La Revolución de 1820 en Italia

Siguiendo el ejemplo de todo lo que sucedió en España, en Italia hubo una situación parecida. Aunque no existía el “Reino de Italia” como tal, sí que hubo dos grandes reinos que participaron en las Revoluciones de 1820: el Reino de Nápoles y el Reino de Piamonte. Sin embargo, la mayoría de los movimientos revolucionarios fueron impulsados por sociedades secretas, como la carbonería.

El Reino de Nápoles, también conocido como el de las “Dos Sicilias”, era el que más terreno abarcaba de todos los reinos de la península itálica y el más absolutista. Estaba gobernado por la casa de los Borbones, firmes defensores de este sistema autoritario. Pero la población no estaba de acuerdo con el mantenimiento de este sistema.

Al ver que los españoles se alzaban en armas contra la monarquía absoluta, los liberales del Reino de Nápoles entendieron que otra realidad era posible. Por eso, mediante las sociedades secretas que proliferaban en la época, se instigaron varias protestas.

En julio de 1820, estalló una revuelta en la ciudad de Nápoles. El alzamiento había sido preparado por los carbonarios, un grupo nacionalista italiano y liberal liderado por Guglielmo Pepe, quien tenía como objetivo la unificación de la península itálica. El movimiento fue un éxito y Fernando I se vio obligado a firmar la Constitución que le propusieron los sublevados. Se trataba de una carta magna muy similar a la Constitución Española de 1812.

El Reino de Piamonte también fue uno de los más afectados, puesto que se encontraba en el epicentro del nacionalismo italiano. Estaba controlado por Víctor Manuel I, miembro de la Casa de Saboya y defensor del Antiguo Régimen. El monarca llevaba en el trono sólo 6 años, ya que regresó a Turín en 1814 debido a la derrota de Napoleón.

Desde su retorno, varias facciones dentro del país abogaban por realizar una unificación de todos los reinos italianos. La inestable situación de su vecino, el Reino de Nápoles, provocó que los carbonarios dentro de Piamonte se sublevaran en marzo de 1821.

El rey Víctor Manuel I, incapaz de controlar la situación, abdicó en su hermano Carlos Félix. El nuevo monarca firmó la constitución que elaboraron los sublevados liberales y así comenzó la breve etapa liberal dentro del Reino de Piamonte.

Ambas revueltas, la de Nápoles y la de Piamonte acabaron por fracasar debido a la intervención extranjera. De forma muy similar a lo sucedido en España, los líderes absolutistas se reunieron primero en el Congreso de Troppau y, posteriormente, en el Congreso de Laibach para finiquitar las aspiraciones liberales de Nápoles y Piamonte, respectivamente. En el caso de Nápoles, fue el rey Fernando I quien se dirigió a la Santa Alianza en busca de ayuda. Algo muy parecido a lo sucedido con Fernando VII con el Congreso de Verona.

Sin embargo, el fin de las revueltas no fue sino el comienzo de las ansias nacionalistas dentro de Italia. La población de los distintos reinos tenía una conciencia de pertenecer a una nación común, por lo que no tardaría en venirse abajo el sistema artificial fijado por las potencias absolutistas extranjeras. Fue una cuestión de tiempo.

Apasionado por la Historia, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Desde pequeño le encantaba la Historia y acabó por explorar sobre todo los siglos XVIII, XIX y XX.

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