Clitemnestra es la reina de Micenas, la esposa de Agamenón y la mujer cuyo nombre se ha convertido en sinónimo de venganza femenina, de traición matrimonial, de un acto tan brutal que sacudió la mitología griega hasta sus cimientos. Su historia no es simplemente la de una mujer traicionada, aunque fue traicionada, ni la de una reina que cometió un acto de violencia, aunque ciertamente lo hizo. Es la historia de una mujer que fue utilizada como herramienta política, que fue sacrificada por los dioses, que fue abandonada durante diez años por un esposo que cometió actos terribles en su nombre y que finalmente tomó la justicia en sus propias manos de una manera tan definitiva, tan violenta, que su acción ecoó a través de los siglos.
Fue la madre que permitió el sacrificio de su hija, aunque algunos dicen que fue forzada a hacerlo. Fue la esposa que se tomó un amante mientras su marido estaba en la guerra y fue la reina que conspiró para asesinar al rey más poderoso de Grecia y lo hizo con la precisión calculada de alguien que ha planeado la venganza durante una década.
Su crimen no fue de pasión sino de cálculo frío, de una determinación que la convierte en una de las figuras más fascinantes de la mitología griega, una mujer cuya ambición, cuyo dolor, cuya sed de venganza la elevó de ser simplemente la esposa del rey a ser la figura central de una tragedia que definiría su época.
Los años de paz: cuando Clitemnestra fue reina de Micenas
Clitemnestra nació como princesa, hermana de Helena, la mujer que causaría la Guerra de Troya. Fue criada en la corte de Esparta, en el mismo palacio donde su hermana fue educada para ser una belleza legendaria, pero mientras Helena fue criada para ser admirada, Clitemnestra fue criada para ser gobernante, educada en los asuntos de estado, en la administración de un reino, en los tipos de cosas que se esperaba que supiera una mujer que sería la esposa de un rey poderoso.
Se casó con Agamenón, rey de Micenas, en un matrimonio que fue político pero que, según la mayoría de los relatos, se convirtió en una unión genuina. Tuvieron varios hijos juntos, incluyendo a Orestes, Electra e Ifigenia. Durante los años de paz que precedieron a la Guerra de Troya, Clitemnestra gobernó Micenas junto a su esposo, fue la reina de una de las ciudades más poderosas de Grecia, fue respetada y temida por igual.
Pero su vida cambió para siempre cuando llegó la Guerra de Troya.
El sacrificio de Ifigenia: la herida que nunca cicatrizó
Cuando los griegos se reunieron en Aulide para zarpar hacia Troya, se encontraron con un problema: los vientos no eran favorables. La flota estaba atrapada, incapaz de navegar, atrapada en el puerto esperando que las condiciones mejoraran. Los días pasaban, luego las semanas y los hombres comenzaban a desesperarse. Agamenón fue consultar al oráculo para descubrir qué causaba el problema.
La respuesta fue brutal: Artemisa, la diosa de la caza, había provocado el calma porque Agamenón la había ofendido y para apaciguarla, para permitir que la flota navegara hacia Troya, Artemisa exigía un sacrificio y ese era que Agamenón sacrificara a su propia hija, Ifigenia.
Agamenón enfrentó una elección imposible: podría permitir que la flota se marchara, que Grecia fuera a la guerra, que miles de hombres navegaran hacia la gloria y la victoria o podría salvar a su hija. Eligió la gloria, la guerra. Eligió sacrificar a Ifigenia.
Según la mayoría de los relatos, Agamenón envió un mensajero a Micenas para decirle a Clitemnestra que Ifigenia debería viajar a Aulide bajo la pretensión de que iba a casarse con Aquiles. La reina envió a su hija, confiando en que su esposo estaría presente para protegerla, pero cuando Ifigenia llegó a Aulide y descubrió la verdadera razón por la que había sido llamada, fue demasiado tarde. Fue llevada al altar de Artemisa y asesinada como sacrificio a la diosa.

Para Clitemnestra, esta fue la traición definitiva. Su esposo no solo había ido a la guerra dejándola, sino que había sacrificado a su hija, todo por la gloria de la guerra. Algunos relatos sugieren que Clitemnestra no supo exactamente cómo murió Ifigenia e incluso su hija podría haber sido salvada por Artemisa en el último momento, pero aunque la verdad fuera diferente, el punto permanecía: Agamenón había elegido sacrificar a su hija, eligiendo la guerra sobre su familia y la gloria sobre el amor.
Esta fue la herida que nunca cicatrizó completamente en el corazón de Clitemnestra, la traición que plantó las semillas de la venganza que florecerían diez años después.
Los diez años: la espera, el cinturón y el amante
Durante los diez años que Agamenón estuvo fuera en la Guerra de Troya, Clitemnestra gobernó Micenas sola. No fue una reina esperando el regreso de su esposo, fue una gobernante, una mujer que tomaba decisiones, que dirigía la ciudad y que era responsable de miles de vidas. Fue una mujer que tenía poder real, poder que probablemente había tenido poco acceso a él mientras su esposo gobernaba.
Y durante estos diez años de ausencia de Agamenón, Clitemnestra tomó un amante, Egisto, un hombre que también tenía razones para odiar a Agamenón. Fue una traición de matrimonio, pero también fue comprensible en contexto: su esposo la había abandonado durante una década, la había sacrificado emocionalmente al elegir la guerra y además, su esposo había sacrificado a su hija. ¿Por qué no debería buscar consuelo en los brazos de otro hombre?
Clitemnestra y Egisto no simplemente tuvieron una aventura: conspiraron y planificaron juntos. Se enamoraron quizás, aunque sus sentimientos fueron probablemente complicados, enredados con odio, con resentimiento, con una sed común de venganza. Mientras Agamenón peleaba en Troya, mientras se acostaba con Briseida y luego con Casandra, Clitemnestra estaba en Micenas, durmiendo junto a otro hombre, planeando la muerte de su esposo.
Pero hubo un momento en el que casi fue descubierta. Un día, un bardo llegó a Micenas, un músico que supuestamente era un amigo, alguien en quien Agamenón había depositado confianza. Clitemnestra lo recibió, lo acogió generosamente, y lo trató como huésped, pero el bardo fue enviado por Agamenón para espiar, para vigilar a su esposa y asegurarse de que se estuviera comportando. Clitemnestra descubrió el engaño y en respuesta, Agamenón ordenó que el bardo fuera exiliado. Fue un recordatorio brutal para Clitemnestra de que, aunque Agamenón estaba lejos y ausente durante 10 años, todavía esperaba obediencia, esperaba que su esposa fuera fiel, tener poder sobre ella incluso desde la distancia.
Esto solo profundizó la rabia de Clitemnestra y fortaleció su determinación.
El regreso: cuando la venganza finalmente llega
Después de diez años, al conquistar troya y sellar la victoria de los griegos, Agamenón finalmente regresó a casa. Según los relatos, fue precedido por un mensajero que llevaba la noticia de su victoria. Clitemnestra habría recibido el mensaje, pero no estaba esperando con alegría sino con un cálculo frío, con un plan que había estado refinando durante diez años. Cuando Agamenón finalmente llegó a Micenas y fue recibido por su esposa en el palacio real, Clitemnestra lo saludó con todas las ceremonias debidas a un rey. Fue formal, fue cortés, fue correcta, pero bajo la superficie, estaba lista.
Agamenón también llegó con Casandra, la profetisa de Troya, como su esclava y concubina. Para Clitemnestra, esta fue otra humillación, otra prueba de que su esposo no solo la había abandonado sino que la estaba traicionando abiertamente, trayendo a otra mujer a su casa, presumiendo su conquista sexual frente a ella.
Agamenón, victorioso, confiado en su poder, en su estatus como el comandante supremo del ejército griego, probablemente no esperaba lo que vendría después. Había estado en la guerra, había visto la muerte, había visto hombres asesinados de maneras terribles, pero no esperaba que la muerte vendría de su propia esposa.
Clitemnestra lo invitó a tomar un baño. Era una hospitalidad apropiada, una ceremonia de bienvenida y Agamenón, cansado del viaje, sucio de los caminos, probablemente fue gustosamente. Se desarmó y se sumergió en la bañera y en ese momento, cuando estaba vulnerable, Clitemnestra atacó.

Según los relatos de Esquilo, Clitemnestra lo envolvió en un paño y lo atrapó como un animal atrapado en una red. Agamenón no podía escapar, no podía luchar, no podía defenderse y luego, con la frialdad calculada de alguien que ha planeado este momento durante años, Clitemnestra lo asesinó con un hacha. Lo mató mientras estaba en la bañera, mientras era incapaz de defenderse. Lo mató de una manera que lo humilló completamente, que lo redujo del gran rey de Micenas a un hombre desnudo y vulnerable siendo ejecutado por su propia esposa.
Casandra, que estaba en el palacio, intentó escapar, pero también fue asesinada, probablemente por Egisto, que estaba esperando fuera. Ambos fueron muertos en el mismo día, en el mismo lugar, la reina asegurándose de que la concubina de su esposo también pagara el precio de la infidelidad.
Después del asesinato: el reinado de Clitemnestra
Después de asesinar a Agamenón, Clitemnestra asumió el control de Micenas y gobernó junto a Egisto, aparentemente como un nuevo régimen gobernante, una nueva dinastía que había reemplazado a la de Agamenón. Pero su reinado fue construido sobre un crimen, sobre una base de sangre y en la mitología griega, los crímenes de sangre atraen más sangre. Los dioses no permitían que los asesinatos quedaran sin respuesta y la familia de Agamenón no permitiría que la muerte de su patriarca quedara sin venganza.
Clitemnestra tenía un hijo llamado Orestes que había estado ausente de Micenas cuando ella asesinó a Agamenón. Fue criado en secreto, escondido lejos del palacio, protegido por amigos de su padre. Cuando Orestes creció y alcanzó la mayoría de edad, el Oráculo de Delfos le dijo que debería regresar a casa y debería vengar la muerte de su padre. Debería matar a su madre.
Orestes regresó a Micenas, se enfrentó a Clitemnestra y la asesinó, ejecutando a su propia madre como venganza por la muerte de su padre. Fue un acto horrible, un asesinato que fue ordenado por el Oráculo pero que no obstante, fue un parricidio, un crimen contra la naturaleza misma y Orestes fue perseguido por las Furias, condenado a una vida de locura y culpa por haber cometido este acto.
Así fue como el ciclo de venganza fue completado, como el crimen de Clitemnestra fue pagado no solo con su propia muerte sino con la locura y el sufrimiento de su hijo.
El legado: la mujer que desafió el orden patriarcal
El legado de Clitemnestra en la mitología griega y en la cultura occidental es el de una mujer que fue traicionada sistemáticamente, que fue utilizada por un sistema patriarcal que valoraba a los hombres sobre las mujeres y que fue sacrificada tanto metafórica como literalmente por un esposo que eligió la gloria sobre el amor. Es el legado de una mujer que finalmente dijo no, que finalmente se rebeló, que tomó la justicia en sus propias manos de la única manera en que podía hacerlo.
Esquilo la retrata en su tragedia «Agamenón» como una mujer compleja, como alguien que es culpable pero también como alguien cuyos actos pueden ser entendidos en contexto, como una mujer cuya ira es justificada aunque sus métodos sean terribles. Sófocles la retrata en «Electra» desde una perspectiva diferente, como una mujer que es presentada de manera más negativa, como una asesina que merece la muerte que recibe.
Clitemnestra se convirtió en un símbolo de la mujer que rechaza ser víctima, que rechaza ser sumisa, que rechaza ser sacrificada en el altar del honor masculino. Es un símbolo de rebeldía, de agencia femenina en un mundo que buscaba mantener a las mujeres sin poder. Su crimen fue horrible, fue inexcusable en muchos sentidos, pero fue también comprensible, fue también una respuesta racional a una serie de traiciones incomparables.
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- La Ilíada: la obra sobre la Guerra de Troya
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- Agamenón: el esposo asesinado por Clitemnestra
- Orestes: el hijo que vengó a su padre
- Ifigenia: la hija sacrificada por Agamenón
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- Micenas: el reino gobernado por Clitemnestra
- La maldición de los Atridas: el ciclo de venganza
- El regreso de los héroes: el nostos griego
Fuentes y bibliografía
Fuentes:
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- Esquilo. Las Euménides (aprox. 458 a.C.).
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- Eurípides. Orestes (aprox. 408 a.C.).
- Eurípides. Ifigenia en Áulide (aprox. 405 a.C.).
- Eurípides. Las Troyanas (aprox. 415 a.C.).
- Homero. Odisea, Libro III (aprox. 750 a.C.).
- Ovidio. Metamorfosis, Libros XI-XIII (43 a.C. – 17 d.C.).
- Apolodoro. Biblioteca mitológica (aprox. 150 d.C.).
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- Higino. Fabulae (siglo I-II d.C.).
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Preguntas frecuentes sobre Clitemnestra
¿Fue justificado el asesinato de Agamenón por Clitemnestra?
Esta es una pregunta complicada que ha sido debatida durante siglos. Clitemnestra fue traicionada profundamente: su esposo sacrificó a su hija, la abandonó durante diez años, y regresó con una concubina. Su ira fue justificada. Pero el asesinato, especialmente la manera en que lo hizo, fue un crimen grave. Fue justificado emocionalmente pero no legalmente o moralmente.
¿Sabía Clitemnestra que Ifigenia iba a ser sacrificada?
Los relatos varían. Algunos dicen que fue engañada, que le dijeron a Ifigenia que iba a casarse con Aquiles. Otros sugieren que sabía la verdad pero fue obligada a permitirlo. Independientemente, fue devastadora para Clitemnestra y fue la herida fundamental que causó su sed de venganza.
¿Amaba Clitemnestra a Egisto o fue simplemente una alianza estratégica?
Probablemente fue ambas cosas. Egisto también tenía razones para odiar a Agamenón, así que fue una alianza natural entre dos personas que querían la misma venganza. Pero con el tiempo, probablemente desarrollaron sentimientos genuinos el uno por el otro mientras conspiraban juntos.
¿Cuál fue la maldición de los Atridas?
La familia de Agamenón estaba bajo una maldición que provocaba ciclos de venganza y muerte. El padre de Agamenón, Atreo, había cometido crímenes terribles, y esos crímenes provocaron una cadena de venganzas que continuó a través de generaciones. Clitemnestra fue parte de este ciclo, así como su hijo Orestes.
¿Fue Clitemnestra una víctima o una villana?
Probablemente fue ambas cosas. Fue víctima de un sistema patriarcal que la sacrificó por la gloria de los hombres. Pero también fue culpable de asesinato, de adulterio, y de crímenes graves. Las tragedias griegas rara vez presentan personajes que son simplemente buenos o malos.
¿Qué sucedió con Clitemnestra después de asesinar a Agamenón?
Gobernó Micenas junto a Egisto durante varios años. Pero el Oráculo ordenó a su hijo Orestes que vengara la muerte de su padre. Orestes regresó a Micenas, se enfrentó a su madre, y la asesinó. Fue un parricidio, un crimen tan grave que Orestes fue perseguido por las Furias y condenado a la locura.
¿Por qué Clitemnestra mató a Casandra?
Casandra era la concubina de Agamenón, una prueba vívente de su infidelidad. Clitemnestra la asesinó probablemente por celos, por ira, por el deseo de eliminar toda prueba de la relación de su esposo con otra mujer. También puede haber sido para asegurar que no habría herederos de la línea de Agamenón con otra mujer.
¿Cómo fue retratada Clitemnestra en la antigüedad?
Esquilo la presenta en «Agamenón» de manera bastante compleja, mostrando tanto su culpa como sus justificaciones. Sófocles la retrata de manera más negativa en «Electra», como una asesina que merece la muerte. Eurípides también la retrata en «Electra» de manera crítica. Cada autor la ve a través de una lente diferente.
¿Fue Clitemnestra una mujer de poder?
Sí, fue gobernante de Micenas durante diez años mientras Agamenón estaba en la guerra. Fue una mujer que tuvo poder real, que tomó decisiones, que gobernó un reino. Pero también fue una mujer cuyo poder era limitado por el patriarcado, cuya agencia fue constantemente cuestionada y restringida.
¿Hay simpatía por Clitemnestra en la literatura moderna?
Sí, mucha más que en los textos antiguos. Los autores modernos frecuentemente presentan a Clitemnestra como una mujer cuya rebeldía fue un acto de resistencia contra un sistema opresivo. Ha sido reinterpretada como una figura más simpática, aunque sus acciones siguen siendo condenables.
¿Qué representa Clitemnestra en la mitología griega?
Representa la ambigüedad moral, la complejidad del poder y género, y las consecuencias de la injusticia acumulada. Es un símbolo de cómo los sistemas opresivos eventualmente generan resistencia violenta, incluso cuando esa resistencia es en sí misma destructiva.









