La batalla de Salamina se libró a finales de septiembre de 480 a.C., en el estrecho que separa la isla de Salamina de la costa del Ática, frente a Atenas. Una flota griega formada por unas 350 naves se enfrentó a la armada persa de Jerjes, muy superior en número. Al final del día, los griegos habían hundido o capturado un gran número de barcos persas y el rey se retiró hacia Asia con buena parte de su ejército.
El episodio tiene una dimensión estratégica clara. Persia no podía abastecer a un ejército grande en Grecia sin el control del mar y sin esa flota Jerjes perdió la posibilidad de mantener la campaña, pero Salamina es también un caso de estudio sobre cómo se toman decisiones bajo presión: el ateniense Temístocles convenció a los aliados de combatir en un espacio que él había elegido y se valió de un engaño para que el rey lanzara su flota contra la trampa.
Las fuentes son desiguales. Heródoto ofrece el relato más largo y con más detalles políticos, pero es escaso en la descripción técnica del combate. Esquilo, que escribió la tragedia Los persas pocos años después, aporta una mirada de quien conocía a los protagonistas. Las cifras varían de una fuente a otra y esta guía las presenta separadas para que el lector pueda ver dónde hay acuerdo y dónde hay discusión.
Una ciudad vacía y una flota que aún resistía
Cuando Jerjes entró en el Ática, en el verano de 480 a.C., Atenas ya había sido evacuada en buena parte. Heródoto dice que los ciudadanos cruzaron al estrecho o se refugiaron en Trecén y en otras ciudades del Peloponeso y que solo quedaron en la acrópolis algunos hombres que se negaron a marcharse. Los persas tomaron la ciudad y la incendiaron, destruyendo santuarios y edificios de la acrópolis. Ese episodio tiene una importancia simbólica enorme y el depósito de restos quemados que se encontró después en la colina es una de las huellas más visibles de la destrucción.
La flota griega, por su parte, seguía reunida en el estrecho de Salamina y su situación era frágil. Tras la derrota en las Termópilas y el choque indeciso del cabo Artemisio, los aliados debatían si debían retirarse al istmo de Corinto, donde podían defender el Peloponeso sin renunciar a sus ciudades o si debían aceptar el combate allí donde estaban.
Heródoto describe las discusiones con detalle. Los corintios y otros aliados querían replegarse y los atenienses, que habían perdido su ciudad, querían luchar. El desacuerdo se resolvió en parte porque los persas avanzaron hacia el Peloponeso y amenazaban con abrir un nuevo frente. La decisión final fue quedarse y combatir en el estrecho, aunque no todos los aliados lo aceptaron.
Temístocles y el plan del estrecho
Temístocles era el estratega ateniense que había impulsado la construcción de la flota. Según Heródoto y Plutarco, esa flota se financió con los beneficios de las minas de plata de Laurión, en lugar de repartirlos entre los ciudadanos. La decisión fue difícil y tuvo oposición, pero dio a Atenas la mayor parte de las naves griegas en 480 a.C.
Su argumento sobre el estrecho era táctico. En un espacio abierto, la mayor cantidad de barcos persas le daba ventaja, porque podía rodear a los griegos y sobrepasar sus alas. En un canal estrecho, en cambio, las naves enemigas tenían menos espacio para maniobrar y sus tripulaciones se estorbaban entre sí. Los griegos, con trirremes más ligeras y mejor adiestradas para la embestida, podían aprovechar esa desventaja.
Heródoto cuenta que Temístocles no se limitó a convencer a los aliados sino que preparó un engaño para empujar a Jerjes a atacar en el estrecho. Según el historiador, envió a un esclavo de confianza, Sicino, con un mensaje para el rey: los griegos estaban divididos y algunos de sus jefes querían pasarse al bando persa. El mensaje animaba al rey a cerrar el paso a los griegos antes de que pudieran huir.
El engaño funcionó, al menos en parte. Jerjes decidió bloquear las salidas del estrecho y colocó tropas en la isla de Psítalea para interceptar a los náufragos griegos. El rey mismo, según Heródoto, observó la batalla desde una posición elevada en la costa del Ática, en un lugar que la tradición identifica con el monte Egaleo.
No todos los historiadores creen que el engaño tuviera el peso que le da Heródoto. Algunos piensan que el movimiento persa respondió a otras consideraciones militares y que la información de Sicino solo aceleró una decisión que ya se estaba tomando. La cuestión no puede resolverse con las fuentes disponibles y conviene presentarla como una interpretación.
La noche anterior y el choque del amanecer
La noche anterior a la batalla fue tensa. Heródoto cuenta que los persas mantuvieron sus posiciones toda la noche, a la espera de que los griegos intentaran escapar y que hubo discusiones entre los jefes persas sobre si debían atacar de inmediato o esperar al día. Los generales persas, según el historiador, dudaban de la lealtad de algunos aliados y eso también influyó en sus decisiones.
El amanecer trajo el combate. Heródoto no ofrece una narración de jornada completa, sino un conjunto de episodios: el choque de las primeras naves, el enfrentamiento en la boca del estrecho y la confusión creciente a medida que las naves persas se apelotonaban. Las trirremes griegas, que habían estado escondidas en las bahías de Salamina, salieron al encuentro de la flota persa y la atacaron por los flancos.
Las naves persas no podían maniobrar. Su número, que era una ventaja en mar abierto, se convertía aquí en un obstáculo. Los barcos chocaban entre sí, los remeros se trababan y las tripulaciones quedaban expuestas a los espolones griegos. Esquilo describe en Los persas la confusión de la batalla, con remos rotos y naves hundidas, en un relato que hoy se estudia como fuente temprana y valiosa, aunque escrita con fines dramáticos.
La batalla se decidió en unas pocas horas. Las naves persas se retiraron hacia el norte y muchas se hundieron o fueron capturadas. Heródoto habla de una derrota completa de la flota persa, mientras que Esquilo y otros autores hablan de pérdidas muy altas. El resultado no se discute, aunque la magnitud exacta sí.
Los protagonistas que la tradición recuerda
Heródoto distingue entre los comandantes griegos y persas y da cuenta de algunos episodios de valor y de traición que merecen atención. Entre los griegos, Temístocles aparece como el cerebro de la estrategia. Aristides, un ateniense que había sido desterrado poco antes y que regresó para la batalla, es presentado como un hombre de integridad, aunque su papel exacto en el combate se describe con poco detalle.
Heródoto cuenta que Aristides se presentó ante los jefes griegos para asegurarles que los persas los tenían rodeados y que muchos se negaron a creerle. Esta escena, de tono casi teatral, muestra las tensiones de un ejército formado por ciudades rivales.
Entre los persas destaca Artemisia, reina de Halicarnaso, que mandaba un contingente naval. Heródoto la describe como la única que aconsejó al rey no combatir en el estrecho, porque temía que la flota fuera destruida. Según el historiador, Jerjes no escuchó su consejo y ella consiguió huir del combate. La figura de Artemisia es una de las más fascinantes del relato, aunque su papel real es difícil de verificar.
También hay episodios de traición y de deserción. Heródoto menciona naves de origen jonio que se pasaron al bando griego durante la batalla, lo que reforzó la posición de los aliados y debilitó a los persas. Este dato tiene un valor especial, porque muestra cómo los griegos de Asia Menor se alinearon en momentos clave con su propia causa.
Cifras que conviene separar
Las cifras de Salamina son uno de los problemas históricos más discutidos. Heródoto da 1.207 naves persas y Esquilo confirma esa cifra en Los persas. Los historiadores modernos consideran esa cantidad imposible para una flota de combate, porque incluye embarcaciones menores, de transporte y de apoyo. Las estimaciones actuales hablan de entre 600 y 800 naves persas, aunque no hay consenso.
Para la flota griega, Heródoto da 378 naves, aunque cuando suma las cifras por ciudad el resultado es 366. Esquilo cifra la flota griega en 310 naves y Tucídides, que escribió medio siglo después, menciona 400, aunque atribuye esa cifra a un orador que quería exagerar el papel de Atenas. Cada cifra tiene sus propios problemas y la discusión sigue abierta.
Las pérdidas tampoco están claras. Heródoto habla de unas 200 naves persas capturadas o hundidas, mientras que las pérdidas griegas serían mucho menores. Algunas fuentes dan cifras más altas para la flota persa y otras más bajas. Lo que parece seguro es que la derrota persa fue grave y que la flota de Jerjes quedó muy debilitada para el resto de la campaña.
Las fuentes: Heródoto, Esquilo y Tucídides
Heródoto escribió su obra en las décadas centrales del siglo V a.C., probablemente después de la guerra. Su relato de Salamina combina el dato militar con el político y el personal. El historiador recoge discursos, anécdotas y diálogos y no siempre distingue entre lo que vio y lo que le contaron. Por eso su versión debe leerse con atención crítica.
Esquilo estuvo presente en las Guerras Médicas y su tragedia Los persas, representada en 472 a.C., es la única obra conservada que trata la batalla desde un punto de vista contemporáneo. La obra presenta a los persas en su derrota y en su duelo y contiene detalles valiosos sobre la batalla, aunque su objetivo es dramático. En Los persas, el mensajero que describe la derrota tiene la función de transmitir el horror de lo ocurrido, no de hacer un informe técnico.
Tucídides menciona Salamina en el contexto de la historia de Atenas y critica las cifras exageradas que circulaban sobre la flota griega. Su aportación es menos narrativa, pero importante porque muestra cómo se construían las cifras y los relatos sobre la guerra desde la perspectiva de los años posteriores.
Hay también fuentes posteriores, como Plutarco, que escribió vidas de Temístocles y Aristides y que recoge tradiciones distintas sobre el engaño, las discusiones de los jefes griegos y el papel de cada líder. Esos relatos son útiles, pero añaden capas de interpretación que conviene separar de los hechos.
La importancia de Salamina para el resto de la guerra
Tras la derrota, Jerjes decidió regresar a Asia con una parte de su ejército. Heródoto cuenta que dejó a Mardonio al mando de las tropas que quedaban en Grecia, con la intención de completar la conquista el año siguiente. Esa decisión mostró que el rey había perdido la confianza en la campaña, aunque no en la posibilidad de volver.
El control del mar cambió de manos. Los griegos pudieron avanzar hacia el Egeo y pensar en la ofensiva, algo que hasta entonces parecía imposible. Un año después, en 479 a.C., el ejército persa fue derrotado en Platea y la flota persa fue vencida en Mícale. Ese encadenamiento de victorias permitió que la alianza griega se transformara en un instrumento de liberación de las ciudades de Asia Menor.
Salamina también sentó las bases del poder ateniense posterior. La flota que había salvado a la ciudad se convirtió en el instrumento de la Liga de Delos y el prestigio de Temístocles le dio un papel político que después se volvió frágil. Su caída, años más tarde, muestra que el liderazgo naval ateniense dependía de figuras muy concretas.
Memoria de la batalla
Salamina ocupa un lugar central en la memoria griega y occidental. Heródoto y Esquilo la presentaron como una victoria de la inteligencia sobre la fuerza y esa lectura se ha repetido durante siglos. En la Antigüedad, los atenienses recordaban el episodio como un momento de unidad y de resistencia.
En época moderna, la batalla fue objeto de numerosas representaciones artísticas. La pintura de Wilhelm von Kaulbach, de 1868, muestra el combate con una mirada romántica. Es la misma que se propuso como cabecera en su momento y conviene consultar su ficha de museo antes de citar la ubicación exacta de la obra. Esa imagen forma parte de la forma en que el siglo XIX entendió la guerra antigua, con un estilo heroico que hoy conviene leer como testimonio de su época.
Grecia ha conmemorado la batalla en diversas ocasiones. En 2012 se celebró el aniversario de los 2.500 años con un programa de actividades, lo que muestra la permanencia del episodio en la identidad del país.
Tabla de datos clave
| Dato | Información | Fuente principal |
|---|---|---|
| Fecha | 23 o 24 de septiembre de 480 a.C. | Cronología moderna |
| Lugar | Estrecho entre Salamina y la costa del Ática | Heródoto |
| Flota persa | 1.207 naves según Heródoto; 600 a 800 según estimaciones modernas | Heródoto y cálculos modernos |
| Flota griega | 378 según Heródoto (366 al sumar ciudades); 310 según Esquilo; 400 según Tucídides | Diversas fuentes |
| Comandante griego principal | Temístocles | Heródoto |
| Comandante persa | Jerjes, que observa desde el monte Egaleo | Heródoto |
| Pérdidas persas | Unas 200 naves según Heródoto; cifra discutida | Heródoto |
| Pérdidas griegas | Cifra menor, sin consenso | Heródoto |
| Resultado | Victoria griega; retirada persa | Heródoto y Esquilo |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Heródoto. Historias, libro VIII.
- Esquilo. Los persas.
- Tucídides. Historia de la guerra del Peloponeso, libro I, para la referencia a la flota griega.
- Plutarco. Vidas paralelas, vida de Temístocles.
Bibliografía:
- Briant, Pierre. Historia del Imperio persa.
- Holland, Tom. Persian Fire: The First World Empire and the Battle for the West. Little, Brown, 2005.
- Green, Peter. The Greco-Persian Wars. University of California Press, 1996.
- Lazenby, John F. The Defence of Greece 490-479 BC. Aris & Phillips, 1993.
- Hanson, Victor Davis. The Western Way of War: Infantry Battle in Classical Greece. University of California Press, 1989.
- van Wees, Hans. Greek Warfare: Myths and Realities. Duckworth, 2004.
- Hanson, Victor Davis. The Western Way of War: Infantry Battle in Classical Greece. University of California Press, 1989.
Recursos digitales:
- Perseus Digital Library, Tufts University. Textos griegos y latinos con traducción inglesa.
- Ministerio de Cultura de Grecia. Proyecto «2500 años de la batalla de Salamina» y materiales sobre Maratón y Termópilas.
Preguntas frecuentes sobre la batalla de Salamina
¿Cuándo se libró la batalla de Salamina?
Se sitúa a finales de septiembre de 480 a.C., entre el 23 y el 24 de ese mes según las fechas más aceptadas. No hay una fecha documentada con total certeza, porque las fuentes antiguas no siempre dan el día exacto, pero la cronología general es sólida. Unas semanas antes, las Termópilas habían caído en agosto.
¿Cuántas naves había en cada bando?
Heródoto da 1.207 naves persas y 378 griegas, aunque sus propias cifras por ciudad suman 366. Esquilo da 310 naves griegas. Las estimaciones modernas sitúan la flota persa entre seiscientas y ochocientas naves, y la griega en torno a trescientas cincuenta, con mucha incertidumbre. Las cifras antiguas suelen exagerar el tamaño de la flota enemiga, y conviene tratarlas como indicios y no como datos cerrados.
¿Fue real el engaño de Temístocles?
Heródoto lo cuenta, y es el relato que se ha transmitido durante siglos. Sin embargo, los historiadores discuten cuánto influyó en la decisión persa. Es posible que Jerjes ya tuviera intención de atacar y que el mensaje solo acelerara la decisión. La cuestión no se puede resolver con las fuentes, y el episodio conviene presentarlo como una interpretación.
¿Por qué no combatieron los persas en mar abierto?
Porque el estrecho anulaba la ventaja del número. Los persas tenían más naves, pero en un canal estrecho no podían desplegarse y maniobrar, y las tripulaciones se estorbaban entre sí. Los griegos, con trirremes más ligeras y mejor adiestradas, pudieron atacar por los flancos y aprovechar el caos.
¿Qué papel tuvo Artemisia?
Heródoto la describe como la reina de Halicarnaso que mandaba un contingente naval persa. Según el historiador, fue la única que aconsejó a Jerjes no combatir en el estrecho, y que después logró escapar del combate. Su papel real es difícil de verificar, y algunos historiadores piensan que el relato tiene un componente literario. La figura de Artemisia sigue siendo una de las más citadas del episodio.
¿Qué pasó con Atenas después de la batalla?
La ciudad estaba destruida en buena parte, porque los persas habían incendiado la acrópolis y los santuarios. Los atenienses regresaron después de la retirada persa y empezaron la reconstrucción, que se prolongó durante años. La victoria dio a Atenas un prestigio que se transformó en liderazgo naval, y sentó las bases de la Liga de Delos.
¿Por qué es importante Salamina para la historia de Grecia?
Porque demostró que Persia podía ser derrotada en el mar, y porque la pérdida del control naval impidió que Jerjes mantuviera su campaña. Desde entonces, la iniciativa pasó a los griegos, que pudieron llevar la guerra a Asia Menor. Salamina es, por tanto, el punto de inflexión de las guerras médicas.
¿Dónde puedo seguir leyendo sobre el tema?
El texto básico es el libro VIII de Heródoto, en su edición en español de la editorial Gredos. Para la tragedia de Esquilo, Los persas, conviene leer la edición en español también de Gredos. Para el contexto, la guía de las guerras médicas explica la secuencia completa. Después, el lector puede seguir con la batalla de las Termópilas y la figura de Temístocles.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









