En 1486, un inquisidor dominico alemán llamado Heinrich Kramer publicó en la ciudad de Espira un tratado en latín que se convertiría en uno de los libros más influyentes —y más letales— de la historia de Europa. El Malleus Maleficarum, «El martillo de las brujas», no inventó la caza de brujas, pero sí le dio un marco teológico sistemático, un procedimiento judicial detallado y una justificación misógina explícita que los tribunales de toda Europa utilizarían durante más de dos siglos.
El libro es incómodo de leer incluso hoy. No porque sea oscuro o irracional en su forma (al contrario, está escrito con la precisión escolástica de un académico medieval que domina su oficio), sino porque esa precisión está puesta al servicio de argumentar que las mujeres son inherentemente más vulnerables al demonio, que la brujería es un crimen real y demostrable y que la tortura es un instrumento legítimo para extraer confesiones. Kramer no escribía desde los márgenes: escribía desde el centro del poder eclesiástico de su época, con el respaldo de una bula papal y la pretensión de estar defendiendo la fe.
El Malleus Maleficarum forma parte nuestros temas relacionados con la caza de brujas y los mecanismos históricos de persecución religiosa. Entenderlo es entender cómo una sociedad letrada y sofisticada pudo construir un aparato intelectual para justificar la ejecución de decenas de miles de personas.
Heinrich Kramer: el inquisidor que nadie quería
Heinrich Kramer nació hacia 1430 en Schlettstadt, en la actual Alsacia y entró joven en la orden dominica, la misma orden que desde el siglo XIII tenía a su cargo la administración de la Inquisición papal. Era un hombre ambicioso, erudito y, por los testimonios que han llegado hasta nosotros, extraordinariamente difícil de tratar.
Su carrera como inquisidor en los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico estuvo marcada por el conflicto. Kramer tenía una obsesión particular con la brujería femenina, especialmente con su dimensión sexual, que sus contemporáneos encontraban excesiva incluso según los estándares de la época. En 1485, intentó llevar a juicio a varias mujeres en Innsbruck acusadas de brujería, pero el obispo local, Georg Golser, intervino para detener el proceso. En una carta que se conserva, Golser describía a Kramer como un hombre senil que no debía ser tomado en serio y lo expulsó de la diócesis.
Fue directamente después de esa humillación donde Kramer se puso a escribir el Malleus. El libro era, entre otras cosas, una respuesta a sus detractores: un intento de demostrar, con el aparato completo de la teología escolástica, que la brujería era real, que las mujeres eran su vector principal y que quienes se oponían a perseguirla, como el obispo Golser, estaban, en el mejor de los casos, equivocados y, en el peor, siendo engañados por el propio demonio.
Jacob Sprenger, el otro nombre que aparece en la portada del Malleus, es una figura mucho más controvertida. Durante siglos se asumió que Sprenger era coautor, lo que le daba al libro el peso adicional de su prestigio como decano de la Universidad de Colonia. Sin embargo, la investigación moderna, en particular el trabajo del historiador Christopher Mackay, ha concluido que la participación de Sprenger fue en el mejor de los casos marginal, y que su nombre fue incluido por Kramer para dar al libro una autoridad que de otro modo no tendría.
La bula papal y el paraguas institucional
Antes de publicar el Malleus, Kramer se aseguró de contar con un respaldo institucional que nadie pudiera ignorar. En 1484, obtuvo del papa Inocencio VIII la bula Summis desiderantes affectibus, un documento en el que el pontífice reconocía la realidad de la brujería en los territorios germánicos, lamentaba la resistencia de algunas autoridades locales a permitir las investigaciones inquisitoriales y autorizaba explícitamente a Kramer y Sprenger a proceder sin obstáculos.
La bula fue un golpe maestro. Kramer la reprodujo íntegramente al principio del Malleus, de modo que cualquier lector que abriera el libro se encontrara primero con la autoridad papal respaldando su contenido. Era difícil criticar el texto sin parecer que se estaba criticando al propio papa.
Lo que la bula no decía y que Kramer dejó deliberadamente sin aclarar, era que Inocencio VIII no había leído el Malleus (que aún no existía cuando firmó el documento) y que el respaldo papal se refería a la actividad inquisitorial en general, no al libro en particular. La asociación entre ambos fue una construcción de Kramer, tan hábil como deshonesta.
La estructura del Malleus: las tres partes
El Malleus Maleficarum está organizado en tres partes que siguen la lógica de un tratado jurídico-teológico medieval, con preguntas, objeciones y respuestas al estilo de la Summa Theologiae de Tomás de Aquino, a quien Kramer cita constantemente.
La primera parte establece las bases teológicas: demuestra, mediante argumentos de autoridad y razonamiento escolástico, que la brujería existe, que el diablo puede actuar en el mundo físico y que las mujeres son especialmente susceptibles a su influencia. Es la parte más explícitamente misógina del libro y la que contiene los pasajes más citados sobre la debilidad moral e intelectual de las mujeres.
La segunda parte describe los tipos específicos de maleficios que las brujas pueden realizar: cómo dañan a los hombres en su potencia sexual, cómo matan infantes, cómo provocan enfermedades en el ganado, cómo vuelan a los aquelarres y cómo mantienen relaciones con demonios. Esta sección combina la demonología teológica con el folklore popular de una manera que resultó enormemente influyente, porque codificaba en forma de doctrina oficial creencias que circulaban de manera dispersa entre la población.
La tercera parte es la más práctica de todas: un manual de procedimiento judicial para los jueces que instruían causas de brujería. Describe cómo iniciar un proceso, cómo interrogar a los acusados, cómo administrar la tortura, cómo evaluar las confesiones y cómo dictar sentencia. Es, en esencia, un protocolo de persecución sistematizada que cualquier tribunal podía aplicar de manera independiente.
La combinación de las tres partes era lo que hacía al libro tan eficaz: no era solo una defensa teórica de la realidad de la brujería, sino un sistema completo que iba desde la justificación teológica hasta el procedimiento de ejecución.
La misoginia como columna vertebral
El elemento más perturbador del Malleus y el que más ha ocupado a los historiadores modernos, es su misoginia sistemática y explícita. Kramer no se limita a señalar que las brujas son principalmente mujeres sino que dedica una sección entera a argumentar por qué esto es necesariamente así, apelando a la naturaleza femenina tal como la entendía la teología y la filosofía natural de su época.
Sus argumentos son una síntesis de fuentes diversas: la Biblia, los Padres de la Iglesia, Aristóteles y una larga tradición de literatura misógina medieval. Las mujeres, argumenta Kramer, son más crédulas que los hombres y por tanto más fácilmente engañadas por el demonio. Son más impresionables y por tanto más susceptibles a las impresiones malignas. Son más charlatanas y por tanto más propensas a divulgar los secretos que el demonio les confía. Y son, sobre todo, más carnales: tienen una sexualidad desordenada que el demonio puede explotar.
Hay un pasaje del Malleus que resume bien la lógica de Kramer: la palabra latina femina, argumenta, viene de fe y minus, es decir, «menos fe». La etimología es completamente inventada (femina deriva en realidad de felare, relacionado con la lactancia), pero Kramer la presenta como si fuera un hecho establecido y el argumento ilustra perfectamente su método: la conclusión precede siempre a la evidencia.
La historiadora Carol F. Karlsen, en su estudio sobre la brujería en Nueva Inglaterra, ha señalado que la misoginia del Malleus no era solo un reflejo de prejuicios personales de Kramer, sino una codificación de ansiedades sociales más amplias sobre el papel de las mujeres en una sociedad en transformación. Las mujeres que controlaban conocimiento, propiedad o sexualidad fuera de los marcos patriarcales establecidos representaban una amenaza que el Malleus ayudó a articular y a perseguir de manera sistemática.
La recepción: un éxito editorial con consecuencias mortales
El Malleus Maleficarum fue uno de los primeros libros en beneficiarse de la imprenta de Gutenberg y su historia editorial ilustra perfectamente el poder de la nueva tecnología. Entre 1486 y 1520 se publicaron al menos 14 ediciones del texto, una cifra extraordinaria para la época. Después de un período de menor actividad durante las primeras décadas de la Reforma, el libro experimentó un renacimiento editorial entre 1574 y 1669, con otras 16 ediciones, coincidiendo con el período de mayor intensidad de la caza de brujas en Europa central.
En total, el Malleus fue impreso en no menos de 30 ediciones antes de 1700, lo que lo convierte en uno de los textos no religiosos más difundidos de los siglos XV y XVI. Se publicó principalmente en alemán y en latín, aunque también circularon versiones en otras lenguas europeas. Los ejemplares llegaron a jueces, inquisidores, clérigos y letrados de toda Europa.
Sin embargo, su influencia no fue uniforme ni automática. El Malleus tuvo mucho más impacto en los territorios del Sacro Imperio Romano Germánico (Alemania, Suiza, Austria) que en España o Italia, donde la Inquisición tenía sus propios procedimientos y era, paradójicamente, más escéptica ante las acusaciones de brujería que los tribunales civiles del norte de Europa. Los inquisidores españoles del siglo XVI tendían a considerar que la mayoría de los supuestos casos de brujería eran ilusiones o fraudes, no pactos reales con el demonio.
En Francia e Inglaterra, el libro fue conocido y citado, pero tampoco determinó de manera directa el curso de las persecuciones, que respondían a dinámicas locales propias. La imagen del Malleus como el manual universal de la caza de brujas es, en parte, una simplificación: fue un texto importante, pero no el único y su influencia varió considerablemente según el contexto.
El debate historiográfico: ¿cuánta culpa tuvo realmente el Malleus?
Durante mucho tiempo, la historiografía sobre la caza de brujas trató el Malleus Maleficarum como la causa principal del fenómeno: el libro habría creado la caza de brujas al codificar sus fundamentos teológicos y sus procedimientos judiciales. Esta interpretación ha sido revisada considerablemente en las últimas décadas.
El historiador Robin Briggs, en su exhaustivo estudio Witches and Neighbours (1996), argumentó que la mayor parte de los juicios por brujería en Europa no dependió directamente del Malleus: muchos jueces nunca lo leyeron, muchos procedimientos no siguieron sus instrucciones y muchas de las creencias que alimentaron las persecuciones circulaban de manera independiente en el folklore popular. El Malleus habría sido más un síntoma que una causa: la expresión de un conjunto de ansiedades ya existentes más que el origen de las persecuciones.
Brian Levack, en La caza de brujas en la Europa moderna, adopta una posición intermedia: el Malleus fue significativo porque contribuyó a crear un modelo de brujería acumulativa, es decir, la idea de que la brujería implicaba no solo el uso de poderes mágicos sino un pacto formal con el demonio, la participación en aquelarres y el crimen organizado contra la cristiandad, que fue adoptado por los tribunales más activos del período. Sin este modelo acumulativo, las persecuciones masivas habrían sido más difíciles de justificar.
La posición más matizada es la de Christopher Mackay, el traductor y editor crítico de la edición moderna del Malleus más rigurosa en inglés, quien señala que el libro fue a la vez sobreestimado como causa única y subestimado como texto intelectualmente sofisticado que merece análisis serio, no solo condena moral.
La reacción contemporánea: el Malleus no era incontestado
Uno de los aspectos menos conocidos de la historia del Malleus es que generó resistencia significativa casi desde su publicación. La Facultad de Teología de la Universidad de Colonia, cuyo supuesto respaldo aparecía en algunas ediciones del libro, emitió en realidad una condena del texto en 1490, apenas cuatro años después de su publicación, señalando que sus procedimientos eran ilegales y que sus doctrinas contradecían la teología católica establecida en varios puntos.
El padre Friedrich Spee, el jesuita que había acompañado a condenados hasta la hoguera y que publicó en 1631 su devastadora Cautio Criminalis, cuestionó de manera sistemática los procedimientos que el Malleus había contribuido a normalizar. Johann Weyer, médico del duque de Cléveris, publicó en 1563 De Praestigiis Daemonum, donde argumentaba que las supuestas brujas eran en realidad mujeres enfermas mentalmente que necesitaban tratamiento médico, no ejecución. Finalmente, Reginald Scot, en su Discoverie of Witchcraft de 1584, desmontó punto por punto la teología del Malleus, llegando a la conclusión de que toda la construcción intelectual del libro era un edificio de supersticiones.
Estas voces críticas tardaron en imponerse, pero su existencia demuestra que el Malleus no fue nunca la posición unánime de la intelectualidad europea: fue siempre un texto controvertido, aunque su controversia no impidió su difusión ni redujo el número de sus víctimas.
Legado y presencia contemporánea
El Malleus Maleficarum dejó de influir directamente en los tribunales europeos hacia finales del siglo XVII, cuando el pensamiento ilustrado erosionó la credibilidad de la demonología como disciplina jurídica, pero su legado cultural ha sido extraordinariamente duradero.
En el siglo XIX, el libro fue redescubierto por los historiadores del romanticismo, que lo utilizaron como prueba de la barbarie medieval, en una lectura que, paradójicamente, ignoraba que la mayor parte de las persecuciones habían ocurrido en la época moderna, no en la Edad Media. Jules Michelet, en su influyente La sorcière (1862), construyó sobre el Malleus una narrativa romántica de la bruja como figura de resistencia femenina contra la opresión eclesiástica, una interpretación que ha tenido una vida cultural muy larga.
En el siglo XX, el libro fue adoptado por algunas corrientes del neopaganismo y la Wicca como documento de referencia histórica sobre las persecuciones y por las historiadores feministas como evidencia del patriarcado institucionalizado. Silvia Federici, en Caliban y la bruja, lo analiza como instrumento de la acumulación primitiva de capital mediante la destrucción del conocimiento y la autonomía femeninos.
Hoy el texto está disponible en múltiples ediciones y traducciones, incluyendo versiones digitales de libre acceso. Que un manual de tortura y ejecución sea hoy un objeto de estudio académico y de interés cultural generalizado dice algo sobre la capacidad humana para convertir el horror en historia y sobre la necesidad de entender los mecanismos que hacen posible que las sociedades organizadas cometan atrocidades sistemáticas.
Ediciones y difusión del Malleus Maleficarum
| Período | Ediciones aprox. | Lenguas principales | Contexto histórico |
|---|---|---|---|
| 1486–1520 | 14 | Latín, alemán | Primera difusión; coincide con inicio de la imprenta masiva en el Sacro Imperio |
| 1520–1574 | 2–3 | Latín | Período de menor actividad; la Reforma protestante reordena las prioridades eclesiásticas |
| 1574–1620 | 10 | Latín, alemán, francés | Renacimiento editorial; coincide con el pico de persecuciones en Europa central |
| 1620–1669 | 6 | Latín | Últimas ediciones del período moderno; declive gradual de la caza de brujas en Europa occidental |
| Siglo XIX | Varias | Alemán, francés, inglés | Redescubrimiento romántico; el libro se convierte en objeto de estudio histórico |
| Siglo XX–XXI | Múltiples | Todas las lenguas europeas | Ediciones académicas y populares; traducción crítica de Mackay (Cambridge, 2009) |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Kramer, Heinrich (Henricus Institoris). Malleus Maleficarum. Speyer: Peter Drach, 1486. Primera edición impresa.
- Kramer, Heinrich. Malleus Maleficarum. Ed. y trad. de Christopher S. Mackay. 2 vols. Cambridge: Cambridge University Press, 2009. Edición crítica moderna más rigurosa.
- Kramer, Heinrich. El martillo de las brujas. Trad. de Florentino López Amo. Madrid: Ediciones Orión, 1976. Traducción al español más accesible.
- Inocencio VIII. Summis desiderantes affectibus. Bula papal, 5 de diciembre de 1484.
- Scot, Reginald. The Discoverie of Witchcraft. Londres, 1584. Refutación contemporánea del Malleus.
- Spee, Friedrich. Cautio Criminalis. Rinteln, 1631. Crítica jesuita de los procedimientos del Malleus.
- Weyer, Johann. De Praestigiis Daemonum. Basilea, 1563. Primera crítica médica sistemática.
Bibliografía académica
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- Mackay, Christopher S. «Henricus Institoris, the Malleus Maleficarum, and the German Inquisition.» En Witchcraft Mythologies and Persecutions, ed. Gábor Klaniczay y Éva Pócs. Budapest: Central European University Press, 2008.
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- Trevor-Roper, Hugh. The European Witch-Craze of the Sixteenth and Seventeenth Centuries. Harmondsworth: Penguin, 1969.
Preguntas frecuentes sobre el Malleus Maleficarum
¿Qué significa exactamente Malleus Maleficarum?
La expresión latina significa literalmente «el martillo de las brujas» o «el martillo de los maleficios». Malleus es «martillo», y maleficarum es el genitivo plural de malefica, que designa a la persona que practica el maleficio o la magia dañina. El título es deliberadamente agresivo: el libro se presenta a sí mismo como un instrumento para golpear y destruir la brujería. En algunas traducciones al español también aparece como «El martillo de las hechiceras» o simplemente por su título latino, que es el más utilizado en la bibliografía académica.
¿Quién escribió realmente el Malleus?
La autoría principal corresponde a Heinrich Kramer, inquisidor dominico alemán. El nombre de Jacob Sprenger aparece en la portada de muchas ediciones históricas, pero la investigación moderna —especialmente el trabajo de Christopher Mackay— ha concluido que la participación de Sprenger fue marginal o nula. Kramer incluyó su nombre para aprovechar el prestigio académico de Sprenger, quien era decano de la Universidad de Colonia, y así dar al libro una autoridad que de otro modo le habría resultado difícil de obtener después de su fracaso en Innsbruck.
¿Contaba el Malleus con la aprobación oficial de la Iglesia católica?
Esta es una de las cuestiones más debatidas. El libro incluía al principio la bula papal Summis desiderantes affectibus (1484), lo que le daba una apariencia de respaldo pontificio. Sin embargo, esa bula fue emitida antes de que el Malleus existiera y no hacía referencia a él. Además, la Facultad de Teología de la Universidad de Colonia condenó el libro en 1490 por proponer procedimientos ilegales y doctrina incorrecta. La Iglesia católica nunca incluyó el Malleus en su índice de libros prohibidos, pero tampoco lo reconoció oficialmente como texto doctrinal autorizado.
¿Cuántas personas murieron como consecuencia directa del Malleus?
Es imposible establecer una cifra directa, porque las ejecuciones por brujería en Europa respondieron a múltiples factores y no pueden atribuirse en exclusiva a ningún texto. Los historiadores calculan que entre 40.000 y 60.000 personas fueron ejecutadas por brujería en Europa entre los siglos XV y XVIII, aunque algunas estimaciones más altas llegan a 100.000. El Malleus contribuyó a crear el marco intelectual que hizo posibles esas persecuciones, pero fue uno de varios factores, no el único.
¿Por qué el Malleus se centra tanto en las mujeres?
Kramer argumentaba que las mujeres eran más vulnerables al demonio por razones de naturaleza: eran, en su visión, más crédulas, más carnales y moralmente más débiles que los hombres. Estas ideas no eran originales de Kramer sino que provenían de una larga tradición de misoginia teológica y filosófica que se remontaba a los Padres de la Iglesia y a la recepción medieval de Aristóteles. Lo que hizo Kramer fue sistematizar esas ideas y aplicarlas de manera específica a la cuestión de la brujería, creando una asociación entre feminidad y pacto demoníaco que resultó enormemente influyente.
¿Tuvo el Malleus influencia en los juicios de Salem?
La influencia es indirecta. Los juicios de Salem (1692) ocurrieron en un contexto puritano anglosajón que tenía sus propias tradiciones teológicas sobre la brujería, distintas de las que el Malleus codificaba. Cotton Mather, el clérigo más influyente de Boston en ese período, conocía la literatura demonológica europea, pero sus referencias principales eran autores ingleses como Richard Bernard y William Perkins. El Malleus forma parte del sustrato intelectual más amplio de la cultura europea sobre brujería que llegó a Nueva Inglaterra, pero no fue el texto de referencia directo de los jueces y predicadores de Salem.
¿Se puede leer el Malleus Maleficarum hoy?
Sí. El texto está disponible en múltiples ediciones académicas y en versiones digitales de acceso libre. La edición crítica más rigurosa en inglés es la de Christopher Mackay (Cambridge University Press, 2009), que incluye el texto latino original con traducción anotada y un extenso estudio introductorio. En español existe una traducción de Florentino López Amo publicada por Ediciones Orión que, aunque antigua, es accesible. El libro es un documento histórico de primera importancia para entender la caza de brujas, y su lectura, por perturbadora que resulte, es esencial para cualquier estudio serio del período.
¿Cuál es la diferencia entre el Malleus Maleficarum y otros textos demonológicos de la época?
Hubo muchos tratados sobre brujería y demonología antes y después del Malleus: el Formicarius de Johannes Nider (1437), el Directorium Inquisitorum de Nicolau Eimeric (1376), y posteriormente el Compendium Maleficarum de Francesco Maria Guazzo (1608), entre otros. Lo que distingue al Malleus es la combinación de tres elementos en un solo texto: la justificación teológica sistemática, la descripción detallada de los supuestos crímenes de las brujas y el manual de procedimiento judicial. Ningún otro texto de la época reunió estos tres elementos con la misma ambición y la misma difusión editorial.
¿Por qué la Inquisición española fue más escéptica ante la brujería que los tribunales del norte de Europa?
Es una de las paradojas más llamativas de la historia de la caza de brujas. Los inquisidores españoles tendían a considerar que las acusaciones de brujería eran el producto de ilusiones, sueños o fraudes, no de pactos reales con el demonio. El inquisidor Alonso de Salazar Frías, tras investigar personalmente más de 1.800 casos en el País Vasco entre 1609 y 1610, concluyó que no había evidencia de que ninguno de ellos fuera real y recomendó el abandono de las persecuciones. La Suprema inquisición aceptó sus recomendaciones. Este escepticismo no se debía a que los inquisidores españoles fueran más modernos o ilustrados, sino a que tenían una tradición canónica diferente sobre la realidad de la brujería y una estructura institucional que les daba más control sobre los procesos.
¿Qué papel jugó la imprenta en la difusión del Malleus?
El Malleus fue uno de los primeros textos en aprovechar masivamente la imprenta de tipos móviles de Gutenberg. Sin la imprenta, el libro habría circulado en copias manuscritas, como lo hacían los textos académicos medievales, y su difusión habría sido mucho más lenta y limitada. La tecnología de impresión permitió que el texto llegara a jueces y clérigos de toda Europa en cuestión de años, estandarizando un modelo de brujería y un procedimiento de persecución que de otro modo habría permanecido localizado. En este sentido, el Malleus es también un ejemplo temprano del poder de los medios de comunicación de masas para amplificar y sistematizar ideas, con consecuencias que sus contemporáneos no podían haber previsto.









