Un niño de tres años descubre un valioso medallón de 1.500 años de antigüedad

En mayo de 2009, James Hyatt que contaba por aquel entonces tan sólo con tres años de vida, descubrió con el detector de metales de su abuelo un medallón grabado de más de 1500 años de antigüedad enterrado en un campo de Hockley en Essex (al este de Londres), y que tras una exhaustiva investigación forense ha sido declarado tesoro oficial de acuerdo a la Ley de 1996 del Tesoro en Reino Unido.

Medallón medieval encontrado por un niño en Gran Bretaña
Anverso del medallón medieval encontrado por un niño en Gran Bretaña

Cuando el hallazgo se hizo público en 2010, hubo mucha expectación ante cuál sería la cuantía que estimarían para tan rara joya, que en un principio parecía valer millones de libras. Todas estas especulaciones se quedaron en el aire, ya que el precio que finalmente se fijó resultó ser mucho menor que el esperado.

El Museo Británico adquirió el tesoro por 70.000, un total que se ha divido entre la familia Hyatt y el propietario de los terrenos donde fue encontrado el medallón. Sin embargo, el valor por el que ha sido tasado no hace justicia a su importancia histórica, que es lo que realmente ha tenido en cuenta el Museo Británico al exhibirlo en su Galería Medieval.

En el anverso del colgante con forma de rombo, está grabada una imagen de un santo femenino, probablemente Santa Elena (madre del emperador Constantino I el Grande), sosteniendo una gran cruz de madera. La figura camina sobre un suelo adoquinado y a sus lados se pueden observar unos motivos florales.

Asimismo en el reverso de la medalla, se presenta una lluvia de lágrimas de sangre que se resbalan de cinco heridas abiertas, cuatro en sendas esquinas y la quinta y última en el corazón, simbolizando las cinco llagas de Cristo en la cruz. Dada la imaginería del colgante, probablemente su contenido fue creado para representar uno de los pasajes que tuvieron lugar en la expedición que realizó la emperatriz Elena a Tierra Santa en busca de la Vera Cruz.

Cuenta la leyenda, que a sus ochenta años de edad la emperatriz emprendió un viaje a Jerusalén para encontrar el sagrado leño donde murió El Salvador. Después de preguntar a los judíos más sabios de la ciudad, todos coincidieron en que la cruz debía hallarse en el mismo lugar donde Jesucristo había sido crucificado, y ayudada de unas tropas romanas consiguió llegar hasta allí. Al excavar el terreno, la emperatriz encontró tres cruces: la de Jesucristo y la de los otros dos ladrones que habían sido alzados junto a él.

Medallón medieval
Reverso del medallón medieval

Ante la imposibilidad de distinguir cuál de las tres cruces era la verdadera, Elena iluminada por el buen juicio de San Macario, obispo de Jerusalén, mandó llamar a una humilde mujer gravemente enferma. El obispo fue tocando la cabeza de la moribunda con cada uno de los maderos. Los dos primeros no surtieron ningún efecto en ella, pero el último hizo que volviera a recobrar las fuerzas y que su salud mejorara milagrosamente.

Retomando el tema que nos ocupa, en los cantos de la medalla se pueden leer inscritos los nombres de los tres Reyes Magos: Iaspar (Gaspar), Melcior (Melchor) y Baltasar (Baltasar). En el cuarto lateral, se aprecia un tallado floral como los que envolvían la imagen de Santa Elena en la parte delantera de la medalla.

El colgante mide 2,5 cm de ancho y 3,3 cm de largo, unas características que hacen de esta decoración más inusual y difícil de haber sido elaborada. Los expertos piensan que seguramente, los grabados fueron esmaltados cuando la pieza aún era nueva. De lo que si están convencidos, es que únicamente las personas con grandes fortunas podrían haberse permitido costarse un símbolo tan devoto de su fe en una época como la Edad Media.