Después de resucitar, los doce discípulos y siete mujeres que lo habían seguido subieron a un monte de Galilea. Estaban desconcertados y no entendían la naturaleza del universo, el plan divino, la santa Providencia ni el poder de las autoridades que gobiernan el mundo. Mientras dudaban, se les apareció el Salvador, pero no con su aspecto anterior, sino como un espíritu invisible, semejante a un gran ángel de luz. Sonrió y les preguntó en qué estaban pensando y qué buscaban. Felipe tomó la palabra y comenzó un diálogo en el que el Resucitado les reveló el origen de todas las cosas.
Así empieza la Sofía de Jesucristo, uno de los diálogos del Resucitado conservados en los textos gnósticos. En él, Cristo responde a las preguntas de Felipe, Mateo, Tomás, Bartolomé y María Magdalena sobre el Dios incognoscible, el Hombre inmortal, el Hijo del Hombre, el mundo de los eones y la caída de la Sabiduría.
Pero lo que hace único a este texto no es su contenido, sino su historia. En la biblioteca de Nag Hammadi, la Sofía de Jesucristo aparece justo después de otro texto, Eugnosto el bienaventurado, que dice casi exactamente lo mismo. La diferencia es que Eugnosto no menciona a Jesús, ni a los apóstoles, ni nada cristiano. Es una carta filosófica sobre la estructura del mundo divino. La Sofía de Jesucristo toma ese tratado, lo divide en fragmentos, coloca cada uno en boca de Cristo como respuesta a la pregunta de un discípulo y añade algunos elementos nuevos, como el mito de la caída de Sofía y la misión salvadora del Resucitado.
Es uno de los pocos casos en toda la literatura antigua en que podemos ver, comparando dos textos línea por línea, cómo se transformó una obra no cristiana en un evangelio. La comparación tiene consecuencias importantes para una de las grandes preguntas sobre el gnosticismo: ¿nació dentro del cristianismo o existía antes, en ambientes judíos o filosóficos que el cristianismo absorbió después?
Dos textos en el mismo códice
La Sofía de Jesucristo se conserva en dos manuscritos coptos. Uno está en el Códice III de la biblioteca de Nag Hammadi, encontrado en 1945 y el otro está en el Códice de Berlín, el manuscrito comprado en El Cairo en 1896, donde aparece junto al Evangelio de María y al Apócrifo de Juan. Se conserva además un pequeño fragmento en griego, su lengua original, en un papiro de Oxirrinco que se publicó en 1911 como parte de un evangelio desconocido. Solo después del hallazgo de Nag Hammadi se pudo identificar a qué texto pertenecía.
Eugnosto el bienaventurado también se conserva en dos copias, ambas de Nag Hammadi, en los Códices III y V. En el Códice III, los dos textos aparecen uno detrás del otro, como si el copista o el compilador quisiera mostrar su relación. Esa proximidad permitió a los investigadores darse cuenta enseguida de que estaban ante dos versiones de la misma obra.
El estudio de referencia sobre ambos textos es la edición sinóptica que el estadounidense Douglas Parrott publicó en 1991, con las cuatro copias coptas y el fragmento griego dispuestos en columnas paralelas. La comparación muestra que la mayor parte de la Sofía de Jesucristo reproduce el texto de Eugnosto casi literalmente.
Eugnosto, una carta sin Cristo
Eugnosto el bienaventurado se presenta como una carta. Un maestro llamado Eugnosto saluda a los suyos y les anuncia que va a explicarles algo que ningún filósofo ha comprendido.
Comienza con una crítica a los sabios del mundo. Todos los que han nacido desde la fundación del mundo, dice, han buscado a Dios sin encontrarlo y los más sabios entre ellos han especulado sobre el gobierno del universo a partir de su movimiento, pero sus especulaciones no han alcanzado la verdad. Algunos dicen que el mundo se gobierna a sí mismo, otros que lo gobierna la providencia y otros que el destino. Ninguna de esas opiniones es correcta. Eugnosto se propone revelar la verdad que está por encima de ellas.
Lo que sigue es una descripción del mundo divino de una gran sistematicidad. En la cima está el Dios supremo, al que Eugnosto llama el que es, inmortal, eterno, sin nombre y sin forma, al que nadie puede conocer. Es el Padre de sí mismo, que se contempla a sí mismo como en un espejo. De esa contemplación surge un segundo ser, el Hombre inmortal, andrógino, que es la imagen del Padre. De él procede a su vez el Hijo del Hombre y de este el Salvador. Cada uno de estos seres tiene una compañera femenina que se llama Sofía, la Sabiduría.
A partir de ellos se despliega todo el mundo divino: doce poderes, 72, 360. Eugnosto establece una correspondencia explícita entre estos números y el calendario: los doce meses del año, los 360 días. El mundo visible, con su orden temporal, es una imagen del orden invisible del mundo divino.
Eugnosto no menciona a Cristo, ni a la cruz, ni a la resurrección, ni a los apóstoles. Usa títulos como Hijo del Hombre o Salvador, que los cristianos asociaban con Jesús, pero los aplica a seres del mundo divino sin relación con ningún personaje histórico. Su vocabulario procede de la filosofía platónica y de la especulación judía sobre la Sabiduría y el Hombre celestial, la figura de Adán primordial que aparece en Filón de Alejandría y en otros autores judíos de la época.
Del tratado al diálogo
La Sofía de Jesucristo toma el texto de Eugnosto y lo transforma en un diálogo en un procedimiento que es bastante simple. El autor añade un marco narrativo, la aparición del Resucitado a los discípulos en Galilea y divide el tratado en secciones. Cada sección comienza con una pregunta de uno de los discípulos, a la que Cristo responde con un fragmento casi literal de Eugnosto.
Por ejemplo, donde Eugnosto escribe que todos los sabios han buscado a Dios sin encontrarlo, la Sofía de Jesucristo hace que sea Cristo quien lo diga, en respuesta a la pregunta de Felipe sobre la realidad que subyace a todas las cosas. Cuando Eugnosto describe al Dios supremo, la Sofía de Jesucristo coloca antes una pregunta de Mateo: ¿cómo se puede encontrar la verdad? Cuando Eugnosto pasa a hablar del Hombre inmortal, aparece una pregunta de Tomás. Cuando aborda el Hijo del Hombre, pregunta Bartolomé y cuando trata de los discípulos y su destino, pregunta María.
El resultado es un texto que conserva casi íntegra la doctrina de Eugnosto, pero que la presenta como revelación de Cristo resucitado, con toda la autoridad que eso implica. Un tratado filosófico anónimo se convierte en la enseñanza secreta que Jesús dio a sus discípulos después de la Pascua.
Lo que añade la Sofía de Jesucristo
La Sofía de Jesucristo no se limita a cambiar el formato. Introduce también algunos elementos que no están en Eugnosto y que la convierten en un texto cristiano gnóstico.
El primero es la identificación del Salvador con Cristo. En Eugnosto, el Salvador es un ser del mundo divino, uno más en la jerarquía de emanaciones. En la Sofía de Jesucristo es el propio Jesús, que habla en primera persona y explica que ha venido de lo alto para revelar lo que estaba oculto. El texto le hace decir que ha venido desde el Infinito para enseñar a sus discípulos todas las cosas.
El segundo es el mito de la caída. Eugnosto describe el mundo divino en su perfección, sin hablar de ninguna catástrofe. La Sofía de Jesucristo añade un relato breve que recuerda al del Apócrifo de Juan: una gota de luz procedente de la Sabiduría cayó al mundo inferior, donde quedó atrapada bajo el dominio de un poder arrogante, el archigenitor, que se creyó el único dios. El Salvador ha descendido para despertar esa gota de luz y liberarla de las cadenas de los ladrones, los poderes que la retienen.
El tercero es la misión de los discípulos. Al final del texto, Cristo les ordena que difundan esta enseñanza. Los discípulos, llenos de alegría, comienzan a predicar el evangelio de Dios, el Espíritu eterno e imperecedero. La Sofía de Jesucristo termina así como un evangelio, con el envío de los apóstoles al mundo.
Otro elemento llamativo es la repetición de una frase que procede de los evangelios: quien tenga oídos para oír, que oiga. En la Sofía de Jesucristo, Cristo la pronuncia varias veces, como para marcar los pasajes más importantes de su revelación.
Las preguntas de María Magdalena
Como en otros textos gnósticos, María Magdalena participa en el diálogo junto a los discípulos varones. El texto la llama María o Mariamne y le atribuye varias preguntas importantes.
En una de ellas, María pregunta al Señor de dónde vinieron sus discípulos, adónde van y qué deben hacer aquí. La pregunta resume la gran inquietud gnóstica sobre el origen y el destino del ser humano, la misma que formula Teódoto en su célebre definición del conocimiento y que recorre el Evangelio de la Verdad. Cristo responde explicándole la caída de la gota de luz y la misión salvadora que él ha venido a cumplir.
En otra intervención, María pregunta cómo pueden conocer los discípulos estas cosas. Cristo le responde que el conocimiento les viene de la Sabiduría, que está por encima de todas las cosas.
Las siete mujeres que, según el comienzo del texto, acompañaban a los doce discípulos en el monte aparecen también en el Primer Apocalipsis de Santiago, otro texto de Nag Hammadi, que menciona a siete mujeres discípulas y nombra a Salomé, Mariam, Marta y Arsínoe. En ambos textos, las mujeres forman parte del círculo íntimo de los que reciben la revelación.
Un título con doble sentido
El título de la obra, Sofía de Jesucristo, admite dos lecturas. La primera es la sabiduría de Jesucristo, es decir, la enseñanza sabia que el Resucitado transmite a sus discípulos. La segunda es Sofía, la compañera de Jesucristo, porque según el sistema del texto el Salvador tiene una pareja femenina en el mundo divino llamada Pistis Sophia, Fe-Sabiduría.
Es probable que el autor jugara deliberadamente con esa ambigüedad. La sabiduría que Cristo revela es, al mismo tiempo, la Sabiduría personificada que está a su lado. La figura de Pistis Sophia como compañera del Salvador reaparecerá un siglo después como protagonista de la Pistis Sophia, la gran obra gnóstica del Códice Askew.
Eugnosto frente a la Sofía de Jesucristo
| Aspecto | Eugnosto el bienaventurado | Sofía de Jesucristo |
|---|---|---|
| Forma | Carta de un maestro a sus discípulos | Diálogo entre Cristo resucitado y sus discípulos |
| Quién revela | Eugnosto, un maestro humano | Jesucristo resucitado |
| Destinatarios | «Los suyos», sin más precisión | Los doce discípulos y siete mujeres en un monte de Galilea |
| Elementos cristianos | Ninguno | Cristo, los apóstoles, la resurrección y la misión de predicar |
| Caída de Sofía | No aparece | Una gota de luz cae y queda atrapada bajo un poder arrogante |
| Interlocutores | Ninguno | Felipe, Mateo, Tomás, Bartolomé y María Magdalena |
| Copias | Nag Hammadi, Códices III y V | Nag Hammadi, Códice III; Códice de Berlín; fragmento griego de Oxirrinco |
| Fecha probable | Siglo I, quizá antes | Siglo II |
¿Cuál fue primero?
La relación entre los dos textos parece evidente a primera vista, pero los investigadores han tenido que probar en qué dirección se produjo la influencia. ¿Es Eugnosto un tratado anterior que la Sofía de Jesucristo cristianizó? ¿O es la Sofía de Jesucristo el texto original, del que alguien eliminó después los elementos cristianos?
La gran mayoría de los especialistas, siguiendo a Martin Krause y a Douglas Parrott, considera que Eugnosto es anterior y los argumentos son varios. El texto de Eugnosto es coherente y fluido, mientras que en la Sofía de Jesucristo las preguntas de los discípulos interrumpen a menudo la argumentación en lugares poco naturales, como si se hubieran insertado en un texto preexistente. A veces, la respuesta de Cristo no corresponde exactamente a la pregunta que se le ha hecho, porque el fragmento de Eugnosto que la sigue trataba de otra cosa y los elementos añadidos, como la caída de Sofía o la misión de los discípulos, se distinguen claramente del resto del texto por su estilo y su vocabulario.
Más difícil es fechar cada obra. Parrott propuso que Eugnosto podría remontarse al siglo I d.C., o incluso a finales del siglo I a.C., y que procedería de un ambiente judío egipcio influido por la filosofía griega. La Sofía de Jesucristo se habría compuesto más tarde, probablemente en el siglo II. Otros investigadores prefieren fechas más tardías para ambos textos y el debate sigue abierto.
El problema del gnosticismo precristiano
La comparación entre Eugnosto y la Sofía de Jesucristo tiene consecuencias que van más allá de estos dos textos. Desde el siglo XIX, los historiadores discuten sobre el origen del gnosticismo. ¿Fue una herejía cristiana, una desviación de la fe de la Iglesia, como afirmaban los Padres de la Iglesia? ¿O existía antes del cristianismo, en ambientes judíos, persas o filosóficos y el cristianismo se mezcló con él después?
A comienzos del siglo XX, la llamada escuela de historia de las religiones, con autores como Wilhelm Bousset y Richard Reitzenstein, defendió que el gnosticismo era un fenómeno religioso antiguo y oriental, anterior al cristianismo, que había influido incluso en el Nuevo Testamento. El teólogo Rudolf Bultmann llegó a proponer que el Evangelio de Juan se había inspirado en un mito gnóstico precristiano del redentor que desciende del cielo. Otros autores, como Edwin Yamauchi, respondieron que no había ningún texto gnóstico claramente anterior al cristianismo y que todas las pruebas de un gnosticismo precristiano eran hipotéticas.
Eugnosto y la Sofía de Jesucristo son una de las piezas más importantes de este debate. Si Eugnosto es un texto no cristiano y anterior, demostraría que al menos una parte de las ideas que encontramos en los textos gnósticos, como el Dios incognoscible, el Hombre inmortal o la Sabiduría como compañera divina, se desarrollaron fuera del cristianismo, en la especulación judía y filosófica y que los cristianos gnósticos las incorporaron después. Esto no prueba que existiera un gnosticismo plenamente formado antes de Cristo, porque Eugnosto no tiene el mito de la caída ni el Demiurgo malvado, pero sí muestra que sus ingredientes ya estaban disponibles.
La Sofía de Jesucristo sería entonces un ejemplo de cómo se produjo ese encuentro: un grupo de cristianos tomó un tratado sobre el mundo divino que consideraba verdadero y lo convirtió en revelación de Cristo, añadiéndole su propia interpretación de la salvación. Algo parecido pudo ocurrir con otros textos gnósticos, como el Apócrifo de Juan, cuyo núcleo mitológico podría ser también anterior al marco cristiano del diálogo entre Juan y el Salvador.
Un ejemplo de cómo se fabricaban los textos sagrados
Más allá del debate sobre los orígenes, la Sofía de Jesucristo ofrece una lección sobre la forma en que se escribían los textos religiosos en la Antigüedad. La idea moderna de un autor que crea una obra original desde la nada no se aplica bien a la literatura de esta época. Los textos se copiaban, se reelaboraban, se combinaban y se adaptaban a nuevos contextos y generalmente cambiaban de autor, de destinatario y de sentido en el proceso.
El mismo fenómeno se observa en los evangelios canónicos. Mateo y Lucas reprodujeron gran parte del Evangelio de Marcos, añadiendo materiales propios y modificando lo que les parecía oportuno. La comparación entre los tres evangelios, llamados sinópticos precisamente porque pueden leerse en columnas paralelas, permite a los investigadores reconstruir cómo trabajaba cada autor. Eugnosto y la Sofía de Jesucristo pueden leerse del mismo modo y nos muestran que los gnósticos usaban técnicas de composición parecidas a las de los evangelistas.
Artículos relacionados con apócrifos y textos gnósticos
- Textos gnósticos: qué son, dónde se encontraron y qué revelan
- La biblioteca de Nag Hammadi: el hallazgo que cambió la historia del cristianismo
- Gnosticismo: gnosis y dualismo en el cristianismo primitivo
- Corrientes gnósticas: Las 23 corrientes del gnosticismo antiguo y medieval
- Pistis Sophia: el texto gnóstico de Jesús resucitado, Sofía y María Magdalena
- Demonología: historia, clasificaciones y jerarquía del infierno
- Sofía gnóstica: la sabiduría divina
- El Demiurgo: el creador en el gnosticismo
- Epístolas apócrifas del Nuevo Testamento: las cartas que nunca escribieron los apóstoles
- Apocalipsis apócrifos del Nuevo Testamento: visiones de los últimos tiempos que la iglesia ocultó
- Evangelios apócrifos: los textos perdidos de la antigüedad
- Hechos apócrifos: historias de apóstoles que la iglesia suprimió
- Apócrifo de Juan: el gran mito gnóstico de Yaldabaot y la creación del mundo
Bibliografía
Ediciones y traducciones:
- Meyer, Marvin (ed.). The Nag Hammadi Scriptures. Nueva York: HarperOne, 2007.
- Parrott, Douglas M. (ed.). Nag Hammadi Codices III,3-4 and V,1 with Papyrus Berolinensis 8502,3 and Oxyrhynchus Papyrus 1081: Eugnostos and the Sophia of Jesus Christ. Leiden: Brill, 1991.
- Piñero, Antonio; Montserrat Torrents, José y García Bazán, Francisco (eds.). Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi. 3 vols. Madrid: Trotta, 1997-2000.
- Robinson, James M. (ed.). The Nag Hammadi Library in English. Leiden: Brill, 1988.
- Till, Walter C. y Schenke, Hans-Martin (eds.). Die gnostischen Schriften des koptischen Papyrus Berolinensis 8502. Berlín: Akademie Verlag, 1972.
Estudios:
- Brakke, David. The Gnostics: Myth, Ritual, and Diversity in Early Christianity. Cambridge: Harvard University Press, 2010.
- Bultmann, Rudolf. Teología del Nuevo Testamento. Salamanca: Sígueme, 1981.
- Jonas, Hans. La religión gnóstica. Madrid: Siruela, 2000.
- King, Karen L. What Is Gnosticism? Cambridge: Harvard University Press, 2003.
- Krause, Martin. «Das literarische Verhältnis des Eugnostosbriefes zur Sophia Jesu Christi». En Mullus: Festschrift Theodor Klauser. Münster: Aschendorff, 1964.
- Pearson, Birger A. Ancient Gnosticism: Traditions and Literature. Minneapolis: Fortress Press, 2007.
- Perkins, Pheme. The Gnostic Dialogue: The Early Church and the Crisis of Gnosticism. Nueva York: Paulist Press, 1980.
- Rudolph, Kurt. Gnosis: The Nature and History of Gnosticism. San Francisco: Harper & Row, 1983.
- Yamauchi, Edwin M. Pre-Christian Gnosticism: A Survey of the Proposed Evidences. Grand Rapids: Eerdmans, 1973.
Preguntas frecuentes sobre la Sofía de Jesucristo
¿Qué es la Sofía de Jesucristo?
Es un texto gnóstico del siglo II en el que Cristo resucitado se aparece a los doce discípulos y a siete mujeres en un monte de Galilea y responde a sus preguntas sobre el Dios incognoscible, el mundo divino, la caída de la Sabiduría y la salvación. Se conserva en copto en el Códice III de Nag Hammadi y en el Códice de Berlín, y en un fragmento griego de Oxirrinco.
¿Qué relación tiene con Eugnosto el bienaventurado?
La Sofía de Jesucristo reproduce casi literalmente el contenido de Eugnosto el bienaventurado, un tratado filosófico en forma de carta que no tiene ningún elemento cristiano. El autor de la Sofía de Jesucristo dividió el tratado en fragmentos, los puso en boca de Cristo como respuestas a las preguntas de los discípulos y añadió el mito de la caída de Sofía y la misión de los apóstoles. La mayoría de los investigadores considera que Eugnosto es el texto original.
¿Quiénes hablan con Cristo en la Sofía de Jesucristo?
Los discípulos que formulan preguntas son Felipe, Mateo, Tomás, Bartolomé y María Magdalena, a la que el texto llama María o Mariamne. Según el comienzo de la obra, en el monte estaban presentes los doce discípulos y siete mujeres que habían seguido a Jesús.
¿Qué significa el título Sofía de Jesucristo?
Tiene un doble sentido. Puede entenderse como la sabiduría de Jesucristo, es decir, su enseñanza, pero también como Sofía, la compañera de Jesucristo, porque en el sistema del texto el Salvador tiene una pareja femenina en el mundo divino llamada Pistis Sophia. Es probable que el autor jugara con los dos significados.
¿Demuestra este texto que el gnosticismo es anterior al cristianismo?
No exactamente, pero es una de las pruebas más importantes en ese debate. Si Eugnosto es un texto no cristiano y anterior a la Sofía de Jesucristo, como piensa la mayoría de los especialistas, demostraría que algunas ideas que aparecen en el gnosticismo cristiano, como el Dios incognoscible o el Hombre inmortal, se desarrollaron antes en ambientes judíos y filosóficos. Pero Eugnosto no contiene el mito completo de la caída ni el creador malvado, por lo que no prueba la existencia de un gnosticismo plenamente formado antes de Cristo.
¿Es la Sofía de Jesucristo lo mismo que la Pistis Sophia?
No. Son textos distintos. La Sofía de Jesucristo es un diálogo relativamente breve del siglo II, conservado en Nag Hammadi y en el Códice de Berlín. La Pistis Sophia es una obra mucho más extensa del siglo III, conservada en el Códice Askew de Londres. Comparten la figura de Pistis Sophia como ser divino y el protagonismo de María Magdalena, pero sus contenidos son diferentes.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









