Víctor Hugo, el gran dramaturgo francés

Víctor Hugo fue uno de los escritores más importantes de la literatura francesa y el máximo exponente del Romanticismo. Participó de forma activa en la política y, como dramaturgo, tocó todos los géneros. Ampliamente reconocido por la sociedad de la época, fue el artífice de obras que aún se siguen exhibiendo en nuestros teatros hoy en día.

Nació el 26 de febrero en Besançon (Francia) en el seno de una familia de clase alta. Su padre fue general del Imperio Francés, por lo que gozaban de una gran reputación. Víctor Hugo pasó su infancia en París, aunque alternaba épocas en las que viajaba con su padre a Nápoles y a España. En 1811, se trasladó a Madrid, donde un ingresó en un internado, hasta que dos años más tarde regresó a París.

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En este momento es cuando el joven Víctor Hugo empezó a componer algunos versos. De una forma completamente autodidacta fue capaz de aprender a utilizar la rima y la medida, hasta que es capaz de hacer sus “Cahiers de vers français”, inspirándose en Cahteaubriand. A los quince años de edad, obtuvo una mención de la Academia Francesa y, a los diecisiete, el máximo galardón en los Juegos Florales de Toulouse.

Su primera obra se publicó en 1822, bajo el título “Odas y poesías diversas”. Esta obra fue la que comenzó a darle la consideración de ser una de las figuras axiales del movimiento romántico, teoría que corroboró al colaborar en “La muse française” entre 1823 y 1824. No obstante, la adhesión plena a los ideales de la nueva generación llegó con su drama en verso “Cromwell” en 1827. El prefacio de esta obra es considerado por los historiadores como el primer gran manifiesto del romanticismo francés, ya que dice contiene la frase: “En favor de la libertad del arte contra el despotismo de los sistemas, códigos y reglas”.

Antes de su gran obra romántica, ya habían aparecido sus “Nuevas odas” en 1823, sus “Baladas” en 1826, así como las novelas “Han de Islandia” y Bug-Jargal. Pero a partir de los años siguientes, su vida personal entró en caída libre. Víctor Hugo fue testigo de una aguda crisis matrimonial con Adèle Fouchet, así que acabó cayendo en manos de su asistente, Juliette Drouet.

Podría parecer que esta época fue terrible para el dramaturgo, pero lo cierto es que surgieron una serie de obras capitales que aumentarían su prestigio y reconocimiento. Entre ellas se encuentran las recopilaciones poéticas “Las Orientales” en 1829, “Las hojas de otoño” en 1831 y “Los cantos del crepúsculo” en 1835. Además, a esto hay que sumar la profundización que Víctor Hugo hizo en el género de los dramas históricos, como por ejemplo, “Marion Delorme” en 1831, “Lucrecia Borgia” en 1833 y “Hernani” en 1830.

Este título estaba ambientado en la España de principios del siglo XVI y tenía como protagonista a la llamada “Batalla de Hernani”, en la que se enfrentaban el público conservador de la comedia francesa y los jóvenes románticos encabezados por Théophile Gautier. El mundo de la novela también se benefició de la inspiración de Víctor Hugo y contó con la célebre “Nuestra Señora de París” en 1831. Se trataba de una tragedia que estaba dominada, al igual que muchas de sus obras, por la idea de la fatalidad.

A este periodo de grandes obras, le siguió uno de estancamiento en la vida del escritor, quien centró su atención en la vida política y mundana. Entro dentro de las cortes, apoyando al grupo de liberales que se enfrentaron a Carlos X, dando lugar a la Revolución de París de 1830. Unos años más tarde, en 1845, fue nombrado par de Francia por Luis Felipe de Orleans. Sus publicaciones durante este tiempo son bastante escasas, pero publicó las cartas descriptivas de “El Rin” en 1842 y el drama “Los burgraves” en 1843.

Tras un viraje decisivo en su ideología política, se adhirió a la causa republicana en el momento en el que la República Francesa se estaba hundiendo. Este hecho fue el detonante de que en enero de 1852 fuera incluido en la lista de los proscritos por Napoleón III, lo que le obligó a exiliarse en Bruselas, Jersey y Guernesey, sucesivamente, no volviendo a Francia hasta septiembre de 1870, después de diecinueve años de destierro. Fue la época en la que realizó la afirmación de su genio y en la que su obra adquirió una mayor profundidad y una decidida voluntad de testimonio.

Contra Luis Napoleón dirigió el panfleto “Napoleón, el pequeño” en 1852 y las sátiras de “Los Castigos” en 1853. Sus tres libros de poemas siguientes representaron la culminación de su participación en este género. El primero fue “Las contemplaciones” en 1856; el segundo, su monumental ciclo de proyección histórico-mítica “La leyenda de los siglos”, que publicó en 1859, 1877 y 1883; y el tercero, las “Canciones de las calles y de los bosques” en 1865. En el ámbito de la novela, otras tres obras ratificaron de forma decisiva su maestría como gran prosista épico: “Los miserables” en 1862, “Los trabajadores del mar” en 1866 y “El hombre que ríe” en 1869.

De nuevo en Francia, en 1871 Víctor Hugo fue elegido diputado de la Asamblea Constituyente y, aunque no aprobó la Comuna, defendió a sus representantes tras la violenta represión que siguió a su derrota. En estos sangrientos sucesos se inspiraron obras como “El año terrible” en 1872 y la novela “El noventa y tres” en 1874, centrada en la Revolución Francesa y las represiones de la Vendée.

La desgracia de su carrera acaeció en julio de 1878, cuando sufrió una congestión cerebral que le impidió prácticamente seguir escribiendo. Intentó realizar más obras, pero fue un trabajo muy difícil. A su muerte, el 22 de mayo de 1885, se celebraron funerales nacionales y fue sepultado en el Panteón. Entre sus títulos póstumos destacan “Cosas vistas”, “Los años funestos” y su “Diario de 1830-1848”.

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Apasionado por la Historia, es licenciado en Periodismo y Comunicación Audiovisual. Desde pequeño le encantaba la Historia y acabó por explorar sobre todo los siglos XVIII, XIX y XX.

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