La escritura es, probablemente, el invento más trascendental en la historia de la humanidad. Hace aproximadamente 5.000 años, en las fértiles llanuras de Mesopotamia, los seres humanos dieron un salto evolutivo que transformaría para siempre nuestra especie: comenzaron a fijar el lenguaje hablado en símbolos permanentes que podían ser leídos por otros, incluso siglos después.
Este invento no fue repentino ni obra de un solo genio. La escritura evolucionó gradualmente desde sistemas primitivos de contabilidad, pasando por representaciones pictóricas de objetos concretos, hasta llegar a sistemas abstractos capaces de expresar cualquier pensamiento humano. El proceso tomó milenios y ocurrió de manera independiente en al menos cuatro focos civilizatorios: Mesopotamia, Egipto, el valle del Indo y China.
La invención de la escritura marca la frontera convencional entre prehistoria e historia. Antes de ella, el conocimiento humano dependía exclusivamente de la memoria y la transmisión oral, vulnerables al olvido y la distorsión. Con la escritura, las sociedades pudieron acumular conocimientos a través de generaciones, desarrollar administraciones complejas, codificar leyes, preservar literatura y ciencia, y crear la civilización tal como la conocemos.
En este artículo exploraremos el fascinante viaje de la escritura desde sus humildes orígenes como sistema de contabilidad en templos sumerios hasta los sofisticados alfabetos que usamos hoy. Descubriremos cómo diferentes culturas, separadas por miles de kilómetros y sin contacto entre sí, desarrollaron independientemente este invento revolucionario. Analizaremos la evolución desde pictogramas que representaban objetos hasta alfabetos que capturan sonidos puros, permitiendo escribir cualquier palabra en cualquier idioma.
¿Qué es la escritura? Definición y características
La escritura como código de comunicación visual
La escritura es un sistema de comunicación que utiliza signos gráficos para representar el lenguaje hablado de manera permanente y transmisible. A diferencia de otros sistemas de comunicación visual —como señales de humo, banderas o pictogramas aislados— la escritura posee características específicas que la definen.
En primer lugar, la escritura es sistemática: sus símbolos forman un conjunto organizado con reglas consistentes. Cada signo tiene un valor convencional que es reconocido por una comunidad de usuarios. No se trata de dibujos ocasionales sino de un código estructurado que permite expresar el lenguaje completo.
En segundo lugar, la escritura es duradera. Mientras que el habla desaparece inmediatamente después de pronunciarse, la escritura fija el mensaje en un soporte material —arcilla, papiro, pergamino, papel— que puede conservarse durante siglos o milenios. Esta permanencia permite la transmisión del conocimiento a través del tiempo y el espacio.
Finalmente, la escritura es descifrable: puede ser leída e interpretada por cualquier persona que conozca el código, incluso si está separada del autor por vastas distancias temporales o espaciales. Los sumerios que escribieron las tablillas de Uruk hace 5.000 años no podían imaginar que sus mensajes serían leídos en el siglo XXI, pero así ocurre gracias a la naturaleza permanente y descifrable de la escritura.
Diferencia entre escritura y otros sistemas de comunicación visual
Es importante distinguir la escritura propiamente dicha de sistemas precursores o paralelos de comunicación visual. El arte rupestre prehistórico, aunque transmitía información, no constituía escritura porque carecía de estructura sistemática y no representaba lenguaje hablado de manera convencional.
Los quipu incas —cordeles con nudos que registraban información numérica y posiblemente narrativa— constituyen un caso limítrofe. Transmitían información de manera sistemática pero no representaban directamente el lenguaje quechua hablado. La mayoría de especialistas los consideran sistemas de registro pero no escritura plena, aunque el debate continúa.
Los wampum iroqueses —cinturones de cuentas de colores— funcionaban como mnemotécnicos que ayudaban a recordar tratados, historias y mensajes. Sin embargo, los propios wampum no «decían» nada: requerían la presencia de alguien que conociera la historia asociada. No eran, por tanto, escritura autónoma sino ayudas para la memoria oral.

La escritura verdadera aparece cuando los símbolos gráficos representan unidades lingüísticas —palabras, sílabas o sonidos— de manera convencional y sistemática, permitiendo que cualquier hablante de la lengua pueda leer el mensaje sin conocimiento previo de su contenido específico.
Los precursores: antes de la escritura
Arte rupestre: las primeras representaciones simbólicas
Las pinturas rupestres prehistóricas, que datan de hace más de 40.000 años, representan la primera manifestación de pensamiento simbólico humano plasmado visualmente. Las cuevas de Altamira en España, Lascaux en Francia, o Chauvet también en Francia, exhiben representaciones sofisticadas de animales, escenas de caza y figuras humanas que comunicaban información sobre el mundo que rodeaba a nuestros ancestros.
Sin embargo, estas pinturas no constituyen escritura. Carecen de la sistematicidad necesaria: cada imagen es única, no forma parte de un código convencional compartido. Probablemente tenían funciones rituales, mágicas o narrativas, pero no representaban lenguaje hablado de manera estructurada.
Lo curioso es que algunas pinturas rupestres incluyen signos abstractos —líneas, puntos, retículas— cuyo significado se nos escapa completamente. Algunos investigadores especulan que podrían representar sistemas de notación primitivos, quizá para marcar el paso del tiempo, registrar cantidades de presas, o indicar rutas migratorias. Si esta interpretación es correcta, estos signos abstractos podrían ser precursores directos de la escritura, aunque su significado exacto permanece misterioso.
Sistemas mnemotécnicos: nudos, cuentas y marcas
Antes de desarrollar escritura propiamente dicha, diversas culturas crearon sistemas mnemotécnicos —ayudas para la memoria— que permitían registrar y transmitir información de manera más eficiente que la memoria oral pura.
Los quipu incas son el ejemplo más sofisticado. Estos conjuntos de cordeles anudados registraban información numérica mediante un sistema decimal: la posición del nudo indicaba la magnitud (unidades, decenas, centenas), el tipo de nudo indicaba el número específico, y el color del cordel indicaba la categoría (maíz, llamas, soldados, etc.). Los quipucamayocs —funcionarios especializados— podían «leer» estos quipu y extraer información compleja sobre censos, tributos, almacenes y cronologías.

Lo fascinante es que algunos quipu parecen contener información narrativa, no solo numérica. Ciertos patrones de nudos no corresponden claramente a números sino que podrían representar nombres, lugares o eventos. Si los quipu realmente codificaban narrativas, constituirían un sistema de escritura único, radicalmente diferente de todos los demás, basado en nudos tridimensionales en lugar de marcas bidimensionales.
Los wampum de los pueblos iroqueses de Norteamérica funcionaban de manera similar. Cinturones tejidos con cuentas de diferentes colores representaban tratados, alianzas, declaraciones de guerra o historias tribales. El diseño y los colores servían como ayuda visual para que los portadores memorizaran y recitaran los textos asociados. Sin embargo, los wampum mismos no «decían» el texto; este residía en la memoria del narrador.
Fichas de arcilla: el origen de la escritura cuneiforme
El descubrimiento más revolucionario sobre los orígenes de la escritura lo hizo la arqueóloga Denise Schmandt-Besserat en los años 1970-1980. Estudiando fichas de arcilla del Neolítico encontradas en yacimientos de Oriente Próximo, demostró que estas fichas —de diversas formas: esferas, conos, cilindros, discos— representaban mercancías específicas en transacciones comerciales.
Hacia 8000 a.C., las comunidades agrícolas de Mesopotamia usaban estas fichas como sistema contable. Una esfera pequeña podía representar una medida de grano; un cono, una jarra de aceite; un cilindro, un animal. Cuando se realizaba una transacción, las fichas correspondientes se guardaban en envoltorios de arcilla sellados —las bullae— que funcionaban como contratos.
Alrededor de 3500 a.C. ocurrió el salto crucial: alguien tuvo la idea de marcar en el exterior de la bulla impresiones de las fichas que contenía, evitando tener que romperla para verificar su contenido. Estas impresiones externas son las primeras marcas que representan sistemáticamente conceptos específicos: son protocuneiformes, el origen directo de la escritura cuneiforme sumeria.
El paso siguiente fue lógico: si las impresiones externas contenían toda la información, ¿para qué conservar las fichas en el interior? Las bullae evolucionaron hacia tablillas planas donde las impresiones se hacían directamente con un estilete. Hacia 3200 a.C., estas marcas ya no eran simples impresiones de fichas sino signos deliberadamente trazados: había nacido la escritura cuneiforme.
Mesopotamia: la cuna de la escritura
Los sumerios y las tablillas de Uruk (3400-3200 a.C.)
Los primeros textos escritos que conocemos provienen de Uruk, la ciudad más grande del mundo antiguo alrededor de 3200 a.C. con una población estimada de 40.000 habitantes. En los templos de esta ciudad sumeria se han encontrado las tablillas más antiguas: registros administrativos que inventariaban sacos de cereales, cabezas de ganado, jornadas de trabajo y distribuciones de raciones.
Estas primeras tablillas utilizaban pictogramas: dibujos esquemáticos de los objetos que representaban. El signo de «cabeza de buey» representaba ganado vacuno; el de «espiga» representaba grano; el de «recipiente» representaba una medida de capacidad. Acompañando a estos pictogramas había símbolos numéricos que indicaban cantidades.
Lo revolucionario de este sistema es que no era simple dibujo: los pictogramas tenían valores convencionales específicos reconocidos por la comunidad de escribas. Una «cabeza de buey» siempre significaba lo mismo, independientemente de quién lo trazara o dónde apareciera en la tablilla. Esta convencionalidad sistemática distingue la escritura sumeria primitiva del mero dibujo.
Las tablillas se elaboraban con arcilla húmeda. El escriba trazaba los signos con un estilete de caña mientras la arcilla estaba blanda, luego la dejaba secar al sol o la cocía en horno para conservarla permanentemente. Este soporte —abundante, barato, duradero— resultó ideal para el desarrollo de la escritura mesopotámica.
La evolución hacia la escritura cuneiforme (3200-2500 a.C.)
Entre 3200 y 2500 a.C., la escritura sumeria experimentó transformaciones radicales. Los pictogramas iniciales, que requerían trazar curvas y detalles, se simplificaron progresivamente hasta convertirse en combinaciones de cuñas rectilíneas —de ahí el nombre «cuneiforme», del latín cuneus (cuña).
Esta transformación no fue estética sino práctica. Trazar curvas en arcilla húmeda es difícil y lento; presionar un estilete en ángulo produciendo marcas en forma de cuña es mucho más rápido y produce signos más claros. Además, rotar las tablillas 90 grados permitió orientar los signos horizontalmente, facilitando la escritura de izquierda a derecha y de arriba abajo.
Pero el cambio más importante fue conceptual: la escritura cuneiforme desarrolló el principio fonético. Los signos dejaron de representar únicamente objetos para empezar a representar sonidos. El pictograma original de «agua» (pronunciado «a» en sumerio) podía usarse para escribir el sonido «a» en cualquier palabra, aunque no tuviera nada que ver con agua. Este principio del rebus —usar signos de objetos para representar sonidos— fue fundamental.
Hacia 2500 a.C., la escritura cuneiforme era un sistema mixto: combinaba logogramas (signos que representan palabras completas), fonogramas (signos que representan sílabas o sonidos) y determinativos (signos que indican la categoría semántica de la palabra). Este sistema complejo requería dominar cientos de signos diferentes, lo que convirtió a los escribas en élite especializada.
Más allá de la contabilidad: literatura y leyes
Aunque la escritura nació para fines administrativos, rápidamente se expandió a otros dominios. Hacia 2600 a.C. encontramos las primeras inscripciones reales: reyes sumerios que proclaman sus hazañas militares, sus construcciones de templos, y sus reformas legales. La escritura se convertía en instrumento de poder y propaganda.
Hacia 2100 a.C. aparecen los primeros textos literarios: himnos religiosos, proverbios, mitos cosmogónicos. El Poema de Gilgamesh, compuesto originalmente en sumerio alrededor de 2100 a.C. y reelaborado en acadio hacia 1800 a.C., es la primera obra literaria de la humanidad. Narra las aventuras del rey Gilgamesh de Uruk, su amistad con Enkidu, su búsqueda de la inmortalidad, y constituye una reflexión profunda sobre la mortalidad humana y el sentido de la existencia.
El Código de Hammurabi (1750 a.C.), aunque posterior al periodo sumerio, ejemplifica otra función crucial de la escritura: la codificación legal. Este famoso código babilónico, con 282 leyes grabadas en una estela de basalto, regula desde contratos comerciales hasta herencias, pasando por procedimientos judiciales. La escritura permitía fijar las leyes de manera permanente, haciéndolas públicas y verificables, fundamento del estado de derecho.
La difusión de la escritura cuneiforme
La escritura cuneiforme sumeria resultó tan exitosa que fue adoptada por otros pueblos mesopotámicos para escribir sus propias lenguas. Los acadios, pueblo semítico que conquistó Sumeria hacia 2300 a.C., adaptaron el cuneiforme para escribir acadio, lengua completamente diferente del sumerio (que era aislada, sin parentesco con ninguna lengua conocida).
Esta adaptación planteó problemas complejos. El acadio tenía fonemas que no existían en sumerio; los signos cuneiformes sumerios a menudo representaban conceptos sin equivalente directo en acadio. Los escribas acadios solucionaron esto añadiendo nuevos valores fonéticos a signos existentes y creando nuevos determinativos. El resultado fue un sistema aún más complejo donde cada signo podía tener múltiples lecturas según el contexto.
Otros pueblos adoptaron y adaptaron el cuneiforme: los eblaítas (Siria, 2500 a.C.), los elamitas (Irán, 2300 a.C.), los hititas (Anatolia, 1800 a.C.), los hurritas (norte de Mesopotamia, 1500 a.C.) e incluso los persas (550 a.C.). El cuneiforme se convirtió en la escritura internacional de Oriente Próximo durante casi 3.000 años, comparable al papel del latín en la Europa medieval o del inglés en el mundo contemporáneo.
La última inscripción cuneiforme conocida data del año 75 d.C., en Babilonia. Para entonces, el cuneiforme había sido completamente desplazado por alfabetos más simples —arameo, griego, latino— que requerían dominar solo 20-30 signos en lugar de cientos. La complejidad que había sido ventaja en manos de escribas especializados se convirtió en obstáculo cuando la alfabetización empezó a expandirse más allá de las élites.
Egipto: jeroglíficos sagrados y escrituras cursivas
Los primeros jeroglíficos (3300-3200 a.C.)
Casi simultáneamente con Mesopotamia y posiblemente de manera completamente independiente, Egipto desarrolló su propio sistema de escritura: los jeroglíficos. Los primeros testimonios datan de 3300-3200 a.C.: etiquetas de marfil y cerámica encontradas en tumbas predinásticas que llevan signos que identifican al propietario o el contenido.
La célebre Paleta de Narmer (circa 3100 a.C.) exhibe ya jeroglíficos maduros que identifican al faraón mediante un serekh (un rectángulo que representa el palacio) coronado por el halcón Horus. Dentro del serekh aparecen dos signos: un pez-siluro (nar en egipcio) y un cincel (mer), que juntos forman el nombre «Narmer». Este uso del principio fonético —combinar signos de objetos para representar sonidos— demuestra que la escritura jeroglífica ya estaba plenamente desarrollada.

El debate sobre si Mesopotamia influyó en Egipto o viceversa, o si ambos desarrollos fueron independientes, continúa. Las similitudes —origen administrativo, evolución desde pictogramas, uso del principio fonético— sugieren procesos paralelos impulsados por necesidades similares en sociedades complejas. Las diferencias —soporte, estética, estructura— indican desarrollos independientes o, como mínimo, adaptaciones originales de ideas generales.
Estructura del sistema jeroglífico
Los jeroglíficos egipcios constituyeron un sistema mixto de enorme complejidad y belleza. Combinaban tres tipos de signos:
- Ideogramas o logogramas: signos que representan palabras completas. El dibujo de un sol significa «sol» (ra), el de una casa significa «casa» (per). Este uso es directo e intuitivo.
- Fonogramas: signos que representan sonidos, ignorando su significado pictórico original. Había tres tipos: unilíteros (un solo consonante), bilíteros (dos consonantes) y trilíteros (tres consonantes). Por ejemplo, el signo del «búho» representa el sonido «m», independientemente de que haya o no un búho real implicado.
- Determinativos: signos mudos que no se pronuncian pero indican la categoría semántica de la palabra. El determinativo de «hombre sentado» indica que la palabra se refiere a una persona masculina; el de «papiro enrollado» indica que se trata de un concepto abstracto; el de «piernas caminando» indica movimiento. Estos determinativos resolvían ambigüedades en una escritura que no notaba vocales.
Los jeroglíficos egipcios no escribían vocales, solo consonantes. Sabemos que «Imhotep» (el arquitecto de la pirámide escalonada de Saqqara) se escribía «I-m-h-t-p», pero las vocales entre estas consonantes las inferimos de transcripciones griegas posteriores o de lenguas coptas (descendiente moderno del egipcio antiguo). Esta característica comparten los jeroglíficos con el hebreo, el árabe y otras escrituras semíticas.
Hierático y demótico: escrituras cursivas
Los jeroglíficos monumentales, bellamente tallados en piedra o cuidadosamente pintados en paredes de tumbas, eran demasiado complejos y lentos para el uso cotidiano. Desde época temprana, los escribas desarrollaron versiones cursivas más rápidas.
El hierático (del griego hieratikos, «sacerdotal») apareció casi simultáneamente con los jeroglíficos, alrededor de 3200 a.C. Es una versión simplificada y cursiva de los jeroglíficos, escrita con pincel y tinta sobre papiro, madera o cerámica. Los signos jeroglíficos detallados se estilizaban en trazos continuos más rápidos de ejecutar. El hierático se usó durante más de 3.000 años para documentos administrativos, cartas, textos literarios y religiosos.
El demótico (del griego demotikos, «popular») apareció alrededor de 650 a.C. como versión aún más cursiva y simplificada. Los signos demóticos son casi irreconocibles respecto a sus originales jeroglíficos: la escritura se había vuelto completamente abstracta. El demótico fue la escritura de uso común en Egipto durante el periodo ptolemaico y romano, utilizada para contratos, documentos legales y literatura popular.
La existencia de estas tres escrituras paralelas —jeroglífica para inscripciones monumentales y textos religiosos, hierática para uso administrativo y literario, demótica para el uso cotidiano— refleja la estratificación social egipcia y la importancia del prestigio asociado a cada tipo de escritura.
La Piedra de Rosetta: descifrar el pasado
Cuando Egipto fue conquistado por los griegos (332 a.C.) y luego por los romanos (30 a.C.), el conocimiento de los jeroglíficos se perdió gradualmente. La última inscripción jeroglífica conocida data del año 394 d.C., en el templo de Filé. Después, el conocimiento de cómo leer esta escritura desapareció durante casi 1,400 años.
El descubrimiento de la Piedra de Rosetta en 1799, durante la campaña napoleónica en Egipto, proporcionó la clave para descifrar los jeroglíficos. Esta estela de granito negro contiene el mismo texto —un decreto del faraón Ptolomeo V del año 196 a.C.— escrito en tres escrituras: jeroglíficos, demótico y griego.

Jean-François Champollion, erudito francés, comprendió en 1822 que los jeroglíficos no eran puramente ideográficos (como se había creído) sino que incluían elementos fonéticos. Identificando los cartuchos (óvalos que encierran nombres reales) pudo leer los nombres «Ptolomeo» y «Cleopatra», estableciendo el valor fonético de varios signos. Desde ahí, mediante comparación sistemática con el texto griego conocido, descifró progresivamente el sistema jeroglífico completo.
El desciframiento de Champollion abrió las puertas a 3.000 años de historia egipcia que habían permanecido mudos. Textos religiosos, inscripciones reales, documentos administrativos, literatura, cartas personales: todo se volvió legible. La egiptología nació como disciplina académica, transformando nuestra comprensión de una de las civilizaciones más antiguas y fascinantes de la humanidad.
China: la escritura que perduró milenios
Orígenes de la escritura china (1200 a.C.)
La escritura china es única entre los grandes sistemas de escritura antiguos por haber sobrevivido sin solución de continuidad desde su origen hasta hoy. Mientras que el cuneiforme y los jeroglíficos desaparecieron hace milenios, la escritura china actual desciende directamente de la escritura Shang de hace más de 3.200 años, sobreviviendo a las distintas dinastías chinas posteriores.
Los primeros testimonios seguros de escritura china son los jiaguwen u «huesos oraculares»: caparazones de tortuga y omóplatos de buey usados para adivinación durante la dinastía Shang (1600-1046 a.C.). Los adivinos reales grababan preguntas en estos huesos, los calentaban hasta que se agrietaban, e interpretaban las grietas como respuestas divinas. Las preguntas y respuestas quedaban registradas en una escritura ya madura que incluía más de 5.000 caracteres diferentes.

Esta escritura Shang ya exhibía las características fundamentales de la escritura china posterior: era logográfica (cada carácter representa una palabra o morfema), utilizaba el principio fonético (caracteres de objetos representando sonidos homófonos), y combinaba elementos semánticos (que indican el significado) con elementos fonéticos (que indican la pronunciación).
La pregunta intrigante es: ¿cómo evolucionó esta escritura tan sofisticada? Los jiaguwen del siglo XII a.C. son ya un sistema maduro con miles de caracteres. Debe haber existido un periodo de desarrollo anterior, pero tenemos pocas evidencias arqueológicas. Algunos símbolos en cerámica neolítica china (6000-5000 a.C.) podrían ser proto-escritura, pero la conexión con la escritura Shang es especulativa.
Estructura de los caracteres chinos
La escritura china funciona de manera radicalmente diferente a las escrituras alfabéticas occidentales. Cada carácter representa un morfema (unidad mínima de significado) más que un sonido. El carácter 日 (rì) significa «sol» y se pronuncia como una sílaba; el carácter 明 (míng) significa «brillante» y combina los caracteres de «sol» 日 y «luna» 月 para expresar este concepto.
Los caracteres chinos se clasifican tradicionalmente en seis categorías:
- Pictogramas simples: dibujos esquemáticos de objetos. 日 (sol), 月 (luna), 山 (montaña), 木 (árbol). Estos son muy minoritarios, solo unos cientos del total.
- Ideogramas simples: representaciones abstractas de conceptos. 上 (arriba), 下 (abajo), 一 (uno), 二 (dos).
- Ideogramas compuestos: combinaciones de elementos que sugieren un significado. 林 (bosque) combina dos árboles 木+木; 森 (selva) combina tres 木+木+木.
- Préstamos fonéticos: uso de un carácter existente para representar una palabra homófona con significado diferente.
- Compuestos fono-semánticos: la categoría más numerosa (90% de caracteres). Combinan un radical semántico (que indica el campo de significado) con un elemento fonético (que indica la pronunciación aproximada). Por ejemplo, 河 (hé, río) combina el radical de agua 氵con el componente fonético 可 (kě).
- Caracteres derivados: caracteres que han modificado su significado original manteniendo la forma.
Esta estructura logográfica permite que la escritura china sea compartida por hablantes de lenguas mutuamente ininteligibles. El mandarín, el cantonés, el hakka y otros «dialectos» chinos son en realidad lenguas diferentes, tan distintas como el español del italiano. Pero todos usan los mismos caracteres escritos. Un texto escrito puede ser leído (con diferente pronunciación) por cualquier chino educado, independientemente de su lengua materna.
Continuidad y reforma
La escritura china ha evolucionado continuamente durante 3.200 años, pero manteniendo reconocible continuidad. Los caracteres se han estilizado, simplificado y estandarizado, pero un erudito chino moderno puede leer (con dificultad) inscripciones Shang de hace tres milenios, algo imposible para un angloparlante contemporáneo intentando leer inglés antiguo del año 1000 d.C.
Durante la dinastía Qin (221-206 a.C.), el primer emperador unificó los caracteres, eliminando variantes regionales y estableciendo formas estándar que facilitaban la administración imperial. La escritura «del sello menor» (小篆 xiǎozhuàn) se convirtió en estándar oficial.
Las reformas más radicales ocurrieron en el siglo XX. En 1956, la República Popular China implementó caracteres simplificados para facilitar la alfabetización masiva. Caracteres complejos con muchos trazos se simplificaron radicalmente: 学 (xué, estudiar) reemplazó a 學; 书 (shū, libro) reemplazó a 書. Taiwán, Hong Kong y comunidades chinas de ultramar mantienen los caracteres tradicionales, creando una división ortográfica que persiste hoy.
La escritura china representa una alternativa exitosa y duradera al modelo alfabético. Su naturaleza logográfica, que a primera vista parece arcaica e ineficiente, ofrece ventajas: permite comunicación escrita entre hablantes de lenguas diferentes, preserva etimologías e historia en la estructura de los caracteres, y proporciona densidad informativa (un carácter chino transmite tanta información como una palabra inglesa promedio, pero ocupando menos espacio).
Otras cunas de la escritura: desarrollos independientes
La escritura del valle del Indo (2600-1900 a.C.)
La civilización del valle del Indo (actual Pakistán e India noroccidental) desarrolló su propia escritura alrededor de 2600 a.C., contemporánea con Mesopotamia y Egipto. Miles de sellos con inscripciones breves se han encontrado en ciudades como Harappa y Mohenjo-Daro.
Lo frustrante es que la escritura del Indo permanece sin descifrar. Las inscripciones son extremadamente breves (promedio 5 signos, máximo 26), lo que dificulta el análisis estadístico. Se han identificado unos 400 signos diferentes, sugiriendo un sistema mixto logográfico-silábico similar al egipcio o al cuneiforme.
El colapso de la civilización del Indo alrededor de 1900 a.C. interrumpió la tradición de escritura. No existe continuidad demostrada entre esta escritura y las escrituras posteriores del subcontinente indio (brahmi, kharosthi). El Indo representa una de las grandes escrituras perdidas de la humanidad, tan avanzada como sus contemporáneas pero muda para nosotros.
Las escrituras mesoamericanas (900 a.C. – 1500 d.C.)
América desarrolló escritura completamente independiente del Viejo Mundo. Los olmecas podrían haber inventado la escritura mesoamericana alrededor de 900 a.C., pero los testimonios más claros son los zapotecas (600 a.C.) y posteriormente los mayas (250 d.C.).
La escritura maya es la más sofisticada de América precolombina. Sistema mixto logográfico-silábico, combinaba logogramas (signos que representan palabras completas) con silabogramas (signos que representan sílabas CV). Lo revolucionario es que ofrecía múltiples maneras de escribir la misma palabra: completamente con logogramas, completamente con silabogramas, o mezclando ambos. Esta flexibilidad permitía juegos de palabras visuales, caligrafía artística y niveles múltiples de lectura.
Los mayas escribieron sobre corteza de árbol procesada (códices), cerámica, piedra y estuco. Registraron su historia, genealogías reales, calendarios, rituales religiosos y conocimientos astronómicos. La conquista española destruyó casi todos los códices (solo sobreviven cuatro), pero miles de inscripciones en piedra han permitido reconstruir la historia maya precolombina.
El desciframiento de la escritura maya fue uno de los logros intelectuales del siglo XX. Hasta los años 1950 se creía que era puramente calendárica e indes cifrable. Los trabajos de Yuri Knorozov, Tatiana Proskouriakoff, Linda Schele y otros demostraron que era escritura fonética plena que representaba el idioma choltí clásico. Hoy podemos leer aproximadamente 90% de los textos mayas, abriendo ventanas a esta civilización extraordinaria.
La revolución del alfabeto
Del silabario al alfabeto: el salto crucial
Los sistemas de escritura iniciales —cuneiforme, jeroglíficos, chino— eran complejos, requiriendo dominar cientos o miles de signos. Este aprendizaje extenso limitaba la alfabetización a élites especializadas: escribas profesionales que dedicaban años a dominar su oficio.
El desarrollo del alfabeto —sistema donde cada signo representa un fonema (sonido básico) en lugar de una palabra o sílaba— revolucionó la escritura al reducir drásticamente el número de signos necesarios. Un alfabeto típico tiene 20-30 signos, aprendibles en semanas en lugar de años. Esta simplicidad democratizó potencialmente la alfabetización.

El primer paso hacia el alfabeto fueron los silabarios: sistemas donde cada signo representa una sílaba. El lineal B micénico (Grecia, 1450 a.C.) usaba unos 87 signos para representar todas las sílabas del griego micénico. Más simple que sistemas logográficos pero aún requiriendo memorizar muchos signos.
El salto al alfabeto verdadero ocurrió en el Levante (costa oriental del Mediterráneo) alrededor de 1800 a.C. Trabajadores semíticos en minas egipcias del Sinaí adaptaron algunos jeroglíficos egipcios para escribir su propia lengua mediante el principio acrofónico: el signo de «casa» (bet en su idioma) representaba el sonido «b», el signo de «agua» (mem) representaba «m», etc. Esta escritura protosinaítica es el ancestro de todos los alfabetos actuales.
El alfabeto fenicio: madre de alfabetos
Los fenicios, pueblo comerciante del actual Líbano, perfeccionaron el alfabeto alrededor de 1050 a.C. Su sistema tenía 22 signos, todos consonantes (las vocales no se escribían, como en el árabe y hebreo actuales). Este alfabeto fenicio se difundió masivamente por todo el Mediterráneo gracias al comercio fenicio.

La genialidad del alfabeto fenicio radicaba en su simplicidad y flexibilidad. Cualquier persona podía aprender las 22 letras en poco tiempo y escribir cualquier palabra de cualquier idioma semítico. Comerciantes, funcionarios, artesanos: todos podían alfabetizarse, no solo escribas especializados. La escritura se democratizaba.
Los fenicios escribían con tinta sobre papiro o pergamino, materiales perecederos que raramente sobreviven. Pero inscripciones fenicias en piedra, metal y cerámica se han encontrado desde España hasta Chipre, testimoniando la extensión del comercio y la escritura fenicias. El sarcófago del rey Ahiram de Biblos (circa 1000 a.C.) contiene una de las inscripciones alfabéticas más antiguas y claras.
El alfabeto griego: la invención de las vocales
Los griegos adoptaron el alfabeto fenicio alrededor de 800 a.C., probablemente a través de contactos comerciales. Pero hicieron una innovación crucial: añadieron vocales.
Las lenguas semíticas (fenicio, hebreo, árabe) funcionan bien sin escribir vocales porque sus raíces son consonánticas: las consonantes llevan el significado básico y las vocales añaden matices gramaticales predecibles. Pero el griego no funciona así: las vocales son tan importantes como las consonantes para el significado.

Los griegos tomaron letras fenicias que representaban consonantes inexistentes en griego (las guturales semíticas) y las reutilizaron para representar vocales. La álef fenicia se convirtió en la alfa (A) griega; la he en épsilon (E); la yod en iota (I); la ayin en ómicron (O). Con estas adaptaciones, el alfabeto griego podía representar cualquier palabra con precisión total.
Este alfabeto griego completo —con consonantes y vocales— se convirtió en modelo de casi todos los alfabetos posteriores. Se difundió hacia el este (alfabetos cirílico, glagolítico, armenio, georgiano) y hacia el oeste (alfabeto latino, del que deriva el español moderno).
Del alfabeto latino al mundo moderno
Los romanos adoptaron el alfabeto griego a través de los etruscos alrededor del siglo VII a.C. El alfabeto latino eliminó algunas letras griegas innecesarias para el latín y añadió otras (G, Y, Z). Con 23 letras básicas (J, U y W se añadieron en la Edad Media), el alfabeto latino romano se convirtió en el sistema de escritura más difundido del mundo.
La expansión del Imperio Romano difundió el alfabeto latino por Europa occidental. Cuando el latín evolucionó hacia las lenguas romances (español, francés, italiano, portugués, rumano), estas mantuvieron el mismo alfabeto con pequeñas modificaciones (tildes españolas, cedilla francesa, etc.).
La colonización europea extendió el alfabeto latino globalmente. Hoy se usa para escribir lenguas de familias completamente diferentes: germánicas (inglés, alemán), eslavas (polaco, checo), urálicas (finés, húngaro), turcas (turco moderno desde 1928), vietnamita (desde el siglo XVII), indonesio, swahili, y cientos más. Es el sistema de escritura más universal jamás existido.
La razón de este éxito es su simplicidad: 26 letras pueden representar cualquier lenguaje humano con adaptaciones mínimas. Comparado con los miles de caracteres chinos o la complejidad del cuneiforme, el alfabeto latino es extraordinariamente eficiente. Sin embargo, esta eficiencia tiene un costo: la etimología y la historia se pierden. En chino, el carácter de «bosque» visiblemente combina dos «árboles»; en español, «bosque» es opaco sin conocimiento del latín boscus.
El impacto de la escritura en las civilizaciones
De la prehistoria a la historia: el gran salto
La invención de la escritura marca convencionalmente la frontera entre prehistoria e historia. Antes de la escritura, solo conocemos las sociedades humanas a través de restos materiales: herramientas, edificios, tumbas, arte. Podemos inferir cómo vivían pero no qué pensaban, qué creían, cómo se llamaban a sí mismos, qué historias contaban.
Con la escritura, las voces del pasado nos hablan directamente. El rey Hammurabi nos cuenta sus leyes; Gilgamesh narra su búsqueda de la inmortalidad; los faraones proclaman sus victorias; los escribas sumerios registran sus cuentas cotidianas. La historia, en el sentido de relato escrito del pasado, se vuelve posible porque el pasado puede conservarse en forma escrita.
Este salto no fue solo cuantitativo (más información conservada) sino cualitativo. La escritura transformó la cognición humana. Permitió el pensamiento secuencial complejo: argumentación lógica extensa, narrativas elaboradas, clasificaciones sistemáticas, cálculos complejos. Todo esto es posible oralmente pero la escritura lo facilita exponencialmente al fijar el pensamiento y permitir su revisión, corrección y elaboración.
Administración de Estados complejos
La escritura permitió administrar sociedades de una complejidad imposible sin ella. Los imperios mesopotámicos, egipcios, chinos, mayas: todos requerían registros escritos para funcionar. Censos de población, inventarios de almacenes, registros de tributos, órdenes militares, correspondencia diplomática: la burocracia estatal depende absolutamente de la escritura.
Los archivos descubiertos en palacios y templos antiguos revelan esta complejidad administrativa. Las tablillas de Mari (Siria, 1800 a.C.) incluyen miles de documentos administrativos y cartas diplomáticas que muestran el funcionamiento detallado de un reino mesopotámico. Los archivos de Amarna (Egipto, 1350 a.C.) contienen correspondencia entre faraones egipcios y reyes de Babilonia, Asiria, Mitanni, Hatti, revelando las relaciones internacionales del Bronce tardío.

Sin escritura, estos Estados no podrían haberse organizado. La memoria humana es limitada; la transmisión oral es vulnerable a errores. Solo la escritura permite la gestión sistemática de recursos, población y territorios en escalas que van más allá de la comunidad cara a cara.
Codificación del conocimiento y desarrollo científico
La escritura no solo registra conocimiento: lo acumula a través de generaciones. Cada generación puede construir sobre lo que la anterior escribió, sin depender de la frágil memoria oral. Este proceso acumulativo es fundamental para el desarrollo científico y tecnológico.
Los textos matemáticos babilónicos (1800 a.C.) muestran dominio de álgebra avanzada, incluyendo ecuaciones de segundo grado y aproximaciones de raíces cuadradas. Los papiros médicos egipcios (1550 a.C.) registran cientos de recetas médicas, procedimientos quirúrgicos y diagnósticos de enfermedades. Los textos astronómicos mayas calculaban eclipses con precisión impresionante. Todo este conocimiento dependía de la escritura para su conservación y transmisión.
Las bibliotecas antiguas —Nínive, Alejandría, Pérgamo— eran depósitos del conocimiento humano. La destrucción de la Biblioteca de Alejandría es una tragedia no solo por los textos perdidos sino por el conocimiento irreversiblemente borrado. La escritura hace el conocimiento vulnerable de nuevas maneras —puede quemarse, pudrirse, perderse— pero también lo hace infinitamente más duradero que la memoria oral.
Literatura, religión y construcción de identidades
La escritura permitió la creación de literatura que trascendía el momento: épicas, poemas, mitos, historia, que podían ser leídos y reinterpretados por generaciones sucesivas. El Poema de Gilgamesh, la Ilíada, el Ramayana, el Popol Vuh: textos fundacionales de civilizaciones que han moldeado identidades durante milenios.
Las religiones abrahámicas —judaísmo, cristianismo, islam— son fundamentalmente religiones del Libro. La Torá, la Biblia, el Corán: textos escritos que fijan la revelación divina de manera permanente y verificable. El protestantismo nació con la traducción de la Biblia a lenguas vernáculas y su difusión impresa, permitiendo que cada creyente accediera directamente al texto sagrado sin intermediación clerical.
La escritura también construye identidad nacional. Los textos históricos —las crónicas de los reyes, las épicas nacionales— crean memoria colectiva compartida. Los chinos modernos se identifican con una civilización de 5.000 años porque textos escritos conectan el presente con ese pasado lejano. Los mexicanos se identifican con los mayas y aztecas porque los códices supervivientes mantienen viva esa conexión. La escritura es memoria cultural objetivada.
Preguntas frecuentes sobre el origen de la escritura
¿Dónde y cuándo se inventó la escritura?
La escritura se inventó independientemente en varios lugares del mundo antiguo. El primer desarrollo ocurrió en Mesopotamia (actual Irak) alrededor de 3400-3200 a.C., donde los sumerios crearon la escritura cuneiforme para registrar transacciones administrativas. Casi simultáneamente, Egipto desarrolló los jeroglíficos alrededor de 3300-3200 a.C. La escritura china apareció hacia 1200 a.C. en la dinastía Shang, y las escrituras mesoamericanas (zapoteca, maya) surgieron desde 900 a.C. Estos desarrollos fueron independientes, surgiendo de necesidades similares en sociedades complejas.
¿Por qué se inventó la escritura?
La escritura no se inventó para preservar literatura o historia, sino por razones administrativas prácticas. Las primeras sociedades urbanas en Mesopotamia necesitaban registrar transacciones comerciales, inventarios de almacenes, distribución de raciones y recaudación de tributos. La memoria oral era insuficiente para gestionar la complejidad económica de ciudades con decenas de miles de habitantes. La escritura evolucionó desde sistemas de contabilidad primitivos (fichas de arcilla) hacia sistemas capaces de representar el lenguaje completo. Solo posteriormente se utilizó para literatura, leyes, religión y otros propósitos.
¿Cómo evolucionó la escritura desde pictogramas hasta alfabetos?
La escritura evolucionó en tres etapas principales. Primero, la pictografía: dibujos simples de objetos que cualquiera podía reconocer, pero limitados a representar cosas concretas. Segundo, la ideografía: símbolos que representan ideas abstractas, no solo objetos. Tercero, la escritura fonética: signos que representan sonidos en lugar de significados, permitiendo escribir cualquier palabra. El desarrollo del alfabeto fue el último paso: sistemas donde cada signo representa un sonido básico (fonema). El alfabeto fenicio (1050 a.C.) fue perfeccionado por los griegos (800 a.C.) quienes añadieron vocales, creando el primer alfabeto completo.
¿Qué es la escritura cuneiforme y por qué se llama así?
La escritura cuneiforme fue el sistema desarrollado por los sumerios en Mesopotamia alrededor de 3200 a.C. Se llama «cuneiforme» (del latín cuneus, que significa «cuña») porque los signos se formaban presionando un estilete de caña en tablillas de arcilla húmeda, produciendo marcas en forma de cuña. Originalmente eran pictogramas, pero evolucionaron hacia signos abstractos compuestos por combinaciones de cuñas. El cuneiforme fue adoptado por muchos pueblos (acadios, babilonios, asirios, hititas, persas) para escribir diferentes lenguas, convirtiéndose en la escritura internacional de Oriente Próximo durante casi 3.000 años.
¿Cómo se descifraron los jeroglíficos egipcios?
Los jeroglíficos egipcios fueron descifrados gracias a la Piedra de Rosetta, descubierta en 1799 durante la expedición napoleónica a Egipto. Esta estela contenía el mismo texto en tres escrituras: jeroglíficos, demótico (escritura egipcia cursiva) y griego. Jean-François Champollion, erudito francés, comprendió en 1822 que los jeroglíficos no eran puramente simbólicos sino que incluían elementos fonéticos. Identificó los cartuchos (óvalos que encierran nombres reales) de «Ptolomeo» y «Cleopatra», estableció el valor fonético de varios signos, y mediante comparación sistemática con el texto griego conocido, descifró el sistema completo.
¿Por qué la escritura china usa miles de caracteres?
La escritura china es logográfica: cada carácter representa un morfema (unidad mínima de significado) en lugar de un sonido. Dado que el chino tiene miles de morfemas diferentes, se requieren miles de caracteres para escribir la lengua completa. Un chino educado debe dominar aproximadamente 3.000-4.000 caracteres para leer textos ordinarios. Aunque esto parece ineficiente comparado con alfabetos de 26 letras, el sistema logográfico tiene ventajas: permite que hablantes de lenguas chinas mutuamente ininteligibles compartan la misma escritura, conserva etimologías en la estructura de los caracteres, y proporciona alta densidad informativa.
¿Qué diferencia hay entre alfabeto, silabario y escritura logográfica?
Estos son tres tipos fundamentales de sistemas de escritura que difieren en qué unidad lingüística representan. Un alfabeto tiene signos que representan fonemas (sonidos básicos); por ejemplo, el alfabeto latino tiene 26 letras que combinadas pueden escribir cualquier palabra española. Un silabario tiene signos que representan sílabas completas; por ejemplo, el japonés hiragana tiene 46 signos, cada uno representando una sílaba (ka, ki, ku, ke, ko, etc.). Una escritura logográfica tiene signos que representan morfemas o palabras completas; por ejemplo, en chino cada carácter representa una palabra, como 火 (fuego) o 水 (agua).
¿Hubo escritura en América precolombina?
Sí, Mesoamérica (México y Centroamérica) desarrolló escritura completamente independiente del Viejo Mundo. Los olmecas podrían haberla inventado alrededor de 900 a.C., pero los testimonios más claros son zapotecas (600 a.C.) y mayas (250 d.C.). La escritura maya era un sistema sofisticado que combinaba logogramas (signos de palabras completas) con silabogramas (signos de sílabas), permitiendo escribir en el idioma choltí clásico. Los mayas registraron su historia, genealogías, rituales y conocimientos astronómicos. La conquista española destruyó casi todos los códices, pero miles de inscripciones en piedra han sobrevivido y han sido descifradas en el siglo XX.
¿Por qué algunos sistemas de escritura antiguos desaparecieron?
Los sistemas de escritura desaparecen cuando las sociedades que los usaban colapsan, son conquistadas, o adoptan sistemas más simples. El cuneiforme desapareció (último texto 75 d.C.) porque el alfabeto arameo y griego eran mucho más fáciles de aprender: 22-30 letras versus cientos de signos cuneiformes. Los jeroglíficos egipcios desaparecieron tras la cristianización de Egipto y la adopción del alfabeto copto. La escritura del Indo desapareció con el colapso de esa civilización alrededor de 1900 a.C., sin descendientes conocidos. En general, sistemas complejos que requieren años de entrenamiento especializado son vulnerables cuando sistemas alfabéticos más simples y democráticos se vuelven disponibles.
¿Cuál fue el impacto de la escritura en el desarrollo humano?
La escritura transformó radicalmente la civilización humana. Permitió la administración de Estados complejos con censos, tributos e inventarios que requerían registros permanentes. Facilitó la acumulación de conocimiento a través de generaciones: cada generación podía construir sobre lo escrito por la anterior, base del progreso científico y tecnológico. Posibilitó la preservación de literatura, leyes y religión: épicas, códigos legales y textos sagrados que moldean identidades hasta hoy. Creó la historia como disciplina: el pasado podía documentarse y estudiarse sistemáticamente. La escritura no solo registra el pensamiento humano; lo transforma, permitiendo análisis complejo, argumentación lógica extensa y abstracción que son la base de la civilización.
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- Maya Hieroglyphic Database.
- Chinese Text Project.
- Rosetta Stone online (British Museum).
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