Hallan restos de un guerrero de hace 1.500 años con una cirugía en el cráneo

guerrero con cirugia craneal
En la imagen, cráneo del soldado con el orificio de la cirugía. Crédito: Archaeopress

Un grupo de arqueólogos descubrió en Paliokastro, en la isla griega de Tasos, los restos de un guerrero de alto rango que presentaba en el cráneo unos orificios causados por una intervención quirúrgica a la que se sometió hace 1.500 años, según explica un libro publicado recientemente por Archaeopress.

Los expertos creen que “un médico militar altamente calificadollevó a cabo una intervención quirúrgica en cabeza y cuello que catalogan de “compleja y extraordinaria”, con el objetivo de resolver una infección severa del oído medio y, de esa forma, salvar la vida al guerrero.

¿Por qué operaron al soldado?

Se cree que el soldado recibió un golpe en la cabeza que le rompió el tímpano y le causó una infección.

Con el objetivo de aliviar la presión, el dolor y posibles derrames, el médico le practicó cuidadosamente agujeros de unos 9 milímetros de ancho en distintos huesos del cráneo varios, algunos de ellos “casi perfectos”.

Pese a la precisión de la cirugía, el hombre falleció durante o poco después de la operación debido a la infección.

“La operación quirúrgica es la más compleja que he visto en mis 40 años de trabajo con materiales antropológicos”, explicó Anagnostis Agelarakis, antropólogo de la Universidad de Adelphi y director de la investigación.

Asimismo, el experto hace hincapié en que la operación del mastoideo, hueso situado detrás de la oreja, fue “increíble” teniendo en cuenta que no existían antibióticos ni disponían de las herramientas de hoy en día.

¿Quién era el soldado?

Agelarakis cree que el guerrero debió ser una persona muy importante, porque se le practicó una cirugía de lo más compleja pese a que no tenían muchas esperanzas de que resultara exitosa.

El hombre fue uno de los diez individuos que encontraron en Paliokastro, todos ellos enterrados a partir del siglo IV d. C. También se hallaron cinco hombres, de entre 35 y 60 años, y cuatro mujeres, una de ellas adolescente.

Todos presentaban signos de constitución robusta, probablemente por haber realizado “acciones de carga física repetitivas” o manejar armas tales como lanzas y espadas.

Curiosamente, muchos de ellos presentaban varias lesiones, incluidas fracturas graves de brazos y piernas, que Agelarakis cree que el mismo médico habría tratado y curado lo suficientemente bien como para que los individuos recuperaran el uso completo de sus extremidades.

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