Metternich, creador de la Restauración

Metternich fue una de las personalidades más importantes del siglo XIX, además de rival político de Napoleón e ideador de la Restauración.

Clemente de Metternich

Clemente de Metternich fue una de las figuras políticas más destacadas de la primera mitad del siglo XIX. Fue el rival político de Napoleón y el defensor más fiero del absolutismo. Destacó especialmente por idear la Restauración y concentrar la hegemonía europea en Austria tras el Congreso de Viena.

Clemente de Metternich

Nació el 15 de mayo de 1773 en Coblenza en el seno de una familia aristocrática. Debido a la buena situación económica de la que gozaba, accedió a las universidades de Maguncia y Estrasburgo. Pero cuando la República Francesa ocupó las orillas del Rin, se refugió con su familia en la capital del Imperio Austríaco.

Su matrimonio con Evelyn Jandy fue lo que realmente le abrió las puertas de los salones aristocráticos y de poder de Viena, por lo que pudo entrar a formar parte de la diplomacia austríaca. Siendo miembro del cuerpo diplomático de Austria, participó en el Segundo Congreso de Rastatt en 1797. Su buen hacer, provocó que fuese ascendido a embajador de varias ciudades europeas. Primero fue Sajonia en 1801, luego Prusia en 1803 y, finalmente, Francia en 1806. Es en este último destino donde conoció personalmente a Napoleón Bonaparte.

En 1809, su carrera pegó un giro radical, cuando fue elegido ministro de Asuntos Exteriores y Canciller de Austria. Metternich mantuvo este cargo durante más de cuarenta años. Una de sus primeras maniobras fue la de convencer al emperador Francisco I para que diera la mano de su hija María Luisa a Napoleón.

Este acto se produjo después de la derrota del ejército austríaco en la batalla de Wagram. El canciller quería tiempo para recomponer el ejército y rearmarse para enfrentarse de nuevo al emperador francés. Al mismo tiempo, también sabía que la alianza austro-francesa provocaría la ruptura de las buenas relaciones de Napoleón con Alejandro I de Rusia.

Tras la terrible campaña de Rusia, Metternich exigió a Napoleón que devolviese todos los territorios que le habían sido arrebatados al Imperio austríaco desde la Revolución Francesa. Este se negó, por lo que Austria entró a formar parte de la Sexta Coalición el 12 de agosto de 1813.

La caída de Napoleón en 1814 provocó que Metternich convocase el Congreso de Viena. Fue una reunión de las potencias europeas, en la que el canciller austríaco marcó el ritmo de las negociaciones y de los pactos. Básicamente, Europa se moldeó a voluntad del político, quien restauró dos cuestiones al mismo tiempo: por un lado, el equilibrio europeo, y por otro, el poderío austríaco en Alemania y en Italia.

Metternich se mostró siempre poco favorable a la Santa Alianza, pero vigorizó, gracias a la Cuádruple Alianza en noviembre 1815, un sistema conservador, contrarrevolucionario y, al principio, antifrancés. Su idea era la de que, por medio de los congresos, se autorizase la intervención de las potencias allí donde el liberalismo amenazaba el orden establecido. Su mentalidad erradicó los movimientos liberales en Alemania, Italia y España.

No obstante, este sistema se desmoronó y Metternich tuvo que resignarse ante las independencias de Grecia y Bélgica en 1830. Además, las revoluciones europeas de 1830 dieron fe de que las ideas revolucionaras eran perennes.

Esta actividad exterior, centrada exclusivamente en la protección del absolutismo, impidió que el canciller renovase desde dentro la vieja administración austríaca. Dejó bastante descuidado el gobierno interior y no se dio cuenta de que las revoluciones podrían surgir en el corazón del Imperio Austríaco. Fue por eso por lo que su influencia estuvo limitada a partir de 1826 por la conferencia de estado. La revolución de marzo de 1848 le obligó a huir primero a los Países Bajos y, después, a Bélgica.

Metternich regresó a Viena cuando el nuevo emperador, Francisco José I, restableció el orden, pero se mantuvo al margen de la política. Finalmente, el 11 de junio de 1859, falleció en la capital austríaca.

Apasionado por la Historia, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Desde pequeño le encantaba la Historia y acabó por explorar sobre todo los siglos XVIII, XIX y XX.