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Apocalipsis de Santiago: los dos textos gnósticos sobre el hermano de Jesús

by Marcelo Ferrando Castro
29 septiembre, 2026
in Fuentes Históricas, Historia de las Religiones
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Infografía en estilo de icono bizantino sobre los Apocalipsis de Santiago de Nag Hammadi: hallazgo de la jarra con los códices, Santiago como líder de Jerusalén, diálogo con Jesús, ascenso del alma entre los arcontes, aparición en el monte Gaugelan, transmisión a Addai, discurso en el templo, crítica al Demiurgo y lapidación de Santiago el Justo.

Los dos Apocalipsis de Santiago, conservados en el Códice V de Nag Hammadi, convierten al hermano de Jesús en heredero de una enseñanza secreta. El Primero le revela cómo debe responder su alma a los guardianes del cielo. El Segundo narra su discurso en el templo y su lapidación en Jerusalén. Crédito: recreación con IA - Red Historia

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Entre los 13 códices que un campesino egipcio desenterró en diciembre de 1945 cerca de Nag Hammadi, uno reúne un curioso grupo de revelaciones. El Códice V contiene un apocalipsis de Pablo, otro de Adán y dos textos que llevan exactamente el mismo título: Apocalipsis de Santiago. Los investigadores los numeraron para distinguirlos, el Primero y el Segundo, pero el copista antiguo no vio necesidad de hacerlo. Para él, ambos eran revelaciones secretas recibidas por Santiago, el hermano del Señor, sobre el destino del alma y el sentido del sufrimiento.

Los dos textos proceden de ambientes gnósticos de los siglos II y III y convierten a Santiago en algo que el Nuevo Testamento no llega a decir: el heredero privilegiado de la enseñanza secreta de Jesús. En el Primer Apocalipsis, Jesús y Santiago dialogan antes y después de la crucifixión. Jesús le anuncia que ambos serán apresados y le enseña las respuestas exactas que su alma deberá dar a los guardianes del cielo cuando intenten impedirle la subida. En el Segundo, Santiago pronuncia un discurso desde las escaleras del templo de Jerusalén, revela que el dios creador no es el Padre verdadero y muere lapidado por los sacerdotes y la multitud, en un relato que coincide en muchos detalles con el que conservó Hegesipo en el siglo II.

La elección de Santiago no es casual. Durante las primeras décadas del cristianismo, él fue la cabeza de la comunidad de Jerusalén, por encima incluso de Pedro. Pablo lo llama columna de la Iglesia y el historiador judío Flavio Josefo narra su ejecución en el año 62. Los grupos gnósticos buscaban una autoridad apostólica que no dependiera de la línea de Pedro, en la que se apoyaban los obispos de Roma, ni de la de Pablo, que sus adversarios reclamaban para sí. Santiago, pariente de Jesús y mártir, les ofrecía una genealogía espiritual alternativa.

Estos apocalipsis no hablan del fin del mundo ni describen infiernos, como los de Pedro y Pablo. Su tema es otro: cómo puede el alma escapar de los poderes que gobiernan el cosmos. Leídos juntos, muestran cómo el apóstol más judío de la Iglesia primitiva acabó convertido en héroe de una de sus corrientes más alejadas del judaísmo.

Índice:

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  • Santiago, el hermano del Señor
  • Por qué los gnósticos eligieron a Santiago
  • Una jarra en el desierto y un códice en el mercado negro
  • El Primer Apocalipsis de Santiago
    • Un hermano que no es hermano
    • El monte y la aparición después de la cruz
    • Las respuestas para los guardianes del cielo
    • Addai y las siete mujeres
  • El Segundo Apocalipsis de Santiago
    • Un discurso en las escaleras del templo
    • El dios que se jactaba
    • La lapidación del Justo
  • Dos apocalipsis frente a frente
  • Qué nos enseñan estos textos
  • Otros textos de Santiago que no hay que confundir
  • Artículos relacionados con apocalipsis y textos apócrifos
  • Fuentes y bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre el Apocalipsis de Santiago
    • ¿Qué es el Apocalipsis de Santiago?
    • ¿Quién era Santiago el Justo?
    • ¿Qué dice el Primer Apocalipsis de Santiago sobre la crucifixión?
    • ¿Qué son los recaudadores de impuestos del Primer Apocalipsis?
    • ¿Cómo murió Santiago según el Segundo Apocalipsis?
    • ¿Es el mismo Santiago de Compostela?

Santiago, el hermano del Señor

Para entender lo que los gnósticos hicieron con Santiago hay que empezar por lo que sabemos de él. Los evangelios de Marcos y Mateo mencionan a Santiago como el primero de los cuatro hermanos de Jesús, junto a José, Simón y Judas. La tradición católica los interpretó más tarde como primos y la ortodoxa como hijos de un matrimonio anterior de José, pero los textos más antiguos los llaman hermanos sin más precisión.

Durante la vida de Jesús, Santiago no aparece entre sus seguidores. El Evangelio de Juan afirma incluso que sus hermanos no creían en él pero todo cambia después de la crucifixión. En la Primera Epístola a los Corintios, Pablo transmite una lista de apariciones del Resucitado que incluye una aparición a Santiago en solitario y pocos años después Santiago dirige ya la comunidad de Jerusalén. Cuando Pablo visita la ciudad por primera vez tras su conversión, se entrevista con Pedro y con Santiago, el hermano del Señor. En su segunda visita habla de tres columnas de la Iglesia y Santiago es el primero que menciona, por delante de Pedro y de Juan.

Los Hechos de los Apóstoles confirman esa primacía. En el llamado concilio de Jerusalén, hacia el año 49, es Santiago quien pronuncia la decisión final sobre si los paganos convertidos debían cumplir la ley de Moisés. Su postura, conciliadora pero fiel a las costumbres judías, lo convirtió en referente de los cristianos de origen judío.

Su muerte está documentada fuera de la tradición cristiana, algo excepcional para un personaje del Nuevo Testamento. Flavio Josefo, en sus Antigüedades judías, cuenta que en el año 62, tras la muerte del gobernador romano Festo y antes de la llegada de su sucesor Albino, el sumo sacerdote Anán aprovechó el vacío de poder para reunir al Sanedrín. Hizo comparecer al hermano de Jesús, llamado Cristo, cuyo nombre era Santiago, lo acusó de violar la ley y lo mandó lapidar. La ejecución escandalizó a los judíos más observantes de la ciudad, que protestaron ante el rey Agripa II y Anán perdió el cargo.

Un siglo más tarde, el escritor cristiano Hegesipo ofreció una versión mucho más elaborada que Eusebio de Cesarea conservó en su Historia eclesiástica. Hegesipo presenta a Santiago como un asceta consagrado desde el vientre materno, que no bebía vino ni comía carne, no se cortaba el pelo y pasaba tanto tiempo arrodillado en el templo que sus rodillas se habían endurecido como las de un camello. Lo llamaban el Justo. Según este relato, los escribas y fariseos lo subieron al pináculo del templo para que disuadiera a la multitud de seguir a Jesús, pero Santiago proclamó que el Hijo del Hombre estaba sentado a la derecha de Dios. Lo arrojaron al vacío, lo apedrearon mientras rezaba por sus verdugos y un batanero lo remató con la maza que usaba para golpear las telas.

Por qué los gnósticos eligieron a Santiago

El prestigio de Santiago en la Iglesia primitiva explica que diversos grupos reclamaran su autoridad. Los cristianos de origen judío lo veneraban como defensor de la ley. En la literatura pseudoclementina aparece como obispo de obispos, a quien el mismo Pedro rinde cuentas y los gnósticos lo convirtieron en depositario de una enseñanza secreta.

Esa idea tenía apoyo en la propia tradición eclesiástica. Clemente de Alejandría, según una cita que conserva Eusebio, escribió que después de la resurrección el Señor transmitió el conocimiento, la gnosis, a Santiago el Justo, a Juan y a Pedro y que estos lo transmitieron a los demás apóstoles. Para un lector gnóstico, esta frase confirmaba que existía una enseñanza reservada a unos pocos y que Santiago la había recibido directamente.

Otros textos apócrifos reforzaban esa imagen. En el Evangelio de Tomás, los discípulos preguntan a Jesús quién los guiará cuando él se vaya y Jesús responde que deben acudir a Santiago el Justo, por cuya causa fueron creados el cielo y la tierra. El Evangelio de los Hebreos, citado por san Jerónimo, relataba que Santiago había jurado no comer pan desde la última cena hasta ver al Señor resucitado y que Jesús se le apareció en primer lugar, le pidió que preparara una mesa, partió el pan y se lo dio diciendo que el Hijo del Hombre había resucitado.

¿Qué ventaja ofrecía Santiago frente a Pedro o Pablo? En el siglo II, la gran Iglesia, la que acabaría imponiéndose, fundamentaba su autoridad en la sucesión de obispos que se remontaba a Pedro y a Pablo. Los gnósticos no podían competir en ese terreno, pero sí podían apelar a una figura igual de antigua y aún más cercana a Jesús por sangre. Si el hermano del Señor había recibido revelaciones que los demás ignoraban, la enseñanza gnóstica no era una novedad, sino la tradición más auténtica.

Una jarra en el desierto y un códice en el mercado negro

Los dos Apocalipsis de Santiago eran desconocidos hasta el siglo XX. Ningún autor antiguo los cita por su nombre y no existía ninguna copia conocida hasta el hallazgo de Nag Hammadi.

La historia de ese descubrimiento se ha contado muchas veces. En diciembre de 1945, Muhammad Ali al-Samman y sus hermanos buscaban sabakh, un fertilizante natural, al pie del acantilado de Jabal al-Tarif, en el Alto Egipto. Al cavar encontraron una jarra de barro sellada que contenía 13 códices de papiro encuadernados en cuero, con más de 50 textos en copto. Los códices, copiados en la segunda mitad del siglo IV, habían sido escondidos probablemente por monjes de algún monasterio cercano, quizá después de que el obispo Atanasio de Alejandría ordenara en el año 367 rechazar los libros apócrifos.

El Códice V contiene cinco textos: Eugnosto el bienaventurado, el Apocalipsis de Pablo gnóstico, los dos Apocalipsis de Santiago y el Apocalipsis de Adán. Es una pequeña biblioteca de revelaciones. El papiro está bastante dañado, con lagunas importantes en ambos textos de Santiago y durante décadas su reconstrucción dependió de las conjeturas de los editores.

Para el Primer Apocalipsis llegó una ayuda inesperada. En los años 70 apareció en el Egipto Medio, probablemente en la región de Al Minya, otro códice copto que pasó más de 20 años en el mercado negro de antigüedades, deteriorándose en una caja de seguridad en Nueva York y en un congelador. Conocido como Códice Tchacos, se publicó en 2006 porque contenía el Evangelio de Judas, pero incluía además un texto titulado simplemente Santiago, que resultó ser otra versión del Primer Apocalipsis de Santiago. Esta copia está mejor conservada y ha permitido completar muchas lagunas del manuscrito de Nag Hammadi.

En 2017, los investigadores Geoffrey Smith y Brent Landau identificaron en la colección de papiros de Oxirrinco, en Oxford, fragmentos del mismo texto en griego, su lengua original. Es la primera prueba directa de que el Primer Apocalipsis de Santiago circuló en griego antes de traducirse al copto.

El Primer Apocalipsis de Santiago

El Primer Apocalipsis tiene forma de diálogo, el género preferido por la literatura gnóstica para transmitir revelaciones. Se divide en dos partes separadas por la crucifixión. En la primera, Jesús prepara a Santiago para lo que va a suceder y en la segunda, el Resucitado se le aparece y le entrega la enseñanza definitiva.

Un hermano que no es hermano

El texto comienza con una frase que marca todo lo que sigue. Jesús le dice a Santiago que no lo llama hermano sin motivo, aunque no sea su hermano según la materia. La afirmación desactiva de un plumazo la base del prestigio histórico de Santiago. Lo que importa no es el parentesco de sangre, que pertenece al mundo material, sino un parentesco espiritual que Santiago todavía no comprende.

Jesús le explica que procede de Aquel que Es, el Dios verdadero, que está más allá de todo nombre. Entre ese Dios y el mundo se interponen 12 hebdómadas, 72 cielos gobernados por arcontes, los poderes cósmicos que mantienen a las almas prisioneras en la materia. Jesús ha venido a revelar la existencia del Dios oculto,y por eso los arcontes lo odian.

Santiago tiene miedo. Pregunta a Jesús cómo podrá él, un hombre débil, enfrentarse a esos poderes armados contra él y Jesús le anuncia su propia muerte y le advierte de que también a él lo apresarán. Pero añade que no deben temer: los arcontes no se levantan contra Santiago, sino contra el conocimiento que lleva dentro.

El texto contiene además una frase durísima sobre Jerusalén, a la que llama morada de un gran número de arcontes, la ciudad que siempre da a beber a los hijos de la luz la copa de la amargura. El lugar donde Santiago dirigió la primera comunidad cristiana se convierte en símbolo del mundo hostil.

El monte y la aparición después de la cruz

Tras la conversación, Jesús se marcha para cumplir lo que debe suceder. Santiago se entera de su sufrimiento y se retira a un monte llamado Gaugelan con sus discípulos, que lo escuchan con tristeza. El texto no describe la crucifixión, porque para su autor lo que ocurrió en la cruz no fue lo importante.

Mientras Santiago reza en el monte, Jesús se le aparece. Santiago deja la oración, lo abraza y lo besa y le dice que había oído hablar de su sufrimiento y que había sentido una angustia inmensa. La respuesta de Jesús es la clave teológica del texto: nunca sufrió de ninguna forma, ni tampoco fue afligido. Aquel pueblo no le hizo ningún daño, porque lo que ellos atormentaron fue solo una imagen de los arcontes, que merecía ser destruida por ellos.

Esta idea, el docetismo, sostiene que el Cristo verdadero no podía sufrir porque no estaba realmente atrapado en la carne. Lo que murió en la cruz fue la parte material, no el Salvador. La misma concepción aparece en otros textos de Nag Hammadi, como el Apocalipsis de Pedro gnóstico, donde Jesús ríe desde lo alto mientras crucifican a su sustituto. Para los gnósticos, esta enseñanza tenía una consecuencia práctica: si el Salvador no sufrió en su ser verdadero, tampoco el alma del creyente será destruida cuando los poderes del mundo maten su cuerpo.

Las respuestas para los guardianes del cielo

La parte más famosa del Primer Apocalipsis es una especie de manual para la muerte. Jesús le explica a Santiago lo que ocurrirá cuando lo apresen y su alma empiece a subir. En el camino, tres poderes a los que el texto llama recaudadores de impuestos, porque se apoderan de las almas como quien cobra un tributo, intentarán detenerlo. Uno de ellos le preguntará quién es y de dónde viene.

Jesús le enseña las respuestas palabra por palabra. Santiago debe decir que es un hijo y que viene del Padre. Cuando le pregunten de qué padre, debe responder que viene del Padre preexistente y que es un hijo en el Preexistente. Cuando le pregunten adónde va, debe decir que regresa al lugar de donde vino y cuando los guardianes lo reclamen como algo que les pertenece, debe declarar que es un vaso más precioso que la mujer que los creó a ellos.

Esa mujer es Achamot, la Sabiduría inferior de la mitología valentiniana. Según esta escuela gnóstica, Sofía, el último de los eones del mundo divino, deseó conocer al Padre por sí misma y de ese deseo surgió una potencia imperfecta, Achamot, que a su vez dio origen al Demiurgo y a los poderes que gobiernan el cosmos. Santiago debe invocar a la Sofía superior, que está en el Padre y es madre de Achamot y recordar a los guardianes que Achamot fue concebida sin padre ni compañero masculino. Al escuchar el nombre de su origen, los poderes quedarán confundidos y el alma pasará.

El pasaje tiene un paralelo casi exacto en la obra de Ireneo de Lyon. En su tratado Contra las herejías, escrito hacia el año 180, Ireneo describe un rito de los valentinianos llamado redención, apolýtrosis, que se administraba a los moribundos. Les enseñaban unas fórmulas para que, después de la muerte, pudieran burlar a los poderes y ascender. Las fórmulas que cita Ireneo coinciden en gran parte con las del Primer Apocalipsis de Santiago. Por eso la mayoría de los especialistas lo atribuyen a un ambiente valentiniano del siglo II.

La idea de un alma que asciende atravesando esferas celestiales vigiladas no era exclusiva de los gnósticos. Aparece en el pensamiento platónico tardío, en los cultos mistéricos y en la literatura apocalíptica judía, pero el Primer Apocalipsis de Santiago le da una forma práctica y concreta. No describe el más allá para asombrar al lector, le entrega la contraseña.

Addai y las siete mujeres

El texto incluye dos detalles sobre la transmisión de la enseñanza que han intrigado a los investigadores. El primero es un nombre: Jesús ordena a Santiago que guarde en secreto estas revelaciones y que se las transmita a Addai. Según el texto, Addai las pondrá por escrito diez años después. Addai es el nombre del apóstol que, según la tradición siríaca, evangelizó Edesa y su mención sugiere que el texto circuló o se reelaboró en ambientes relacionados con el cristianismo sirio.

El segundo detalle es la mención de siete mujeres discípulas. Santiago pregunta a Jesús por ellas y el texto nombra a Salomé, Mariam, Marta y Arsínoe. Jesús las presenta como mujeres que han comprendido y que se han fortalecido. En otros textos gnósticos, como el Evangelio de María o el Evangelio de Felipe, las discípulas ocupan también un lugar destacado, a menudo en tensión con los apóstoles varones.

La versión del Códice Tchacos, más completa en su parte final, termina con el arresto y la muerte de Santiago. Así el diálogo queda enmarcado entre dos muertes, la de Jesús y la de su hermano y ambas se interpretan de la misma manera: los poderes del mundo creen vencer, pero solo destruyen lo que les pertenece.

El Segundo Apocalipsis de Santiago

El Segundo Apocalipsis tiene un tono muy distinto. No es un diálogo íntimo, sino un discurso público y su final no es una instrucción para el más allá, sino un martirio narrado con crudeza.

Un discurso en las escaleras del templo

El texto se presenta como el discurso que Santiago el Justo pronunció en Jerusalén, puesto por escrito por un sacerdote llamado Mareim, que se lo contó a Teudas, el padre del Justo, porque era pariente suyo. El marco narrativo es curioso: Santiago no tiene aquí como padre a José, sino a un tal Teudas y la fuente de la revelación es un sacerdote del templo.

Santiago habla sentado en la quinta grada de las escaleras del templo, ante una multitud. Buena parte de su discurso reproduce palabras de Jesús, que habla a través de él en primera persona. Jesús se presenta como el primer hijo engendrado, el iluminador y el redentor, el que ha venido a revelar al Padre oculto a quienes pueden recibirlo.

El texto incluye un recuerdo de enorme intimidad. Santiago cuenta que Jesús se le apareció, lo besó en la boca, lo abrazó y lo llamó «mi amado». Le reveló entonces que su parentesco no es el que Santiago creía: el padre de Santiago no es el padre de Jesús, pero el Padre de Jesús se ha convertido en padre también para él. Igual que en el Primer Apocalipsis, la hermandad de sangre queda sustituida por una hermandad espiritual.

El dios que se jactaba

El núcleo teológico del Segundo Apocalipsis es una crítica abierta al dios del Antiguo Testamento. Jesús, por boca de Santiago, habla de un dios que se jactaba de ser el único y que se enfurecía con quienes no lo servían. Ese dios es un poder inferior, el creador del mundo material, que retiene a los hombres como su propiedad. El Padre verdadero está por encima de él y los que pertenecen al Padre deben liberarse de su dominio.

Es la doctrina gnóstica del Demiurgo, el artesano del cosmos que en el Timeo de Platón era un dios bueno y que en la reinterpretación gnóstica se convirtió en un ser ignorante o arrogante. El Apócrifo de Juan, otro texto de Nag Hammadi, pone en boca de este dios la frase de Isaías según la cual no hay otro dios fuera de él y la interpreta como prueba de su ceguera, porque desconoce que por encima de él existe un mundo divino.

La paradoja del Segundo Apocalipsis es que esta crítica al dios de Israel se pronuncia en el templo de Jerusalén y por boca de Santiago, el apóstol más apegado a la ley de Moisés según las fuentes históricas. El autor gnóstico no conserva nada del Santiago judío salvo su nombre, su prestigio y su muerte.

La lapidación del Justo

La última parte del texto narra el martirio. Al escuchar el discurso, los sacerdotes y la multitud se enfurecen y deciden matarlo. Lo encuentran de pie junto a los pilares del templo, al lado de la gran piedra angular y deciden arrojarlo desde lo alto. Lo empujan al vacío, lo golpean, lo arrastran por el suelo y lo tienden en tierra. Le colocan una piedra sobre el vientre y lo pisotean, gritando que se ha equivocado. Después lo levantan, lo obligan a cavar un hoyo, lo meten dentro, lo cubren de tierra hasta el vientre y lo lapidan.

Mientras muere, Santiago pronuncia una larga oración. Pide a Dios que lo salve de esta esperanza muerta y de esta carne, que no permita que el enemigo lo humille ni que su alma quede presa y que lo lleve al lugar de descanso. La oración, llena de ecos de los salmos, es uno de los pasajes más bellos de la literatura de Nag Hammadi.

Los paralelos con el relato de Hegesipo son evidentes. En ambos, Santiago está en el templo, lo arrojan desde lo alto y lo rematan a pedradas. El procedimiento de cavar un hoyo y enterrar al condenado hasta la cintura, sin embargo, no aparece en Hegesipo y corresponde con bastante precisión al método de lapidación que describe la Misná, el código de la ley judía compilado hacia el año 200. Algunos investigadores, como Wolf-Peter Funk y Charles Hedrick, han sugerido que el autor del Segundo Apocalipsis manejaba una tradición independiente sobre la muerte de Santiago, quizá tan antigua como la de Hegesipo.

Dos apocalipsis frente a frente

Los dos textos comparten protagonista, título y códice, pero sus diferencias son tan importantes como sus semejanzas:

AspectoPrimer Apocalipsis de SantiagoSegundo Apocalipsis de Santiago
FormaDiálogo privado entre Jesús y SantiagoDiscurso público de Santiago en el templo
ManuscritosNag Hammadi (Códice V), Códice Tchacos y fragmentos griegos de OxirrincoSolo Nag Hammadi (Códice V)
EscuelaValentinianaGnóstica, sin adscripción clara
Tema centralEl ascenso del alma tras la muerteLa revelación del Padre oculto frente al Demiurgo
CrucifixiónJesús afirma que nunca sufrióNo es el foco del texto
Muerte de SantiagoAnunciada y, en el Códice Tchacos, narrada brevementeLapidación narrada con detalle
Figuras destacadasAddai y las siete mujeres discípulasMareim y Teudas
Fecha aproximadaSiglo IISiglos II-III

Qué nos enseñan estos textos

Lo más interesante de los dos Apocalipsis de Santiago no es lo que dicen sobre el Santiago histórico, que es muy poco, sino lo que revelan sobre las comunidades que los escribieron.

El primer hilo común es el sufrimiento. Los gnósticos del siglo II no eran filósofos encerrados en especulaciones abstractas sino que también sufrían persecución, tanto por parte de las autoridades romanas como, cada vez más, por parte de los obispos de la gran Iglesia. Ambos textos responden a una pregunta práctica: ¿qué sentido tiene morir por la fe si el cuerpo pertenece a los poderes del mundo? La respuesta es que la muerte afecta solo a lo que ya es de ellos. El martirio de Santiago, como la crucifixión de Jesús, destruye la parte material y libera la espiritual.

Esta interpretación choca con la de la gran Iglesia, que veía en el martirio una imitación del sufrimiento real de Cristo y una prueba de la resurrección de la carne. Ireneo de Lyon acusaba precisamente a los gnósticos de despreciar el martirio, porque si Cristo no sufrió de verdad, el sufrimiento de sus seguidores carecía de sentido. Los Apocalipsis de Santiago muestran que la realidad era más compleja: estos grupos también honraban a sus mártires, aunque interpretaban su muerte de otro modo.

El segundo hilo es la autoridad. Ambos textos insisten en que Santiago recibió una enseñanza que los demás no conocían y en que esa enseñanza se transmitió por una cadena de personas concretas, Addai en un caso y Mareim y Teudas en el otro. Es el mismo mecanismo que usaba la gran Iglesia con sus listas de obispos, aplicado a una tradición distinta. La lucha por el cristianismo del siglo II fue, en buena parte, una lucha por decidir quién había heredado de verdad a Jesús.

El tercer hilo es la transformación de Santiago. El personaje histórico, un judío piadoso que rezaba en el templo y defendía la ley, se convierte en portavoz de una doctrina que considera al dios de ese templo un poder inferior. Esta apropiación muestra hasta qué punto las figuras del cristianismo primitivo se volvieron maleables. Cada grupo moldeaba al Santiago que necesitaba: el asceta judío de Hegesipo, el obispo de obispos de las pseudoclementinas y el revelador de misterios de Nag Hammadi.

Otros textos de Santiago que no hay que confundir

El nombre de Santiago está asociado a varios textos antiguos y la confusión es frecuente.

La Epístola de Santiago es el único texto con su nombre que entró en el Nuevo Testamento. Es una carta de exhortación moral, conocida por su insistencia en que la fe sin obras está muerta, lo que llevó a Lutero a llamarla epístola de paja. No tiene nada de gnóstica ni de apocalíptica.

El Protoevangelio de Santiago, escrito a mediados del siglo II, narra el nacimiento y la infancia de la Virgen María y el nacimiento de Jesús. Es la fuente de tradiciones tan conocidas como los nombres de Joaquín y Ana, los padres de María y fue enormemente influyente en la piedad mariana.

El Apócrifo de Santiago, también llamado Carta secreta de Santiago, es otro texto de Nag Hammadi, conservado en el Códice I. Se presenta como una carta en la que Santiago transmite una revelación que Jesús les dio a él y a Pedro 550 días después de la resurrección. Comparte ambiente con los apocalipsis, pero es una obra distinta.

Por último, conviene recordar que el Santiago de estos apocalipsis no es Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo y hermano de Juan, el apóstol al que la tradición hispana vincula con Compostela. Santiago el Mayor murió decapitado por orden del rey Herodes Agripa I hacia el año 44, casi 20 años antes que el hermano del Señor. Tampoco es, según la mayoría de los historiadores, Santiago el Menor, hijo de Alfeo, aunque la tradición occidental identificó durante siglos a ambos personajes.

Artículos relacionados con apocalipsis y textos apócrifos

  • Cristianismo: Historia, doctrinas e influencia en el mundo
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  • Platón: el teórico de las formas y fundador de la Academia

Fuentes y bibliografía

Fuentes:

  • Eusebio de Cesarea. Historia eclesiástica.
  • Flavio Josefo. Antigüedades judías.
  • Ireneo de Lyon. Contra los herejes. Edición de Carlos Ignacio González. México: Conferencia del Episcopado Mexicano, 2000.
  • Kasser, Rodolphe; Wurst, Gregor; Meyer, Marvin y Gaudard, François (eds.). The Gospel of Judas, Together with the Letter of Peter to Philip, James, and a Book of Allogenes, from Codex Tchacos: Critical Edition. Washington: National Geographic, 2007.
  • Meyer, Marvin (ed.). The Nag Hammadi Scriptures. Nueva York: HarperOne, 2007.
  • Parrott, Douglas M. (ed.). Nag Hammadi Codices V,2-5 and VI. Leiden: Brill, 1979.
  • Piñero, Antonio; Montserrat Torrents, José y García Bazán, Francisco (eds.). Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi. 3 vols. Madrid: Trotta, 1997-2000.
  • Robinson, James M. (ed.). The Nag Hammadi Library in English. Leiden: Brill, 1988.
  • Veilleux, Armand. La première Apocalypse de Jacques; La seconde Apocalypse de Jacques. Quebec: Presses de l’Université Laval, 1986.

Bibliografía:

  • Bernheim, Pierre-Antoine. James, Brother of Jesus. Londres: SCM Press, 1997.
  • Chilton, Bruce y Evans, Craig A. (eds.). James the Just and Christian Origins. Leiden: Brill, 1999.
  • Eisenman, Robert. James the Brother of Jesus. Nueva York: Viking, 1997.
  • Funk, Wolf-Peter. Die zweite Apokalypse des Jakobus aus Nag-Hammadi-Codex V. Berlín: Akademie Verlag, 1976.
  • Layton, Bentley. The Gnostic Scriptures. Nueva York: Doubleday, 1987.
  • Mahé, Jean-Pierre y Poirier, Paul-Hubert (dirs.). Écrits gnostiques. La bibliothèque de Nag Hammadi. París: Gallimard, Bibliothèque de la Pléiade, 2007.
  • Pagels, Elaine. Los evangelios gnósticos. Barcelona: Crítica, 1982.
  • Painter, John. Just James: The Brother of Jesus in History and Tradition. Columbia: University of South Carolina Press, 2004.
  • Piñero, Antonio. Los cristianismos derrotados. Madrid: EDAF, 2007.
  • Rudolph, Kurt. Gnosis: The Nature and History of Gnosticism. San Francisco: Harper & Row, 1983.
  • Schoedel, William R. «Scripture and the Seventy-Two Heavens of the First Apocalypse of James». Novum Testamentum 12 (1970), pp. 118-129.

Preguntas frecuentes sobre el Apocalipsis de Santiago

¿Qué es el Apocalipsis de Santiago?

Es el título de dos textos gnósticos diferentes, el Primer y el Segundo Apocalipsis de Santiago, conservados en el Códice V de Nag Hammadi, descubierto en Egipto en 1945. Ambos presentan a Santiago, el hermano de Jesús, como receptor de revelaciones secretas. El Primero es un diálogo sobre el ascenso del alma tras la muerte y el Segundo es un discurso en el templo de Jerusalén que termina con el relato de su lapidación. Se escribieron en griego entre los siglos II y III y se conservan sobre todo en traducción copta.

¿Quién era Santiago el Justo?

Era uno de los hermanos de Jesús mencionados en los evangelios y, tras la crucifixión, el líder de la comunidad cristiana de Jerusalén. Pablo lo llama columna de la Iglesia y los Hechos de los Apóstoles le atribuyen la decisión final del concilio de Jerusalén. Recibió el sobrenombre de el Justo por su piedad y su fidelidad a la ley judía. Murió lapidado en el año 62, según el historiador judío Flavio Josefo.

¿Qué dice el Primer Apocalipsis de Santiago sobre la crucifixión?

Afirma que Jesús nunca sufrió en su ser verdadero. Tras la crucifixión, el Resucitado se aparece a Santiago y le explica que quienes lo atormentaron solo destruyeron una imagen de los arcontes, los poderes que gobiernan el mundo material. Es una visión docetista, típica de muchos textos gnósticos, según la cual la parte divina de Cristo no podía ser herida.

¿Qué son los recaudadores de impuestos del Primer Apocalipsis?

Son los poderes que, según el texto, vigilan el camino del alma hacia el Padre y la retienen como si cobraran un tributo. Jesús enseña a Santiago las respuestas exactas que debe darles, en las que invoca su origen en el Padre preexistente y en la Sofía superior. Estas fórmulas coinciden con las de un rito valentiniano para moribundos que describe Ireneo de Lyon, lo que permite relacionar el texto con esa escuela gnóstica.

¿Cómo murió Santiago según el Segundo Apocalipsis?

Los sacerdotes y la multitud lo arrojan desde lo alto del templo, lo golpean, lo pisotean con una piedra sobre el vientre, lo entierran hasta la cintura en un hoyo que él mismo tiene que cavar y lo lapidan. Santiago muere rezando. El relato coincide en parte con el de Hegesipo, conservado por Eusebio, pero incluye detalles propios que corresponden al procedimiento de lapidación descrito en la Misná.

¿Es el mismo Santiago de Compostela?

No. El Santiago venerado en Compostela es Santiago el Mayor, hijo de Zebedeo y hermano del apóstol Juan, que murió decapitado hacia el año 44. Los Apocalipsis de Santiago tienen como protagonista a Santiago el Justo, el hermano del Señor, que murió lapidado en Jerusalén en el año 62.

Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.

Tags: Apocalípsis apócrifosCristianismolibros apócrifosTextos apócrifos
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