La demonología es la rama del conocimiento que estudia a los demonios, su naturaleza, sus jerarquías y sus relaciones con los seres humanos. Durante siglos fue considerada una ciencia legítima, practicada por teólogos, filósofos y exorcistas que elaboraron sistemas tan complejos como cualquier tratado de medicina o astronomía de su época. No se trata de superstición popular ni de folklore marginal: los grandes inquisidores de la Europa medieval, los rabinos de Babilonia y los sacerdotes de la antigua Mesopotamia dedicaron décadas a cartografiar con rigor un mundo invisible que, para ellos, era tan real como el que podían tocar.
El estudio de los demonios no nació en la Edad Media cristiana, como suele asumirse. Sus raíces se hunden en el tercer milenio antes de nuestra era, en las tablillas de arcilla de Sumeria y Acad, donde los edimmu y los utukku acechaban a los vivos desde el mundo de los muertos. Desde ahí, la tradición fluyó hacia Persia, se transformó en el judaísmo del exilio babilónico, adquirió su forma más sistemática en el cristianismo medieval y llegó, ya en el Renacimiento, a los grimorios que clasificaban con nombre, rango y sello a cada uno de los 72 demonios del rey Salomón.
Lo que hace fascinante a la demonología como disciplina histórica es precisamente eso: su capacidad para revelar cómo cada cultura ha proyectado sus miedos, sus conflictos teológicos y sus jerarquías de poder en el mundo de las fuerzas oscuras. El demonio no es una figura estática, cambia de forma, de nombre y de función según el momento histórico y la tradición cultural que lo invoca. Belcebú fue un dios filisteo antes de convertirse en señor de las moscas. Lilith era un espíritu del viento sumerio antes de transformarse en el demonio femenino más temido del judaísmo. Lucifer era el nombre latino de la estrella de la mañana antes de identificarse con Satanás.
Este artículo es el punto de entrada al tema de la demonología de Red Historia. Aquí encontrarás la historia de la disciplina, los grandes sistemas de clasificación que diferentes tradiciones han elaborado a lo largo de los siglos y los principales tratados que codificaron el conocimiento demoníaco. Desde cada sección podrás profundizar en artículos específicos dedicados a cada demonio, cada grimorio y cada tradición.
El origen de la demonología: Mesopotamia y el mundo de los espíritus hostiles
La primera demonología sistemática de la historia no tiene autor conocido. Emergió de forma colectiva en la civilización sumeria y acadia, grabada en miles de tablillas de arcilla que los sacerdotes-exorcistas, los ashipu, consultaban para identificar y neutralizar a las entidades que causaban enfermedades, pesadillas y desgracias.
Los demonios mesopotámicos no eran seres caídos ni ángeles rebeldes. Eran fuerzas cósmicas independientes, ni completamente malignas ni completamente benignas, que actuaban según sus propias lógicas. Los utukku podían ser benévolos o destructivos según su estado de ánimo. Los edimmu eran los fantasmas de los muertos sin sepultura, condenados a vagar y atormentar a los vivos hasta recibir los ritos funerarios adecuados. La Lamashtu, en cambio, era inequívocamente hostil: una diosa-demonio que atacaba a las mujeres embarazadas y devoraba a los recién nacidos.
Lo curioso es que la serie de conjuros conocida como Maqlu, una colección de rituales de exorcismo babilónica del primer milenio a.C., ya presentaba una lógica clasificatoria sofisticada. Los demonios se identificaban por su nombre, su apariencia, su origen y el tipo de mal que causaban. El exorcista necesitaba saber exactamente contra quién se enfrentaba antes de invocar a los dioses protectores. Era, en esencia, el mismo principio que siglos después articularía la demonología cristiana: conocer el nombre del demonio es el primer paso para controlarlo.
Persia aportó un elemento decisivo que transformaría toda la tradición posterior: el dualismo. El zoroastrismo de Zaratustra dividió el cosmos en dos fuerzas eternas en conflicto, Ahura Mazda y Angra Mainyu, el principio del bien y el principio del mal. Los demonios zoroástricos, los daeva, eran los servidores de Angra Mainyu, organizados en una jerarquía que prefiguraba directamente la estructura del infierno cristiano. Esta idea, la de un ejército del mal con cadena de mando propia, pasó al judaísmo durante el exilio babilónico y desde ahí al cristianismo y al islam.

La demonología judía: del Talmud al Libro de Enoc
El judaísmo tardío, especialmente el que floreció entre los siglos III a.C. y III d.C., produjo algunos de los textos demoníacos más influyentes de la historia occidental. El más importante de todos es el Libro de Enoc, un texto apócrifo que no entró en el canon hebreo ni en el cristiano pero que ejerció una influencia enorme sobre ambas tradiciones.
El Libro de Enoc narra la historia de los Vigilantes, un grupo de 200 ángeles que descendieron al monte Hermón, tomaron esposas humanas y engrendraron a los Nefilim, los gigantes del Génesis. El líder de los Vigilantes, Semyaza, y su lugarteniente Azazel se convirtieron en los arquetipos del ángel caído que más tarde cristalizaría en la figura de Satanás. Azazel, en particular, recibió una caracterización única: fue él quien enseñó a los hombres a fabricar armas y a las mujeres a usar cosméticos y joyas, corrompiendo así la pureza original de la humanidad.
El Talmud, por su parte, desarrolló una demonología más cotidiana y menos apocalíptica. Los sheydim eran criaturas intermedias entre ángeles y humanos que poblaban los desiertos, los cementerios y los lugares solitarios. Lilith, la figura más compleja de toda la tradición judía, evolucionó de espíritu nocturno sumerio a primera esposa de Adán, expulsada del Edén por negarse a someterse, y finalmente a demonio que atacaba a los recién nacidos y seducía a los hombres dormidos.
La Cábala medieval añadió una capa de sofisticación filosófica a esta tradición. El Zohar, el gran texto del misticismo judío escrito en el siglo XIII, introdujo el concepto del Otro Lado, la Sitra Achra, como el reino de la impureza que espeja y pervierte el Árbol de la Vida. Cada sefirá del árbol sagrado tenía su contraparte demoníaca, una estructura que convirtió la demonología en una rama de la metafísica.
La gran sistematización: la demonología cristiana medieval
Fue en la Europa cristiana medieval donde la demonología alcanzó su mayor grado de sistematización. La razón es teológica: si Dios es omnipotente y el mal existe, era necesario explicar de dónde venía el mal y cómo operaba en el mundo. La respuesta fue construir una cosmología del infierno tan detallada como la del paraíso.
El teólogo del siglo VI Gregorio Magno estableció las bases del pensamiento demoníaco cristiano al identificar los siete pecados capitales con siete príncipes demoníacos específicos. Esta correspondencia, que más tarde desarrollaría el obispo Pedro Binsfeld en su tratado de 1589, creó el esquema que hoy sigue siendo el más reconocible de la tradición occidental: Lucifer como demonio del orgullo, Mamón de la avaricia, Asmodeo de la lujuria, Leviatán de la envidia, Belcebú de la gula, Satanás de la ira y Belphegor de la pereza.

La escolástica del siglo XIII, con Tomás de Aquino a la cabeza, abordó la naturaleza de los demonios con el mismo rigor que aplicaba a cualquier otro problema filosófico. ¿Tienen cuerpo los demonios? ¿Pueden reproducirse? ¿Qué relación tienen con el tiempo y el espacio? Las respuestas de Aquino en la Summa Theologica definieron la demonología cristiana ortodoxa durante siglos.
El gran catalizador de la demonología práctica fue, paradójicamente, la Inquisición. La necesidad de identificar y juzgar a brujas y herejes obligó a los inquisidores a elaborar manuales que sistematizaran el conocimiento sobre el demonio y sus agentes humanos. El más famoso de todos, el Malleus Maleficarum de Heinrich Kramer (1487), es en realidad un tratado demoníaco disfrazado de manual judicial. Define con precisión cómo opera el diablo a través de las brujas, qué pactos establece y cómo reconocer su presencia.
Los grimorios: cuando la demonología se volvió práctica
Si la demonología teológica buscaba comprender a los demonios, los grimorios buscaban utilizarlos. Estos libros de magia, que proliferaron especialmente entre los siglos XIV y XVIII, contenían rituales, invocaciones y sellos para invocar y controlar a entidades demoníacas específicas.
El más influyente de todos es la Ars Goetia, la primera parte del Lemegeton o Llave Menor del Rey Salomón. Presenta una lista de 72 demonios, cada uno con su nombre, su rango, su apariencia, sus poderes y el sello mágico que permite invocarlo. El sistema asume que Salomón, el rey bíblico famoso por su sabiduría, había aprendido a controlar a estos seres y había dejado registro de cómo hacerlo.
La jerarquía que establece la Ars Goetia es militar y cortesana al mismo tiempo. Hay reyes, como Bael, Paimon y Beleth. Hay duques, como Agares y Marbas. Hay príncipes, marqueses, condes y presidentes. Esta estructura refleja directamente el feudalismo europeo de la época en que fue compilada, lo que revela algo fundamental sobre la demonología: siempre habla tanto de la sociedad que la produce como del mundo invisible que pretende describir.
El Gran Grimorio, también conocido como el Dragón Rojo y el Grimorio de Armadel son otras dos colecciones relevantes, más tardías y con énfasis diferente. El primero se centra en el pacto con el demonio Lucifugé Rofocale como intermediario de Lucifer. El segundo combina demonología con angelología, presentando a ángeles y demonios como dos categorías de espíritus que el mago puede convocar con diferentes propósitos.
Tabla de jerarquías demoníacas comparadas
Las diferentes tradiciones organizaron el mundo demoníaco de formas distintas. La siguiente tabla resume las principales clasificaciones:
| Tradición | Figura suprema del mal | Principales figuras | Fuente principal |
|---|---|---|---|
| Mesopotamia | Tiamat / Pazuzu | Lamashtu, Utukku, Edimmu, Gallu | Serie Maqlu (s. VIII a.C.) |
| Zoroastrismo | Angra Mainyu (Ahrimán) | Aeshma, Nasu, Druj, Daeva | Avesta (s. VI a.C.) |
| Judaísmo | Samael / Satán | Lilith, Azazel, Semyaza, Asmodeo | Libro de Enoc, Talmud |
| Cristianismo medieval | Lucifer / Satanás | Belcebú, Asmodeo, Mamón, Leviatán | Malleus Maleficarum, Binsfeld |
| Ars Goetia | Belcebú (señor de los demonios) | Bael, Agares, Paimon, Astaroth (72 en total) | Lemegeton (s. XVII) |
| Cábala / Zohar | Samael con Lilith | Los Qliphoth (cáscaras del Árbol Inverso) | Zohar (s. XIII) |
| Islam | Iblis | Jinn maríd, ifrit, shaytán | Corán, hadices |
La demonología en el Renacimiento y la modernidad
El Renacimiento no abandonó la demonología, la transformó. Los humanistas italianos, fascinados por el neoplatonismo y el hermetismo, reinterpretaron a los demonios como espíritus intermedios entre los dioses y los hombres, siguiendo a Apuleyo y a Jámblico. Marsilio Ficino, el traductor del Corpus Hermeticum de Hermes Trismegisto por encargo de Cosme de Médici, dedicó partes de su obra a la naturaleza de estos seres.
Juan Weyer, médico holandés del siglo XVI, publicó en 1563 el De Praestigiis Daemonum, un texto que supuso una ruptura radical: argumentaba que las brujas no eran aliadas del diablo sino mujeres enfermas mentales que el demonio engañaba. Era, en cierta forma, el primer intento de desmontar la demonología práctica desde una perspectiva racional, aunque seguía asumiendo la existencia de los demonios.
En el siglo XVII, el jesuita Martín del Río respondió con sus Disquisitionum Magicarum Libri Sex, una enciclopedia demoníaca de seis volúmenes que sistematizaba todo el conocimiento disponible sobre magia, brujería y demonios. Es, junto al Malleus, el tratado demoníaco más extenso y riguroso de la tradición cristiana.
La modernidad no eliminó la demonología, simplemente la desplazó de los tratados teológicos a la cultura popular. Eliphas Lévi, el ocultista francés del siglo XIX, reformuló la demonología en términos esotéricos y filosóficos. Aleister Crowley, en el siglo XX, la reintegró en un sistema mágico completo. Hoy, la Ars Goetia sigue siendo uno de los textos esotéricos más consultados en todo el mundo.

El demonio como espejo: qué revela la demonología sobre las sociedades
Más allá de la teología y la magia, la demonología es una fuente histórica de primer orden. Los demonios que una cultura inventa revelan sus miedos más profundos, sus conflictos internos y sus estructuras de poder.
La transformación de Baal, dios cananeo de la tormenta y la fertilidad, en demonio del panteón cristiano refleja el proceso histórico mediante el cual las religiones dominantes demonizaban a los dioses de las culturas que absorbían o combatían. Lo mismo ocurrió con Astarté, diosa semítica del amor y la guerra, que se convirtió en el demonio Astaroth de los grimorios medievales. Los dioses vencidos se convierten en demonios: es una constante de la historia religiosa.
La obsesión medieval con los demonios de la lujuria, especialmente Asmodeo y los súcubos e íncubos, refleja la tensión de una sociedad que reprimía la sexualidad pero no podía eliminar el deseo. Atribuir al demonio la responsabilidad del impulso sexual permitía mantener la condena moral sin abandonar la experiencia humana universal.
Y la jerarquía feudal del infierno, con sus reyes, duques y marqueses, no es sino la proyección de la sociedad terrena en el mundo invisible. El infierno siempre se parece al mundo que lo imagina.
Artículos relacionados en Red Historia
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Figuras principales:
- Ángeles caídos: quiénes son, historia y lista completa
- Lucifer: del ángel de luz al príncipe de las tinieblas
- Azazel: el ángel caído del desierto
- Semyaza: el líder de los Vigilantes
- Lilith: la primera mujer y el demonio femenino
- Asmodeo: el demonio de la lujuria en la tradición judía
- Belcebú: señor de las moscas
Textos y grimorios:
- El Libro de Enoc: los Vigilantes y la caída de los ángeles
- La Ars Goetia: los 72 demonios del rey Salomón
- Lista de los 72 demonios de Ars Goetia
- Los 7 nombres del diablo en la demonología cristiana
Contexto histórico:
- La posesión demoníaca: historia, religión y psicología
- El exorcismo en la historia: desde Mesopotamia hasta hoy
- Los Nephilim: los gigantes hijos de los ángeles caídos
Fuentes y bibliografía
Fuentes primarias
- El Libro de Enoc (traducción de Frederick Laurence, 1821, revisada).
- Malleus Maleficarum (Kramer, H., 1487; ed. moderna Sprenger, J., Alianza Editorial).
- Lemegeton Clavicula Salomonis (s. XVII; ed. moderna Joseph H. Peterson, 2001).
- De Praestigiis Daemonum (Weyer, J., 1563).
- Disquisitionum Magicarum Libri Sex (Del Río, M., 1599).
- Tractatus de confessionibus maleficorum et sagarum (Binsfeld, P., 1589).
- Zohar (de León, M. de, s. XIII; ed. moderna Daniel Matt, Stanford University Press, 2004-2017).
En español
- Cirlot, J. E. (1969). Diccionario de símbolos. Labor, Barcelona.
- Cohn, Norman (1993). Los demonios familiares de Europa. Alianza Editorial, Madrid.
- Idel, Moshe (2007). Cábala: nuevas perspectivas. Siruela, Madrid.
- Messadié, Gerald (1994). Historia general del diablo. Ediciones B, Barcelona.
- Tausiet, María y Amelang, James S. (eds.) (2004). El diablo en la Edad Moderna. Marcial Pons, Madrid.
En inglés
- Abusch, Tzvi (2002). Mesopotamian Witchcraft: Towards a History and Understanding of Babylonian Witchcraft Beliefs. Brill, Leiden.
- Davidson, Gustav (1967). A Dictionary of Angels, Including the Fallen Angels. Free Press, Nueva York.
- Forsyth, Neil (1987). The Old Enemy: Satan and the Combat Myth. Princeton University Press.
- Kelly, Henry Ansgar (2006). Satan: A Biography. Cambridge University Press.
- Mack, Burton L. (2001). The Christian Myth: Origins, Logic, and Legacy. Continuum, Nueva York.
- Pagels, Elaine (1996). The Origin of Satan. Vintage Books, Nueva York.
- Russell, Jeffrey Burton (1981). Satan: The Early Christian Tradition. Cornell University Press.
- Russell, Jeffrey Burton (1984). Lucifer: The Devil in the Middle Ages. Cornell University Press.
Recursos digitales
- The Esoteric Archives — grimorios en texto original
- Jewish Encyclopedia — entradas sobre demonología judía
- JSTOR — artículos académicos sobre demonología histórica
- Biblioteca Digital Hispánica (BNE) — tratados de demonología en español digitalizados
Preguntas frecuentes sobre demonología
¿Qué es exactamente la demonología?
La demonología es el estudio sistemático de los demonios, sus naturalezas, clasificaciones, jerarquías y relaciones con los seres humanos. Durante siglos fue considerada una disciplina teológica legítima, practicada por sacerdotes, rabinos e inquisidores que elaboraron tratados exhaustivos sobre el tema. Desde una perspectiva histórica y académica, la demonología es una fuente invaluable para comprender cómo las diferentes culturas han conceptualizado el mal, el miedo y las fuerzas sobrenaturales hostiles. No debe confundirse con la demonología popular o el ocultismo práctico, aunque existe una relación histórica entre ambos.
¿Cuándo nació la demonología como disciplina?
Sus raíces más antiguas se encuentran en Mesopotamia, alrededor del tercer milenio a.C., donde los sacerdotes-exorcistas sumerios y acadios ya clasificaban a los espíritus hostiles por tipo, nombre y comportamiento. La serie de conjuros Maqlu, del primer milenio a.C., representa el primer compendio demoníaco sistemático conocido. La demonología cristiana medieval, que es la más conocida en Occidente, heredó esta tradición a través del judaísmo del exilio babilónico y del dualismo zoroástrico persa.
¿Cuál es la diferencia entre Satanás y Lucifer?
Son dos figuras con orígenes distintos que la tradición cristiana terminó fusionando. Lucifer, que significa «portador de luz» en latín, era el nombre que la Vulgata dio a la estrella de la mañana en Isaías 14:12, un texto que describía la caída de un rey babilónico. La identificación de ese versículo con el ángel caído fue una interpretación teológica que se consolidó gradualmente. Satanás, en cambio, tiene una trayectoria diferente: en el Antiguo Testamento es originalmente el «acusador», un fiscal celestial que pone a prueba a los humanos por mandato divino, como en el Libro de Job. Es en el judaísmo tardío y el cristianismo donde ambas figuras se fusionan en un único príncipe del mal.
¿Cuántos demonios hay según la tradición?
Depende radicalmente de la tradición consultada. El Libro de Enoc menciona a 200 Vigilantes caídos. La Ars Goetia lista exactamente 72 demonios con nombre, rango y sello. El demonólogo Johannes Weyer, en el siglo XVI, elaboró una jerarquía de 6.666 legiones de demonios con 6.666 demonios cada una, lo que daría una cifra de más de 44 millones. La tradición cabalística habla de los Qliphoth, las cáscaras del Árbol Inverso, sin dar cifras exactas. En realidad, el número varía según el sistema teológico o mágico que se use como referencia.
¿Qué es la Ars Goetia?
La Ars Goetia es la primera parte del Lemegeton, también conocido como la Llave Menor del Rey Salomón, un grimorio compilado en el siglo XVII aunque basado en materiales anteriores. Contiene una lista de 72 demonios organizados por rango militar y cortesano, con la descripción de la apariencia de cada uno, sus poderes específicos y el sello mágico necesario para invocarlo. Fue popularizada en el siglo XX por Aleister Crowley, quien publicó su propia edición comentada en 1904. Hoy sigue siendo uno de los textos esotéricos más consultados del mundo.
¿Cuál es la relación entre el zoroastrismo y la demonología cristiana?
Es una relación de influencia directa y fundamental. El zoroastrismo, la religión persa fundada por Zaratustra, introdujo el dualismo cósmico radical, la idea de dos principios eternos en conflicto, el bien y el mal, como estructura básica de la realidad. Esta concepción era ajena al judaísmo más antiguo, donde Yahvé controlaba tanto el bien como el mal. Durante el exilio babilónico, los judíos entraron en contacto intenso con la cultura persa y absorbieron este dualismo, que luego transmitieron al cristianismo. La figura de Satanás como adversario autónomo de Dios, con su propio ejército y su propio reino, es impensable sin el antecedente del Angra Mainyu zoroástrico.
¿Pueden los demonios de diferentes tradiciones identificarse entre sí?
Es una práctica llamada sincretismo demoníaco, muy habitual en la historia religiosa. Astarté cananea se convirtió en Astaroth en los grimorios. Baal se transformó en varios demonios diferentes según el texto. Azazel tiene paralelos con el chivo expiatorio hebreo y con figuras de otras tradiciones. Este proceso de identificación cruzada fue especialmente activo durante el período helenístico, cuando el contacto entre culturas mediterráneas, persas y orientales generó un intenso intercambio de figuras sobrenaturales. El resultado es que muchos demonios de la tradición occidental tienen capas de significado que provienen de tradiciones muy distintas.
¿Qué diferencia hay entre un demonio y un djinn en el islam?
Los djinn del islam son una categoría de seres sobrenaturales creados por Dios a partir del fuego sin humo, anteriores a la creación de los humanos según el Corán. No son equivalentes exactos a los demonios cristianos: pueden ser buenos, malos o neutrales, y algunos son musulmanes creyentes. Iblis, el equivalente islámico de Satanás, es un djinn que se negó a postrarse ante Adán por orden divina y fue expulsado del paraíso. Los shayatin, los demonios propiamente dichos del islam, son los descendientes de Iblis y sus seguidores entre los djinn malvados. La distinción entre djinn y shayatin es teológicamente importante en el islam aunque culturalmente tiende a difuminarse.












