Un caldero delata el ataque romano al poblado íbero del Cerro de la Cruz

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Fragmentos del caldero. Los científicos piensan que se encontraba sobre el suelo cuando se derrumbó la estancia donde se encontraba, como consecuencia del ataque romano que destruyó el poblado íbero. Crédito: UCO

Investigadores del departamento de Química Orgánica de la Universidad de Córdoba (UCO) han empleado por primera vez distintas técnicas de análisis químicos para determinar el estado de corrosión de un caldero de bronce del poblado íbero del Cerro de la Cruz, en Almedinilla (Córdoba).

Tras estudiar varios fragmentos mediante varias técnicas instrumentales, se concluye que el tipo de corrosión sufrida por el objeto resulta compatible con la hipótesis arqueológica de que el asentamiento fue devastado en las guerras lusitanas del siglo II a.C..

El bronce es una aleación metálica formada por cobre y estaño usada desde la Antigüedad. En entornos ‘agresivos’ como tumbas o enterramientos, el bronce sufre una corrosión característica que se puede analizar mediante estas técnicas experimentales.

Para analizar los fragmentos de este caldero se han empleado técnicas instrumentales basadas en la absorción o emisión de radiación electromagnética por un cuerpo, con las que se caracteriza su estado de corrosión.

“El objetivo de determinar el estado de corrosión de un objeto de bronce es importante con vistas a su restauración. Hay que ver si sufre la denominada ‘enfermedad del bronce’, porque en determinados casos puede que, aún eliminando las primeras capas de corrosión, esta aparezca de nuevo al exponer la superficie no corroída a la atmósfera”, explica José Rafael Ruiz Arrebola, director del departamento de Química Orgánica de la UCO y uno de los autores del trabajo, publicado en la revista Spectrochimica Acta Part A: Molecular and Biomolecular Spectroscopy.

En concreto, en el estudio se utilizaron cuatro técnicas en las que se exponen los fragmentos a determinadas longitudes de onda del espectro electromagnético:

Difracción de rayos X – que ofrece información sobre las fases cristalinas de los compuestos que se han formado con la corrosión.

Microscopía electrónica de barrido con energía dispersiva de rayos X – que muestra la composición elemental superficial de los fragmentos estudiados.

Espectroscopia Raman – que utiliza un haz de luz láser para revelar los compuestos químicos presentes en el caldero.

Fluorescencia de rayos X – que además de determinar la composición química total del objeto, permite ver la distribución de un elemento concreto en una zona tridimensional del caldero.

Análisis de la corrosión del caldero íbero

“El uso conjunto de las técnicas empleadas nos permite, por un lado, caracterizar los compuestos de corrosión que se han formado a nivel superficial, así como determinar la profundidad de la corrosión en el material. En el caldero estudiado esta corrosión es total, no queda rastro de la aleación original”, afirma el catedrático de la UCO.

El objeto fue encontrado junto a otros (ánforas, vasijas de cerámica, copas…) en uno de los edificios situados en la calle principal del poblado utilizado probablemente para almacenar grano. Muestra signos de reparaciones y se utilizaba para cocinar.

El asentamiento, originario del siglo III a.C., era de tamaño medio y los edificios estaban hechos de piedras y adobe, con dos plantas y una terraza.

Pero el resultado más interesante del análisis fue comprobar que la corrosión se produjo de forma distinta por cada una de las dos caras del caldero. Por un lado, una corrosión confirma que una de sus caras se encontraba en contacto con el suelo.

Por otro, la presencia de malaquita muestra una corrosión diferente debido a que fue sepultado por las paredes que formaban la estancia en la que se encontraba, construidas a base de cal y adobe.

“En resumen, el caldero se encontraba sobre el suelo cuando se produjo el derrumbe de la estancia como consecuencia del ataque que destruyó el poblado”, concluye el investigador.

La información extraída del estudio de la corrosión confirma los datos arqueológicos recabados hasta la fecha, según los cuales el poblado fue arrasado por tropas romanas al mando del general Serviliano durante las guerras lusitanas del siglo II a.C., en las que los pueblos del oeste de la península ibérica se enfrentaron a la República romana.

En el yacimiento arqueológico del Cerro de la Cruz se hallaron restos humanos mutilados e indicios de intensos fuegos que destruyeron los edificios.

Diversos elementos del yacimiento como monedas y cerámicas permiten situar la fecha de la destrucción del poblado en el año 141 a.C., fecha en la que el cónsul Serviliano reanudó su campaña contra Viriato en la zona. El carbono 14 ha confirmado esta fecha.

“Este es un claro ejemplo de cómo las ciencias experimentales pueden soportar conclusiones arqueológicas”, subraya José Rafael Ruiz Arrebola.

Es la primera vez que el grupo de investigación emplea estas técnicas en objetos procedentes de este yacimiento situado en la localidad cordobesa de Almedinilla, declarado Bien de Interés Cultural.

Ahora pretenden aplicar esta metodología a objetos de otros yacimientos, como monedas antiguas, pinturas murales romanas y árabes, morteros… A partir de su composición química se puede extraer mucha información.

Si se aplica a la pintura mural, se puede saber qué técnica emplearon los artistas, se puede relacionar con el comercio de la época histórica o certificar la autenticidad de una pieza arqueológica, por ejemplo.

Referencia bibliográfica:

Cosano, D.; Esquivel, D; Mateos, L.D.; Quesada, F.; Jiménez-Sanchidrián, C.; Ruiz, J.R., “Spectroscopic analysis of corrosion products in a bronze cauldron from the Late Iberian Iron Age”, Spectrochimica Acta Part A: Molecular and Biomolecular Spectroscopy (2018) 489–496doi: 10.1016/j.saa.2018.07.072.

Vía Sinc

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