Viajar a Abu Simbel, un destino mágico

Abu Simbel es uno de los destinos más turísticos del Antiguo Egipto, visita obligada para quienes planean un viaje al país de los faraones.

En el Imperio Nuevo de Egipto, los reyes erigieron templos rupestres en las zonas desérticas a ambos lados del Nilo, especialmente en Nubia, donde destaca el culto a los dioses egipcios. Ramsés II es el claro ejemplo, como constructor de seis templos durante el Período Ramésida: Beit el-Wali, el templo de ed-Derr, Gerf Hussein (sumergido bajos las aguas del río Nasser) y Wadi es-Sebua. Pero es en Abu Simbel donde esta arquitectura alcanza su máximo apogeo, donde apreciamos la importante belleza que adquiere el culto a los dioses.

Abu Simbel está situado en Nubia, al sur de Egipto, muy cerca de su emplazamiento original (ya que en 1968 tuvo que trasladarse necesariamente para no quedar sumergido por la presa de Asuán que contiene las aguas del Nilo). Debemos destacar la gran imaginación de su joven diseñador: el antes mencionado Ramsés II, que no tenía ni 15 años cuando ordenó su construcción.

Abu Simbel consta de dos templos: el templo mayor y el templo menor. El templo menor está dedicado a la reina Nefertari con calidad de diosa Hathor, amada del rey y madre de los príncipes y princesas. El templo mayor, representa el culto a los dioses Amón, Re-Harakhte y Ptah junto a Ramsés II deificado.

Éste gran templo mayor consta de una fachada dominada por cuatro grandiosas estatuas de 22 metros de altura que representan a Ramsés II como “Sol de los monarcas”, “Monarca de las Dos Tierras”, “Ramsés amado por Amón” y “Ramsés amado por Atón”. Incluye dos salas con pilares del monarca divinificado (salas de aparición y de ofrendas) que se van estrechando hacia el oeste y reduciéndose hasta llegar al sancta sanctorum o santuario: es aquí dónde encontramos la denominada “Maravilla de Abu Simbel”.

En este pequeño santuario encontramos acomodadas las estatuas de Ramsés II, representado como una divinidad más, junto a los tres grandes dioses del Período Ramésida (descritos anteriormente; Ptah, Amón-Re y Re-Harakhte).

Ahora bien, llamamos la “Maravilla de Abu Simbel” al acontecimiento que se produce dos veces al año debido a la orientación del templo, con tal suerte que: el 20 de febrero y el 20 de octubre, es decir, en los equinoccios (días del año en que el día y la noche tienen la misma duración) los rayos de sol naciente alumbran por breves instantes el santuario situado al fondo del templo, iluminando todas las estatuas presentes excepto la del dios Ptah, que permanece en la sombra, suponemos que por su relación con el inframundo.

Además, estas dos fechas mencionadas coinciden curiosamente con el día del cumpleaños y el día de la coronación del monarca que mandó construir tal grandeza, fenómeno que aunque no se haya podido demostrar como tal, supone un gran reclamo turístico y publicitario en la actualidad, siendo un destino de viajes muy habitual entre quienes viajan a Egipto.

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