En la mayoría de los textos gnósticos, el apóstol Pedro no sale bien parado. En el Evangelio de María, duda de que el Salvador haya revelado sus enseñanzas a una mujer. En la Pistis Sophia se queja de que María Magdalena no deja hablar a los demás. En el Evangelio de Tomás pide que María se marche porque las mujeres no son dignas de la vida. Pedro suele representar a la Iglesia que desconfía de las revelaciones secretas y de los discípulos que las reciben.
La Carta de Pedro a Felipe rompe con ese patrón. En ella, Pedro es el jefe indiscutido de los apóstoles. Es él quien convoca a Felipe, que se había separado del grupo, para que vuelva a reunirse con los demás. Es él quien reza en nombre de todos en el monte de los Olivos, quien interpreta el sentido del sufrimiento cuando los otros dudan y quien, lleno del Espíritu Santo, predica en el templo de Jerusalén y cura a los enfermos. El texto es gnóstico, con su mito de la caída de la Madre, el Arrogante y los arcontes, pero reivindica a Pedro como el portador de esa revelación.
Es un texto breve, de apenas unas páginas, pero tiene un interés especial por varias razones. Se conserva en dos copias independientes, una en la biblioteca de Nag Hammadi y otra en el Códice Tchacos, el mismo que contiene el Evangelio de Judas, lo que permite compararlas. Su estructura imita deliberadamente los Hechos de los Apóstoles del Nuevo Testamento, con una aparición en el monte de los Olivos, una especie de Pentecostés y discursos de Pedro en Jerusalén; y contiene una de las frases más discutidas de la literatura gnóstica sobre la pasión: Jesús es ajeno a este sufrimiento.
Dos copias del mismo texto
La Carta de Pedro a Felipe se conserva en dos manuscritos coptos. El primero es el Códice VIII de Nag Hammadi, descubierto en 1945, donde ocupa las últimas páginas, después del largo tratado setiano Zostriano. El segundo es el Códice Tchacos, encontrado en los años 70 en el Egipto Medio y publicado en 2006, donde la carta aparece en primer lugar, antes del Primer Apocalipsis de Santiago y del Evangelio de Judas.
Las dos versiones coinciden en lo esencial, pero tienen diferencias de detalle. La de Tchacos es algo más breve y presenta variantes en algunas frases, lo que indica que el texto circuló en más de una forma y se tradujo o se copió de manera independiente. Que una obra tan breve se conserve en dos códices distintos, encontrados en lugares diferentes de Egipto, demuestra que fue un texto relativamente difundido.
La carta se escribió originalmente en griego, probablemente a finales del siglo II o a comienzos del III. Su título aparece al principio del texto en la copia de Nag Hammadi, algo poco habitual en los códices coptos, que suelen colocarlo al final: La carta de Pedro que envió a Felipe.
El estudio de referencia es la tesis doctoral que el estadounidense Marvin Meyer publicó en 1981, mucho antes del descubrimiento de la copia de Tchacos. Meyer participó años después en la edición del propio Códice Tchacos y pudo así comparar ambas versiones.
Una carta que no es una carta
El texto comienza como una carta en toda regla, con el saludo habitual de la correspondencia antigua. Pedro, apóstol de Jesucristo, saluda a Felipe, su amado hermano y compañero en el apostolado y a los hermanos que están con él.
El contenido de la carta es breve. Pedro recuerda a Felipe que el Señor, el Salvador de todo el mundo, les ordenó reunirse para enseñar y predicar la salvación que se les había prometido, pero Felipe se ha separado de los demás y no ha querido reunirse con ellos. Pedro le pide que venga, para que puedan saber cómo deben organizarse para predicar el evangelio.
Felipe recibe la carta, la lee y, lleno de alegría, acude a reunirse con los demás apóstoles. A partir de ese momento, el texto deja de ser una carta y se convierte en un relato. La forma epistolar ocupa solo el comienzo y sirve de introducción a todo lo demás. Por eso muchos investigadores consideran que el título es engañoso y que la obra pertenece en realidad al género de los diálogos del Resucitado, como la Sofía de Jesucristo o el Diálogo del Salvador.
¿Qué Felipe?
Los evangelios mencionan a Felipe como uno de los doce apóstoles, natural de Betsaida, como Pedro y Andrés, pero los Hechos de los Apóstoles hablan también de otro Felipe, uno de los siete diáconos elegidos en Jerusalén para atender a las viudas, que predicó en Samaria y bautizó a un eunuco etíope en el camino de Gaza. Este segundo Felipe se separó, en efecto, de los apóstoles que permanecían en Jerusalén para evangelizar por su cuenta.
La Carta de Pedro a Felipe llama a Felipe compañero de apostolado, lo que lo identifica con el apóstol, pero su separación del grupo recuerda la historia del diácono. La tradición cristiana antigua confundió a menudo a ambos personajes, y es probable que el autor de la carta hiciera lo mismo, consciente o inconscientemente.
La aparición en el monte de los Olivos
Una vez reunidos, los apóstoles suben al monte de los Olivos, al lugar donde solían reunirse con el bienaventurado Cristo cuando estaba en el cuerpo. El detalle es importante: la escena ocurre después de la resurrección y de la ascensión, cuando Jesús ya no está entre ellos de forma corporal.
Se arrodillan y rezan. La oración se dirige primero al Padre, al que invocan como Padre de la luz que posee las incorruptibilidades y después al Hijo, al que llaman Hijo de la vida, Hijo de la inmortalidad, que está en la luz. Le piden que les dé poder, porque los poderes del mundo los buscan para matarlos.
Entonces aparece una gran luz, de modo que el monte entero resplandece y se oye una voz que les dice que escuchen sus palabras. La voz se identifica: soy Jesucristo, que está con vosotros para siempre. El Resucitado no aparece con forma humana, sino como luz y como voz, igual que en otros textos gnósticos, donde se manifiesta como una figura luminosa que cambia de forma o como un gran ángel de luz.
Las seis preguntas
Los apóstoles aprovechan la aparición para hacer al Señor una serie de preguntas. Quieren saber cuál es la deficiencia de los eones y cuál es su plenitud, cómo es que están retenidos en esta morada, cómo llegaron a este lugar y de qué manera saldrán de él, cómo pueden tener la libertad de hablar con valentía y por qué los poderes luchan contra ellos.
Las preguntas resumen las grandes inquietudes del gnosticismo: el origen del mal, la condición del ser humano atrapado en el mundo, el camino de regreso y la hostilidad de los poderes cósmicos. La respuesta de Jesús adopta la forma de un breve mito.
La caída de la Madre
La deficiencia de los eones, explica Jesús, se debe a la desobediencia y la necedad de la Madre. Sin una orden de la majestad del Padre, la Madre quiso hacer surgir eones por su cuenta. Cuando habló, apareció el Arrogante, que se apoderó de una parte de su poder y se volvió soberbio. Creó entonces potencias y autoridades, y modeló cuerpos según una imagen que había visto, para que las chispas de luz quedaran atrapadas en ellos.
El relato es un resumen muy condensado del mito que el Apócrifo de Juan desarrolla con todo detalle. La Madre es Sofía, que quiso crear sin el consentimiento del Padre ni de su compañero, y el Arrogante es Yaldabaot, el Demiurgo que creó el mundo y a los seres humanos sin conocer su propio origen. La Carta de Pedro a Felipe no menciona estos nombres, pero su autor y sus lectores los conocían.
En cuanto a la plenitud, Jesús responde con una afirmación sobre sí mismo. Él fue enviado al cuerpo por causa de la semilla que había caído, la parte de luz atrapada en el mundo. Descendió a la forma mortal de los seres humanos sin que los poderes lo reconocieran, habló con los suyos y les dio la autoridad para entrar en la herencia de su Padre. Él es la plenitud.
Luchar contra los arcontes
Sobre la lucha contra los poderes, Jesús da a los apóstoles instrucciones claras. Los arcontes luchan contra ellos porque no quieren que se salven y ellos deben luchar contra los arcontes. ¿Cómo? Despojándose de lo que es corruptible, revistiéndose del poder del Padre y dando a conocer su oración. Les dice además que deben enseñar en el mundo la salvación con una promesa y reunirse para predicar.
Después de estas palabras, se oyen truenos y relámpagos y Jesús es arrebatado al cielo.
El camino a Jerusalén: ¿por qué sufrir?
Los apóstoles bajan del monte y vuelven a Jerusalén. Por el camino, conversan sobre lo que han oído y surge una pregunta inquietante. Si el Señor sufrió, se preguntan, ¿cuánto más tendremos que sufrir nosotros?
Pedro les responde: el Señor sufrió por nosotros y es necesario que también nosotros suframos a causa de nuestra pequeñez. En ese momento se oye de nuevo una voz que les dice que ya les ha explicado muchas veces que es necesario que sufran, que serán llevados a sinagogas y ante gobernadores, pero que el que no ha sufrido no podrá entrar en el reino.
El pasaje es importante porque muestra que los autores de la carta vivían en un contexto de persecución. La pregunta por el sentido del sufrimiento no era teórica, sino una experiencia real de comunidades cristianas acosadas por las autoridades. La respuesta de la carta es clara: el sufrimiento es inevitable y forma parte del camino de la salvación.
Pentecostés en el templo
Al llegar a Jerusalén, los apóstoles suben al templo y enseñan la salvación en el nombre del Señor Jesucristo y curan a una multitud de enfermos. Pedro, lleno del Espíritu Santo, toma la palabra y pronuncia un discurso.
El discurso empieza con una afirmación que parece sacada de un credo: nuestro iluminador, Jesús, descendió y fue crucificado. Llevó una corona de espinas, se vistió con un manto de púrpura, fue crucificado en un madero, fue sepultado en una tumba y resucitó de entre los muertos. Es una enumeración de los hechos de la pasión que cualquier cristiano de la gran Iglesia podría haber suscrito.
Pero a continuación, Pedro añade una frase que cambia el sentido de todo lo anterior: hermanos míos, Jesús es ajeno a este sufrimiento. Somos nosotros los que hemos sufrido por la transgresión de la Madre. Y por eso, continúa, él hizo todo de forma semejante a nosotros.
La frase es una de las más discutidas de la literatura gnóstica. ¿Significa que Jesús no sufrió realmente, como afirmaban los docetistas, para quienes el Cristo verdadero era espiritual y no podía padecer? ¿O significa que el sufrimiento no le pertenecía por naturaleza, sino que lo asumió por los demás, como afirmaría la teología ortodoxa?
La mayoría de los investigadores piensa que la carta mantiene una posición intermedia. Afirma que Jesús fue crucificado y murió, como dice la tradición, pero sostiene que el sufrimiento no le correspondía, porque pertenece a quienes están atrapados en el mundo por la caída de la Madre. Jesús lo asumió para compartir la condición de los suyos y liberarlos. Es una cristología menos radical que la del Apocalipsis de Pedro gnóstico, donde el Salvador ríe en lo alto mientras crucifican a su sustituto, o que la del Primer Apocalipsis de Santiago, donde Jesús afirma que nunca sufrió.
Los apóstoles parten a predicar
El texto termina con la misión de los apóstoles. Después del discurso de Pedro, los apóstoles se reúnen y se saludan diciendo amén. Se oye de nuevo la voz de Jesús, que les dice que la paz esté con ellos, que él estará con ellos para siempre.
Entonces los apóstoles se separan para ir a predicar en las cuatro direcciones del mundo. Parten con alegría, con el poder de Jesús, en paz. Es un final que recuerda al de los evangelios canónicos, en los que Jesús envía a los discípulos a predicar a todas las naciones y que convierte a los apóstoles en portadores de la revelación gnóstica.
La Carta de Pedro a Felipe y los Hechos de los Apóstoles
La Carta de Pedro a Felipe imita de forma deliberada la estructura de los Hechos de los Apóstoles, el libro del Nuevo Testamento que narra los comienzos de la Iglesia. Los paralelos son tan numerosos que algunos investigadores la han llamado un Pentecostés gnóstico.
| Episodio | Hechos de los Apóstoles | Carta de Pedro a Felipe |
|---|---|---|
| Reunión de los apóstoles | Los once se reúnen en Jerusalén tras la ascensión | Pedro convoca a Felipe para reunir a los apóstoles |
| El monte de los Olivos | Lugar de la ascensión de Jesús | Lugar de la aparición del Resucitado como luz y voz |
| Ascensión | Jesús sube al cielo en una nube | Jesús es arrebatado al cielo entre truenos y relámpagos |
| Descenso del Espíritu | Pentecostés: lenguas de fuego sobre los apóstoles | Pedro, lleno del Espíritu Santo, toma la palabra |
| Discurso de Pedro | Pedro predica a la multitud en Jerusalén | Pedro predica en el templo sobre la pasión |
| Curaciones | Pedro y Juan curan a un paralítico en el templo | Los apóstoles curan a una multitud en el templo |
| Persecución | Los apóstoles son llevados ante el Sanedrín | Jesús anuncia que serán llevados ante sinagogas y gobernadores |
| Misión | Los apóstoles se dispersan para predicar | Los apóstoles parten en las cuatro direcciones |
El autor de la carta tomó la historia que todos los cristianos conocían, la de los comienzos de la Iglesia en Jerusalén y la reescribió para introducir en ella su propia enseñanza. Los apóstoles siguen siendo los mismos, Pedro sigue siendo su jefe y la Iglesia sigue naciendo en Jerusalén, pero el contenido de la revelación es gnóstico. Es una estrategia muy distinta de la de otros textos gnósticos, que oponen a los discípulos que conocen la verdad, como María Magdalena, Judas o Tomás, frente a los apóstoles de la gran Iglesia.
Un Pedro gnóstico
¿Por qué un texto gnóstico reivindicaría a Pedro? En el siglo II, Pedro era ya la gran autoridad de la Iglesia, sobre todo en Roma, donde los obispos trazaban su sucesión hasta él. Los grupos gnósticos tenían dos opciones frente a esa autoridad: rechazarla, oponiendo a Pedro otros apóstoles que habrían recibido una revelación superior, o apropiársela, mostrando que el propio Pedro había recibido la enseñanza gnóstica.
La mayoría de los textos gnósticos que conocemos eligieron la primera opción, pero la Carta de Pedro a Felipe y el Apocalipsis de Pedro gnóstico, también de Nag Hammadi, eligieron la segunda. En el Apocalipsis de Pedro gnóstico, el Salvador revela a Pedro el verdadero sentido de la crucifixión y le advierte contra los obispos y diáconos que se presentan como autoridades sin serlo. En la Carta de Pedro a Felipe, Pedro es el líder legítimo que transmite a los demás apóstoles la enseñanza del Resucitado.
Estos textos muestran que algunos gnósticos no se veían como un grupo separado de la Iglesia, sino como sus verdaderos herederos y que estaban dispuestos a disputar a los obispos la autoridad de Pedro en lugar de cedérsela.
Artículos relacionados con gnosticismo
- Textos gnósticos: qué son, dónde se encontraron y qué revelan
- La biblioteca de Nag Hammadi: el hallazgo que cambió la historia del cristianismo
- Gnosticismo: gnosis y dualismo en el cristianismo primitivo
- Corrientes gnósticas: Las 23 corrientes del gnosticismo antiguo y medieval
- Pistis Sophia: el texto gnóstico de Jesús resucitado, Sofía y María Magdalena
- Sofía de Jesucristo: el texto gnóstico que cristianizó un tratado filosófico
- Apócrifo de Juan: el gran mito gnóstico de Yaldabaot y la creación del mundo
- Evangelio de Pedro: martirio y autoridad apostólica
- Diálogo del Salvador: el texto de Nag Hammadi que conserva dichos antiguos de Jesús
- Evangelio de Tomás: dichos y logias secretas de Jesús
- Epístolas apócrifas del Nuevo Testamento: las cartas que nunca escribieron los apóstoles
- Apocalipsis apócrifos del Nuevo Testamento: visiones de los últimos tiempos que la iglesia ocultó
- Evangelios apócrifos: los textos perdidos de la antigüedad
- Hechos apócrifos: historias de apóstoles que la iglesia suprimió
Bibliografía
- Bethge, Hans-Gebhard. Der Brief des Petrus an Philippus. Berlín: Akademie Verlag, 1997.
- Kasser, Rodolphe; Wurst, Gregor; Meyer, Marvin y Gaudard, François (eds.). The Gospel of Judas, Together with the Letter of Peter to Philip, James, and a Book of Allogenes, from Codex Tchacos: Critical Edition. Washington: National Geographic, 2007.
- Meyer, Marvin (ed.). The Nag Hammadi Scriptures. Nueva York: HarperOne, 2007.
- Meyer, Marvin W. The Letter of Peter to Philip: Text, Translation, and Commentary. Chico: Scholars Press, 1981.
- Piñero, Antonio; Montserrat Torrents, José y García Bazán, Francisco (eds.). Textos gnósticos. Biblioteca de Nag Hammadi. 3 vols. Madrid: Trotta, 1997-2000.
- Brakke, David. The Gnostics: Myth, Ritual, and Diversity in Early Christianity. Cambridge: Harvard University Press, 2010.
- King, Karen L. What Is Gnosticism? Cambridge: Harvard University Press, 2003.
- Koschorke, Klaus. «Eine gnostische Pfingstpredigt: Zur Auseinandersetzung zwischen gnostischem und kirchlichem Christentum am Beispiel der Epistula Petri ad Philippum». Zeitschrift für Theologie und Kirche 74 (1977), pp. 323-343.
- Pagels, Elaine. Los Evangelios gnósticos. 2001
- Perkins, Pheme. The Gnostic Dialogue: The Early Church and the Crisis of Gnosticism. Nueva York: Paulist Press, 1980.
- Robinson, James M. (ed.). The Nag Hammadi Library in English. Leiden: Brill, 1988.
- Smith, Terence V. Petrine Controversies in Early Christianity. Tubinga: Mohr Siebeck, 1985.
- Williams, Michael A. Rethinking «Gnosticism». Princeton: Princeton University Press, 1996.
Preguntas frecuentes sobre la Carta de Pedro a Felipe
¿Qué es la Carta de Pedro a Felipe?
Es un texto gnóstico escrito en griego a finales del siglo II o comienzos del III y conservado en copto en dos manuscritos: el Códice VIII de Nag Hammadi y el Códice Tchacos. Comienza como una carta en la que Pedro convoca a Felipe para reunir a los apóstoles, y continúa con una aparición del Resucitado en el monte de los Olivos, que responde a sus preguntas sobre el origen del mal y la salvación, y con la predicación de los apóstoles en Jerusalén.
¿Por qué se llama carta si no lo es?
Porque comienza con una carta de Pedro a Felipe, con el saludo y la forma propios de la correspondencia antigua. Pero la carta ocupa solo las primeras líneas, y el resto del texto es un relato y un diálogo. Muchos investigadores lo consideran un diálogo del Resucitado, como la Sofía de Jesucristo o el Diálogo del Salvador, más que una carta.
¿Qué papel tiene Pedro en este texto?
Es el líder de los apóstoles. Convoca a Felipe, reza en nombre de todos, explica el sentido del sufrimiento y predica en el templo lleno del Espíritu Santo. Es una imagen muy distinta de la de otros textos gnósticos, como el Evangelio de María o la Pistis Sophia, en los que Pedro aparece como rival de María Magdalena y desconfía de las revelaciones secretas.
¿Qué significa «Jesús es ajeno a este sufrimiento»?
Es una frase del discurso de Pedro en el templo. La mayoría de los investigadores considera que no niega que Jesús fuera crucificado, porque el mismo discurso afirma su pasión, muerte y resurrección. Significa más bien que el sufrimiento no le correspondía por naturaleza, sino que pertenece a los seres humanos atrapados en el mundo por la caída de la Madre, y que Jesús lo asumió para compartir su condición y liberarlos.
¿Quién es la Madre en la Carta de Pedro a Felipe?
Es Sofía, la Sabiduría, el ser divino que, según el mito gnóstico, quiso crear por su cuenta sin el consentimiento del Padre. De su acción surgió el Arrogante, un ser soberbio que creó el mundo y los cuerpos humanos. La carta no usa estos nombres, pero su relato es un resumen del mito que aparece desarrollado en el Apócrifo de Juan.
¿Qué relación tiene con el Evangelio de Judas?
Ninguna directa, salvo que ambos textos se conservan en el mismo manuscrito, el Códice Tchacos, junto al Primer Apocalipsis de Santiago. Esto sugiere que procedían de ambientes cercanos o que interesaban a los mismos lectores. Su contenido, sin embargo, es muy distinto: el Evangelio de Judas reivindica a Judas frente a los demás apóstoles, mientras que la Carta de Pedro a Felipe reivindica a Pedro como su líder.
Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.









