Biografía de Anna Anderson y su fraude como la Gran Duquesa Anastasia

Anna Anderson es la más conocida de muchas mujeres que afirmaba ser la gran duquesa Anastasia, hija del Zar Nicolás II de Rusia.

anna anderson
Anna Anderson

La Gran Duquesa Anastasia de Rusia nació el 18 de junio de 1901, siendo la hija más joven del Zar Nicolás II y su esposa, Alejandra Fiódorovna.

Anastasia es mundialmente conocida por la leyenda que suscitó la posibilidad de que hubiera sobrevivido al asesinato de su familia. Para los creyentes de dichas leyendas, ésta terminó en 2007, cuando por fin se hallaron los cadáveres de La Gran Duquesa Anastasia y su hermano pequeño, el zarévich Alexei.

Gran Duquesa Anastasia
Gran Duquesa Anastasia

Por descontado, aquellas historias que ponían de manifiesto que, tanto la zarina Alejandra como sus cuatro hijas, se habían salvado y habían permanecido ocultas durante años, son falsas. Así lo demostraron los análisis que se practicaron a los cuerpos hallados en una fosa cavada aprisa en un bosque cercano a Ekaterimburgo.

Estos análisis  de ADN demostraban que los restos pertenecían al zar Nicolás II, a la zarina Alejandra y a tres de sus hijas, Olga, Tatiana y María. Junto a ellos se hallaban los restos de algunos de sus sirvientes.

Aunque la fosa se halló en 1979 por Alexander Avdonin  y Gely Ryaboy no desvelaron su descubrimiento hasta 1991, cuando el bloque soviético se vino abajo. La pareja dio con la localización de los restos de la familia imperial rusa gracias a un documento secreto redactado por Yurovsky, líder del grupo encargado de dar muerte a la familia de Nicolás II.

El hecho de que los cuerpos del zarévich y la Gran Duquesa Anastasia no estuvieran dio lugar a cientos de impostores que aseguraban ser los descendientes de Nicolás II y, por ello, herederos de la enorme fortuna Románov. Lo cual era otro mito.

La más famosa de las impostoras que se hicieron pasar por la gran Duquesa Anastasia fue Anna Anderson.

Anderson apareció en un hospital psiquiátrico de Berlín en 1920 tras intentar suicidarse. Allí fue registrada como “señorita desconocida”.

En 1922, una compañera del psiquiátrico, Clara Peuthert, dijo que la mujer sin identidad era la Gran Duquesa Tatiana y acudió al capitán Nicholas von Schwabe para decírselo. Él visitó a Anna en el hospital y creyó que era Tatiana y convenció a otros rusos que habían emigrado de que visitaran a la mujer sin identificar.

Sophie Buxhoeveden, mujer que fue dama de compañía de la zarina Alejandra fue una de las personas que visitaron a Anna en el hospital. Para Buxhoeveden la chica era demasiado joven para ser Tatiana y se convenció de que la chica no era la Gran Duquesa.

Anna sin embargo aseguró que ella nunca había afirmado que fuera Tatiana.

Anna Anderson como la Gran Duquesa Anastasia

En 1922 Schwabe y otros compatriotas estaban convencidos de que Anastasia estaba viva y que era Anna. Buxhoeveden siguió poniendo objeciones a la teoría.

Al salir del hospital, Anna fue recibida en la casa del barón Arthur von Kleist, otro de los muchos emigrados rusos que había sido jefe de la policía en la Polonia rusa antes de la caída del zar.

Para mucho su generosidad no tenía otro motivo que su propio beneficio, pues el ex jefe de policía creía que si cuidada de la reaparecida hija del zar podría recuperar su posición y lograr grandes beneficios.

Fue entonces cuando Anna comenzó a utilizar el apellido Tschaikovsky y empezó a deambular de casa en casa de los emigrados rusos que veían en ella a la Gran Duquesa Anastasia.

Pese a algunos reconocimientos, grandes personas de la que era “su familia” se opusieron a la posibilidad de que verdaderamente fuera Anastasia. Una de estas personas fue la hermana de la zarina Alejandra, la princesa Irene de Hesse-Darmstadt.

Anna Anderson
Anna Anderson

En 1925 Anna sufrió una infección que casi la lleva a la muerte. Durante su hospitalización muchos fueron los que la visitaron: el tutor de la joven Anastasia, Pierre Gilliard, su niñera y hermana del zar Nicolás II, Shura o el mozo de cámara de la zarina, Alexei Volkov son algunos de ellos. Sin embargo, aunque por unas razones u otras fueron a visitarla, con el tiempo todos negaron que se tratara de la Gran Duquesa Anastasia.

Mientras su identidad era investigada, Anna se alojó, aún convaleciente de su enfermedad,  en Lugano con el que era el tío abuelo de Anastasia. Él mismo apoyó la causa de Anna en demostrar que ella era la verdadera Anastasia. Sin embargo, poco duró su relación y una discusión terminó llevando a Anna de nuevo a un sanatorio.

Durante su nuevo ingreso la visitó Tatiana Melnik, hija del doctor Eugene Botkin, que fue asesinado junto a la familia imperial, de la que era el médico personal.

La propia Tatiana había conocido a la Gran Duquesa Anastasia cuando era niña  y al ver a la supuesta Anastasia adulta dijo que se parecía a la niña que ella conoció.

En una de sus cartas, Tatiana Melnik señaló que la actitud de Anna Tschaikovsky era muy infantil y que no podía ser considerada como una adulta a la que pudieran otorgarle responsabilidades. También incidió en sus problemas de expresión que la incapacitaban incluso para comentar las cosas más sencillas; con todo, Melnik concluyó que la supuesta Anastasia tenía serios problemas de memoria y de discernimiento.

No obstante, declaró que Anna era la auténtica Anastasia y que todos estos conflictos y su rechazo a hablar el ruso y a recordar acontecimientos eran el resultado de su deterioro psicológico. Durante varias décadas, Tatiana Melnik defendió a ultranza la identidad de Anna como hija de Nicolás II.

Ernesto Luis y el detective privado

En 1927 el Gran Duque de Hesse y hermano de la zarina Alejandra, Ernesto Luis, decidió contratar un detective privado que investigara a Anna en profundidad y arrojara luz a su verdadera identidad.

El detective logró averiguar que Anna Tschaikovsky era realmente una obrera polaca llamada Franziska Schanzkowska. También descubrió que había trabajado en una fábrica de municiones de durante la Primera Guerra Mundial. A lo largo del conflicto sufrió un estallido de una granada, una grave herida en la cabeza y la muerte de un capataz en su presencia.

Probablemente todos estos factores fueron determinantes para que su mente se volviera insana. De hecho, durante ciertos períodos de tiempo estuvo ingresada en dos hospitales psiquiátricos.  Un hermano de Franziska confirmó quien era, pero en una declaración jurada tan sólo se atrevió a decir que Anna guardaba un gran parecido con su hermana.

Ya no sólo podía ser la Gran Duquesa, si no que se le acumulaban las identidades a Anna Tschaikovsky. Los apoyos y los detractores se incrementaron ante las nuevas posibilidades.

En Estados Unidos el caso había cobrado cierta expectación; de hecho, Gleb Botkin publicó varios artículos donde apoyaba a Tschaikovsky. Esto llamó la atención de una amiga de Anastasia en su infancia, Xenia Leeds. Ella pagó un viaje en trasatlántico para Anna Tschaikovsky para que se encontraran en Estados Unidos. Allí vivió durante seis meses.

Poco después decidió dejar de utilizar el apellido Tschaikovsky para comenzar a usar Anderson.

En 1928 se cumplieron 10 años de las “supuesta” muerte del zar Nicolás, una vez pasado este tiempo se podían liberar las propiedades de la familia imperial y darse a sus familiares. Se encargó al abogado Edward Fallows supervisar los movimientos legales para obtener las propiedades del zar fuera de la Unión Soviética.

Fallows abrió una empresa llamada Corporación Grandanor (Grand Duchess Anastasia of Russia). Desde ahí Fallows vendió partes de las propiedades que esperaba conseguir para lograr fondos. Por su parte Anderson inició un rumor basado en la idea de que el zar había depositado dinero en el extranjero, lo que fomentó la idea de que había una enorme fortuna de los Románov.

El zar Nicolás II de Rusia junto a su familia

Se originaron una serie de acusaciones cruzadas entre Botkin y Fallows y los familiares de los Románov, los primeros acusaban a los familiares de querer estafar a Anna Anderson su herencia como Anastasia, y estos a su vez a Botkin y Fallows de ser unos caza fortunas. Anna se trasladó entonces a una casa de campo en Long Island.

En octubre de 1928 murió la madre del zar Nicolás II, la emperatriz María. En su entierro se reunieron 12 personas que fueron importantes en la vida de zar y allí firmaron un acuerdo en el que afirmaban que Anderson era una impostora y no la Gran Duquesa Anastasia. Gleb Botkin respondió públicamente y tachó a la familia de ser avara y carecer de escrúpulos.

A comienzos de 1929, Anna acaparó la luz de la alta sociedad de Nueva York, sin embargo, pronto comenzó a desarrollar una actitud autodestructiva y psicótica, por lo que en julio de 1930 un juez ordenó que se la internara en un hospital psiquiátrico. Estuvo ingresa un año y a su salida regresó a Alemania.

Su vuelta le supuso nuevos adeptos a su causa, muchos de ellos nobles aristócratas alemanes. Retomó entonces su vida itinerante y volvió a ir de casa en casa invitada por sus admiradores.

En 1938 los abogados de Anna Anderson impugnaron la distribución de las propiedades del zar Nicolás II a sus familiares reconocidos, y estos impugnaron la identidad de Anna. Durante muchos años se continuaron los juicios, siempre sin llegar a alguna solución.

Dos años después Fallows murió, completamente arruinado, pues había invertido todo su dinero en conseguir que Anna fuera reconocida como Anastasia y con ello recibiera la fortuna del zar. Fortuna que de hecho, ni siquiera existía.

Al término de la Segunda Guerra Mundial, Anderson se encontraba en la zona de ocupación soviética, pero consiguió pasar a la zona francesa con la ayuda del príncipe Federico de Sajonia-Altenburg. Se instaló en una casa de campo que terminó por deteriorarse debido al poco cuidado que se la tenía.

gran duquesa anastasia y anna anderson
Gran Duquesa Anastasia (izq.) y Anna Anderson (der.).

En mayo de 1968 la hallaron semiconsciente en dicha casa y fue traslada al hospital. A su salida, aceptó la oferta  de  ir a Estados Unidos de su antiguo partidario, Gleb Botkin, que había escrito varios artículos apoyando su identidad como la Gran Duquesa.

Anderson tenía un visado que le permitía vivir en los Estados Unidos durante seis meses como máximo, no obstante, antes de que su visado caducara, Anderson se casó con un amigo de Botkin, el profesor universitario John Eacott Manahan. Fue un matrimonio por conveniencia y de hecho, dormían en habitaciones separadas.

Tan solo un año después Botkin murió, y unos meses después los juicios en torno a la identidad de Anderson terminaron. Aunque ninguno de los demandantes consiguieron determinar la identidad de Anna.

La ahora Anastasia Manahan, pues Anderson se cambió el nombre legalmente, vivió un matrimonio con penurias, aunque su marido era un hombre de dinero.

En 1979 le extirparon a Anderson un tumor y una parte del intestino. Con su salud seriamente dañada, terminó siendo internada en un asilo. Murió en febrero de 1984 a causa de una pulmonía, probablemente creyendo que era verdaderamente la Gran Duquesa Anastasia.

El hallazgo de los cadáveres de la propia Anastasia y su hermano Alexei en 2007 y las posteriores pruebas, que en la época de Anna Anderson eran impracticables, y que determinaron que efectivamente eran los hijos desaparecidos del zar Nicolás II, pusieron punto y final a una historia que tuvo a la opinión pública divida durante décadas.

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