viernes, febrero 26, 2021
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Mitología nórdica: biografía de Odín, «el padre de todos»

Dentro de la mitología nórdica, indudablemente Odín es uno de los personajes más importantes, complejos y misteriosos.

De hecho, puede que sea uno de los personajes más enigmáticos y mejor construidos de la mitología a nivel mundial, y tal vez de allí viene su relevancia dentro de la cultura popular, mientras tantos otros dioses de esta mitología permanecen siendo desconocidos para muchos.

Biografía de Odín

Según lo que cuenta la mitología nórdica, Odín es el gobernante de las deidades Aesir y pertenece al reino de Asgard.

Reside en el palacio de Valaskjálf en Asgard, el cual construyó para sí mismo y en donde se sitúa su trono, el Hliðskjálf, desde donde observaba todo lo que sucedía en cada uno de los nueve mundos.​ En la batalla blandía su lanza, llamada Gungnir, y montaba su corcel de ocho patas, llamado Sleipnir.

Odín era hijo de Bor y de la gigante Bestla, a la vez que hermano de Vili y Vé. Su esposa era Frigg y padre de varios dioses nórdicos como Thor, Balder, Vidar y Váli.

En la poesía escáldica encontramos varios epítetos, siendo uno de los más importantes Allföðr («padre de todos»).

No obstante, con mucha frecuencia puede ser visto aventurándose lejos de su hogar en andanzas solitarias y de extensiones de tiempo considerables. Estas andanzas lo pueden llevar a los lugares más recónditos de todo el cosmos.

Odín es reconocido como un buscador implacable y a menudo se describe con las cualidades de un dios dador de sabiduría. Sin embargo, algo que caracteriza a Odín es su exiguo respeto por los valores comunitarios.

La justicia, la imparcialidad o el respeto por las leyes y convenciones sencillamente no son rasgos que lo caractericen, pero sí el ser el superior de los gobernantes y de los proscritos, además de ser un dios de la guerra y curiosamente, también ser el dios de la poesía.

El origen del nombre de Odín

El nombre del dios Odín puede ser traducido como el “maestro del éxtasis”. Su nombre está compuesto en primera parte por un término que se refiere precisamente al éxtasis, la furia y la inspiración, y es seguido de un sufijo antiguo masculino que quiere referirse al «maestro de«, o al «perfecto ejemplo de«.

A lo largo de la historia se han tomado distintas interpretaciones del origen de su nombre y todas parecen acabar encajando en el concepto general que se tiene de Odín, sobre todo considerando la naturaleza cambiante y contradictoria del dios.

En el siglo XI, el historiador Adán de Bremen traduce su nombre como “el furioso”, un concepto no tan equivocado ya que, como hemos venido mencionando, Odín tiene el poder de tomar innumerables formas distintas.

Características de Odín

En un momento se describe a Odín como un dios que cuando se sentaba con sus amigos tenía el poder de alegrar los espíritus de todos y cada uno de ellos. No obstante, en el momento en el que Odín estaba en la guerra, su comportamiento podía describirse como terriblemente sombrío.

Este éxtasis que caracteriza a Odín y que de cierta forma se convierte en su esencia, es el factor que ayuda a unificar todas las otras áreas de la vida con las cuales se encuentra asociado. Estos incluyen la magia, la poesía, la guerra, la soberanía y la sabiduría.

Odín como dios de la guerra

Dentro de la cultura popular, Odín es comúnmente descrito como un gobernante, pero sobre todo un comandante eminentemente honorable con una musculatura considerable.

No obstante, para los antiguos nórdicos quienes verdaderamente solían hacerle culto, Odín no era nada de eso. En realidad, comparado con otros dioses nórdicos de la guerra como es el caso de Tyr o el conocido Thor, que además es su hijo, Odín encuentra cierto regocijo siniestro en incitar a las personas pacíficas a luchar.

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Odín y Thor. Crédito: Depositphotos.

Odín es un ejemplo mitológico de que la buena causa no santifica la guerra sino que la guerra buena es la que consigue santificar cualquier tipo de causa.

Odín es un dios que no suele preocuparse por los guerreros que se encuentran dentro de la norma. Por el contrario, prefiere mucho más prodigar sus bendiciones únicamente sobre aquellos guerreros a los cuales considera verdaderamente dignos.

A su vez, mantiene afiliaciones bastante estrechas con los Berserkers y tantos otros tipos de guerreros que al mismo tiempo, juegan el papel de chamanes.

Se interesa particularmente por los guerreros cuyas técnicas de lucha y prácticas espirituales asociadas a la batalla tienen como foco conseguir un estado de unificación lleno de éxtasis con algunos animales que funcionan como tótem, sobre todo si se trata de animales feroces.

Uno de los animales tótem más reconocidos son los lobos y oso. Es entonces como, por extensión, el mismo Odín se convierte en el amo de este tipo de bestias.

Es de esta manera que, como dios de la guerra, Odín acaba preocupándose principalmente por el frenético caos y todo el frenesí que trae consigo la batalla más allá de preocuparse por las razones detrás del conflicto en cuestión.

De hecho, Odín ni siquiera se preocupa demasiado por el resultado que vaya a obtener en la batalla porque el éxtasis de ella es mucho más importante para él.

Los nórdicos llegaron a ver a sus dioses como fuerzas vitales que conseguían mantener unido a todo el cosmos. Odín fue visto como el “padre del todo” por los nórdicos, siendo así la fuerza vital por excelencia.

Este dios era para ellos el aliento de vida, desempeñando un papel de gran importancia, posiblemente mas que la de cualquier otro dios existente en esta mitología.

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