Antes de que existiera el infierno cristiano con sus llamas eternas, antes de que existiera el paraíso como recompensa para los justos, antes de que existiera la resurrección de los muertos como esperanza escatológica, existía el Sheol, el destino universal de todos los muertos sin excepción: justos e injustos, reyes y mendigos, profetas y pecadores. No era un lugar de castigo ni de recompensa, sino simplemente el lugar adonde van los muertos, el territorio de las sombras donde la vida continúa de una forma disminuida, sin luz, sin alegría, sin contacto con Dios.
El Sheol es uno de los conceptos más antiguos y más fundamentales de toda la tradición religiosa judía y entenderlo es entender por qué la demonología, la apocalíptica y la escatología judía tomaron la dirección que tomaron. Porque la historia del pensamiento judío sobre la muerte y el más allá es en gran medida la historia de la tensión entre la concepción original del Sheol como destino universal e indiferenciado y las nuevas ideas sobre resurrección, juicio y retribución post-mortem que fueron emergiendo a lo largo de los siglos, impulsadas por la experiencia del sufrimiento, la influencia de las culturas vecinas y la lógica interna de la teología monoteísta.
Sin el Sheol no se puede entender a Abadón como su abismo más profundo, ni a Leviatán como la criatura que habita en sus aguas primordiales, ni el descenso de Jesús al inframundo como acto de liberación de los justos atrapados en él, ni la doctrina de la resurrección como respuesta a sus limitaciones teológicas. El Sheol es el punto de partida de todo el territorio que hemos explorado hasta ahora.
El nombre y su origen
La etimología del término hebreo Sheol —שְׁאוֹל— es una de las más debatidas de toda la lexicografía bíblica. Después de siglos de discusión, los especialistas no han alcanzado un consenso definitivo sobre su origen, lo que en sí mismo es significativo: el término es tan antiguo que su raíz se ha oscurecido.
Las propuestas etimológicas principales son varias. La más aceptada conecta Sheol con la raíz hebrea sha’al, «preguntar» o «pedir», interpretando el Sheol como «el lugar que pide» o «el que devora sin saciarse», en referencia a la voracidad de la muerte que nunca se satisface. Esta lectura es coherente con los pasajes bíblicos que presentan el Sheol como una entidad hambrienta: «El Sheol y el Abadón nunca se sacian» (Proverbios 27:20). Otra propuesta lo conecta con la raíz sha’ah, «desolación», interpretándolo como «el lugar de la desolación» y una tercera lo relaciona con el acadio shû’alu, un término para el inframundo en la cosmología mesopotámica, lo que sugeriría una herencia cultural directa de la tradición babilónica.
Lo que sí es claro es que el término no tiene ninguna connotación de castigo o recompensa en sus usos más antiguos. Es simplemente el nombre del lugar donde van los muertos, equivalente al griego Hades en su sentido más neutro, al acadio Kur o Arallû y al egipcio Duat en sus dimensiones más sombrías.
El Sheol en los textos bíblicos más antiguos
El Sheol aparece en la Biblia hebrea en 65 pasajes distribuidos a lo largo de distintos libros y períodos históricos, lo que lo convierte en uno de los conceptos más persistentes de todo el corpus bíblico. Sus características en los textos más antiguos son consistentes y reveladoras.
Un lugar bajo la tierra
El Sheol es consistentemente descrito como un lugar subterráneo, bajo la tierra de los vivos. Bajar al Sheol es morir; subir del Sheol es resucitar o escapar de la muerte. Esta cosmología vertical, cielo arriba, tierra en el medio, Sheol abajo, es coherente con la cosmología del Próximo Oriente antiguo en general y no es exclusiva del judaísmo.
En el Libro de los Números (16:30-33), cuando la tierra se abre y se traga vivos a Coré, Datán y Abirón, el texto dice que «descendieron vivos al Sheol». Es una imagen de la muerte como descenso al territorio subterráneo de los muertos que se mantuvo en el imaginario hebreo durante siglos.
Un lugar de sombras sin distinción
Lo más característico del Sheol en los textos más antiguos es su indiferenciación: todos van al mismo lugar sin distinción de mérito. El Sheol no premia a los justos ni castiga a los impíos; simplemente los recibe a todos.
El Libro de Job desarrolla esta concepción con una intensidad poética extraordinaria. En el capítulo 3, Job maldice el día de su nacimiento y anhela la muerte como el único lugar donde ricos y pobres, opresores y oprimidos están igualados:
Allí los malvados cesan de agitar, y allí descansan los que se agotaron. Los prisioneros están en paz juntos, no oyen la voz del capataz. Allí están el pequeño y el grande, y el esclavo libre de su amo.
Esta igualdad del Sheol es teológicamente problemática precisamente porque niega la justicia divina: si los buenos y los malos acaban en el mismo lugar, ¿qué sentido tiene la virtud? Es la pregunta que impulsó el desarrollo de las doctrinas de retribución post-mortem y eventualmente de la resurrección.
Un lugar de debilidad y silencio
Los muertos en el Sheol son descritos como refaim, «sombras» o «espectros», seres que conservan una forma de existencia pero debilitada al extremo. No tienen la fuerza de los vivos, no pueden actuar en el mundo, no pueden alabar a Dios.
El Salmo 88, uno de los más oscuros de todo el salterio, describe el Sheol como el lugar del olvido donde Dios mismo parece ausente: «¿Acaso entre los muertos anuncias tus maravillas? ¿Se levantan los refaim para alabarte? ¿Se habla de tu amor en el sepulcro, de tu fidelidad en el Abadón?» La respuesta implícita es no: en el Sheol, incluso la relación con Dios se interrumpe.
El Salmo 115:17 es igualmente explícito: «No son los muertos los que alaban al Señor, ni los que bajan al silencio.» El Sheol es el territorio del silencio, donde la vida religiosa, la alabanza, la oración, el cumplimiento de los mandamientos, es imposible.
La voracidad del Sheol
Una de las imágenes más recurrentes del Sheol en la Biblia hebrea es la de una boca abierta que devora sin saciarse. Esta personificación del Sheol como criatura hambrienta tiene paralelos directos en las descripciones del inframundo en las literaturas de Ugarit y Mesopotamia, donde el dios del inframundo o el inframundo mismo es descrito con una boca enorme que todo lo devora.
Isaías 5:14 usa esta imagen con fuerza dramática: «Por eso el Sheol ha ensanchado su garganta y ha abierto su boca sin límite.» Los Proverbios (27:20; 30:16) incluyen al Sheol entre las cuatro cosas que nunca se sacian y en la tradición posterior, esta voracidad del Sheol se transferirá al demonio y al infierno cristiano, que en el arte medieval es frecuentemente representado como una boca gigante que devora a los condenados.
El Sheol y Abadón: la topografía del inframundo
Como desarrollamos en el artículo sobre Abadón, la Biblia hebrea distingue dentro del inframundo al menos dos zonas: el Sheol en general y Abadón, «la destrucción», como su dimensión más profunda y más oscura.


Si el Sheol es el reino de los muertos en su totalidad, Abadón es su abismo más profundo, el lugar donde incluso el recuerdo parece extinguirse y donde la presencia divina se siente más lejana. La relación entre los dos términos en los textos bíblicos es la de un todo y una de sus partes: el Sheol contiene al Abadón, pero el Abadón representa su punto extremo.
El Job 26:6 los menciona juntos: «El Sheol está desnudo ante él, y el Abadón no tiene cobertura.» El Salmo 88:11 también los empareja: «¿Se anunciará tu amor en el sepulcro, tu fidelidad en el Abadón?»
Esta topografía gradual del inframundo, con distintos niveles de profundidad y distintos grados de oscuridad, se desarrollará extensamente en la literatura apocalíptica posterior, donde el inframundo adquiere una estructura elaborada con distintas zonas para distintas categorías de muertos.
El Sheol y los intentos de comunicación con los muertos
Una de las tensiones más reveladoras de la tradición bíblica en torno al Sheol es la prohibición de la necromancia: la práctica de comunicarse con los muertos está explícitamente prohibida en la Torá (Levítico 19:31; Deuteronomio 18:11), lo que implica que era una práctica real y suficientemente extendida como para requerir prohibición.
El episodio más famoso de comunicación con los muertos en la Biblia hebrea es la consulta de la bruja de Endor por parte del rey Saúl (1 Samuel 28). Cuando Dios deja de responder a Saúl, este busca a una médium que pueda convocar el espíritu del profeta Samuel muerto. La médium lo convoca y el espíritu de Samuel emerge del Sheol para hablar con Saúl.
Este episodio es teológicamente significativo porque implica que los muertos, incluso los justos como Samuel, habitan en el Sheol y pueden ser convocados desde él. Samuel no está en un paraíso celestial sino en el Sheol, desde donde emerge cuando se le convoca. Esta concepción es coherente con la doctrina del Sheol como destino universal indiferenciado: incluso los profetas van al Sheol.
La razón de la prohibición de la necromancia no es que sea imposible, el texto implica que funciona, sino que representa una búsqueda de orientación fuera de los canales legítimos que Dios ha establecido: los profetas vivos, los sacerdotes, la Torá.
La tensión teológica del Sheol: ¿dónde está Dios?
La concepción del Sheol como lugar donde Dios está ausente o donde su presencia se debilita crea una tensión teológica profunda con el monoteísmo hebreo, que afirma la omnipresencia de Dios.
Varios salmos expresan esta tensión de forma explícita. El Salmo 139, uno de los más bellos del salterio, afirma la omnipresencia divina de forma radical:
¿A dónde podría ir lejos de tu espíritu? ¿A dónde podría huir de tu presencia? Si subo a los cielos, allí estás tú; si desciendo al Sheol, allí también estás.
Este versículo es notable porque contradice directamente la concepción del Sheol como territorio donde Dios está ausente: incluso en el Sheol, la presencia divina es ineludible. Es una afirmación teológica tardía, el Salmo 139 pertenece probablemente al período postexílico, que refleja el desarrollo de la teología monoteísta hacia una afirmación más radical de la omnipresencia divina que no admite excepciones.
Esta tensión entre el Sheol como territorio de la ausencia divina y la omnipresencia del Dios monoteísta fue uno de los motores del desarrollo de las doctrinas de retribución post-mortem: si Dios está presente incluso en el Sheol, ¿por qué no actúa allí para distinguir entre justos e injustos?
La evolución del Sheol: de la indiferenciación a la diferenciación
El gran cambio en la concepción del Sheol ocurrió gradualmente a lo largo del período postexílico y especialmente durante el período intertestamentario, impulsado por la experiencia del martirio durante las persecuciones seléucidas del siglo II a.C. y por la influencia de distintas tradiciones religiosas vecinas.
La influencia persa y el dualismo
Como desarrollamos en el artículo sobre el zoroastrismo y el origen del diablo, el contacto del judaísmo con la religión persa durante el período del exilio y el postexilio (siglos VI-IV a.C.) introdujo en el pensamiento judío una concepción dualista de la realidad que tenía implicaciones directas para la concepción del más allá. El zoroastrismo distinguía entre el cielo para los justos y un lugar de castigo para los impíos, con una distinción clara basada en el comportamiento moral en vida.
Esta influencia fue gradual y nunca produjo una adopción directa del esquema zoroástrico, pero contribuyó a la creciente incomodidad con la concepción del Sheol como destino indiferenciado y empujó hacia concepciones más diferenciadas del más allá.
La crisis del martirio y la doctrina de la resurrección
El catalizador más directo del cambio fue la experiencia del martirio durante la persecución de Antíoco IV Epífanes en el siglo II a.C. Cuando judíos fieles morían precisamente por su fidelidad a la Ley mientras sus persecutores prosperaban, la concepción del Sheol como destino indiferenciado resultaba teológicamente insoportable: ¿cómo podía la justicia divina tolerar que los mártires acabaran en el mismo lugar que sus verdugos?
La respuesta fue la doctrina de la resurrección de los muertos, que aparece por primera vez con claridad en el Libro de Daniel (12:2):
Muchos de los que duermen en el polvo de la tierra despertarán, unos para vida eterna, y otros para vergüenza y confusión perpetua.
Con la resurrección, el Sheol deja de ser el destino final y se convierte en un estado intermedio: los muertos habitan en el Sheol mientras esperan la resurrección y el juicio. Al final de los tiempos, el Sheol entregará sus muertos, que serán juzgados y enviados a su destino eterno definitivo.
La diferenciación interna del Sheol
Paralelamente al desarrollo de la doctrina de la resurrección, la literatura apocalíptica comenzó a diferenciar internamente el Sheol en zonas distintas para distintas categorías de muertos. El Libro de Enoc describe el inframundo como dividido en cuatro cámaras: una para los justos que esperan la resurrección, una para los pecadores moderados, una para los mártires que esperan venganza y una para los grandes impíos.
Esta diferenciación interna del Sheol es el precursor directo de la doctrina cristiana del purgatorio y del limbo y de las distintas zonas del infierno que la tradición medieval desarrollará con gran detalle en textos como la Divina Comedia de Dante.
El Sheol en la Septuaginta y el Nuevo Testamento
Cuando los traductores judíos de Alejandría tradujeron la Biblia hebrea al griego, la Septuaginta, siglos III-I a.C., tradujeron el término Sheol por Hades, el nombre del inframundo en la mitología griega. Esta equivalencia tuvo consecuencias enormes para la historia posterior del concepto.
El Hades griego era también un inframundo indiferenciado en su concepción más antigua, el lugar donde iban todos los muertos gobernado por el dios del mismo nombre. Pero la mitología griega había desarrollado también una diferenciación interna: el Tártaro como lugar de castigo para los grandes impíos, los Campos Elíseos como lugar de bienaventuranza para los héroes y los justos, y el Asphodel como territorio neutro para la mayoría.
La equivalencia Sheol = Hades facilitó la fusión de las concepciones judía y griega del inframundo en el periodo helenístico, produciendo concepciones híbridas que influyeron sobre el Nuevo Testamento y sobre la teología cristiana posterior.
En el Nuevo Testamento, el término griego Hades aparece diez veces, siempre en contextos que implican la muerte o el inframundo. En el Apocalipsis de Juan, la Muerte y el Hades son personificados como dos jinetes o dos figuras que actúan juntas, heredando la pareja Muerte/Sheol de la Biblia hebrea y en el descenso de Jesús al inframundo, el descensus ad inferos, el Hades/Sheol es el territorio donde están los muertos justos que esperan la liberación mesiánica.
El Sheol en la tradición rabínica
Los rabinos del período talmúdico heredaron la concepción del Sheol pero la desarrollaron en distintas direcciones, no siempre coherentes entre sí, reflejando la pluralidad de opiniones que caracteriza el pensamiento rabínico.
Algunos textos rabínicos desarrollaron la idea del Gehenna como lugar de castigo para los impíos, distinto del Sheol como inframundo general. El Gehenna, nombre que procede del valle de Hinom, al sur de Jerusalén, donde según la tradición se habían realizado sacrificios de niños a Moloch, se convirtió en el equivalente judío del infierno cristiano: un lugar de purificación o castigo para los muertos impíos.
La relación entre Sheol y Gehenna en la tradición rabínica no siempre está clara y distintos maestros ofrecieron distintas concepciones. Algunos los identifican; otros los distinguen y algunos textos sugieren que el Gehenna es una zona del Sheol; otros los presentan como territorios distintos.
El período de purificación en el Gehenna fue fijado por algunos maestros en doce meses (el período de luto judío) con la excepción de los grandes impíos que permanecen allí más tiempo o indefinidamente. Esta concepción es notablemente paralela a la doctrina cristiana del purgatorio, aunque las dos tradiciones la desarrollaron de forma independiente.
El Sheol en la demonología: la conexión con Abadón, Leviatán y el abismo
La conexión del Sheol con la demonología es estructural: el Sheol es el territorio donde habitan las fuerzas del caos y la muerte que la demonología apocalíptica personificó en figuras con nombre.
Abadón es el abismo más profundo del Sheol, que en el Apocalipsis de Juan se convierte en el rey demoníaco del pozo sin fondo. La transición de Abadón como lugar a Abadón como figura personal es la misma transición que el Sheol experimenta gradualmente: de territorio indiferenciado a dominio con gobernantes específicos.
Leviatán y Behemot habitan en los dominios del caos acuático y terrestre que la cosmología bíblica sitúa en los límites del cosmos ordenado, en las fronteras del Sheol. Su reserva para el fin de los tiempos en la literatura apocalíptica conecta directamente con la concepción del Sheol como el lugar donde están «almacenados» los muertos hasta la resurrección escatológica.
Belial es el príncipe de la oscuridad en los textos de Qumrán, gobernante del dominio de las tinieblas que corresponde al lado oscuro del cosmos. El Sheol es su territorio natural, el mundo de las sombras y la muerte que se opone al mundo de la luz y la vida donde actúa el Príncipe de las Luces.
Mastema negocia con Dios para conservar a sus espíritus impuros en el mundo de los vivos, pero su dominio natural es el mundo de la muerte y la corrupción que el Sheol representa.
El inframundo en las distintas tradiciones del Próximo Oriente antiguo
| Tradición | Nombre | Gobernante | Destino de los muertos | Diferenciación moral | Conexión con el judaísmo |
|---|---|---|---|---|---|
| Judía antigua | Sheol | Ninguno (o Muerte/Abadón) | Universal, todos los muertos | No: justos e injustos juntos | Origen |
| Mesopotámica | Kur / Arallû | Ereshkigal, Nergal | Universal, vida disminuida | Mínima: héroes con más honor | Probable influencia directa |
| Cananea / Ugarit | Mot (la Muerte) | Mot, dios de la muerte | Universal, territorio de Mot | No explícita | Influencia directa (Leviatán/Lotán) |
| Egipcia | Duat / Amduat | Osiris, Anubis | Universal, pero con juicio del corazón | Sí: los justos al campo de Aaru | Influencia posible |
| Griega antigua | Hades | Hades y Perséfone | Universal, sombras sin fuerza | Parcial: Tártaro para grandes impíos | Equivalencia en Septuaginta |
| Persa / Zoroástrica | Duzakh | Angra Mainyu | Separada: cielo para justos, infierno para impíos | Sí: plena diferenciación moral | Influencia en período postexílico |
| Judía tardía / apocalíptica | Sheol diferenciado | Abadón como rey del abismo | Estado intermedio hasta la resurrección | Sí: cámaras distintas según mérito | Desarrollo interno del Sheol original |
| Cristiana | Infierno / Hades / Purgatorio | Satanás / Abadón | Separada: paraíso, purgatorio, infierno | Sí: plena diferenciación moral | Hereda y transforma el Sheol judío |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Biblia de Jerusalén (ed. 2009): Job 3; 26:6; Salmo 88; 115:17; 139:8; Isaías 5:14; Proverbios 27:20; 1 Samuel 28; Daniel 12:2.
- Libro de Enoc
Bibliografía:
- Johnston, Philip S. (2004). Shades of Sheol: Death and Afterlife in the Old Testament. InterVarsity Press.
- Trebolle Barrera, Julio (1993). La Biblia judía y la Biblia cristiana. Trotta, Madrid.
- García Martínez, Florentino (1992). Textos de Qumrán. Trotta, Madrid.
- Wright, N.T. (2003). The Resurrection of the Son of God. Fortress Press, Minneapolis.
- Levenson, Jon D. (2006). Resurrection and the Restoration of Israel. Yale University Press.
- Cavallin, H.C.C. (1974). Life After Death: Paul’s Argument for the Resurrection of the Dead. Gleerup, Lund.
Preguntas frecuentes sobre el Sheol
¿Qué es exactamente el Sheol?
El Sheol es el nombre hebreo del inframundo en la tradición judía antigua: el territorio subterráneo donde van todos los muertos sin excepción, justos e injustos por igual. En sus concepciones más antiguas no es un lugar de castigo ni de recompensa sino simplemente el destino universal de los muertos, un territorio de sombras y silencio donde los difuntos llevan una existencia disminuida, sin fuerza, sin alegría y sin contacto activo con Dios. A lo largo de los siglos, especialmente durante el período postexílico y el período intertestamentario, la concepción del Sheol evolucionó hacia una diferenciación interna entre distintas zonas para distintas categorías de muertos, preparando el terreno para las doctrinas de resurrección, juicio y retribución post-mortem.
¿Es el Sheol lo mismo que el infierno cristiano?
No directamente, aunque el infierno cristiano heredó y transformó el concepto del Sheol. El Sheol original no es un lugar de castigo: es el destino universal de todos los muertos sin distinción moral. El infierno cristiano, por el contrario, es específicamente un lugar de castigo para los impíos. La conexión histórica es que el Sheol evolucionó gradualmente durante el período intertestamentario hacia concepciones más diferenciadas, con zonas de castigo —el Gehenna— que influyeron directamente sobre la doctrina cristiana del infierno. La traducción del Sheol por Hades en la Septuaginta y luego la equivalencia del Hades con el infierno en la tradición cristiana completaron esa cadena de transformaciones.
¿Cuál es la diferencia entre Sheol y Gehenna?
El Sheol es el inframundo general, el destino de todos los muertos en la tradición bíblica más antigua. El Gehenna —nombre que procede del valle de Hinom al sur de Jerusalén— es un término posterior que en la tradición rabínica y en el Nuevo Testamento designa específicamente el lugar de castigo para los impíos: el equivalente judío del infierno cristiano. La relación entre los dos términos no siempre está clara en los textos: algunos los identifican, otros los distinguen, otros presentan el Gehenna como una zona del Sheol. En el Nuevo Testamento, Jesús usa Gehenna con mucha más frecuencia que Hades cuando habla del castigo de los impíos.
¿Por qué el Sheol evolucionó hacia la doctrina de la resurrección?
La doctrina de la resurrección emergió como respuesta a la crisis teológica que planteaba el Sheol como destino indiferenciado: si los justos y los impíos acaban en el mismo lugar, ¿dónde está la justicia de Dios? La crisis fue especialmente aguda durante las persecuciones seléucidas del siglo II a.C., cuando judíos fieles morían por su fidelidad mientras sus perseguidores prosperaban. La respuesta fue que el Sheol no es el destino final sino un estado intermedio: los muertos esperan allí la resurrección y el juicio definitivo al final de los tiempos. El Libro de Daniel contiene la primera afirmación clara de esta doctrina.
¿Cómo se relaciona el Sheol con Abadón?
Abadón —»la destrucción» en hebreo— es el abismo más profundo del Sheol en los textos bíblicos más antiguos. Si el Sheol es el reino de los muertos en su totalidad, Abadón es su dimensión más extrema, el lugar de la destrucción total donde incluso el recuerdo parece extinguirse. La relación entre los dos términos en la Biblia hebrea es la de un todo y una de sus partes. En la literatura apocalíptica posterior, especialmente en el Apocalipsis de Juan, Abadón se personifica como el rey demoníaco del abismo, gobernante del pozo sin fondo del que emergen las langostas infernales del quinto sello.
¿Qué son los refaim del Sheol?
Los refaim —singular rafa’— son los espíritus de los muertos en el Sheol, a veces traducidos como «sombras» o «espectros». El término designa a los difuntos en cuanto habitantes del inframundo: seres que conservan una forma de existencia pero debilitada al extremo, sin la fuerza ni la vitalidad de los vivos. En algunos textos, los refaim son específicamente los espíritus de los grandes guerreros o reyes muertos, que en el Sheol conservan su identidad pero han perdido su poder. La descripción de los refaim en la Biblia hebrea es coherente con la concepción general del Sheol como territorio de la vida disminuida y el silencio.









