En el verano de 480 a.C., un ejército griego de unos 7.000 hombres intentó detener la invasión de Jerjes en un paso estrecho de Grecia central, entre las montañas y el golfo Maliaco. Durante dos días la posición resistió los ataques persas pero al tercer día, la traición de un habitante de la zona permitió a una unidad de élite persa rodear el paso por un sendero de montaña. Los griegos que quedaban se enfrentaron a un enemigo que ya los superaba por todas partes.
La batalla de las Termópilas es uno de los episodios más conocidos de la Antigüedad. Su fama se debe, sobre todo, al relato de Heródoto y a la figura de Leónidas, el rey espartano que, según la tradición, murió al frente de sus 300 hombres. Pero las fuentes que tenemos ofrecen un cuadro más complejo: los aliados no fueron todos espartanos, Leónidas despidió a buena parte del ejército y los persas no sufrieron una derrota total, sino una pérdida muy costosa que no detuvo la invasión.
El paso mismo también ha cambiado. Los depósitos de sedimentos del río Espercheo han avanzado la costa varios kilómetros desde la Antigüedad y lo que hoy es una llanura era entonces un corredor angosto. Entender el lugar es necesario para entender la batalla y por eso esta guía dedica espacio al terreno, las fuentes y las cifras, además de la narración.
Un paso entre el mar y la montaña
Las Termópilas, que significa «puertas calientes» por las fuentes termales cercanas, eran un paso natural entre el golfo Maliaco y los montes Calidromo. Quien quisiera pasar de Tesalia a la Grecia central tenía que atravesar ese corredor, a no ser que tomara rutas de montaña mucho más largas. Por eso el paso tenía un valor estratégico enorme, tanto en la Antigüedad como en las guerras posteriores.
El aspecto del lugar en 480 a.C. no coincide con el actual. Los geólogos han estudiado la evolución de la costa y han concluido que la línea de mar se ha desplazado varios kilómetros desde entonces, por el depósito de sedimentos que arrastran los ríos. La llanura que hoy se extiende hacia el mar era entonces un espacio mucho más estrecho.
Las estimaciones sobre la anchura del paso varían mucho. Algunas investigaciones lo sitúan en pocas decenas de metros, mientras que otras proponen una franja de algo menos de cien metros en el punto más estrecho. Hay acuerdo, en cambio, en que era un lugar donde pocos hombres podían bloquear el paso de muchos, siempre que el flanco montañoso no fuera rodeado.
Esa geografía explica la decisión griega. Un ejército que sostuviera el paso frenaba al enemigo sin necesidad de combatir en campo abierto, donde la caballería y el número de los persas habrían sido decisivos, pero la misma geografía creaba una vulnerabilidad: la montaña tenía senderos y cualquiera que los conociera podía usarlos.
Los griegos que llegaron a la garganta
Heródoto ofrece la lista de contingentes más detallada que tenemos. Los griegos sumaban unos 7.000 hombres, aunque la cifra exacta depende de cómo se cuenten los auxiliares. Entre ellos había 300 espartanos, 700 tespios y 400 tebanos, además de tropas de Tegea, Mantinea, Orcómenos, Fliunte, Micenas, Corinto, Fócide y los locrios de Opunte.
Los espartanos no llegaron por propia voluntad de defender Grecia central sin más. Heródoto explica que el grueso del ejército espartano se retrasaba por una festividad religiosa y que por eso Leónidas partió con un contingente reducido, formado por los 300 hombres elegidos por ley y por algunos que tenían hijos vivos, para que su muerte no dejara la casa sin descendencia. Esa elección ha sido interpretada como una decisión política y como un gesto simbólico y las fuentes la presentan así.
Los fócidos tenían un papel distinto: se les asignó la defensa de un camino de montaña que llevaba a la retaguardia del paso, pero no lo vigilaron con la atención necesaria y Heródoto dice que se dejaron sorprender al final. Esa falta de vigilancia es uno de los puntos débiles del movimiento y los historiadores lo discuten con frecuencia.
La presencia de los tebanos es otro punto controvertido. Heródoto afirma que los griegos los retuvieron por la fuerza, en parte por sospechas de que apoyaban a los persas. Cuando el paso cayó, los tebanos se rindieron, mientras que tespios y espartanos resistieron hasta el final.
Los dos primeros días: la resistencia
Jerjes esperó varios días antes de atacar. Heródoto cuenta que el rey tardó en creer que los griegos resistirían y que envió primero a los medos, después a unidades de élite persas conocidas como los «inmortales». El relato sugiere que el monarca no imaginaba que una fuerza tan pequeña pudiera aguantar tanto.
Las primeras cargas fracasaron. El terreno obligaba a los atacantes a avanzar en columnas estrechas, lo que anulaba buena parte de su superioridad numérica. Los hoplitas griegos, con sus escudos y sus lanzas, mantenían la línea en el paso y cada avance persa dejaba muertos en el suelo. Heródoto describe la lucha con el detalle de quien conoce las historias de los supervivientes y menciona episodios como el de los persas que caían al mar al retroceder.
El segundo día repitió el patrón. Los griegos se relevaban por turnos, según Heródoto, para que los hombres descansaran y no se agotaran por completo. Esa organización disciplinada impresionó a los observadores de la época y explica en parte por qué la posición resistió tanto.
La resistencia no evitó el desgaste. Los griegos sufrían bajas y el número de hombres en la línea se reducía, pero el dato más relevante es que el ataque frontal no había logrado romper el paso. Jerjes tenía una ventaja numérica enorme, pero no podía utilizarla en el espacio disponible.
Efialtes y el sendero del Anopea
El tercer día cambió todo. Heródoto cuenta que un hombre de la zona, Efialtes, hijo de Eurídemo, se presentó ante Jerjes para ofrecerle un camino por la montaña que llevaba al interior del paso. Su motivo era la recompensa, un premio que el rey le habría prometido. El historiador lo describe como un hombre malio, es decir, de la región de Maliade, aunque la tradición posterior lo llama a veces «de Traquis», el pueblo cercano.
Ese sendero, el de Anopea, bordeaba la montaña por encima del paso. Según Heródoto, los inmortales, bajo el mando de Hidarnes, lo recorrieron de noche. La marcha no era fácil, pero tampoco imposible para unidades entrenadas que conocían al guía.
Los griegos que vigilaban el camino no lo impidieron. Los fócidos apostados allí fueron sorprendidos y la noticia del ataque por la retaguardia llegó al resto de la posición cuando ya era tarde. Heródoto insiste en la importancia de Efialtes: sin él, sostiene, el paso habría resistido más tiempo.
Esa afirmación es uno de los puntos más debatidos del relato. Los historiadores no saben con certeza si el sendero era conocido por los persas antes de la llegada de Efialtes, ni si la vigilancia griega fue tan débil como la describe la fuente. Heródoto escribe desde una posición partidaria de Esparta y tiende a explicar la derrota por factores concretos y personales, como la traición de un individuo.
Leónidas, la decisión y los que se quedaron
Cuando Leónidas supo que el camino había sido descubierto, tomó una decisión que las fuentes presentan con gravedad. Heródoto dice que despidió a la mayor parte de los aliados, para que no murieran sin necesidad y que se quedó con los espartanos, los tespios que decidieron no marcharse y los tebanos, que permanecían retenidos.
El historiador ofrece dos explicaciones para esa elección. La primera es el oráculo de Delfos, que había anunciado que Esparta caería si no perdía a uno de sus reyes en la guerra. La segunda es el honor: los espartanos no podían retirarse sin deshonrar a su ciudad. Ambas explicaciones aparecen en el relato y los historiadores han debatido cuánto peso tuvo cada una.
La presencia de los tespios merece atención aparte. Heródoto cuenta que se quedaron por voluntad propia y que no aceptaron marcharse aunque se les dio la opción. Ese relato ha sido recibido con admiración y en los monumentos modernos se les rinde homenaje junto a los espartanos.
Los tebanos, en cambio, tomaron otro camino. Según Heródoto, se rindieron cuando el combate se volvió imposible y fueron tomados como prisioneros. La diferencia de comportamiento entre tespios y tebanos marca uno de los contrastes más llamativos del relato.
La última resistencia y la muerte de Leónidas
La narración de la última fase se apoya en Heródoto, que la describe con detalle. Según el historiador, los griegos que quedaban salieron del paso hacia un terreno más abierto, donde combatieron contra persas que los rodeaban por todas partes. Leónidas murió en la lucha y los espartanos que lo acompañaban lucharon en torno a su cuerpo para evitar que los persas lo capturaran.
Heródoto dice que los persas consiguieron el cadáver de Leónidas tras una batalla dura. Después lo decapitaron y lo crucificaron, un trato que el historiador considera poco habitual, porque los persas solían respetar a los guerreros valientes. Esta parte del relato es una de las más discutidas y algunos autores piensan que puede reflejar la visión griega de la crueldad persa más que un hecho documentado.
Las fuentes coinciden en que murieron todos los espartanos, con la excepción de algunos que habían sido enviados como mensajeros o que se encontraban en otro lugar. Heródoto cuenta que dos espartanos no participaron en el último combate. Uno de ellos, Éurito, estaba ciego y pidió que lo llevaran al campo de batalla, donde murió. El otro, Aristódemo, regresó a Esparta y fue deshonrado por ello. El relato de esos supervivientes ha sido objeto de interpretaciones distintas y conviene leerlo con cautela.
Los restos de Leónidas fueron llevados a Esparta, según Heródoto y enterrados allí. Por eso el monumento moderno que se levanta en el lugar no es su tumba, sino un homenaje.

Cifras que conviene separar
Heródoto cifra en millones los hombres del ejército de Jerjes, una cifra que no puede ser correcta: ningún sistema logístico de la época podía abastecer a un ejército semejante. Las estimaciones modernas oscilan entre unos 70.000 y 300.000 combatientes, según las hipótesis sobre abastecimiento, velocidad de marcha y auxiliares. Dentro de esa horquilla, la mayoría de los especialistas se sitúa entre 100.000 y 200.000 hombres.
Para los griegos, la cifra más citada es de unos 7.000 hombres, pero no todos eran hoplitas de primera línea. Algunos llegaron después y otros se marcharon antes de la batalla decisiva. Por eso el número efectivo que combatió en los últimos días es menor.
Las bajas persas son otro dato difícil de verificar. Heródoto habla de unos 20.000 muertos, cifra que muchos historiadores consideran exagerada. Las estimaciones modernas son más moderadas, aunque la pérdida persa fue alta, sobre todo en los dos primeros días. Lo que sí parece claro es que el paso costó a Jerjes un número considerable de hombres, algunos de su guardia de élite.
Por qué la batalla importa para la guerra
Las Termópilas no detuvieron la invasión persa y Jerjes siguió hacia Atenas, que fue evacuada y saqueada. Lo que sí hizo la batalla fue ganar tiempo para que la flota griega se preparara en el estrecho de Artemisio y, sobre todo, para que las ciudades se organizaran para la defensa.
Ese tiempo fue decisivo. En Salamina, a finales de septiembre de 480 a.C., la flota griega derrotó a la persa en un estrecho donde la superioridad numérica no servía de nada. Temístocles había preparado esa estrategia en paralelo a la resistencia terrestre y las dos decisiones se explican entre sí.
Las Termópilas también fijaron una imagen que ha durado siglos. Heródoto presentó a los espartanos como hombres que aceptaron la muerte antes que la derrota y esa imagen se convirtió en un modelo de virtud cívica. El relato se transmitió en la Antigüedad, se reinterpretó en el Renacimiento y en la Ilustración y llegó hasta el arte del siglo XIX, con la conocida pintura de Jacques-Louis David sobre Leónidas.
Memoria, monumentos y cine
Heródoto menciona un monumento en el lugar, un león de piedra que se erigió en honor de Leónidas. El león no ha sobrevivido y lo que se conserva en el sitio actual es una reconstrucción posterior. Heródoto también transmite una inscripción dedicada a los caídos, de estilo lacónico, que los griegos recordaron como ejemplo de concisión. Su atribución es discutida y conviene verificar el texto en la edición de referencia antes de citarlo.
En el siglo XX, el lugar se convirtió en un símbolo nacional en Grecia. Se levantó un monumento moderno que recuerda a los caídos y se organizan conmemoraciones periódicas. La película 300 (2006), basada en el cómic de Frank Miller, popularizó la imagen de los espartanos como guerreros casi míticos. La película altera muchos detalles, pero explica por qué la batalla sigue presente en la cultura popular.
Tabla de datos clave
| Dato | Información | Fuente principal |
|---|---|---|
| Fecha | Finales de verano de 480 a.C. | Heródoto y cronología moderna |
| Lugar | Paso entre el golfo Maliaco y los montes Calidromo | Geografía histórica |
| Fuerzas griegas | Unos 7.000 hombres | Heródoto y estimaciones modernas |
| Espartanos | 300 | Heródoto |
| Tespios | 700 | Heródoto |
| Tebanos | 400, retenidos y rendidos | Heródoto |
| Ejército persa | Estimaciones entre 70.000 y 300.000 | Cálculos modernos (Heródoto da cifras imposibles) |
| Traidor | Efialtes, hijo de Eurídemo | Heródoto |
| Bajas persas | Heródoto da unos 20.000 (cifra discutida) | Heródoto |
| Resultado | Victoria persa en el paso, con ruptura de la defensa | Heródoto |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Heródoto. Historias, libro VII, capítulos 201 a 239.
- Diodoro Sículo. Biblioteca histórica, libro XI, sobre la batalla de las Termópilas.
- Plutarco. Vidas paralelas, vida de Temístocles y pasajes sobre Leónidas en sus obras morales.
- Esquilo. Los persas, para la perspectiva persa de la derrota en Grecia.
Bibliografía:
- Briant, Pierre. Historia del Imperio persa.
- Holland, Tom. Persian Fire: The First World Empire and the Battle for the West. Little, Brown, 2005.
- Green, Peter. The Greco-Persian Wars. University of California Press, 1996.
- Lazenby, John F. The Defence of Greece 490-479 BC. Aris & Phillips, 1993.
- Kraft, John C. y otros. Estudio geológico sobre la costa de las Termópilas. Journal of Field Archaeology 14, 1987, pp. 181-197.
- van Wees, Hans. Greek Warfare: Myths and Realities. Duckworth, 2004.
- Hanson, Victor Davis. The Western Way of War: Infantry Battle in Classical Greece. University of California Press, 1989.
Recursos digitales:
- Perseus Digital Library, Tufts University. Textos griegos y latinos con traducción inglesa.
- Ministerio de Cultura de Grecia. Proyecto «2500 años de la batalla de Salamina» y materiales sobre Maratón y Termópilas.
- Livius. Fuentes de Heródoto sobre las Termópilas.
Preguntas frecuentes sobre la batalla de las Termópilas
¿Cuántos hombres lucharon realmente en las Termópilas?
Los griegos sumaban unos siete mil hombres en total, según Heródoto y las estimaciones que se apoyan en él. Pero no todos estaban en el paso al mismo tiempo, y muchos se retiraron antes de la batalla decisiva. En los últimos días, el número de combatientes era mucho menor. Las cifras persas son más difíciles de precisar, y las estimaciones modernas van desde unos setenta mil hasta trescientos mil hombres, con la mayoría de los especialistas entre cien mil y doscientos mil.
¿Eran los trescientos espartanos todos los que combatieron?
No. Eran los trescientos espartanos de la élite que Leónidas llevó consigo, pero el ejército incluía tespios, tebanos, fócidos, corintios, arcadios, micénicos y otros. Algunos historiadores piensan que también hubo ilotas y otros combatientes de apoyo, aunque Heródoto no los menciona de forma detallada. La imagen de los trescientos solos es, en parte, una simplificación que el relato popular ha consolidado.
¿Por qué Leónidas se quedó si sabía que iba a morir?
Heródoto ofrece dos explicaciones. La primera es el oráculo de Delfos, que anunció que Esparta solo podía salvarse si perdía a uno de sus reyes. La segunda es el honor: los espartanos no podían retirarse sin deshonrar a la ciudad. Los historiadores discuten el peso de cada motivo, y es probable que se combinaran con cálculos militares, como cubrir la retirada de los demás.
¿Quién fue Efialtes y por qué traicionó a los griegos?
Efialtes era un habitante de la zona, hijo de Eurídemo. Heródoto dice que se presentó ante Jerjes para ofrecer el sendero de montaña a cambio de una recompensa. Después fue asesinado en otra ocasión, por motivos que el historiador no vincula con la batalla. La tradición posterior lo llama «de Traquis», y el relato de su traición se ha convertido en símbolo de la deslealtad.
¿Qué pasó con los tebanos?
Heródoto cuenta que los griegos los retuvieron por la fuerza, en parte por sospechas de colaboración con los persas. Cuando el paso cayó, se rindieron y fueron tomados como prisioneros. La versión de los tebanos ha sido objeto de debate, porque la narración de Heródoto tiene un tono hostil hacia ellos, y los historiadores la consideran parcial.
¿Es verdad que los persas crucificaron el cuerpo de Leónidas?
Heródoto lo cuenta, pero el relato es discutido. El historiador dice que los persas decapitaron y crucificaron el cuerpo, un trato que considera inusual porque los persas solían respetar a los guerreros valientes. Algunos autores lo leen como una imagen de la crueldad persa construida desde el lado griego. La fuente es la única que tenemos para este detalle.
¿Las Termópilas detuvieron la invasión persa?
No. Jerjes siguió hacia Atenas, que fue evacuada y saqueada. Lo que hizo la batalla fue ganar tiempo para que la flota griega se preparara en el estrecho de Artemisio, y para que las ciudades se organizaran. La victoria de Salamina, en septiembre de 480 a.C., fue la que cambió el curso de la guerra. Las Termópilas tienen más peso como símbolo y como episodio de resistencia que como derrota definitiva del ejército persa.
¿Dónde puedo seguir leyendo sobre el tema?
El texto básico es el libro VII de Heródoto, en su edición en español de la editorial Gredos. Para el contexto general, conviene leer la guía de las guerras médicas y el satélite sobre Maratón, que explica la primera fase del conflicto. Después, el lector puede seguir con Salamina y con la figura de Temístocles. Entre los estudios modernos, la obra de Peter Green sobre las guerras greco-pérsicas ofrece un análisis muy completo del episodio.









