Entre 431 y 404 a.C., Atenas y Esparta se enfrentaron en una guerra que arrastró a casi todo el mundo griego. Las dos potencias dirigían sus propias alianzas: la Liga de Delos, con Atenas al frente y apoyada en su flota, y la Liga del Peloponeso, con Esparta como líder terrestre. El conflicto no fue una sola batalla decisiva, sino una sucesión de invasiones, bloqueos, expediciones lejanas y treguas que se rompían y que terminó con la derrota ateniense y la entrada de Persia como árbitro financiero.
Tucídides, un ateniense que combatió en los primeros años y después fue desterrado, escribió la historia más detallada del conflicto. Su relato termina de forma abrupta en 411 a.C., siete años antes del final, lo que obliga a completar el cuadro con otras fuentes. Por eso la guerra del Peloponeso es, a la vez, la historia mejor documentada de la Grecia antigua y una de las más discutidas.
Esta guía recorre las causas del conflicto, las fases de la guerra, los episodios más importantes y el final. También analiza por qué Atenas, pese a su superioridad en el mar, perdió, qué papel jugó el dinero persa y qué lección extrajo Tucídides sobre el poder y el miedo. Es el punto de partida para entender la Grecia del siglo IV y la trayectoria posterior de las ciudades que se habían enfrentado durante las guerras médicas.
Por qué empezó la guerra: una cuestión de miedo y de cálculo
Las causas de la guerra han sido objeto de debate desde la Antigüedad. Tucídides ofrece una explicación que se ha hecho célebre: el crecimiento del poder de Atenas y el temor que ese crecimiento provocaba en Esparta, pero el propio autor reconoce que hubo causas inmediatas y que los corintios, aliados de Esparta, presionaron para que la guerra estallara.
Tras las Guerras Médicas, Atenas había construido un imperio marítimo a partir de la Liga de Delos. Lo que empezó como una alianza voluntaria se convirtió en una red de ciudades sujetas a tributo, con Atenas como juez de última instancia en muchos asuntos. Las ciudades que pretendieron separarse fueron castigadas, y la ciudad fortificó su puerto con los Muros Largos que la unían al Pireo. Para Esparta y sus aliados, esa expansión suponía un peligro real para el equilibrio griego.
Hubo también una guerra previa, conocida como la primera guerra del Peloponeso (459-446 a.C.), que se resolvió con la paz de los Treinta Años firmada en 446 o 445 a.C., la cual duró apenas 15 años. Los choques en Corcira y en Potidea, donde Corinto tenía intereses directos, sirvieron de detonante. En la primavera de 431 a.C. los tebanos atacaron Platea, aliada de Atenas y la guerra se extendió por todo el mundo griego.
Lo que hace singular esta guerra es que ninguno de los dos bandos la deseaba del todo. Esparta vacilaba y Atenas, bajo Pericles, prefería esperar. Sin embargo, la lógica de las alianzas y la desconfianza mutua llevaron a un conflicto que ninguno pudo detener.
Pericles y la estrategia de la paciencia
Pericles, el político que dominaba la vida pública ateniense desde mediados de siglo, diseñó una estrategia basada en un hecho sencillo: Atenas era inexpugnable por tierra gracias a sus murallas y al puerto del Pireo y dominaba el mar. Los espartanos podían invadir el Ática cada año y arrasar cosechas, pero no podían tomar la ciudad. Pericles pidió a los atenienses que trasladaran a la ciudad a la población del campo y que esperaran a que la flota atacara las costas del Peloponeso.
Esa estrategia tenía un coste enorme. El hacinamiento dentro de las murallas favoreció una epidemia de peste que se declaró en 430 a.C. Tucídides, que la sufrió, describe sus síntomas con detalle clínico y atribuye parte de su efecto a la desorganización social, porque la gente dejó de respetar las normas religiosas y civiles. La peste mató a muchos ciudadanos, entre ellos al hijo de Pericles y el propio líder falleció en 429 a.C.
En el funeral de los primeros caídos, Tucídides pone en boca de Pericles un discurso que define la identidad ateniense: la democracia como forma de gobierno, la libertad de los ciudadanos y la grandeza de una ciudad que se sostiene en su cultura y en su poder naval. El discurso es, en gran medida, una construcción del propio Tucídides, pero refleja una idea que la ciudad quería transmitir sobre sí misma.
Tras la muerte de Pericles, la política ateniense se fragmentó. Cleón, un político más agresivo, dominó la escena durante algunos años y defendió una guerra sin concesiones. Lo que vino después fue una sucesión de líderes que buscaban el protagonismo en medio de la presión de la guerra.
La guerra de Arquidamo y la paz de Nicias
La primera fase, que suele llamarse guerra de Arquidamo por el rey espartano que dirigió las invasiones del Ática, duró diez años. Las incursiones espartanas se repitieron casi cada verano, mientras Atenas respondía con expediciones navales contra el Peloponeso. En 425 a.C., una operación ateniense en la isla de Esfacteria, en la costa de Mesenia, tomó prisioneros a 292 hoplitas espartanos. Fue una humillación para Esparta, porque el número de guerreros de élite capturados era excepcionalmente alto.
Esa victoria no decidió la guerra pero lo que sí hizo fue abrir una vía de negociación. En 421 a.C. se firmó la paz de Nicias, que llevaba el nombre del general ateniense que la negoció. Sus cláusulas devolvían algunas plazas capturadas y establecían un periodo de paz de 50 años, aunque ninguna de las dos partes cumplió del todo lo acordado. Las alianzas siguieron activas y algunas ciudades se negaron a firmar. Argos, en concreto, se acercó a Atenas y aumentó la inestabilidad del Peloponeso.
El periodo de paz fue, en realidad, una pausa tensa. Atenas mantenía su imperio, pero algunos de sus aliados se rebelaban y los generales atenienses buscaban gloria fuera de la guerra regular. La paz de Nicias se rompió de forma indirecta, con operaciones de unos y otros en lugares donde el acuerdo no era del todo claro.
La expedición a Sicilia: la gran apuesta
En 416 a.C., Atenas sometió a la isla de Melos, que intentaba mantenerse neutral. Tucídides dedica a ese episodio uno de los pasajes más duros de su obra, el diálogo de los melios, en el que los atenienses sostienen que los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben. Tras la rendición, los atenienses ejecutaron a los varones adultos y esclavizaron a mujeres y niños.
Al año siguiente, Atenas se lanzó a una campaña de dimensiones inéditas contra Siracusa, en Sicilia. El pretexto fue una petición de ayuda de Segesta, una ciudad que se enfrentaba a la vecina Selinunte, aliada de Siracusa. El verdadero objetivo era apoderarse de los recursos de la isla, especialmente el trigo y debilitar a Esparta por la retaguardia. Tucídides recoge 134 trirremes en la flota principal y las estimaciones modernas sitúan el total de personas, entre tropas, remeros y personal de apoyo, en torno a 27.000.
La dirección de la expedición fue objeto de disputas. Alcibíades, un aristócrata joven y brillante, la promovió con entusiasmo. Su carrera estuvo marcada por la ambición y por la desconfianza que despertaba entre los atenienses, que lo acusaron de profanar los misterios de Eleusis y de mutilar los hermes de la ciudad. Antes de que la flota zarpara, Alcibíades fue llamado a juicio y se exilió. Desde el extranjero se puso al servicio de Esparta, lo que es una de las paradojas más llamativas del conflicto.
La expedición fracasó. Siracusa resistió, recibió refuerzos de Corinto y de otros aliados y los atenienses quedaron atrapados en el puerto. Nicias, que había desaconsejado la campaña, dirigió la retirada final por tierra y fue ejecutado, junto con Demóstenes, tras la derrota de 413 a.C. Miles de prisioneros atenienses murieron en las canteras de la ciudad. La pérdida de hombres y de naves fue un golpe del que Atenas no se recuperó.
La guerra de Decelea y la intervención persa
Tras la derrota siciliana, Esparta vio la oportunidad de atacar a Atenas en su propio territorio. Por recomendación de Alcibíades, los espartanos fortificaron Decelea, una posición en el Ática desde la que podían interceptar las comunicaciones de la ciudad y mantener un ataque continuo. Esa fase, llamada guerra de Decelea o guerra jónica, supuso la pérdida de la mina de plata de Laurión y la imposibilidad de mantener la agricultura del Ática.
El factor decisivo fue el dinero persa. Esparta carecía de una flota capaz de competir con la ateniense y Persia, que había visto cómo Atenas debilitaba su influencia en Asia Menor, decidió financiar a los espartanos. Los sátrapas Tisafernes y, más tarde, Ciro el Joven aportaron fondos para construir y mantener naves. Esa alianza cambió el equilibrio, porque Esparta pudo pagar a los remeros y reclutar marinos en un momento en que Atenas no podía hacerlo.
Atenas respondió con eficacia durante algunos años. Alcibíades, que había vuelto a ponerse al servicio de la ciudad, obtuvo victorias en el Egeo y recuperó parte de la flota, pero en 406 a.C. la derrota de Notio, frente a Éfeso, costó a Atenas al general que había logrado esas victorias. Poco después, en Arginusas, los atenienses ganaron una batalla naval importante, pero varios de sus generales fueron juzgados y ejecutados por no recoger a los náufragos tras el combate. El episodio refleja la tensión política de una ciudad en guerra permanente.
Aegospótamos y la rendición de Atenas
En 405 a.C., Lisandro, el almirante espartano, aprovechó la distracción de la flota ateniense en el Helesponto. Los atenienses habían desembarcado para buscar provisiones y dejaron sus naves en la playa sin vigilancia adecuada y Lisandro atacó por sorpresa en Aegospótamos. Según las fuentes, la mayor parte de la flota ateniense fue destruida o capturada y Lisandro ejecutó a numerosos prisioneros.
Las cifras varían según la fuente. Algunas hablan de 170 naves perdidas y otras se refieren a 170 de un total de 180. En cualquier caso, Atenas perdió lo esencial de su poder naval. Sin flota, la ciudad no podía recibir el trigo del Ponto y quedó sitiada por mar y por tierra. Tras unos meses de hambre, Atenas se rindió en 404 a.C.
La rendición fue dura pero no tan terrible como se temía. Los espartanos exigieron el derribo de los Muros Largos, la entrega de la flota que quedaba y la disolución de la Liga de Delos. Atenas aceptó y se integró en la alianza espartana. Poco después, se instaló en la ciudad un gobierno oligárquico impuesto por Esparta, conocido como los Treinta Tiranos, cuyo mandato fue breve pero violento.
Así terminó la guerra, aunque la paz duró poco. La rivalidad entre Esparta y Tebas y después entre Esparta y otras potencias, dio paso a nuevos conflictos. La hegemonía espartana no fue duradera y el mapa del mundo griego se transformó a lo largo del siglo IV.
Tucídides: una historia escrita durante la guerra
Tucídides es, sin duda, el autor que da sentido a toda esta historia. Nacido en torno a 460 a.C., fue general en el año 424 a.C. y no logró impedir la pérdida de Anfípolis, una derrota que le costó el exilio durante 20 años. Ese exilio le permitió observar la guerra desde el lado espartano y recoger testimonios de ambos bandos.
Su obra se estructura en torno a los acontecimientos, pero su verdadera aportación es la reflexión sobre cómo se produce el conflicto. Tucídides se interesa por los motivos reales de las decisiones, por el lenguaje de la propaganda y por la forma en que el miedo y el interés dan forma a la política. Sus discursos son, en muchos casos, composiciones suyas, pero reflejan lo que cada orador habría podido decir en ese contexto.
El relato se detiene en 411 a.C., con los acontecimientos del año en curso y no llega al final de la guerra. Jenofonte, que escribió después las Helénicas, retomó la historia desde ese punto y la llevó hasta la batalla de Mantinea de 362 a.C. Ambos autores son necesarios para tener una visión completa de los últimos años.
Hay un debate permanente sobre la fiabilidad de Tucídides. Su obra es fundamental, pero también es una mirada selectiva, con preferencia por las decisiones racionales y poca atención a los factores religiosos o emocionales que también pesaban. Leerlo con atención exige distinguir entre lo que se afirma como hecho y lo que el autor interpreta.
Una cronología para orientarse
La siguiente tabla resume las fases principales del conflicto. Las fechas proceden de Tucídides y de la historiografía moderna y pueden variar ligeramente según la fuente.
| Periodo | Fase | Acontecimiento clave | Consecuencia |
|---|---|---|---|
| 431-421 a.C. | Guerra de Arquidamo | Invasiones espartanas del Ática y expediciones navales atenienses | Peste de Atenas y muerte de Pericles |
| 425 a.C. | Esfacteria | Captura de 292 hoplitas espartanos | Negociaciones de paz |
| 421 a.C. | Paz de Nicias | Acuerdo de paz temporal | Ruptura de facto por aliados y generales |
| 416 a.C. | Melos | Sumisión y ejecución de los melios | Decisión de atacar Sicilia |
| 415-413 a.C. | Expedición a Sicilia | Derrota ateniense ante Siracusa | Pérdida de gran parte de la flota |
| 413-404 a.C. | Guerra de Decelea | Fortificación de Decelea y apoyo persa a Esparta | Asfixia económica de Atenas |
| 406 a.C. | Notio y Arginusas | Derrota de Notio; victoria en Arginusas | Juicio y ejecución de generales atenienses |
| 405 a.C. | Aegospótamos | Victoria de Lisandro | Pérdida de la flota ateniense |
| 404 a.C. | Rendición | Entrega de Atenas a Esparta | Fin de la Liga de Delos y de los Muros Largos |
Lo que la guerra dejó en la memoria
La guerra del Peloponeso ocupa un lugar especial en la memoria occidental. Tucídides la presentó como un conflicto que cambió para siempre la forma de hacer política en Grecia y su lectura ha influido en el pensamiento político moderno. La idea de que un poder en ascenso genera miedo en el poder dominante y que ese miedo puede conducir a la guerra, se conoce hoy como la trampa de Tucídides.
Sin embargo, esa lectura es también una simplificación. Las decisiones de la guerra no se explican solo por el miedo. Hubo intereses económicos, rivalidades personales, presiones de los aliados y errores de cálculo. Además, la imagen de Atenas como ciudad de la democracia y la cultura es también una construcción, porque el propio imperio ateniense se sostenía sobre la coerción de sus aliados.
En Esparta, la guerra consolidó una hegemonía que pronto se mostró frágil y en Atenas, la derrota dejó una herida que se reflejó en el juicio contra Sócrates, condenado en 399 a.C. en un contexto de desconfianza hacia los intelectuales y los antiguos colaboradores de los treinta tiranos. No hay una relación directa demostrable entre ambos hechos, pero la vinculación es frecuente en la historiografía.
Por qué perdió Atenas
Atenas tenía ventajas evidentes: una flota superior, recursos financieros, una red de aliados y una ciudad fortificada, pero perdió por varias razones que se refuerzan entre sí. La primera es que su estrategia dependía de mantener el dominio del mar y ese dominio era costoso y frágil. Cuando Esparta encontró financiación persa, la ventaja naval ateniense dejó de ser decisiva.
La segunda razón es la pérdida de cohesión en su imperio. Los aliados que se rebelaban, como Mitilene en 427 a.C., exigían castigos severos y Atenas respondía con una dureza que generalmente acababa alienándolos aún más. La decisión de ejecutar a los habitantes de Mitilene, que más tarde se revocó, fue un ejemplo de esa tensión y el debate que la rodeó aparece en Tucídides con gran fuerza.
La tercera razón es la inestabilidad política. Pericles murió en la peste y sus sucesores tuvieron que construir coaliciones frágiles y generalmente enfrentadas. Los generales dependían del favor de la asamblea, que podía condenarlos con facilidad, como ocurrió tras Arginusas. Esa volatilidad impidió mantener una estrategia coherente durante mucho tiempo.
Por último, Esparta tuvo una ventaja que no siempre se reconoce: su paciencia. Los espartanos aceptaban perder batallas si eso les permitía ganar la guerra y sabían esperar hasta que la situación les favoreciera. No fueron un ejército brillante, pero sí fueron constantes.
Tabla de fuentes: qué cuenta cada autor
Tucídides es la fuente principal, pero no la única. Conviene conocer las demás para contrastar su relato.
| Fuente | Periodo que cubre | Perspectiva | Limitación |
|---|---|---|---|
| Tucídides | 431-411 a.C. | Ateniense desterrado, racionalista | Relato incompleto, discursos recompuestos |
| Jenofonte, Helénicas | 411-362 a.C. | Aristocrático, cercano a Esparta | Visión favorable a los espartanos |
| Diodoro Sículo | Periodo general | Compilador siciliano | Fuentes desiguales y cronología confusa |
| Plutarco, Vidas | Figuras individuales | Moralista | Anécdotas y juicios de valor |
| Aristófanes, comedias | Años de la guerra | Sátira contemporánea | Caricatura y humor político |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Tucídides. Historia de la guerra del Peloponeso.
- Jenofonte. Helénicas.
- Plutarco. Vidas paralelas, vidas de Pericles, Alcibíades, Nicias y Lisandro.
- Diodoro Sículo. Biblioteca histórica, libros XII y XIII.
- Aristófanes. Comedias de la época de la guerra, en especial Los acarnienses y Lisístrata.
Bibliografía:
- Kagan, Donald. The Peloponnesian War. Viking, 2003.
- Hanson, Victor Davis. A War Like No Other: How the Athenians and Spartans Fought the Peloponnesian War. Random House, 2005 (verificar año; algunas fichas dan 2006).
- Lazenby, John F. The Peloponnesian War: A Military Study. Routledge, 2004.
- Hornblower, Simon. Thucydides. Oxford University Press, 1991-2008.
- Kagan, Donald. Pericles of Athens and the Birth of Democracy. Free Press, 1991.
Recursos digitales
- Perseus Digital Library, Tufts University. Textos griegos y latinos con traducción inglesa.
- Ministerio de Cultura de Grecia. Materiales sobre el mundo griego clásico.
Preguntas frecuentes sobre la Guerra del Peloponeso
¿Por qué se llama guerra del Peloponeso?
El nombre procede de la Liga del Peloponeso, la alianza encabezada por Esparta que reunía a la mayoría de las ciudades de la península y a algunas del centro de Grecia. Los atenienses y sus aliados formaban la Liga de Delos. La guerra enfrentó, por tanto, a dos coaliciones, pero el término «del Peloponeso» se consolidó porque la alianza espartana tenía su base en esa región. El nombre es convencional y no implica que toda la guerra se librara allí.
¿Cuánto duró realmente la guerra?
Desde la primavera de 431 a.C. hasta la rendición ateniense de 404 a.C., unos veintisiete años si se cuenta la guerra en su conjunto. Sin embargo, no fue un conflicto continuo. Hubo una fase intensa entre 431 y 421, una paz incómoda hasta 415 y una última etapa de guerra abierta hasta 404. Por eso muchos historiadores hablan de tres fases, aunque la división exacta puede variar según el criterio.
¿Fue la expedición a Sicilia un error?
Desde el punto de vista estratégico, sí. Atenas dispersó fuerzas en un teatro lejano, apostó por una victoria rápida y subestimó la capacidad de resistencia de Siracusa. Tucídides atribuye parte del fracaso a la ambición de los dirigentes y a la falta de unidad en el mando. Nicias, que se opuso a la expedición, la dirigió finalmente y no supo evitar el desastre. Aun así, la decisión respondía a una lógica comprensible: Atenas buscaba un golpe decisivo para acabar la guerra.
¿Por qué perdió la flota ateniense en Aegospótamos?
La causa inmediata fue la negligencia. Los atenienses dejaron sus naves en una playa abierta mientras sus marinos buscaban provisiones, y Lisandro atacó por sorpresa. Pero la causa profunda está en la pérdida de la superioridad naval, que dependía del dinero, de los remeros experimentados y de la moral de las tripulaciones. Sparta había logrado igualar esas condiciones gracias al apoyo persa, y la ventaja ateniense se desvaneció.
¿Quién financió a Esparta en la última fase?
Principalmente el Imperio persa, a través de los sátrapas Tisafernes y Ciro el Joven. Persia tenía interés en debilitar a Atenas, que había intervenido en Asia Menor y había dado apoyo a rebeldes contra el rey. El dinero permitió a Esparta construir una flota y pagar a sus marinos. Sin ese apoyo, la guerra habría tenido un desenlace distinto, aunque la historiografía discute cuánto dependió exactamente de la financiación persa.
¿Qué pasó con Alcibíades?
Fue una de las figuras más controvertidas del conflicto. Promovió la expedición a Sicilia, fue acusado de sacrilegio antes de zarpar y se exilió para ponerse al servicio de Esparta. Después volvió a Atenas y obtuvo victorias importantes, pero su prestigio se desgastó tras Notio. Murió en Asia Menor en circunstancias poco claras, probablemente asesinado en 404 a.C. Su figura resume la mezcla de talento, ambición y desconfianza que caracterizó la política ateniense de la época.
¿Qué significa la trampa de Tucídides?
Es una expresión moderna que toma la idea de Tucídides según la cual el crecimiento de Atenas generó miedo en Esparta y la guerra fue, en buena medida, consecuencia de ese miedo. El politólogo Graham Allison la popularizó para describir situaciones en las que un poder en ascenso choca con otro establecido. El concepto es útil para pensar la política internacional, aunque conviene recordar que Tucídides presentó causas múltiples y que la guerra no fue inevitable en sentido estricto.
¿Dónde puedo seguir leyendo sobre el tema?
El punto de partida es Tucídides, en su edición en español de Gredos, y después las Helénicas de Jenofonte para completar el final de la guerra. Entre los estudios modernos, la obra de Donald Kagan sobre la guerra del Peloponeso es una síntesis muy usada, y la de Victor Davis Hanson, A War Like No Other, ofrece una lectura militar muy completa. En Red Historia, el siguiente paso natural es el artículo sobre la expedición a Sicilia, el de Alcibíades y el de Pericles.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









