Entre los textos de la biblioteca de Nag Hammadi hay uno que los investigadores tardaron en apreciar, porque llegó hasta nosotros en un estado lamentable. El Diálogo del Salvador ocupa las últimas páginas del Códice III, y la mitad inferior de casi todas ellas se ha perdido. Lo que queda es un texto fragmentario, con frases interrumpidas y respuestas que se cortan en mitad de una idea.
A primera vista parece poco más que una curiosidad, pero lo que se conserva es extraordinario. El Diálogo del Salvador presenta una conversación entre el Señor y tres discípulos, Judas, Mateo y María Magdalena, sobre el descanso, la luz, el conocimiento de uno mismo, el cuerpo y la muerte. Muchas de las palabras que pronuncia Jesús tienen paralelos en los evangelios de Mateo y de Juan y en el Evangelio de Tomás, pero con formas distintas y, a veces, más sencillas. Por eso algunos investigadores, como Helmut Koester y Elaine Pagels, han propuesto que el texto conserva tradiciones sobre Jesús muy antiguas, quizá del siglo I, independientes de los evangelios del Nuevo Testamento.
El Diálogo del Salvador es además un texto compuesto. Su redactor unió varias fuentes distintas, un diálogo de preguntas y respuestas, un relato de la creación, una lista de elementos cósmicos y una visión apocalíptica, sin preocuparse demasiado por disimular las costuras. Y le falta lo que caracteriza a casi todos los textos gnósticos: no aparece el Demiurgo, ni la caída de Sofía, ni el mundo de los eones. ¿Es realmente un texto gnóstico o algo anterior?
En el centro del diálogo está María Magdalena. El texto la describe con una frase que se ha hecho célebre: habló como una mujer que había comprendido completamente. Al mismo tiempo, contiene una instrucción de Jesús que parece contradecirla: orad en el lugar donde no hay mujer. Entender esa tensión es una de las claves del texto.
Un texto en ruinas
El Diálogo del Salvador se conserva en una sola copia, el quinto y último tratado del Códice III de Nag Hammadi, el mismo que contiene la Sofía de Jesucristo y una versión del Apócrifo de Juan. Ocupa unas 28 páginas, y está escrito en copto, traducido de un original griego que se ha perdido.
El estado del manuscrito es muy malo. Las páginas tienen grandes lagunas, sobre todo en la parte inferior, de modo que en muchos casos solo se conserva la mitad superior de cada página. Hay pasajes en los que una pregunta queda sin respuesta, o una respuesta empieza sin que sepamos cuál era la pregunta. Los editores han reconstruido algunas palabras por el contexto, pero muchas partes son simplemente ilegibles.
La edición de referencia, publicada en 1984 por Stephen Emmel, incluye una introducción de Helmut Koester y Elaine Pagels que marcó la interpretación posterior del texto. Fueron ellos quienes propusieron que el Diálogo del Salvador era una composición formada a partir de fuentes anteriores y que algunas de esas fuentes eran muy antiguas.
Cuatro textos en uno
Al leer el Diálogo del Salvador se percibe enseguida que no es una obra unitaria. Los cambios de tema, de estilo y de forma son bruscos. Koester y Pagels identificaron al menos cuatro fuentes distintas, unidas por un redactor que añadió un marco general.
La primera y más extensa es un diálogo de preguntas y respuestas entre el Señor y los discípulos, construido en buena parte a partir de dichos de Jesús. Los discípulos plantean una pregunta, a menudo partiendo de una frase de Jesús y el Señor responde con otro dicho o con una explicación. Esta fuente es la que contiene los paralelos con los evangelios.
La segunda es un relato de la creación, basado en los primeros capítulos del Génesis. Describe cómo el Padre, la Palabra, las tinieblas y las aguas dieron origen al mundo. A diferencia del Apócrifo de Juan, no presenta la creación como obra de un dios inferior ni reescribe el Génesis contra Moisés, sino que lo interpreta en la línea de la especulación judía sobre la Sabiduría.
La tercera es una lista cósmica, una enumeración de elementos del universo, como el fuego, el agua, el viento y la tierra, con sus correspondencias. Este tipo de listas era habitual en la literatura sapiencial judía y en los tratados de filosofía natural.
La cuarta es una visión apocalíptica. El Señor toma a Judas, Mateo y María y los lleva hasta el límite del cielo y de la tierra, donde contemplan un abismo y una altura y escuchan una voz. Es una breve escena de viaje visionario, del tipo que aparece en la literatura apocalíptica.
El redactor colocó estas fuentes dentro de un marco: una introducción en la que el Salvador anuncia a los discípulos que ha llegado el momento de abandonar el trabajo y entrar en el descanso, y una serie de diálogos que unen las distintas partes. El resultado es irregular, pero muestra cómo se componían algunos textos cristianos antiguos, combinando materiales de distinto origen.
El descanso
El Diálogo del Salvador empieza con una frase que da el tono de todo el texto. El Salvador dice a sus discípulos que ya ha llegado el momento de abandonar su trabajo y permanecer en el descanso, porque quien permanece en el descanso descansará para siempre.
El descanso es uno de los grandes temas de la espiritualidad cristiana antigua y también de la gnóstica. En la Carta a los Hebreos, el descanso es la tierra prometida espiritual en la que los creyentes entrarán al final de los tiempos. En el Evangelio de Tomás, los discípulos preguntan a Jesús cuándo llegará el descanso de los muertos y él les responde que ya ha llegado, pero no lo conocen. En el Evangelio de la Verdad, el lugar del descanso es el Padre mismo, al que regresan quienes han recibido el conocimiento.
En el Diálogo del Salvador, el descanso es a la vez una promesa futura y una realidad presente. Quien ha encontrado la verdad ya descansa, aunque siga en el mundo y quien busca, encuentra, y al encontrar se alegra. El texto recoge aquí un dicho que también aparece al comienzo del Evangelio de Tomás: el que busca no debe dejar de buscar hasta que encuentre.
La lámpara del cuerpo
Muchos de los dichos del Diálogo del Salvador tienen paralelos en los evangelios canónicos. Uno de los más claros se refiere a la lámpara del cuerpo.
En el Evangelio de Mateo, Jesús dice que la lámpara del cuerpo es el ojo y que si el ojo está sano, todo el cuerpo estará lleno de luz. En el Diálogo del Salvador, el Señor dice que la lámpara del cuerpo es la mente y que mientras lo que hay dentro de los discípulos esté en orden, sus cuerpos serán luminosos. El cambio de ojo por mente es significativo: traslada la imagen al plano del conocimiento interior.
Otros dichos coinciden con los evangelios casi literalmente. María pronuncia en un momento tres frases que también aparecen en el Evangelio de Mateo: a cada día le basta su propio mal, el trabajador merece su alimento y el discípulo se parece a su maestro. El texto pone en su boca estas palabras de Jesús como si ella las recordara y las aplicara.
«Como una mujer que había comprendido completamente»
Inmediatamente después de que María pronuncie esos tres dichos, el texto añade un comentario del narrador que se ha convertido en una de las frases más citadas del Diálogo del Salvador: dijo estas palabras como una mujer que había comprendido completamente. En otras traducciones, como una mujer que conocía el Todo.
La frase sitúa a María Magdalena en una posición excepcional. No es solo una discípula que pregunta, sino alguien que ha alcanzado el conocimiento pleno, al mismo nivel que el propio Salvador. En otros momentos del texto, María plantea preguntas importantes sobre el sentido de las palabras de Jesús y sobre el destino de los discípulos.
El Diálogo del Salvador comparte esta imagen de María con otros textos gnósticos, como el Evangelio de María, la Pistis Sophia y la Sofía de Jesucristo, pero en este caso el elogio es todavía más llamativo, porque el texto apenas tiene personajes: además del Señor, solo hablan Judas, Mateo y María. Que el único personaje femenino reciba el elogio más alto dice mucho sobre la comunidad que produjo el texto.
«Destruid las obras de la feminidad»
El mismo texto que elogia a María contiene un pasaje que, a primera vista, parece contradecirlo. Judas pregunta al Señor cómo deben orar y el Señor le responde que oren en el lugar donde no hay mujer. Mateo interpreta la frase: el Señor quiere decir que deben destruir las obras de la feminidad. No porque haya otra forma de nacer, añade, sino porque esas obras cesarán.
María pregunta entonces si esas obras nunca serán destruidas y el Señor responde con una frase que se ha conservado mal en el papiro, pero que parece afirmar que, en efecto, serán destruidas.
¿Cómo se explica esta aparente contradicción? La mayoría de los investigadores considera que las obras de la feminidad no se refieren a las mujeres como tales, sino al nacimiento y la procreación, es decir, al ciclo de la sexualidad que perpetúa la existencia en el cuerpo. Muchos grupos cristianos antiguos, gnósticos y no gnósticos, practicaban un ascetismo riguroso que rechazaba el matrimonio y la procreación como una forma de mantener a las almas atrapadas en el mundo material. Para ellos, la salvación significaba romper ese ciclo.
En este contexto, lo femenino representaba simbólicamente el nacimiento y la carne y lo masculino el espíritu. El Evangelio de Tomás termina con un dicho parecido, en el que Pedro pide que María se marche porque las mujeres no son dignas de la vida y Jesús responde que él la hará masculina para que se convierta en un espíritu viviente, porque toda mujer que se haga masculina entrará en el reino de los cielos. La idea no es que las mujeres deban dejar de serlo, sino que todos, hombres y mujeres, deben superar la condición corporal ligada al sexo y la reproducción.
El Diálogo del Salvador ilustra bien esta paradoja de muchos textos antiguos: elogia a una mujer concreta como la discípula que mejor comprende y al mismo tiempo usa lo femenino como símbolo de lo que hay que superar.
Conocerse a sí mismo
Otro tema central del Diálogo del Salvador es el conocimiento de uno mismo. En uno de los diálogos, Judas pregunta al Señor por el lugar de la vida y el Señor responde que todo aquel que se ha conocido a sí mismo lo ha visto.
La idea recorre buena parte de la literatura gnóstica. El Evangelio de Tomás dice que quien se conoce a sí mismo encontrará el reino, porque el reino está dentro de cada uno. El Libro de Tomás el Contendiente, otro texto de Nag Hammadi, afirma que quien no se ha conocido a sí mismo no ha conocido nada y que quien se ha conocido a sí mismo ha alcanzado ya el conocimiento de la profundidad del Todo.
La máxima tiene raíces muy antiguas. Conócete a ti mismo era la inscripción del templo de Apolo en Delfos y Sócrates la convirtió en el centro de su filosofía. Los textos gnósticos la reinterpretaron en un sentido religioso: conocerse a sí mismo significa descubrir el origen divino del propio espíritu y con ello, el camino de regreso.
La visión del abismo
En la parte apocalíptica del texto, el Señor toma a Judas, Mateo y María y los conduce hasta el borde del cielo y de la tierra. Desde allí contemplan una altura inmensa y un abismo profundo. Judas mira hacia abajo y ve un lugar terrible y Mateo pide al Señor que le muestre el lugar de la vida.
El Señor le responde que no podrá verlo mientras siga llevando la carne. Solo cuando se despoje de lo que es corruptible podrá contemplar el lugar de la luz. La idea aparece en otros pasajes del texto, que hablan de las vestiduras de vida que recibirán los elegidos cuando abandonen el cuerpo y de la luz que serán ellos mismos cuando se despojen de lo perecedero.
El Diálogo del Salvador menciona también a los arcontes, los poderes que gobiernan el mundo y el peligroso paso que el alma debe atravesar al morir. El Señor enseña a los discípulos que deben estar preparados para ese momento y que no deben temer, porque quienes poseen el conocimiento atravesarán sin daño, pero el texto no desarrolla un mito sobre el origen de esos poderes, a diferencia del Apócrifo de Juan o la Pistis Sophia.
Los paralelos con los evangelios
| Dicho en el Diálogo del Salvador | Paralelo | Diferencia |
|---|---|---|
| La lámpara del cuerpo es la mente | Mateo 6, 22: la lámpara del cuerpo es el ojo | Sustituye el ojo por la mente, en clave de conocimiento interior |
| Quien busca debe seguir buscando hasta encontrar | Evangelio de Tomás, dicho 2; Mateo 7, 7 | Más cercano a la forma de Tomás que a la de Mateo |
| A cada día le basta su propio mal | Mateo 6, 34 | Lo pronuncia María, no Jesús |
| El trabajador merece su alimento | Mateo 10, 10 | Lo pronuncia María, no Jesús |
| El discípulo se parece a su maestro | Mateo 10, 25 | Lo pronuncia María, no Jesús |
| Quien se conoce a sí mismo ha visto el lugar de la vida | Evangelio de Tomás, dicho 3 | El reino o la vida se encuentran por el autoconocimiento |
| El tiempo del descanso ha llegado | Evangelio de Tomás, dicho 51; Hebreos 4 | El descanso como realidad presente, no solo futura |
¿Tradiciones del siglo I?
La tesis más audaz sobre el Diálogo del Salvador es la de Helmut Koester, uno de los grandes especialistas del cristianismo primitivo del siglo XX. Según Koester, la fuente principal del texto, el diálogo construido a partir de dichos de Jesús, es muy antigua, quizá de finales del siglo I y procede de una tradición independiente de los evangelios canónicos.
Su argumento se basa en la forma de los dichos. En varios casos, la versión del Diálogo del Salvador parece más sencilla y menos elaborada que la de Mateo o la de Juan, lo que sugeriría que representa una etapa anterior de la transmisión. Koester veía en el Diálogo del Salvador, junto con el Evangelio de Tomás, un testimonio de cómo los dichos de Jesús se convirtieron en diálogos y discursos, el mismo proceso que habría dado origen a los largos discursos de Jesús en el Evangelio de Juan.
Otros investigadores, como el británico Christopher Tuckett, han defendido lo contrario: que el Diálogo del Salvador depende de los evangelios canónicos, especialmente de Mateo y que sus diferencias se deben a la reelaboración del redactor, no a una tradición más antigua. El debate es parecido al que existe sobre el Evangelio de Tomás y no tiene una solución definitiva.
En cualquier caso, la redacción final del Diálogo del Salvador suele situarse en el siglo II, quizá a mediados de siglo, con independencia de la antigüedad de sus fuentes.
¿Es un texto gnóstico?
El Diálogo del Salvador se encontró en Nag Hammadi, junto a textos claramente gnósticos y contiene temas habituales en la literatura gnóstica: el conocimiento de uno mismo, la luz, el descanso, la superación del cuerpo y los arcontes que acechan al alma. Pero le falta lo esencial del gnosticismo mitológico.
No hay un Dios supremo incognoscible frente a un creador inferior, no hay caída de Sofía, no hay Yaldabaot ni Demiurgo y no hay un mundo de eones. Su relato de la creación sigue el Génesis sin presentarlo como obra de un ser ignorante o malvado. Desde el punto de vista de la doctrina, el Diálogo del Salvador está más cerca de una espiritualidad ascética y mística cristiana que del gnosticismo setiano o valentiniano.
Por eso muchos investigadores lo clasifican junto al Evangelio de Tomás, en una tradición de dichos de Jesús con orientación mística y ascética, vinculada probablemente a Siria y a la figura del apóstol Tomás. El nombre de Judas, que aparece como uno de los principales interlocutores, se identifica casi con seguridad con Judas Tomás, el apóstol al que la tradición siríaca consideraba hermano gemelo de Jesús y no con Judas Iscariote. Esta tradición fue apropiada después por grupos gnósticos, que la leyeron a la luz de su propio mito y por eso el texto terminó en una biblioteca como la de Nag Hammadi.
El Diálogo del Salvador muestra que la frontera entre gnósticos y no gnósticos no era tan nítida como sugieren los heresiólogos. Entre la gran Iglesia y las escuelas gnósticas existía un amplio territorio de textos, ideas y prácticas compartidas, en el que se movían muchos cristianos de los siglos II y III.
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Bibliografía
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Preguntas frecuentes sobre el Diálogo del Salvador
¿Qué es el Diálogo del Salvador?
Es un texto cristiano del siglo II conservado en copto en el Códice III de Nag Hammadi. Presenta una conversación entre el Señor y tres discípulos, Judas, Mateo y María Magdalena, sobre el descanso, la luz, el conocimiento de uno mismo, el cuerpo y la muerte. Está muy dañado y parece compuesto a partir de varias fuentes distintas, entre ellas un diálogo basado en dichos de Jesús, un relato de la creación y una visión apocalíptica.
¿Quién es Judas en el Diálogo del Salvador?
La mayoría de los investigadores considera que no es Judas Iscariote, sino Judas Tomás, el apóstol al que la tradición siríaca llamaba Tomás, que significa gemelo, y consideraba hermano de Jesús. El Diálogo del Salvador comparte muchos temas con el Evangelio de Tomás, lo que refuerza esta identificación.
¿Qué dice el Diálogo del Salvador sobre María Magdalena?
La presenta como una de los tres discípulos que dialogan con el Señor y le dedica un elogio excepcional: después de que María pronuncie tres dichos de Jesús, el texto comenta que habló como una mujer que había comprendido completamente. Es una de las afirmaciones más altas sobre María Magdalena en toda la literatura cristiana antigua.
¿Qué significa «orad donde no hay mujer»?
Es una instrucción del Señor que Mateo interpreta como destruir las obras de la feminidad. La mayoría de los investigadores considera que no se refiere a las mujeres como personas, sino a la procreación y la sexualidad, que muchos grupos cristianos ascéticos rechazaban porque mantenían a las almas atrapadas en el cuerpo. Lo femenino funciona aquí como símbolo del nacimiento y de la carne que hay que superar.
¿Es el Diálogo del Salvador un texto gnóstico?
No en sentido estricto. Aunque se encontró en Nag Hammadi y contiene temas gnósticos como el conocimiento de uno mismo o los arcontes, no tiene el mito del Demiurgo, de la caída de Sofía ni del mundo de los eones. Muchos investigadores lo relacionan con el Evangelio de Tomás, dentro de una tradición mística y ascética de dichos de Jesús que los gnósticos adoptaron después.
¿Conserva el Diálogo del Salvador palabras auténticas de Jesús?
Es posible, pero no se puede demostrar. Helmut Koester propuso que su fuente principal procede de una tradición de dichos de Jesús de finales del siglo I, independiente de los evangelios canónicos. Otros investigadores creen que depende del Evangelio de Mateo y que sus diferencias se deben a la reelaboración del redactor. El debate sigue abierto.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









