En el Credo de los Apóstoles, el texto de fe más recitado de toda la historia del cristianismo, hay una frase que la mayoría de los fieles pronuncia sin detenerse a pensar en lo que significa: «descendió a los infiernos». Entre la muerte en la cruz y la resurrección al tercer día, el credo afirma que Jesús bajó al inframundo. ¿Qué hizo allí? ¿A dónde exactamente fue? ¿A quién encontró? ¿Qué significa teológicamente ese descenso?
Estas preguntas han generado siglos de debate teológico, han producido algunos de los textos apócrifos más fascinantes del cristianismo primitivo y han dado lugar a una de las doctrinas más ricas y más poco conocidas de toda la tradición cristiana: el descensus ad inferos, el descenso a los infiernos, conocido en la tradición anglosajona como el harrowing of hell, literalmente «el saqueo del infierno».
La doctrina afirma que entre su muerte y su resurrección, Jesús descendió al Sheol, el inframundo judío donde esperaban los justos del Antiguo Testamento y los liberó, llevándolos consigo a la presencia de Dios. Es un acto de conquista cósmica: el Mesías que baja al territorio de la muerte, derrota a las potencias del inframundo y saca a los cautivos. Es también uno de los puntos de encuentro más fascinantes entre la escatología judía, con su concepción del Sheol como lugar de espera y la cristología primitiva, con su afirmación de que Jesús es el Señor de vivos y muertos.
Los fundamentos bíblicos: los textos que originaron la doctrina
La doctrina del descenso al inframundo no procede de un solo texto bíblico claro y explícito sino de la confluencia de varios pasajes que los primeros teólogos cristianos interpretaron como referencias a ese evento.
1 Pedro 3:18-20: el pasaje central
El texto más directamente relacionado con el descenso al inframundo en el Nuevo Testamento canónico es 1 Pedro 3:18-20:
Porque también Cristo murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios; muerto en la carne pero vivificado en el espíritu, en el cual también fue y predicó a los espíritus en prisión, los que en otro tiempo fueron desobedientes cuando la paciencia de Dios esperaba en los días de Noé.
Este pasaje es uno de los más debatidos de todo el Nuevo Testamento. ¿Quiénes son los «espíritus en prisión»? ¿Son los ángeles caídos del tiempo de Noé, los Vigilantes del Libro de Enoc, o son los humanos que murieron antes de Cristo? ¿Qué significa que Cristo «predicó» a esos espíritus? ¿Les anunció su victoria o les ofreció la posibilidad de salvarse?
Las interpretaciones divergen. Algunos Padres de la Iglesia leyeron el pasaje como referencia al descenso de Cristo al Sheol para predicar a todos los muertos, ofreciéndoles la posibilidad de conversión; otros lo interpretaron más restrictivamente como la proclamación de la victoria de Cristo sobre los ángeles caídos y otros lo vieron como una referencia al Noé histórico predicando a sus contemporáneos a través del Espíritu de Cristo.
1 Pedro 4:6: la predicación a los muertos
El versículo siguiente, 1 Pedro 4:6, añade una capa adicional:
Porque por esto también fue predicado el evangelio a los muertos, para que sean juzgados en carne según los hombres, pero vivan en espíritu según Dios.
Este versículo sugiere que el evangelio fue predicado a personas ya muertas, lo que implica alguna forma de actividad de Cristo en el reino de los muertos. La interpretación más natural es que se refiere al descenso al inframundo como oportunidad de salvación para los muertos.
Efesios 4:8-10: el descenso y el ascenso
Efesios 4:8-10 cita el Salmo 68 y lo interpreta en clave cristológica:
Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió es el mismo que también subió por encima de todos los cielos.
La expresión «partes más bajas de la tierra» ha sido interpretada como referencia al inframundo, aunque otros la interpretan simplemente como referencia a la encarnación, el descenso de Cristo a la tierra desde los cielos. La imagen del guerrero que sube victorioso «llevando cautiva la cautividad», liberando a los prisioneros del inframundo, es coherente con la doctrina del harrowing of hell.
Mateo 12:40: el signo de Jonás
Mateo 12:40 establece una analogía entre Jonás en el vientre del gran pez y Cristo en el corazón de la tierra:
Porque así como estuvo Jonás en el vientre del gran pez tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre en el corazón de la tierra tres días y tres noches.
Esta referencia a «el corazón de la tierra» fue interpretada como confirmación del descenso al inframundo durante el período entre la muerte y la resurrección.
Apocalipsis 1:18: las llaves del Hades
El Cristo glorioso del Apocalipsis declara:
Yo soy el primero y el último, y el que vive. Estuve muerto, y he aquí que estoy vivo por los siglos de los siglos. Amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.
La posesión de las llaves del Hades implica autoridad sobre el inframundo, coherente con la doctrina de que Cristo conquistó ese territorio durante su descenso.
El Evangelio de Nicodemo: la fuente narrativa principal
Si los textos paulinos y petrinos del Nuevo Testamento canónico proporcionan los fundamentos teológicos del descenso al inframundo, el texto que lo desarrolla como narrativa dramática completa es el Evangelio de Nicodemo, también conocido como los Hechos de Pilato.
Este texto apócrifo, compuesto probablemente entre los siglos III y V d.C. aunque con materiales más antiguos, tiene dos partes distintas. La primera, los Hechos de Pilato propiamente dichos, narra el juicio, crucifixión y resurrección de Jesús desde la perspectiva de los archivos oficiales romanos. La segunda parte, el Descensus Christi ad Inferos, el descenso de Cristo al inframundo, es la más influyente para la historia de la doctrina.
La estructura narrativa del Descensus
El Descensus narra el descenso de Cristo al Hades desde la perspectiva de los que estaban dentro: los patriarcas y profetas del Antiguo Testamento que esperaban en el inframundo. Los protagonistas son Simeón, el anciano que sostuvo al niño Jesús en el Templo y profetizó sobre él y sus dos hijos Leucio y Carino, que habían muerto y resucitado brevemente junto con Cristo según Mateo 27:52-53 y que testimonian lo que vieron en el inframundo durante esos días.
La narración comienza con los habitantes del Hades, Adán, Abel, Abraham, Isaac, Jacob, los patriarcas, los profetas, esperando en la oscuridad cuando de repente aparece una luz extraordinaria. El profeta Isaías reconoce la señal: es el cumplimiento de su profecía sobre el pueblo que andaba en tinieblas y vio una gran luz.
Juan el Bautista, que había sido decapitado por Herodes y por tanto había llegado al Hades antes que Jesús, actúa como precursor también en el inframundo: anuncia a los patriarcas que Cristo está por llegar, exactamente como lo anunció a los vivos antes del bautismo.
La confrontación con Satanás y el Hades
El texto personifica al Hades, el inframundo como entidad, en una figura que dialoga con Satanás. Cuando Satanás anuncia que está trayendo a Jesús de Nazaret al inframundo después de su muerte en la cruz, el Hades reacciona con alarma: ha visto el poder de Jesús en vida y teme lo que puede hacer en su territorio.
El intercambio es dramáticamente efectivo. El Hades advierte a Satanás: «Te conjuro por los poderes que tenemos: no traigas a ese hombre aquí. Cuando yo dije que moriría, temblé de miedo y mis servidores impíos fueron perturbados». Satanás insiste: Jesús es solo un hombre que merece morir.
Lo que sigue es la conquista cósmica: una voz de trueno anuncia la llegada del Rey de la Gloria, las puertas de bronce del inframundo se rompen, las barras de hierro se quiebran y Cristo entra en el Hades victorioso. Satanás es encadenado y entregado al Hades para que lo guarde y Cristo extiende su mano derecha a Adán, el primero en morir y lo levanta, comenzando la liberación de todos los justos del Antiguo Testamento.
La teología del descenso: por qué importa
La doctrina del descenso al inframundo no es simplemente un episodio narrativo añadido al drama de la salvación: tiene implicaciones teológicas profundas que la tradición cristiana ha debatido durante siglos.
La universalidad de la salvación
La pregunta más urgente que la doctrina responde es: ¿qué pasa con los justos que murieron antes de Cristo? Abraham, Moisés, David, los profetas: ¿están condenados simplemente por haber nacido antes del evento redentor? La doctrina del descenso ofrece una respuesta elegante: Cristo bajó al Sheol precisamente para alcanzar a los justos del Antiguo Testamento y llevarlos consigo. La salvación no está limitada cronológicamente sino que Cristo conquistó el inframundo y liberó a todos los que lo merecían, independientemente de cuándo vivieron.
Esta solución teológica es coherente con la afirmación de Pablo en Romanos de que Abraham fue justificado por la fe antes de la Ley y con la lógica general de la teología de la salvación que trasciende las limitaciones históricas.
La victoria sobre la muerte y el diablo
El descenso al inframundo es también la expresión más dramática de la victoria de Cristo sobre las potencias del mal. No bastó con morir y resucitar, Cristo bajó al territorio mismo del enemigo, derrotó al diablo en su propio dominio y liberó a sus prisioneros.
Esta dimensión de conquista cósmica conecta directamente con la cosmología apocalíptica judía que hemos explorado en este cluster: el mundo invisible está gobernado por potencias como Belial, Mastema, Samael, el Ángel de las Tinieblas, que tienen dominio sobre los humanos. Cristo no solo salvó a los individuos: derrotó a esas potencias en el plano cósmico.
El descenso como completud de la encarnación
Algunos teólogos han desarrollado la idea de que el descenso al inframundo es el punto culminante de la encarnación: si Cristo asumió la condición humana completa, esa condición incluye la muerte y el territorio de los muertos. No haber descendido al Sheol habría sido no haber asumido completamente la muerte humana.
Desde esta perspectiva, el descenso no es un episodio adicional sino la consumación del proceso de la kenosis, el vaciamiento divino, que comenzó con la encarnación. Cristo asumió todo lo que significa ser humano, incluido el territorio al que van los humanos cuando mueren.
Los Padres de la Iglesia y el desarrollo de la doctrina
La doctrina del descenso fue desarrollada extensamente por los Padres de la Iglesia, con énfasis distintos según el período y la tradición teológica.
- Ignacio de Antioquía (siglo I-II) menciona el descenso brevemente como confirmación de la realidad de la muerte de Cristo y de su victoria sobre el diablo.
- Justino Mártir (siglo II) cita el Salmo 24, «Alzad, oh puertas, vuestras cabezas; y alzaos vosotras, puertas eternas, y entrará el Rey de gloria», como profecía del descenso victorioso de Cristo al inframundo.
- Melitón de Sardes (siglo II) desarrolla la imagen del descenso con gran fuerza retórica en su Homilía sobre la Pascua: Cristo bajó al inframundo, ató al tirano, liberó al hombre, volvió a los cielos victorioso.
- Orígenes (siglo III) interpretó el descenso de forma más universalista: Cristo predicó el evangelio en el inframundo a todos los muertos, ofreciéndoles la posibilidad de salvación. Esta interpretación fue posteriormente rechazada por considerarse demasiado inclusiva.
- Agustín de Hipona (siglos IV-V) fue más cauto: el descenso es real pero solo liberó a los que merecían la salvación, no a todos los muertos indiscriminadamente.
El saqueo del infierno (harrowing of hell) en el arte medieval
La doctrina del descenso al inframundo encontró en el arte medieval una de sus expresiones más ricas y más influyentes. El saqueo o la devastación del infierno, se convirtió en uno de los temas iconográficos más populares del arte cristiano entre los siglos IX y XV.
La escena típica muestra a Cristo victorioso, frecuentemente con la cruz o el estandarte de la resurrección, destruyendo las puertas del infierno y sacando a los justos del Antiguo Testamento. Adán y Eva son casi siempre los primeros en ser liberados, tomados de la mano por Cristo. Los patriarcas, los profetas y Juan el Bautista los siguen. En el suelo, las puertas rotas y la figura vencida de Satanás o del Hades personificado.
Esta iconografía es especialmente prominente en el arte bizantino, donde la imagen del descenso, llamada en griego Anastasis, «resurrección», es la imagen canónica de la Pascua, más central que la crucifixión como representación del evento salvífico. En la tradición oriental, la resurrección se muestra precisamente como el momento de la liberación del Hades.
En el arte occidental medieval, el descenso aparece en ciclos de la Pasión, en capiteles románicos, en vidrieras góticas y en retablos del período tardogótico. Una de las representaciones más influyentes es el Misterio de Pascua de los dramas litúrgicos medievales, donde el descenso al inframundo era escenificado dramáticamente en la liturgia de Semana Santa.
Las tradiciones divergentes: ¿quién fue liberado y cómo?
Una de las controversias más persistentes en torno al descenso al inframundo es la pregunta sobre quién exactamente fue liberado. Las distintas tradiciones teológicas han dado respuestas distintas que reflejan sus presupuestos más amplios sobre la gracia, la salvación y el destino de los no cristianos.
La tradición oriental, siguiendo el Evangelio de Nicodemo y la iconografía de la Anastasis, tiende a enfatizar la universalidad del descenso: Cristo liberó a todos los justos del Antiguo Testamento y posiblemente a todos los seres humanos que vivieron antes de la revelación cristiana. El foco es la victoria sobre la muerte como tal, no la selección de individuos merecedores.
La tradición occidental, siguiendo a Agustín y a Tomás de Aquino, fue más restrictiva: Cristo liberó específicamente a los santos del Antiguo Testamento que murieron en gracia, no a todos los muertos indiscriminadamente. El descenso no es una segunda oportunidad universal sino la liberación de los que ya estaban en camino hacia la salvación pero que esperaban en el Sheol la consumación del plan redentor.
La tradición reformada de Calvino o Lutero, rechazó en distintos grados la interpretación narrativa del descenso y lo reinterpretó de otras formas. Calvino interpretó el «descendió a los infiernos» del Credo como referencia al sufrimiento espiritual de Cristo en la cruz, su experiencia del abandono de Dios, no como un viaje literal al inframundo. Esta reinterpretación redujo significativamente la importancia de la doctrina en las tradiciones protestantes.
El catolicismo mantuvo la doctrina en su sentido más tradicional: Cristo descendió al limbo de los padres, el limbus patrum, donde esperaban los justos del Antiguo Testamento y los liberó llevándolos al cielo.
El descenso al inframundo en el judaísmo: ¿hay paralelos?
La doctrina cristiana del descenso al inframundo no tiene un paralelo exacto en el judaísmo, pero sí tiene raíces en tradiciones judías sobre figuras que visitaron el Sheol o que ejercieron poder sobre él.
Enoc fue «tomado por Dios» sin morir, Génesis 5:24, lo que la tradición apocalíptica interpretó como un viaje a los cielos y a los confines del cosmos, incluyendo visitas a las distintas zonas del inframundo descritas en el Libro de Enoc. Sus visiones del inframundo son paralelas al descenso de Cristo en cuanto experiencia del territorio de los muertos desde una perspectiva privilegiada.
Elías también fue llevado al cielo sin morir, lo que lo convirtió en una figura que trascendió los límites normales entre el mundo de los vivos y el mundo de los muertos.
La tradición del banquete mesiánico con Leviatán y Behemot, desarrollada en el Libro de Enoc y en 4 Esdras, implica que el Mesías tendrá dominio sobre las criaturas del caos primordial que habitan en los confines del cosmos, lo que es paralelo a la victoria de Cristo sobre las potencias del inframundo en la doctrina del descenso.
El descenso en la cultura moderna
La doctrina del descenso al inframundo ha tenido una vida cultural rica más allá de la teología formal.
Dante Alighieri en la Divina Comedia (1320) describe las marcas del paso de Cristo por el infierno: las puertas destruidas, la señal de su presencia en el territorio de los muertos. El viaje de Dante por el infierno es en parte una reelaboración poética del descenso de Cristo, con el poeta ocupando el lugar del visitante humano que recorre el territorio de la muerte guiado por un ser más sabio.
La literatura fantástica moderna ha elaborado el tema del harrowing of hell en numerosas obras: desde el Infierno de Dante hasta representaciones modernas en cómics, novelas de fantasía y cine que muestran a figuras heroicas descendiendo al inframundo para rescatar a los muertos o derrotar a las potencias de la muerte.
En la liturgia cristiana contemporánea, el descenso al inframundo sigue siendo parte del Credo de los Apóstoles en las tradiciones que lo usan, aunque su interpretación varía enormemente entre distintas comunidades. En la liturgia del Sábado Santo, algunas tradiciones contemplan el silencio del día entre la muerte y la resurrección precisamente como el tiempo del descenso al inframundo.
El descenso al inframundo en distintas tradiciones
| Tradición | Texto principal | Quién desciende | A quién libera | Resultado |
|---|---|---|---|---|
| Cristiana primitiva | 1 Pedro 3-4; Efesios 4 | Cristo entre muerte y resurrección | Espíritus en prisión / justos AT | Predicación y posible liberación |
| Evangelio de Nicodemo | Descensus Christi ad Inferos (s. III-V) | Cristo victorioso | Todos los justos del AT: Adán, patriarcas, profetas | Conquista del Hades, liberación total de los justos |
| Patrística oriental | Melitón, Cirilo, Anastasis | Cristo Rey de la Gloria | Todos los humanos (universalismo tendencial) | Victoria sobre la muerte como tal |
| Patrística occidental | Agustín, Tomás de Aquino | Cristo | Solo los santos del AT en el limbo de los padres | Liberación selectiva de los merecedores |
| Tradición reformada | Calvino, Lutero | Cristo (reinterpretado) | Reinterpretado como sufrimiento espiritual en la cruz | No hay descenso literal |
| Arte medieval occidental | Harrowing of hell | Cristo con estandarte de resurrección | Adán y Eva primero, luego todos los justos AT | Puertas del infierno destruidas, Satanás encadenado |
| Arte bizantino | Anastasis (icono pascual) | Cristo triunfante | Adán y Eva tomados de la mano | Imagen central de la Pascua oriental |
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Fuentes y bibliografía
Fuentes:
- Evangelio de Nicodemo / Hechos de Pilato, en Santos Otero, A. de (1956). Los Evangelios Apócrifos. BAC, Madrid.
- Biblia de Jerusalén (ed. 2009): 1 Pedro 3:18-20; 4:6; Efesios 4:8-10; Mateo 12:40; Apocalipsis 1:18.
Bibliografía:
- Piñero, Antonio (ed.) (2004). Textos gnósticos: biblioteca de Nag Hammadi, 3 vols. Trotta, Madrid.
- Santos Otero, Aurelio de (1956). Los Evangelios Apócrifos. BAC, Madrid.
- Ratzinger, Joseph (2007). Jesús de Nazaret, vol. II. Encuentro, Madrid.
- MacCulloch, J.A. (1930). The Harrowing of Hell: A Comparative Study of an Early Christian Doctrine. T&T Clark, Edimburgo.
- Dalton, William J. (1989). Christ’s Proclamation to the Spirits: A Study of 1 Peter 3:18-4:6. Pontifical Biblical Institute, Roma.
- Hooker, Morna D. (1994). Not Ashamed of the Gospel: New Testament Interpretations of the Death of Christ. Eerdmans.
- Turner, Alice K. (1993). The History of Hell. Harcourt Brace, Nueva York.
Preguntas frecuentes sobre el descenso de Jesús al inframundo
¿Qué significa «descendió a los infiernos» en el Credo?
La frase del Credo de los Apóstoles —»descendió a los infiernos»— afirma que entre su muerte en la cruz y su resurrección al tercer día, Jesús bajó al inframundo. En la teología católica y ortodoxa tradicional, esto significa que Cristo descendió al lugar donde esperaban los justos del Antiguo Testamento —el Sheol o limbo de los padres— y los liberó llevándolos consigo a la presencia de Dios. En algunas tradiciones protestantes, especialmente la calvinista, la frase se reinterpreta como referencia al sufrimiento espiritual de Cristo en la cruz —su experiencia del abandono divino— sin implicar un viaje literal al inframundo.
¿Qué es el Evangelio de Nicodemo y por qué es importante?
El Evangelio de Nicodemo —también conocido como los Hechos de Pilato— es un texto apócrifo cristiano compuesto probablemente entre los siglos III y V d.C. Su segunda parte, el Descensus Christi ad Inferos, es el texto que narra con mayor detalle el descenso de Cristo al inframundo: la confrontación con Satanás y el Hades personificado, la destrucción de las puertas del inframundo y la liberación de los justos del Antiguo Testamento comenzando por Adán. Aunque no es canónico, influyó enormemente sobre la teología, el arte y la liturgia medievales, convirtiéndose en la fuente narrativa principal de la doctrina del harrowing of hell.
¿Quiénes fueron liberados por Cristo en el inframundo?
Las distintas tradiciones teológicas dan respuestas distintas. El Evangelio de Nicodemo y la tradición oriental enfatizan una liberación amplia: Adán y Eva, todos los patriarcas, todos los profetas, todos los justos del Antiguo Testamento. La tradición occidental, siguiendo a Agustín y Tomás de Aquino, fue más restrictiva: Cristo liberó específicamente a los santos del AT que esperaban en el limbo de los padres, no a todos los muertos indiscriminadamente. Orígenes propuso una interpretación universalista —Cristo ofreció salvación a todos los muertos— que fue rechazada por la Iglesia como demasiado inclusiva.
¿Tiene la doctrina del descenso base en la Biblia?
Sí, aunque los textos bíblicos son interpretados de distintas formas. Los principales son 1 Pedro 3:18-20 —Cristo «predicó a los espíritus en prisión»—, 1 Pedro 4:6 —»fue predicado el evangelio a los muertos»—, Efesios 4:8-10 —Cristo «descendió a las partes más bajas de la tierra»—, Mateo 12:40 —el signo de Jonás y «el corazón de la tierra»— y Apocalipsis 1:18 —Cristo tiene «las llaves de la muerte y del Hades». La doctrina no procede de un solo texto explícito sino de la confluencia de estos pasajes interpretados en conjunto.
¿Cómo se relaciona el descenso al inframundo con el Sheol judío?
El descenso de Cristo al inframundo es directamente coherente con la concepción judía del Sheol como lugar donde esperan todos los muertos hasta la resurrección escatológica. Los justos del Antiguo Testamento —Abraham, Moisés, David, los profetas— estaban en el Sheol porque la resurrección aún no había ocurrido. El descenso de Cristo es el momento en que la promesa escatológica se cumple: el Mesías baja al Sheol, libera a los justos que esperaban y los lleva consigo a la presencia de Dios. Es la conexión más directa entre la escatología judía del Sheol y la cristología del Nuevo Testamento.









