El Congreso de Verona: el fin de la Europa de Metternich

El Congreso de Verona es el último de los congresos de la Restauración y significó el final de la Europa de Metternich.

En septiembre de 1822 se celebró el último de los congresos de la Restauración. En esta ocasión, el protagonismo recaería sobre España. Las potencias europeas se reunirían para decidir el futuro del país ibérico.

Congreso de Verona

España tenía en 1822 una monarquía constitucional dirigida por un gobierno liberal. Tras escapar del yugo napoleónico, los españoles apostaron por redactar su propia constitución en 1812, a la que bautizaron como “la Pepa”. Decidieron poner fin a su relación con el absolutismo pero no con la monarquía. Llamaron a Fernando VII, que pasaría a ser conocido como “el Deseado”, para que actuase como jefe del estado y jurase la constitución. El monarca, en cambio, estaba en desacuerdo con los valores liberales que regían el país y se dirigió a la Santa Alianza para que restauraran su poder absoluto.

Así, en el Congreso de Verona, los aliados deciden escuchar las peticiones de Fernando VII. En enero de 1823, todos, a excepción de Gran Bretaña, envían una misiva para pedir un cambio en la orientación política del Gobierno. Obviamente, esa nota es ignorada por los mandatarios liberales, lo que provoca que el 7 de abril de 1823 la Santa Alianza convoque a los “Cien Mil Hijos de San Luis” para restaurar la monarquía absoluta en España. Este ejército, encabezado por el duque de Angulema, era muy superior a la defensa que pudo plantar el Gobierno español, por lo que consiguieron su objetivo de devolverle el trono absoluto a Fernando VII.

Aunque el objetivo del congreso se cumplió, fue el final de la Europa diseñada por Metternich en el Congreso de Viena. Las diferencias entre los distintos integrantes y el temor de que cualquiera de ellos, especialmente Rusia y Austria, pudiera lograr un excesivo protagonismo hicieron que se acabase la “Europa de los congresos”.

También coincidió con la muerte de Castlereagh y de Alejandro I. Sus respectivos sucesores tenían intereses bien distintos. En el caso del primero, le relevó Canning, un político que impulsó los movimientos independentistas de Hispanoamérica y de Grecia. Y en cuanto al nuevo zar ruso, Nicolás II, se produjo un cambio de política exterior. Se buscaba acercar posturas y resolver los problemas con Gran Bretaña.

En definitiva, lo que dejó patente esta fase de la historia es que el modelo absolutista tenía los días contados. Empezaron a producirse revoluciones a lo largo de Europa que clamaban por un cambio de política. Ese cambio tardaría en llegar y se focalizaría, sobre todo, en las naciones que más apoyaron la Restauración.

Apasionado por la Historia, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Desde pequeño le encantaba la Historia y acabó por explorar sobre todo los siglos XVIII, XIX y XX.

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