La religión de los celtíberos es, entre todas las de los pueblos prerromanos de la península ibérica, una de las más difíciles de reconstruir. No dejaron textos propios, no construyeron grandes templos de piedra y su tradición religiosa se transmitía oralmente en una cultura que los romanos conquistaron y absorbieron antes de que pudiera quedar registrada con detalle. Lo que sabemos de sus dioses procede casi exclusivamente de tres fuentes: las inscripciones votivas en latín que los propios celtíberos dejaron después de la romanización, las menciones ocasionales de autores clásicos como Estrabón y Diodoro Sículo y la arqueología de sus necrópolis, sus santuarios y sus objetos rituales.
Estrabón, en su Geografía, dejó uno de los testimonios más citados sobre la religión celtíbera: según él, algunos celtíberos veneraban a un dios innominado al que no representaban con imagen alguna y sus ritos se celebraban de noche, en los plenilunios, ante las puertas de las casas, con toda la familia danzando y velando hasta el amanecer. Es una imagen inquietante y bella que nos habla de una religiosidad profundamente ligada al cosmos, al ciclo lunar y a la comunidad doméstica.
El panteón celtíbero se organiza en tres grandes grupos. El primero lo forman las divinidades de carácter astral, vinculadas al sol, la luna y las estrellas, que eran objeto de culto colectivo. El segundo lo componen los grandes dioses del tronco celta común, compartidos con otros pueblos celtas de Europa, como Lugus o Epona. El tercero, el más numeroso, lo integran las divinidades locales con cultos específicos de una tribu, una ciudad o incluso un manantial, muchas de las cuales solo conocemos por una inscripción única.
Esta lista recoge las divinidades mejor documentadas del panteón celtíbero e hispano-celta, con los datos que la epigrafía y las fuentes clásicas nos han dejado.
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A
Ataecina (también Adaegina): La divinidad femenina más importante de todo el panteón celtíbero y uno de los dos grandes dioses de la Hispania céltica junto con Endovélico. Era la diosa de la tierra, la fertilidad, la primavera y el renacer, pero también tenía un aspecto ctónico vinculado al inframundo y al ciclo de muerte y resurrección de la naturaleza, lo que llevó a los romanos a identificarla con Proserpina. Su culto estaba muy extendido por toda la Lusitania y la Beturia, y su nombre podría derivar de una raíz céltica que significa «renacida» o «la que vuelve», en alusión al retorno de la primavera. Se la representaba con una cabra como animal sagrado, y su santuario principal estaba en Santa Lucía del Trampal, en Cáceres, donde se han encontrado más de una docena de inscripciones dedicadas a ella.
Andera: Una divinidad femenina vinculada a la tierra y a su fertilidad, cuyo culto está atestiguado en inscripciones del área lusitana. Su nombre podría relacionarse con una raíz indoeuropea asociada a lo subterráneo o a lo que está debajo, lo que la conectaría con las fuerzas que hacen germinar las semillas desde las profundidades del suelo.
B
Baelistos: Una divinidad solar venerada por los berones, el pueblo celta que habitaba la actual La Rioja, cuyo nombre parece relacionarse con la luz purificadora del sol. Era posiblemente un dios de carácter benéfico que presidía los rituales de purificación ligados al ciclo solar, aunque la escasez de inscripciones hace difícil precisar sus atributos con exactitud.
Baraecus: Un dios vinculado a las aguas, documentado en inscripciones del área celtíbera, que era probablemente una divinidad de manantiales o ríos con propiedades terapéuticas. El culto a las aguas era uno de los más extendidos entre todos los pueblos celtas de Europa, y la Hispania celta no era una excepción.
Baudv-haeto: Una diosa cuyo nombre se ha interpretado como «violencia y combate», esposa del dios de la guerra Netón según algunas fuentes. Era por tanto una divinidad guerrera con atributos marciales, en la línea de las diosas de la batalla que aparecen en otras tradiciones celtas europeas.
Bormanicus: Un dios de las aguas termales y de la sanación, cuyo culto está documentado en la península ibérica a través de inscripciones en Caldas de Vizela, en el actual Portugal. Era la versión hispana de Borvo, un dios termal de amplia difusión en toda la Galia, y los romanos lo asimilaron a Apolo en su aspecto sanador. Su nombre deriva probablemente de una raíz que hace referencia al agua que hierve o burbujea, en alusión a las fuentes termales que presidía.
C
Cabar-Sul: Un dios solar de los lusitanos, identificado por los romanos con Apolo, cuyo culto estaba vinculado a la luz del sol y posiblemente también a las artes y a la medicina, en paralelo con los atributos del dios romano con el que fue sincretizado.
Camal (o Camala): Una diosa del amor y la belleza, identificada con Venus por los romanos, cuyo culto está escasamente documentado pero cuya existencia sugiere que el panteón celtíbero incluía una divinidad presiding sobre los lazos afectivos y la fertilidad humana, como ocurre en prácticamente todas las tradiciones religiosas indoeuropeas.
Candamuis (también Candamio): El dios del cielo, las tormentas y el rayo de los cántabros y astures, cuyo nombre aparece en inscripciones del noroeste peninsular asimilado a Júpiter, lo que confirma su carácter de dios supremo del cielo en esa región. Su culto estaba vinculado a las cumbres de las montañas, donde los celtas imaginaban que residían las fuerzas atmosféricas, y algunas inscripciones lo mencionan como «Júpiter Candamio», mezclando el nombre indígena con el romano.
Cernunnos: El dios de los animales, los bosques y el mundo salvaje, representado con cornamenta de ciervo y frecuentemente rodeado de animales, es una de las divinidades más características del mundo celta y su culto está documentado también en la Hispania céltica. Era el señor de la naturaleza no domesticada, el intermediario entre el mundo humano y el animal, y su imagen aparece en numerosos objetos rituales celtas, entre ellos el famoso caldero de Gundestrup.
Cosus: El dios de la guerra más importante y de culto más extendido en la Hispania céltica, documentado en numerosas inscripciones repartidas por todo el noroeste peninsular, desde Galicia hasta Portugal. Los romanos lo identificaron con Marte, y su nombre podría derivar de una raíz que significa «combate» o «fuerza». Era una divinidad guerrera de primer orden, invocada por los guerreros antes de la batalla y honrada con los despojos de la victoria.
D
Dercetius (también Durcetius): Un dios de la montaña venerado en Gallaecia y Lusitania, cuyo culto estaba ligado a los picos y cimas donde los celtas situaban las moradas de las divinidades atmosféricas. Su nombre aparece en inscripciones de La Rioja y otras zonas del norte peninsular, y los romanos lo asimilaron ocasionalmente a Júpiter en su aspecto de señor del cielo desde las alturas.
Deva: Una diosa de las aguas, los ríos y el mar, venerada especialmente en la cultura castreña del noroeste peninsular, cuyo nombre es cognado con la raíz indoeuropea que significa «divina» o «diosa». Hay una leyenda recogida en la tradición local que cuenta que las aguas del mar eran originalmente dulces, pero que Deva, desconsolada por la pérdida de su amante mortal, las llenó de sal con sus lágrimas. Los romanos la conocían como Divonna, y el topónimo ha sobrevivido en varios municipios europeos.
E
Endovélico (también Enobólico entre los lusitanos, Vaélico entre los vetones): Una de las dos grandes divinidades de la Hispania céltica junto con Ataecina, con más de 85 inscripciones dedicadas en su santuario principal de São Miguel da Mota, en el Alto Alentejo portugués, lo que lo convierte en uno de los dioses indígenas hispanos mejor documentados. Era el señor del inframundo, protector de la naturaleza, dios sanador y divinidad oracular que se aparecía en sueños a sus devotos que dormían en sus santuarios, una práctica llamada incubatio que también existía en el culto griego de Asclepio. Los romanos lo asimilaron a Serapis, el dios sanador egipcio-helenístico. Su nombre se ha interpretado como «el dios bueno» o «el negro», aunque la etimología sigue siendo objeto de debate.
Epona: La diosa de los caballos, las yeguas y los viajes a caballo, una de las pocas divinidades celtas cuyo culto fue adoptado por el propio ejército romano y se extendió por todo el Imperio hasta llegar a Roma misma. En la Hispania celta su culto está bien documentado, y su imagen, una mujer sentada sobre un caballo o flanqueada por caballos, aparece en numerosos relieves votivos. Era también una diosa de la fertilidad y del tránsito entre la vida y la muerte, en lo que algunos investigadores interpretan como un papel de guía de las almas en el más allá.
I
Ilurbeda: La diosa de los caminos y los pasos de montaña, cuyo culto estaba vinculado a las rutas de trashumancia y a los puntos críticos de los itinerarios, como los puertos de montaña donde los viajeros y los pastores quedaban expuestos a los peligros del terreno. Su nombre podría relacionarse con una raíz que alude a los «campos» o el «territorio».
Iscallis: Una diosa de la fertilidad documentada en inscripciones del área celtíbera, cuyo culto estaba vinculado a la fecundidad de la tierra y posiblemente también a la fertilidad humana, en paralelo con otras diosas de la fecundidad del mundo celta europeo.
L
Lugus (también Lugubo, Lugones): El gran dios pancéltico de la luz, las artes, el comercio y la sabiduría, que aparece en la Hispania céltica principalmente a través de inscripciones en Peñalba de Villastar (Teruel) y en el área soriana, y cuyo nombre sobrevive en topónimos como Lugo, Lyon en Francia o Londres, cuyo nombre romano Londinium deriva del celta Lugdunum, «fortaleza de Lug». Era un dios polifacético y polivalente, maestro en todas las ciencias y las artes, con atributos que los romanos reconocían a la vez en Mercurio y en Apolo, y su símbolo era el cuervo. En las monedas más antiguas de los pueblos celtíberos orientales aparece representado con varios brazos y con hojas en la cabeza, imagen de su naturaleza omnipresente y omnipotente.
M
Magnón: Una divinidad solar de los pueblos celtíberos, similar al Sol-Hércules en algunas de sus representaciones, cuyo culto estaba ligado al poder del sol y a sus funciones purificadoras y regeneradoras sobre la naturaleza.
Matres (Las Madres): No era una sola divinidad sino un grupo de tres diosas madre que representaban la fertilidad, la abundancia y la protección de la comunidad, veneradas en toda la Europa celta y también en la Hispania céltica, donde se conservan unos quince testimonios epigráficos. Se las representaba siempre en grupo de tres, sentadas, portando cestas de frutas, panes o niños, y su culto estaba ligado tanto a la fecundidad agraria como a la protección de los partos y de los recién nacidos. Eran divinidades de gran antigüedad en el sustrato religioso indoeuropeo.
N
Neta: La esposa de Netón, asociada a los atributos guerreros de su esposo y venerada especialmente en Gallaecia. Algunas fuentes la denominan simplemente con el mismo radical que Netón, lo que sugiere que era concebida como el aspecto femenino de la misma fuerza guerrera.
Netón: El dios de la guerra adorado principalmente en Gallaecia, identificado por los romanos con Marte y con un aspecto solar que lo vinculaba también al poder del sol como fuerza combativa y purificadora. Era posiblemente la divinidad guerrera más importante del noroeste peninsular, con un culto bien establecido entre los pueblos galaicos antes de la romanización.
Noctiluca: La diosa de la luna o la «luz nocturna», cuyo culto los celtíberos practicaban en las noches de luna llena según algunas fuentes, en consonancia con el testimonio de Estrabón sobre los ritos nocturnos celebrados en los plenilunios. Era la personificación de la luna como fuente de luz en la oscuridad y como reguladora de los ciclos naturales.
R
Reve: El dios supremo y soberano de algunas tradiciones celtíberas, regente de las aguas termales y posiblemente de las fuerzas subterráneas en general. Cuenta con nueve inscripciones procedentes del área orensana y de la Beira Baja portuguesa, lo que indica un culto regional de cierta importancia en el noroeste peninsular. Su nombre se ha relacionado con una raíz indoeuropea asociada a la realeza y la soberanía.
S
Saga (también Saha): Una divinidad solar identificada con Apolo por los romanos, cuyo culto estaba ligado al poder del sol y a sus funciones terapéuticas y purificadoras. La duplicidad de nombres —Saga, Saha, Segulo— puede indicar variantes regionales del mismo culto o distintas facetas de una misma divinidad.
Segolu (también Segulo): Un dios solar documentado en inscripciones del área celtíbera, identificado con Apolo como divinidad de la luz, la salud y las artes. Su nombre podría derivar de una raíz que significa «victoria» o «poder», en alusión a la fuerza del sol sobre las tinieblas.
T
Taranis: El dios del trueno y la tormenta, una de las tres grandes divinidades del panteón celta según el poeta romano Lucano, que lo menciona junto a Teutates y Esus. Su nombre significa «el tronante» y su símbolo era la rueda solar, que representaba a la vez el sol y el rayo. Aunque su culto está mejor documentado en la Galia y en Britania, hay evidencias de su veneración también en la Hispania celta, donde los romanos lo asimilaron a Júpiter como señor de los fenómenos atmosféricos.
Trebaruna: Una diosa que se cree fue protectora del hogar y de la comunidad doméstica, cuyo nombre podría relacionarse con una raíz que alude a «la morada» o «el recinto», en alusión a la protección del espacio habitado frente a los peligros exteriores.
V
Vaélico: La versión vetona de Endovélico, el gran dios del inframundo y de la naturaleza, cuyo culto estaba asociado a los bosques y a las fuerzas subterráneas. Es probable que Vaélico, Endovélico y Enobólico sean nombres distintos para una misma divinidad que recibía denominaciones diferentes según la tribu o la región que lo veneraba.
El dios sin nombre
Una mención especial merece la divinidad innominada que Estrabón describe como el gran dios común de todos los celtíberos, aquel al que no se representaba con imagen alguna y al que se adoraba en los plenilunios con ritos nocturnos de danza y vigilia familiar. Es probable que este dios sin nombre sea una referencia al dios supremo del panteón celtíbero, tal vez Lugus o una divinidad solar de carácter universal, cuyo nombre verdadero era demasiado sagrado para pronunciarse en voz alta, práctica que también se conoce en otras tradiciones religiosas indoeuropeas. La prohibición de nombrarlo podría ser en sí misma un signo de su importancia y de su carácter trascendente en la cosmología celtíbera.
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Fuentes y bibliografía
Fuentes
- Estrabón. Geografía, libro III. Traducción de María José Meana y Félix Piñero.
- Diodoro Sículo. Biblioteca histórica, libro V.
- Lucano. Farsalia, libro I.
En español
- Blázquez, J. M. (1975). Diccionario de las Religiones Prerromanas de Hispania. Ediciones Istmo, Madrid.
- Blázquez, J. M. (1962). Religiones primitivas de Hispania I. Fuentes literarias y epigráficas. Madrid.
- Olivares Pedreño, J. C. (2002). Los dioses de la Hispania Céltica. Real Academia de la Historia, Madrid.
- Marco Simón, F. (1994). «La religión indígena en la Hispania indoeuropea», en Historia de las religiones de la Europa Antigua. Madrid, pp. 313-400.
- Prósper, B. (2002). Lenguas y religiones prerromanas del occidente de la Península Ibérica. Universidad de Salamanca.
- Tranoy, A. (1981). La Galice romaine. Recherches sur le nord-ouest de la Péninsule Iberique dans l’antiquité. París.
En inglés
- Green, M. J. (1992). Dictionary of Celtic Myth and Legend. Thames and Hudson, Londres.
- Olmsted, G. S. (1994). The Gods of the Celts and the Indo-Europeans. Archaeolingua, Budapest.
- Koch, J. T. (2006). Celtic Culture: A Historical Encyclopedia. ABC-CLIO, Santa Barbara.
- Cunliffe, B. (1997). The Ancient Celts. Oxford University Press.
Recursos digitales
- Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
- Celtiberia.net:
- Perseus Digital Library
Preguntas frecuentes sobre los dioses celtíberos
¿Quiénes eran los celtíberos?
Los celtíberos fueron un conjunto de pueblos prerromanos que habitaron la zona central de la península ibérica, denominada Celtiberia, desde la Edad del Bronce hasta la romanización de Hispania en los siglos II y I a.C. Eran pueblos de origen celta o fuertemente celtizados, resultado de la fusión entre las tribus celtas llegadas del norte de Europa y las poblaciones iberas autóctonas. Los principales pueblos celtíberos documentados son los arévacos, los bellos, los lusones, los titos y los pelendones, aunque también se incluyen ocasionalmente los carpetanos, los vacceos y los olcades.
¿Qué dios era el más importante para los celtíberos?
La respuesta depende de la región. A escala peninsular, las dos divinidades mejor documentadas y de mayor culto extendido son Ataecina, la diosa de la tierra y el renacer, y Endovélico, el dios del inframundo y la sanación. A nivel pancéltico, Lugus era posiblemente el dios supremo del tronco celta común, y su culto está atestiguado en inscripciones celtíberas de Teruel y Soria. Estrabón menciona además un dios innominado común a todos los celtíberos, adorado en los plenilunios con ritos nocturnos, que podría ser una referencia al dios supremo cuyo nombre verdadero era demasiado sagrado para pronunciarse.
¿Por qué sabemos tan poco de la religión celtíbera?
Los celtíberos no dejaron textos escritos propios sobre su religión. Su tradición religiosa era oral, y fue absorbida y transformada por la romanización antes de que pudiera quedar registrada con detalle. Lo que sabemos procede de tres fuentes principales: las inscripciones votivas en latín que los propios celtíberos dejaron tras la conquista romana, las menciones ocasionales de autores clásicos como Estrabón y Diodoro Sículo, y la arqueología de sus necrópolis y santuarios. Muchas divinidades solo se conocen por una única inscripción, y sus atributos y mitos asociados se han perdido para siempre.
¿Qué diferencia hay entre los dioses celtíberos y los dioses celtas?
Los dioses celtas es un término amplio que engloba todas las divinidades de los pueblos celtas de Europa, con más de 400 nombres documentados repartidos por la Galia, Britania, Irlanda y otras regiones. Los dioses celtíberos son un subconjunto específicamente hispano dentro de ese mundo más amplio. Algunos dioses son compartidos con el resto del mundo celta, como Lugus, Epona o las Matres, que aparecen en inscripciones de toda Europa. Pero muchos otros, como Ataecina, Endovélico, Cosus o Netón, son exclusivamente peninsulares y no tienen paralelo documentado fuera de Hispania.
¿Cómo adoraban a sus dioses los celtíberos?
Según Estrabón, los celtíberos celebraban sus ritos principales de noche, en los plenilunios, ante las puertas de las casas, con toda la familia danzando y velando hasta el amanecer. No construían grandes templos de piedra como griegos o romanos, sino que sus lugares sagrados eran espacios naturales: manantiales, cumbres de montañas, bosques y cruces de caminos. Practicaban sacrificios de animales, y en algunos contextos guerreros también sacrificios humanos según fuentes romanas, aunque estas referencias deben leerse con cautela dado el sesgo de los autores clásicos hacia los pueblos que describían como bárbaros.
¿Qué ocurrió con los dioses celtíberos tras la romanización?
La mayoría fueron asimilados a sus equivalentes romanos mediante el proceso conocido como interpretatio romana, por el que los romanos identificaban a las divinidades locales con sus propios dioses. Así Cosus se convirtió en Marte, Endovélico en Serapis, Cabar-Sul en Apolo y Candamuis en Júpiter. Sin embargo, muchos cultos locales sobrevivieron durante siglos bajo nombres latinos o mezclados con iconografía romana, y algunos elementos de la religiosidad celtíbera persistieron en el folclore y las tradiciones populares de la península ibérica mucho más allá de la época romana.












