La batalla de Maratón se libró en el verano de 490 a.C., en una llanura de la costa oriental del Ática, a unos 40 kilómetros de Atenas. Un ejército persa desembarcado por mar se enfrentó a los atenienses, que contaban con el apoyo limitado de la pequeña ciudad de Platea. El resultado fue una victoria griega que no tenía por qué producirse, porque los persas superaban en número a sus rivales y tenían la iniciativa.
El combate duró poco más de lo que sugiere la leyenda, pero fue intenso. Según Heródoto, el centro persa rompió la línea griega y penetró hacia el interior, mientras los flancos atenienses y plateos se volvían contra sus enemigos y los cercaban. Después, los atenienses corrieron hacia la costa para impedir que la flota persa desembarcara en Falero, el puerto de Atenas. Heródoto es la única fuente completa que tenemos, así que el relato merece una lectura crítica.
Maratón importa por lo que decidió y por lo que simboliza. Demostró que los hoplitas griegos podían derrotar a un ejército persa mucho mayor y convirtió a Atenas en la ciudad que había resistido en primera línea. Su nombre sobrevive, además, en la carrera de 42 kilómetros que hoy se corre en todo el mundo, aunque esa conexión procede de autores posteriores y no del propio Heródoto.
Un desembarco que nadie esperaba del todo
Para entender Maratón hay que empezar por Hipias, el hijo de Pisístrato. Hipias había gobernado Atenas como tirano hasta que, en 510 a.C., fue expulsado con ayuda espartana. Cuando perdió el poder, buscó refugio en la corte persa y en 490 a.C. acompañaba a la expedición de Datis y Artafernes. Heródoto cuenta que Hipias sirvió de guía para el desembarco porque conocía la costa y el terreno y que esperaba que los atenienses le devolvieran el poder si el ejército persa triunfaba.
La expedición llegó después de un episodio que los griegos no olvidaban. Eretria, la otra ciudad que había apoyado la revuelta jonia, cayó tras un asedio y sus habitantes fueron deportados a Asia. Ese castigo convenció a los atenienses de que la siguiente parada sería Atenas y de que no había tiempo que perder.
El ejército persa tenía una ventaja considerable. Contaba con caballería, arqueros y una infantería numerosa y había desembarcado en una bahía llana donde esa caballería podía maniobrar. Los griegos, en cambio, dependían casi por completo de la infantería pesada, los hoplitas, que combatían en formación cerrada y no tenían tradición de carga frente a un ejército de arqueros.
Heródoto no ofrece cifras para el ejército persa. Las estimaciones modernas oscilan entre unos 20.000 y 25.000 hombres, pero son especulaciones razonables, no datos verificados. Para los atenienses, el propio historiador cuenta con 10.000 hoplitas en el campo de batalla, a los que se sumaban 1.000 plateos, aunque la cifra ateniense también se discute.
La decisión de atacar
Los estrategas atenienses eran diez y cada uno tenía derecho de voto en el consejo militar y cuando se conoció la llegada persa, la discusión fue intensa. Unos proponían esperar dentro de la ciudad, donde las murallas podían resistir un asedio, mientras que otros defendían salir al encuentro del enemigo antes de que llegaran refuerzos.
Según Heródoto, el voto decisivo lo dio Milcíades, que defendía el ataque. Su argumento era que, si Atenas esperaba, los persas la sitiarían y la población podría sufrir la misma suerte que Eretria. Hubo cinco votos en cada sentido y el desempate fue dado por el polemarco Calímaco. Esa escena, tal como la cuenta Heródoto en sus Nueve Libros de la Historia, muestra que el ataque fue una decisión colectiva y discutida y no una orden de un general dictatorial.
Milcíades aceptó la responsabilidad de dirigir la batalla, aunque no lo hizo solo. Hay un detalle que conviene retener: la tradición cuenta que algunos estrategas le cedieron su turno de mando para ese día. No queda claro si se trató de una práctica habitual o de una anécdota para subrayar su liderazgo.
El dilema tenía un componente religioso. Esparta había prometido enviar ayuda, pero la festividad de las Carneas, que impedía a los espartanos salir antes de la luna llena, retrasó su llegada. Atenas se encontró sola en el momento decisivo.
La carrera y el momento del choque
Los atenienses avanzaron hacia el enemigo a la carrera. Heródoto dice que fueron los primeros griegos en hacerlo y que esa velocidad tenía como objetivo reducir el tiempo que pasaban bajo el fuego de los arqueros persas. La imagen de una falange lanzada al galope tiene algo de exageración, pero el ritmo debió de ser rápido, porque una carga de hoplitas con armadura y escudo era agotadora incluso en distancias cortas.
El choque tuvo una estructura clara. El centro ateniense, formado por tropas menos experimentadas, cedió frente a los persas y a los sacas, que combatían en esa zona. Los persas penetraron hacia el interior y por un momento parecía que el centro griego se rompería, pero los flancos, más reforzados, avanzaron hacia el centro y cerraron el paso a los invasores que habían avanzado, atrapándolos.
Ese movimiento de pinza es lo que hace singular a Maratón. No basta con resistir, hay que saber cuándo girar la formación y convertir una derrota local en una victoria total. Milcíades, según Heródoto, supo hacerlo y lo mismo hicieron los plateos en el ala opuesta.
Los persas se replegaron hacia sus naves, pero los griegos los siguieron hasta la orilla y lograron apoderarse de algunas embarcaciones, en un combate que quedó como uno de los episodios más vivos del relato. Entre los muertos atenienses se cuentan el polemarco Calímaco y el estratega Estesilao, lo que muestra que la lucha fue dura también para los mandos.
La flota persa, Sunio y la carrera de vuelta
La batalla no terminó en la playa. Según Heródoto, algunos persas embarcaron rápidamente y navegaron alrededor del cabo Sunio, en el extremo sur del Ática, con la intención de llegar a Atenas antes que el ejército griego. Su objetivo era desembarcar en Falero, el puerto de la ciudad, mientras los hoplitas estaban lejos.
Los atenienses se dieron cuenta y la reacción fue una nueva marcha. Heródoto afirma que llegaron a la ciudad antes que los persas y acamparon en el santuario de Heracles de Cinosarges, junto a la ciudad, lo que impidió el desembarco. La flota persa, al comprobar que el puerto estaba protegido, se detuvo frente a Falero y después regresó a Asia.
Este tramo del relato tiene una dificultad que los historiadores llevan siglos discutiendo. Heródoto cuenta que había una acusación en Atenas según la cual los Alcmeónidas, una familia aristocrática, habían acordado con los persas hacer una señal con un escudo para indicar que la ciudad estaba desprotegida. El propio historiador rechaza la acusación, porque sostiene que los Alcmeónidas eran enemigos declarados de la tiranía, pero la historia de la señal permanece como una de las incógnitas más persistentes de la batalla.
Existen interpretaciones modernas de esa señal. Algunas sugieren que se trataba de una maniobra en la costa, otras que se relaciona con una comunicación entre el ejército persa y partidarios de Hipias dentro de la ciudad. Ninguna puede confirmarse con las fuentes disponibles.
La fecha, la carrera y las dudas de la tradición
La fecha más aceptada para la batalla es el 12 de septiembre de 490 a.C., deducida en buena medida del calendario religioso espartano, pero no todos los historiadores están de acuerdo. El astrónomo Donald Olson, a partir de las descripciones lunares de Heródoto, ha propuesto que el cálculo debería hacerse según el calendario espartano y que la batalla podría haberse librado en agosto. La discusión es técnica, pero tiene una consecuencia práctica curiosa: el calor del verano ático cambia la forma de imaginar la carrera de los soldados.
La carrera más famosa de Maratón no aparece en Heródoto de la forma en que la conocemos. El historiador cuenta que un corredor, Filípides, fue enviado desde Atenas a Esparta para pedir ayuda, un recorrido de unos 240 kilómetros. Según Heródoto, Filípides llegó a Esparta al día siguiente de salir de Atenas y regresó con la respuesta, que fue negativa por el calendario religioso. En el relato, Filípides se encuentra con el dios Pan en el camino, lo que demuestra que la leyenda ya estaba tomando forma.
La carrera de Atenas al campo de batalla, con el mensajero que anuncia la victoria y muere al llegar, procede de autores posteriores. Plutarco, en su obra sobre la gloria de los atenienses, habla de un corredor que llevó la noticia y Luciano de Samosata, en el siglo II d.C., desarrolla esa versión con más detalle. La conexión entre esa historia y la carrera moderna de 42 kilómetros es una creación del siglo XIX, cuando se organizaron las primeras competiciones olímpicas modernas inspiradas en la Antigüedad.
Esto no resta valor a la batalla, sino que muestra más bien cómo se fue construyendo su memoria y cómo la imagen de un mensajero exhausto sirvió para representar un sacrificio que la ciudad quería recordar.
Los muertos y el túmulo de Maratón
Heródoto cifra en 6.400 los persas muertos y en 192 los atenienses; para los plateos, la cifra de 11 muertos aparece en algunas versiones. Estos datos son los que la tradición transmite y su precisión es discutible, pero la proporción de la derrota persa fue considerable.
Los atenienses enterraron a sus muertos en un túmulo que todavía se conserva en la llanura de Maratón. Según la tradición, se levantó sobre la fosa común de los caídos y se mantuvo como monumento conmemorativo. El túmulo fue excavado a finales del siglo XIX y se encontraron restos que permiten identificarlo como una tumba colectiva de la época. Los detalles de esas excavaciones y de los hallazgos conviene consultarlos en la bibliografía técnica antes de presentarlos como datos cerrados.
El monumento tiene una función doble. Por un lado, recuerda a los caídos y por otro, afirma la importancia de la victoria para la identidad ateniense. Ese recuerdo se mantuvo durante siglos y se refleja en la literatura, en la iconografía y en la forma en que Atenas se presentaba a sí misma frente al resto de Grecia.
Por qué Maratón cambió la guerra
La victoria de Maratón no acabó con la amenaza persa. Darío murió en 486 a.C., y su hijo Jerjes preparó una invasión mucho mayor, que llegó en 480 a.C., pero Maratón cambió la percepción de la guerra en dos sentidos. El primero es que demostró que el ejército persa podía ser derrotado y el segundo es que dio a Atenas una experiencia y un prestigio que luego se reflejarían en el liderazgo naval de Temístocles.
Temístocles, según Heródoto y Plutarco, insistió en construir una flota con los ingresos de las minas de plata de Laurión, en lugar de repartirlos entre los ciudadanos. Esa decisión, que se tomó en la década de 480, cambió el equilibrio de poder en el Egeo y permitió la victoria de Salamina. Sin Maratón, es probable que la política ateniense hubiera seguido otro camino.
Maratón también modificó la forma en que los griegos pensaban la guerra con Persia. Hasta entonces, el imperio aparecía como un poder casi imbatible. Después, se abrió la posibilidad de vencerlo, y esa convicción sostuvo la resistencia de 480 a.C.
Lo que la batalla dice de la historia griega
Maratón es una batalla pequeña en comparación con las grandes campañas posteriores, pero su importancia está en lo que enseña sobre el mundo griego. Las ciudades competían entre sí, pero reconocían una cierta comunidad cultural. Atenas actuó sin esperar a Esparta y Esparta tardó en acudir, pero la coalición acabó formándose en el momento de la gran invasión.
También muestra el peso de la religión en la política militar. La negativa espartana a salir antes de la luna llena no era un capricho, sino una obligación ritual. Los atenienses lo sabían y actuaron en consecuencia. La religión no era un obstáculo para la guerra, pero sí condicionaba sus tiempos.
Y revela la dimensión social de la guerra. Los hoplitas eran ciudadanos que compraban su propio equipo y combatían porque tenían algo que defender. Esa implicación política hizo de la infantería griega una fuerza sólida, aunque también frágil cuando se dividía.
Tabla de datos clave
| Dato | Información | Fuente principal |
|---|---|---|
| Fecha tradicional | 12 de septiembre de 490 a.C. | Calendario espartano y convención moderna |
| Lugar | Llanura de Maratón, Ática | Heródoto |
| Fuerzas atenienses | Unos 10.000 hoplitas, con 1.000 plateos | Heródoto (cifra discutida) |
| Fuerzas persas | Estimaciones entre 20.000 y 25.000 | Cálculos modernos, sin cifra de Heródoto |
| Bajas persas | 6.400 | Heródoto |
| Bajas atenienses | 192 | Heródoto |
| Bajas plateas | 11 | Algunas fuentes |
| Comandantes | Milcíades, Calímaco, Estesilao | Heródoto |
| Refuerzo espartano | 2.000 hombres, llegados después de la batalla | Heródoto |
Artículos relacionados con las Guerras Médicas
- Guerras médicas: Persia contra Grecia (499-449 a.C.)
- Termópilas: Leónidas y los trescientos espartanos
- Salamina: Temístocles y la victoria en el mar
- Temístocles: la estrategia naval de Atenas
- Hipias y la tiranía de Pisístrato
- Los pueblos de la antigua Grecia
Bibliografía
Fuentes:
- Heródoto. Historias, libro VI.
- Plutarco. Sobre la gloria de los atenienses.
- Luciano de Samosata. Pro lapsu inter salutandum, o pasajes sobre la carrera de Maratón, según la edición consultada.
Bibliografía:
- Briant, Pierre. Historia del Imperio persa.
- Holland, Tom. Persian Fire: The First World Empire and the Battle for the West. Little, Brown, 2005.
- Green, Peter. The Greco-Persian Wars. University of California Press, 1996.
- Lazenby, John F. The Defence of Greece 490-479 BC. Aris & Phillips, 1993.
- Olson, Donald W. Estudios sobre la datación astronómica de Maratón y la carrera de Filípides.
- van Wees, Hans. Greek Warfare: Myths and Realities. Duckworth, 2004.
- Hanson, Victor Davis. The Western Way of War: Infantry Battle in Classical Greece. University of California Press, 1989.
Recursos digitales:
- Perseus Digital Library, Tufts University. Textos griegos y latinos con traducción inglesa.
- Ministerio de Cultura de Grecia. Proyecto «2500 años de la batalla de Salamina» y materiales sobre Maratón y Termópilas.
Preguntas frecuentes sobre la batalla de Maratón
¿Quién ganó la batalla de Maratón?
Ganaron los atenienses y los plateos. Heródoto describe un combate en el que el centro persa rompió la línea griega, pero los flancos atenienses y plateos vencieron a sus enemigos y después se volvieron contra quienes habían penetrado en el centro. La derrota persa fue clara, aunque los persas se retiraron por mar sin que su ejército quedara destruido. El resultado fue una victoria estratégica importante, no el fin de la guerra.
¿Cuántos soldados participaron?
Heródoto cuenta unos diez mil hoplitas atenienses y mil plateos, pero no da cifra para el ejército persa. Las estimaciones modernas para los persas oscilan entre unos veinte mil y veinticinco mil hombres, aunque son cálculos aproximados. Hay que tomar con cautela todas las cifras antiguas, porque las fuentes griegas tienden a exagerar el tamaño del enemigo y a reducir el de sus propias tropas.
¿Por qué no llegó Esparta a tiempo?
Según Heródoto, los espartanos no podían salir antes de la luna llena porque estaban celebrando las Carneas, una festividad religiosa de gran importancia. Cuando llegaron, la batalla ya había terminado. Los dos mil espartanos que llegaron fueron a ver el campo de batalla y los cadáveres persas. La explicación religiosa es la que da el historiador, pero no hay manera de verificar del todo si hubo otras razones políticas o militares.
¿Es cierto que un mensajero corrió de Maratón a Atenas?
Esa historia no aparece en Heródoto. Lo que él cuenta es que Filípides corrió desde Atenas hasta Esparta, un recorrido de unos doscientos cuarenta kilómetros, para pedir ayuda. La carrera de Maratón a Atenas procede de autores posteriores, como Plutarco y Luciano, y se consolidó en la cultura popular mucho después. La carrera moderna de cuarenta y dos kilómetros se inspira en esa tradición, pero es una creación de la época contemporánea.
¿Qué papel tuvo Hipias?
Fue el hijo de Pisístrato y antiguo tirano de Atenas, expulsado en 510 a.C. Acompañaba a los persas y, según Heródoto, sirvió de guía para el desembarco porque conocía la región. Su presencia dio a la expedición un argumento político: restaurar a un tirano que había perdido el apoyo ateniense. La batalla fue, en parte, una respuesta a esa pretensión.
¿Qué significa la señal del escudo?
Heródoto recoge una acusación según la cual los Alcmeónidas habrían hecho una señal con un escudo a los persas para indicar que Atenas estaba desprotegida. El historiador la rechaza, porque sostiene que esa familia había combatido la tiranía. Los historiadores modernos discuten el episodio sin llegar a una conclusión firme. Es una de las incógnitas más recurrentes de la batalla.
¿Por qué es importante Maratón para la historia posterior?
Porque demostró que los persas podían ser derrotados, y porque dio a Atenas una experiencia y un prestigio que luego se reflejaron en la política naval de Temístocles. Sin Maratón, la preparación de Atenas para la invasión de 480 a.C. habría sido distinta. La batalla también se convirtió en símbolo de la resistencia griega frente al poder persa, un relato que se mantuvo durante siglos.
¿Dónde puedo seguir leyendo sobre el tema?
El texto básico es el libro VI de Heródoto, en su edición en español de la editorial Gredos. Para el contexto de la invasión persa, conviene leer después la guía de las guerras médicas. Entre los estudios modernos, la obra de Peter Green sobre las guerras greco-pérsicas ofrece un análisis detallado de la batalla. En Red Historia, los siguientes artículos naturales son Salamina, Termópilas y Temístocles.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









