaba la Historia y acabó por explorar sobre todo los siglos XVIII, XIX y XX.

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