Así sobrevivieron los neandertales en el centro de la Península

Los grupos neandertales tuvieron unas culturas complejas y dinámicas que fueron cambiando a lo largo del tiempo y el espacio. También contaron con unas estrategias de explotación del territorio ajustadas a sus intereses y preferencias. El análisis de restos de fauna de tres fases de ocupación del yacimiento de Jarama VI en Guadalajara confirma que desarrollaron sus propias prioridades, así como la tecnología de conservación de los alimentos, en función de los recursos y la disponibilidad de animales.

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Pareja de neandertales. / José Antonio Peñas (Sinc)

Reconstruir los modos de vida de los humanos prehistóricos no es tarea fácil. El paso de miles de años reduce los antiguos asentamientos a poco más que restos de herramientas de piedra, huesos y huellas de hogueras y otras estructuras.

No obstante, el estudio de los huesos de animales cazados por las sociedades del pasado puede proporcionar importantes pistas sobre la forma de vivir de esas gentes.

Por un lado, a través de técnicas de la Paleontología, es posible calcular a qué edad y en qué estación del año fueron abatidas muchas de las presas de los humanos del Paleolítico, como ciervos, rebecos, cabras montesas o caballos salvajes.

Por otro, las labores de carnicería sobre los cadáveres de los animales dejan una serie de marcas de corte en los huesos que pueden ser interpretadas.

Así, es posible saber si los animales eran desmembrados para ser cocinados directamente sobre el fuego y consumidos en el momento, si se extraían tiras de carne para ser conservadas y guardadas a modo de provisiones, si lo que interesaba era la piel del animal o si se golpeaban los huesos para el consumo del tuétano, etc.

Antes de su desaparición hace unos 40.000 años, las comunidades neandertales habitaron toda Eurasia, desde las costas mediterráneas hasta Siberia, durante miles de años.

El interior de la Península no era una excepción. Estas sociedades nómadas se adaptaron a una gran cantidad de ecosistemas muy diferentes, moviéndose por el territorio en función de la estación del año y la disponibilidad de los recursos.

Un estudio de los restos faunísticos del yacimiento musteriense de Jarama VI en Guadalajara ha ayudado a mejorar el conocimiento de las estrategias de subsistencia y la explotación del territorio por los neandertales en el centro de la Península.

“Aquellas sociedades neandertales hicieron un uso diferente según el momento del sitio: primero funcionó como un campamento residencial de larga estancia, luego como un lugar de visita esporádica donde forrajear vegetales y otros recursos y, por último, como un cazadero. En la fase más antigua se ha detectado la extracción de tiras de carne para su posterior conservación (mediante el secado o el ahumado) y su consumo en diferido”, confirma Antonio J. Romero, investigador del Área de Prehistoria del departamento de Geografía, Prehistoria y Arqueología de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea.

El trabajo, ahora publicado en Archaeological and Anthropological Sciences, ha permitido realizar una aproximación a las comunidades neandertales que vivieron en el corazón de este yacimiento, un antiguo asentamiento neandertal que fue frecuentado por humanos en tres fases diferentes hace unos 50.000 años.

Diferentes estrategias

“En el nivel 3, el más antiguo, las sociedades neandertales establecieron en el abrigo rocoso del yacimiento, cercano al río Jarama, un campamento residencial de larga estancia en el cual residían durante todo el año. Las partidas de cazadores aportaron las partes más ricas en carne de ciervos cazados en otros lugares a ese campamento base”, explica Romero.

Los investigadores comprobaron cómo los neandertales repartían y consumían la carne de esos animales y, además, parte de la misma era extraída en tiras de las patas de los venados para ser conservada, probablemente secada al sol o ahumada. También trabajaban las pieles de los ciervos para confeccionar ropa de abrigo, mantas y otros accesorios para los campamentos.

“En el nivel 2, comprobamos que los grupos neandertales visitaron esporádicamente el yacimiento. Los humanos cazaron en el entorno algunos herbívoros entre el verano y el otoño, trasladando algunas porciones de esos animales al yacimiento, donde las consumían.

Teniendo en cuenta que en esta fase existió un clima muy húmedo y las crecidas del río fueron muy frecuentes, posiblemente las sociedades neandertales estuvieron más interesadas en los recursos vegetales que en la caza”, añade el experto. Se han hallado en esta fase una serie de guijarros probablemente empleados para procesar juncos y otras plantas de ribera comestibles.

Por último, “en el nivel 1 (la fase más reciente del sitio), los grupos neandertales utilizaron Jarama VI como un cazadero, sobre todo de caballos salvajes, entre finales de primavera y el verano. Los animales eran abatidos en el mismo sitio o en las cercanías del yacimiento, donde hacían un primer procesado de los cadáveres, consumiendo algunas partes (como los costillares y el espinazo) y trasladando las partes más ricas en carne (los cuartos traseros y delanteros) hacia otros campamentos”, expone el investigador de la UPV/EHU.

Por tanto, el estudio concluye que las sociedades neandertales supieron cómo gestionar su entorno y aprovechar los recursos en cada época del año.

“Esos grupos procesaron sus presas de forma intensiva, obteniendo de ellas en ocasiones tiras de carne que, secadas al sol o ahumadas, sirvieron como reservas de comida en un medio riguroso como el del centro de la Península”, dice. Son las comunidades neandertales las que desarrollan la tecnología de conservación de los alimentos.

Además, el cambio de estrategias de esos grupos a lo largo del tiempo en las diferentes fases de ocupación de ese sitio nos permite asegurar que tenían una planificación importante a largo plazo, así “como una cultura compleja y dinámica que les llevaba a tener una serie de preferencias en cuanto a los recursos disponibles en el entorno”, concluye Romero.

Vía Sinc

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