Entre los centenares de textos apócrifos que circularon en el cristianismo primitivo y medieval, el Evangelio de Nicodemo ocupa un lugar singular. No es uno de los evangelios gnósticos del siglo II que presentan una teología alternativa y heterodoxa. No es un texto marginal conservado en un solo manuscrito. Es, por el contrario, uno de los textos apócrifos más copiados, más traducidos y más influyentes de toda la historia del cristianismo: un texto que aunque nunca entró en el canon bíblico moldeó profundamente la liturgia, el arte, el teatro y la teología medievales, y que contiene la narración más completa y más dramática del descenso de Jesús al inframundo que existe en toda la literatura cristiana antigua.
Su nombre es algo engañoso. El Evangelio de Nicodemo, también conocido como los Hechos de Pilato (Acta Pilati), no es propiamente un evangelio en el sentido canónico: no narra la vida y enseñanzas de Jesús desde el principio sino que se centra en dos episodios específicos. La primera parte desarrolla el juicio, la crucifixión y la resurrección de Jesús desde la perspectiva de los archivos oficiales romanos, con Pilato como figura central. La segunda parte, el Descensus Christi ad Inferos, el descenso de Cristo a los infiernos, narra lo que ocurrió en el inframundo durante los tres días entre la muerte y la resurrección de Jesús, desde la perspectiva de los que estaban dentro esperando.
Es esta segunda parte la que ha tenido mayor impacto histórico y la que convirtió al Evangelio de Nicodemo en uno de los textos más importantes para entender la demonología y la escatología cristiana primitiva y medieval.
Origen, datación y transmisión
La historia del Evangelio de Nicodemo como texto es compleja, porque el documento que conocemos es el resultado de un proceso de composición y revisión que se extendió durante varios siglos.
El núcleo más antiguo: los Hechos de Pilato
El núcleo más antiguo del texto son los Hechos de Pilato propiamente dichos, una narrativa del proceso legal contra Jesús presentada como si fueran los registros oficiales del tribunal romano. Este núcleo puede ser tan antiguo como el siglo II d.C., aunque los especialistas debaten si existe un documento escrito de esa época o si las referencias a los Hechos de Pilato en autores del siglo II, como Justino Mártir, que menciona que los registros del juicio de Jesús están disponibles en los archivos de Tiberio, son meramente retóricas.
Epifanio de Salamina, escribiendo hacia el 376 d.C., menciona una versión de los Hechos de Pilato que habría sido fabricada por los paganos para desprestigiar al cristianismo. El texto que conocemos podría ser una respuesta cristiana a esa fabricación pagana, o podría ser independiente de ella.
La versión griega más completa que poseemos data probablemente del siglo IV o V d.C., aunque puede incorporar materiales de tradiciones más antiguas. Existe también una versión latina, probablemente del siglo V, que fue la más difundida en el Occidente medieval y la que más influyó en el arte y la literatura de ese período.
El nombre «Evangelio de Nicodemo»
El nombre Evangelio de Nicodemo no aparece en los manuscritos más antiguos del texto. Procede de un prólogo que acompaña a algunas versiones medievales del texto, donde se afirma que el texto fue escrito por Nicodemo, el fariseo que visitó a Jesús de noche según el Evangelio de Juan y que junto con José de Arimatea se encargó de su sepultura. Este prólogo es casi con certeza una adición medieval destinada a dotar al texto de mayor autoridad apostólica.
La denominación se generalizó durante la Edad Media y ha persistido hasta hoy como el nombre más conocido del texto, aunque los especialistas modernos prefieren la denominación más neutral de Hechos de Pilato.
La transmisión medieval
El texto fue extraordinariamente popular durante la Edad Media. Se conservan más de 500 manuscritos en latín, griego, copto, siríaco, armenio, georgiano, etíope y otras lenguas, lo que lo convierte en uno de los textos apócrifos mejor conservados. Fue traducido a casi todas las lenguas vernáculas medievales europeas: inglés antiguo, francés antiguo, alemán medieval, castellano medieval e italiano.
Esta enorme difusión es el indicador más claro de su importancia cultural: el Evangelio de Nicodemo no era un texto marginal de interés solo para especialistas sino una obra ampliamente leída, copiada y utilizada en contextos litúrgicos, catequéticos y artísticos.
La primera parte: los Hechos de Pilato
La primera parte del Evangelio de Nicodemo, los Hechos de Pilato propiamente dichos, narra los eventos desde el arresto de Jesús hasta su resurrección, presentados como el registro oficial del proceso legal romano.
El juicio ante Pilato
El texto comienza con la acusación formal de Jesús ante Pilato por parte de los sumos sacerdotes y los ancianos. Los cargos son los habituales: agitación del pueblo, prohibición de pagar tributos al César, afirmación de ser el Hijo de Dios y rey de los judíos.
Pero el Evangelio de Nicodemo añade un elemento que no está en los evangelios canónicos: cuando Jesús entra en el pretorio, los estandartes romanos, las insignias con las imágenes del emperador, se inclinan espontáneamente ante él. Pilato, impresionado, ordena que los portadores de los estandartes los sostengan firmemente, pero vuelven a inclinarse. Este prodigio funciona narrativamente para subrayar la dignidad sobrenatural de Jesús frente a la potencia imperial romana: incluso los símbolos del poder romano reconocen su autoridad.
El testimonio de los curados
Una de las adiciones más llamativas de los Hechos de Pilato es la aparición de testigos de los milagros de Jesús durante el juicio. Un paralítico curado, un ciego que recuperó la vista, una mujer con hemorragia que fue sanada (identificada a veces con la mujer de Mateo 9:20) se presentan ante Pilato para testimoniar a favor de Jesús.
Esta sección tiene un propósito claramente apologético: demostrar que los milagros de Jesús son hechos comprobados con testigos, no fabricaciones de sus seguidores.
La figura de Pilato
En el Evangelio de Nicodemo, Pilato es presentado de forma considerablemente más favorable que en los evangelios canónicos, o más bien, su indecisión y su reconocimiento de la inocencia de Jesús están mucho más desarrollados. El texto sigue la línea de los evangelios canónicos, Pilato declara no encontrar culpa en Jesús, se lava las manos, pero lo desarrolla con mayor detalle y con mayor énfasis en su reconocimiento de la naturaleza extraordinaria del acusado.
Esta tendencia a rehabilitar o al menos a matizar la figura de Pilato es característica de varios textos apócrifos del período y refleja la tendencia del cristianismo primitivo a transferir la responsabilidad de la crucifixión desde Roma hacia los líderes judíos.
La segunda parte: el Descensus Christi ad Inferos
La segunda parte del Evangelio de Nicodemo, el Descensus Christi ad Inferos, es la más influyente y la que más directamente conecta con el cluster de demonología y apocalíptica que hemos construido en este proyecto.
El marco narrativo: Leucio y Carino
El Descensus está enmarcado narrativamente de una forma ingeniosa. Después de la resurrección, los sumos sacerdotes y los ancianos oyen hablar de dos hombres que habían muerto pero que han vuelto a la vida junto con Jesús, una referencia a Mateo 27:52-53, que menciona que muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron. Estos dos resucitados son identificados como Leucio y Carino, hijos del anciano Simeón que sostuvo al niño Jesús en el Templo según el evangelio de Lucas.
Los sumos sacerdotes convocam a Leucio y Carino para que testifiquen sobre lo que vieron en el inframundo. Los dos resucitados piden que se les traiga pergamino y tinta y escriben independientemente el mismo relato, que cuando se comparan resultan ser idénticos. Este recurso de los dos testigos independientes que dan el mismo testimonio es una estrategia apologética clásica: dos testimonios concordantes tienen valor legal en la tradición judía y romana.
La espera en el inframundo
El relato de Leucio y Carino comienza con la descripción del estado de los justos en el inframundo antes de la llegada de Cristo. Están en la oscuridad, en el territorio de las sombras, pero no en sufrimiento activo sino en espera. Entre ellos están Adán, Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas, los profetas.
La atmósfera es de anticipación tensa. Juan el Bautista, decapitado por Herodes y por tanto ya en el inframundo, actúa como precursor también en ese territorio: anuncia a los patriarcas que Cristo está por llegar, exactamente como anunció su llegada a los vivos antes del bautismo. Esta simetría narrativa, Juan como precursor tanto en el mundo de los vivos como en el mundo de los muertos, es uno de los detalles más elegantes del texto.
Isaías reconoce la situación como el cumplimiento de su profecía: «El pueblo que andaba en tinieblas vio una gran luz» (Isaías 9:2). Simeón, el padre de Leucio y Carino, recuerda su profecía sobre el niño Jesús en el Templo. La escena tiene una dimensión de reconocimiento y cumplimiento: todos los que habían profetizado sobre el Mesías ahora ven la promesa a punto de realizarse.
El diálogo entre Satanás y el Hades
Una de las escenas más dramáticas y más influyentes del Descensus es el diálogo entre Satanás y el Hades personificado. El texto personifica al inframundo, el Hades, como una figura que tiene poder sobre su territorio y que puede dialogar con Satanás.
Satanás llega al Hades anunciando que trae a Jesús de Nazaret, que acaba de morir en la cruz. El Hades reacciona con alarma y suspicacia: ha visto el poder de Jesús durante su vida y teme lo que puede hacer en su territorio. El intercambio es extraordinariamente dramático:
Satanás insiste: Jesús ha muerto como un hombre ordinario y por tanto debe descender al inframundo como cualquier otro mortal. El Hades le recuerda que Jesús resucitó a Lázaro después de cuatro días en el sepulcro, que resucitó a la hija de Jairo, que resucitó al hijo de la viuda de Naím. «Si este es tan poderoso en vida, ¿qué hará aquí muerto?»
Este diálogo tiene una función teológica precisa, establece que el descenso de Cristo al inframundo no fue una derrota sino una estrategia deliberada. Satanás engañó para lograr que Cristo muriera, pero al hacerlo introdujo en el inframundo una fuerza que lo destruyó desde dentro. Es el motivo del anzuelo y el pez: Satanás mordió el anzuelo pensando que capturaba a un hombre ordinario y capturó al Hijo de Dios.
La conquista del inframundo
La llegada de Cristo al inframundo es narrada con gran fuerza dramática. Una voz de trueno llena el territorio de la muerte:
Príncipes, abrid vuestras puertas; y alzaos, puertas eternas, y entrará el Rey de la Gloria.
Es la cita del Salmo 24:7-10, interpretado como profecía del descenso victorioso de Cristo. El Hades pregunta: «¿Quién es este Rey de la Gloria?» La voz responde: «El Señor fuerte y poderoso, el Señor poderoso en batalla.»
Las puertas de bronce se rompen, las barras de hierro se quiebran y los ceños y las cadenas de hierro del inframundo se destruyen. Toda la oscuridad del inframundo es iluminada. Cristo entra victorioso, pisoteando la muerte bajo sus pies.
Satanás es encadenado y entregado al Hades, que lo recibe con amargura: «¿Por qué hiciste esto? Trajiste a este hombre a mi territorio y ahora ha destruido todo mi poder.» El texto invierte la relación entre Satanás y el Hades: si Satanás pensaba usar el inframundo como instrumento de su victoria, el Hades ahora lo recibe como prisionero.
La liberación de los justos
Cristo extiende su mano derecha a Adán, el primero de los muertos y lo levanta. La imagen es directamente paralela a la iconografía de la Anastasis bizantina: Cristo tomando a Adán de la muñeca y sacándolo del sepulcro. Con Adán salen Eva y todos los patriarcas, los profetas, los mártires.
El rey David prorrumpe en alabanza: reconoce que sus salmos profetizaban este momento. Los profetas reconocen el cumplimiento de sus oráculos. Juan el Bautista da testimonio de haber anunciado este momento. La escena tiene una dimensión de reconocimiento y completitud: toda la historia del Antiguo Testamento, toda la tradición profética, toda la espera del Sheol culmina en este momento de liberación.
Cristo saca a todos los justos del inframundo y los lleva al paraíso. En el camino encuentran a Enoc y Elías, los dos que no murieron sino que fueron llevados directamente al cielo y al buen ladrón crucificado junto a Jesús, que llegó al paraíso directamente según la promesa de Cristo en la cruz.
La influencia del Evangelio de Nicodemo en la liturgia
La influencia del Evangelio de Nicodemo sobre la liturgia cristiana medieval fue profunda y duradera, especialmente en el contexto de la Semana Santa.
En la liturgia del Sábado Santo, el día entre la muerte y la resurrección, el Descensus proporcionó el marco narrativo para entender ese día de silencio: no es un día vacío sino el día en que Cristo está conquistando el inframundo. Esta interpretación del Sábado Santo como el tiempo del harrowing of hell influyó sobre la espiritualidad y la liturgia medievales.
Los dramas litúrgicos medievales, las primeras formas de teatro en el Occidente cristiano, desarrolladas en el interior de las iglesias como extensión de la liturgia, incluyeron frecuentemente escenas del descenso al inframundo basadas directamente en el Evangelio de Nicodemo. El diálogo entre Cristo y el Hades, la destrucción de las puertas, la liberación de Adán: estas escenas fueron representadas teatralmente en numerosas iglesias europeas entre los siglos X y XV.
La influencia en el arte medieval
Como desarrollamos en el artículo sobre el descenso al inframundo, la iconografía del harrowing of hell fue uno de los temas más representados del arte cristiano medieval y esa iconografía procede directamente del Evangelio de Nicodemo. Los elementos iconográficos canónicos, Cristo con la cruz o el estandarte de la resurrección, las puertas destruidas, Satanás encadenado bajo los pies de Cristo, Adán y Eva como los primeros liberados, corresponden exactamente a los elementos narrativos del Descensus del Evangelio de Nicodemo.
La imagen bizantina de la Anastasis, que en la tradición oriental es la imagen canónica de la Pascua, más central que la crucifixión, muestra a Cristo tomando a Adán y Eva de las muñecas y sacándolos de sus sepulcros, con el Hades vencido bajo sus pies y los patriarcas a los lados. Es la narrativa del Evangelio de Nicodemo convertida en icono.
En el arte occidental, el saqueo del infierno aparece en capiteles románicos, vidrieras góticas, retablos del período tardogótico y pinturas del Renacimiento. Una de las representaciones más conocidas es la del Maestro de las Horas de Rohan (siglo XV) y las numerosas versiones del tema en la escultura de las portadas catedralicias góticas.
El Evangelio de Nicodemo en la literatura medieval
La influencia del Evangelio de Nicodemo en la literatura medieval vernácula fue igualmente enorme. El texto fue adaptado, parafraseado y citado en casi todas las tradiciones literarias europeas.
En la literatura inglesa medieval, el poema alegórico Piers Plowman (siglo XIV) de William Langland incluye una extensa escena del saqueo del infierno basada directamente en el Evangelio de Nicodemo, con el diálogo entre Cristo y el Hades como momento central. Es una de las escenas más dramáticas y más teológicamente ricas de toda la literatura inglesa medieval.
En la literatura francesa medieval, el tema aparece en los misterios de Pascua, obras teatrales extensas sobre la Pasión, que incluían el descenso al inframundo como uno de sus episodios centrales, con diálogos directamente inspirados en el Evangelio de Nicodemo.
En la Divina Comedia de Dante, aunque el Evangelio de Nicodemo no es citado explícitamente, su influencia es perceptible en las referencias al paso de Cristo por el infierno: las puertas destruidas que Dante encuentra, la señal de su presencia en el territorio de la muerte, el recuerdo de los condenados.
El valor histórico del texto
Más allá de su influencia cultural, el Evangelio de Nicodemo tiene valor histórico como documento que refleja las creencias y debates del cristianismo primitivo y medieval.
La elaboración del juicio de Jesús en los Hechos de Pilato refleja los debates apologéticos del cristianismo primitivo sobre la responsabilidad de la crucifixión y sobre la actitud de la autoridad romana hacia Jesús. El desarrollo del papel de Pilato como figura ambivalente que reconoce la inocencia de Jesús pero cede a la presión es coherente con la tendencia general de la apologética cristiana primitiva.
El Descensus refleja la teología del período sobre el estado de los muertos, la naturaleza del inframundo y el alcance de la salvación. El debate implícito sobre si todos los justos del Antiguo Testamento son liberados o solo algunos refleja debates reales de la teología patrística sobre la universalidad de la salvación.
La personificación del Hades como figura que dialoga con Satanás es coherente con la tradición de personificación de las potencias del inframundo que encontramos en la literatura apocalíptica judía: el Hades como equivalente del Sheol, gobernado por potencias sobrenaturales que actúan con cierta autonomía dentro del plan divino.
El Evangelio de Nicodemo y los evangelios canónicos
| Aspecto | Evangelios canónicos | Evangelio de Nicodemo | Diferencia / Adición |
|---|---|---|---|
| Juicio ante Pilato | Narración básica del proceso | Detalle extenso con testigos de milagros y estandartes que se inclinan | Añade prodigios y testimonios apologéticos |
| Figura de Pilato | Ambivalente, se lava las manos | Más explícitamente reconoce la inocencia de Jesús | Rehabilitación parcial de Pilato |
| Resurrección de santos | Mateo 27:52-53 (breve mención) | Leucio y Carino como testigos del inframundo | Desarrolla el episodio con identidades y testimonio |
| Descenso al inframundo | Implícito en 1 Pedro, Efesios | Narración dramática completa con diálogo, conquista y liberación | Narrativa completa inexistente en el canon |
| Satanás y el Hades | No mencionados en contexto del descenso | Diálogo dramático, Satanás encadenado, Hades vencido | Adición demonológica central |
| Liberados del inframundo | No especificado | Adán, Eva, patriarcas, profetas, todos los justos del AT | Especifica quiénes y en qué orden |
| Influencia medieval | Base de toda la tradición | Base iconográfica del harrowing of hell | Complementario al canon en el arte y la liturgia |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Evangelio de Nicodemo / Hechos de Pilato, en Santos Otero, A. de (1956). Los Evangelios Apócrifos. BAC, Madrid.
- Biblia de Jerusalén (ed. 2009): Juan 3:1-21; 7:50-52; 19:39-40; Mateo 27:52-53.
Bibliografía:
- Santos Otero, Aurelio de (1956). Los Evangelios Apócrifos. BAC, Madrid. (Incluye traducción completa)
- Piñero, Antonio; Peláez, Jesús (2003). El Nuevo Testamento: introducción al estudio de los primeros escritos cristianos. El Almendro, Córdoba.
- Moraldi, Luigi (ed.) (1994). Apócrifos del Nuevo Testamento, 2 vols. Sígueme, Salamanca.
- Elliott, J.K. (ed.) (1993). The Apocryphal New Testament. Oxford University Press.
- Schneemelcher, Wilhelm (ed.) (1991). New Testament Apocrypha, vol. I. Westminster John Knox Press.
- MacCulloch, J.A. (1930). The Harrowing of Hell: A Comparative Study of an Early Christian Doctrine. T&T Clark, Edimburgo.
- Izydorczyk, Zbigniew (ed.) (1997). The Medieval Gospel of Nicodemus: Texts, Intertexts, and Contexts in Western Europe. MRTS, Tempe.
Preguntas frecuentes sobre el Evangelio de Nicodemo
¿Qué es el Evangelio de Nicodemo y por qué se llama así?
El Evangelio de Nicodemo —también conocido como los Hechos de Pilato— es un texto apócrifo cristiano que narra el juicio, crucifixión y resurrección de Jesús desde la perspectiva de los archivos oficiales romanos, y el descenso de Cristo al inframundo entre su muerte y su resurrección. El nombre procede de un prólogo medieval que atribuye el texto a Nicodemo, el fariseo del Evangelio de Juan, aunque esta atribución es casi con certeza una adición tardía destinada a dotar al texto de mayor autoridad apostólica. Los especialistas modernos prefieren la denominación Hechos de Pilato.
¿Cuándo fue escrito el Evangelio de Nicodemo?
El proceso de composición fue gradual. El núcleo más antiguo —los Hechos de Pilato— puede remontar al siglo II d.C., aunque las referencias más antiguas son ambiguas. La versión griega más completa data probablemente del siglo IV o V d.C. La versión latina, que fue la más difundida en el Occidente medieval, es probablemente del siglo V. El texto incorpora materiales de distintas épocas y tradiciones, lo que hace difícil asignar una fecha única de composición.
¿Por qué el Evangelio de Nicodemo no está en la Biblia?
El proceso de canonización del Nuevo Testamento se completó esencialmente en el siglo IV d.C. Para ese momento, los criterios principales para la inclusión en el canon eran la apostolicidad —atribución a un apóstol o compañero directo de Jesús—, la antigüedad, la ortodoxia teológica y el uso litúrgico generalizado. El Evangelio de Nicodemo, aunque no es heterodoxo en sus afirmaciones teológicas fundamentales, no cumplía los criterios de apostolicidad y antigüedad de los cuatro evangelios canónicos, y por tanto quedó fuera del canon aunque siguió siendo ampliamente leído y usado.
¿Qué importancia tiene el diálogo entre Satanás y el Hades?
El diálogo entre Satanás y el Hades personificado es uno de los elementos teológicamente más ricos del texto. Establece que el descenso de Cristo al inframundo fue una trampa que se volvió contra Satanás: pensando que lograba la muerte del Hijo de Dios, introdujo en el inframundo una fuerza que lo destruyó desde dentro. El Hades, que recibe a Satanás con amargura después de la conquista de Cristo, invierte la relación de poder: de ser el instrumento de Satanás pasa a ser su carcelero. Este motivo —el cazador cazado, el engañador engañado— es fundamental en la teología de la redención de varios Padres de la Iglesia.
¿Qué relación tiene el Evangelio de Nicodemo con el Credo de los Apóstoles?
La frase del Credo de los Apóstoles «descendió a los infiernos» es teológicamente coherente con el Descensus del Evangelio de Nicodemo y probablemente refleja la misma tradición teológica que ese texto desarrolla narrativamente. El Credo afirma el hecho del descenso; el Evangelio de Nicodemo lo narra con detalle dramático. La relación entre los dos no es de dependencia directa —el Credo es anterior al texto en su forma actual— sino de coherencia dentro de la misma tradición teológica sobre el estado de Cristo entre la muerte y la resurrección.









