InicioPrehistoriaCaracterísticas del Homo helmei, ¿el eslabón perdido?

Características del Homo helmei, ¿el eslabón perdido?

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Ya conocemos que no existe en los estudios homínidos una línea evolutiva directa como la que podría trazarse desde el punto A al punto B, sino que por el contrario, diferentes especies convergen y conviven poseyendo características similares pero que no necesariamente deben tener un linaje que los unifique entre sí.

¿Cuál es el origen evolutivo del Homo helmei?

No obstante, el hallazgo del cráneo homínido al que se denominó Homo helmei, pareciera representar un puente entre las especies homínidas más avanzadas y los humanos modernos.

Para muchos estudiosos, el Homo helmei es solo un Homo sapiens arcaico, aunque existen algunos rasgos de homínidos anteriores, como por ejemplo la presencia del Toro suborbital, una inserción muy marcada en los músculos de la nuca, una quilla sagital y el cráneo aplanado, además de otras características.

Características del Homo helmei

Por otra parte, posee rasgos de un homínido muy avanzado, por lo que algunos investigadores lo han asociado al Homo sapiens, como su gran capacidad craneal poseyendo un volumen de 1.350 cm3, y la presencia del cráneo parietal posee una prolongación de la parte superior del hueso occipital en el cerebro, el que se formó para proteger el tronco encefálico, lo que muestra un alto grado de evolución.

Estudios más recientes del Homo helmei han señalado que la parte del cráneo donde se ubica la frente, conocida como escama frontal, es muy similar a la de los humanos modernos. Sin embargo, la fosa anterior donde se ubica el lóbulo frontal del cerebro encargada de la expresión oral, concuerda más con el Neandertal que con los humanos modernos, siendo otro ejemplo evolutivo en que se mezclan elementos muy avanzados con otros más arcaicos.

Sobre la antigüedad de esta especie homínida, se ha concluido que el Homo helmei pudo habitar la Tierra hace aproximadamente unos 259.000 años, edad aproximada que se ha obtenido luego del análisis de piezas dentales encontradas en un yacimiento en el año 1996.

La primera vez que se encontraron restos óseos del Homo helmei fue en el año 1932, cuando el profesor Thomas Dreyer encontró el primer cráneo en la región de Florisbad en Sudáfrica, percatándose que se trataba de una especie homínida no descubierta hasta entonces, conociéndose este hallazgo como el “Cráneo de Florisbad”.

Desde sus inicios en el mundo de los estudios homínidos, el Homo helmei fue encasillado entre los Homo sapiens arcaicos, pero debido a algunos elementos de su morfología, otros estudiosos prefirieron relacionarlo con el Homo heidelbergensis o el rhodesiensis, ya que esta última especie es la que se piensa no salió de África.

Sin embargo, todo parece indicar que es una especie aparte, intermedia entre los homínidos mencionados.

Otro rasgo muy interesante que además lo relaciona con los humanos modernos, es el uso de herramientas líticas de una avanzada invención.

En este sentido, el Homo helmei pareció desarrollar herramientas de la “Middle Stone Age”, es decir, la Edad Media de piedra que abarca desde hace 280.000 a 25.000 años aproximadamente.

Estas herramientas de las que pudo hacer  uso el Homo helmei, constan de cuchillas de un filo muy alto que además, podían utilizarse para acciones concretas, incluyendo piedras para confeccionar huesos, piedras para amolar, herramientas puntiagudas, además del uso de conchas, agujas, entre otras, aunque estas expresiones tecnológicas van cambiando dependiendo de un lugar a otro.

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Leopoldo Ágreda Lovera
Nací en Mérida, un estado andino de Venezuela pero me crié en Caracas la ciudad donde crecí, observando el Ávila y haciéndome las preguntas más importantes sobre la vida, la sociedad y el universo, rodeado de árboles y el sabor agridulce de toda gran ciudad. En el trayecto de mi vida, conocí las calles y sus gentes, las cuales me ayudaron a formarme un mejor criterio de la existencia humana y las ciencias sociales, para luego estudiar en la Universidad Central de Venezuela, donde me he formado como historiador y pensador social. La lectura es uno de mis grandes vínculos con el pasado y la esencia de la humanidad, ya que como dijo Descartes, leer es como tener una conversación con las grandes mentes de la historia; el ajedrez es otra de mis grandes pasiones, ya que me ha ayudado a desarrollar una mejor comprensión de la vida, que junto a la música, forman los tres pilares de mis gustos actuales. Soy familiar, amante de la naturaleza y los animales, porque en ellos ves la esencia de la filosofía y de Dios.

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