Publicado el: Lun, Abr 21st, 2014

Cuzco, el ombligo del Imperio Inca

Centro histórico de Cusco

Centro histórico de Cuzco

La ciudad de Cuzco, o Cusco según acepta la grafía oficial, se sitúa al suroeste de Perú, en la Cordillera de los Andes. Está declarada como la capital histórica de Perú y es la séptima ciudad más poblada del país, con cerca de 406.000 habitantes. Así mismo, es una de las ciudades que más atracción turística generan al año en el país.

Retrato de Manco Capac en el Museo de Blooklyn

Retrato de Manco Capac en el Museo de Blooklyn

Los orígenes fundacionales de la ciudad de Cuzco son míticos, como ocurre con todas las grandes ciudades antiguas. En el I Milenio a.C. la región del Perú era un territorio poblado por una multitud de culturas, que como demuestran sus producciones cerámicas compartían rasgos diferenciadores sustanciales. El mito de fundación del Cuzco, del que existen varias versiones, atribuye la ocupación original por designio divino de Inti, el dios del sol, al gran guerrero Manco Capac y su familia, en un tiempo remoto del que aún no se conoce bien su fecha exacta.

Los primeros pueblos asentados en Cuzco asimilaron, cuando no sometieron, a las culturas locales y pronto iniciaron un proceso de expansión que llevaría al territorio inca a formar un Imperio de más de 600.000 kilómetros cuadrados, cuya capital fue precisamente la Ciudad de Cuzco. Tenían una concepción dualista del mundo y, como tal, dividieron el territorio del Cuzco en dos regiones, las tierras altas y bajas, Hanan y Hurin.

Los descendientes de Manco Capac formaron hacia 1.200, según muestran los vestigios, una especie de cacicazgo o señorío menor que fue adquiriendo con el paso del tiempo una gran importancia y cuyos habitantes, creadores de la cultura cerámica de Killke, en algún momento tomaron el nombre de Incas.

Los Incas tuvieron una organización política y social muy jerarquizada que consiguió erigir una capital completamente organizada, cuyo plano cuadriculado podría recordar a cualquier ciudad romana. Desde aquel legendario Manco Capac y su familia, se sucedieron toda una serie de reyes o Incas que terminaron por ser divinizados, hasta el punto de que no podían tocar el suelo ni salir de palacio salvo en fiestas religiosas para evitar la contaminación plebeya.

Retrato de Pachacútec en el Beaterio del Convento de la Virgen de Copacabana, Lima, Perú. Siglo XVI

Retrato de Pachacútec en el Beaterio del Convento de la Virgen de Copacabana, Lima, Perú. Siglo XVI

El centro neurálgico del Imperio fue el propio Cuzco. Entre los años 1.200 y 1.400 se sentaron las bases de la organización política y religiosa. No sin razón los Incas llamaron a su capital Qosqo, que en quechua, el idioma y escritura que desarrollaron, significa ombligo, centro.

Bajo el reinado de Pachacútec, de 1438 a 1463, se consolida como tal el Imperio. Inició una política de  extensión territorial que transformó a la ciudad de un curacazgo (proceso de desarrollo político) a una gran potencia en expansión, sometiendo a tribus circundantes como los chancas y anexionando sus territorios.

Se reorganizó el trazado original de la ciudad confiriéndole una forma de pluma y puso en marcha un plan de remodelación y obras públicas que conferirían a la ciudad la grandeza con la que la encontraron los españoles a su llegada en el siglo XVI. Se potenciaron las construcciones agrícolas, se renovaron barrios y viviendas y se construyeron edificios públicos y religiosos.  Se alzó como un poderoso núcleo urbano delimitado por los ríos circundantes (Saphi y Tullumallo) y del que partían caminos hacia otros asentamientos cercanos, favoreciendo las relaciones e intercambios comerciales con otros pueblos del Perú.

El Cuzco imperial estaba formado por un gran corazón urbano, cortesano y palacial, reservado a unos pocos privilegiados nobles y sacerdotes, y una serie de lo que hoy llamaríamos ciudades satélite o barrios reservadas a los grupos populares, conectados entre sí, en los que también se desarrollaba la actividad agrícola y ganadera.

El esplendor Inca en la órbita de Cuzco terminaría en 1533 con la conquista de Pizarro, que en marzo del año siguiente refundó la ciudad con seña hispánica. Se estima que por entonces se cambió la grafía del quechua por “Cuzco” para adaptarlo a la fonética española. A lo largo del siglo XVI, durante el asentamiento de los modelos de organización estatal e institucionalización coloniales del virreinato,  fueron frecuentes las revueltas Incas contra el dominio castellano,  hasta que en 1572 una dirigida por las tropas de Tupaq Amaru, descendiente de los reyes ancestrales, fue aniquilado y su líder capturado.

Los españoles no modificaron mucho el entorno urbano de la ciudad: las construcciones indígenas originales no facilitaban la fabricación de numerosos edificios, por lo que en muchos casos las viviendas españolas se construyeron sobre edificaciones Iincas. Buen ejemplo de ello son el Convento de Santo Domingo, asentado sobre los antiguos muros del Templo del Sol, o la Catedral de Cuzco, que se erigió encima del majestuoso Palacio de Viracocha. De ahí que la disposición espacial actual del urbanismo se corresponda muy fielmente con la que tuvo en los tiempos del imperio Inca.

Convento de Santo Domingo de Cuzco, asentado sobre los cimientos, aún visibles, del Palacio de Viracocha

Convento de Santo Domingo de Cuzco, asentado sobre los cimientos, aún visibles, del Palacio de Viracocha

A lo largo del siglo XVII, Cuzco iría perdiendo algo de importancia dentro del país en detrimento de los grandes centros de explotación minera, como Potosí, pero siguió albergando una gran cantidad de población, sobre todo indígena (unos 4.000 españoles frente a los 20.000 nativos). La arquitectura colonial se integró en la imagen de la ciudad, como se ve en los edificios religiosos ya citados como la Catedral, o incluso en las propias casas. En aquellos momentos se habilitó la actual Plaza de Armas, en pleno centro y al lado de la Catedral, asentada también sobre un antiguo espacio Inca. La plaza aglutinó la vida diaria, social y comercial, de los habitantes de Cuzco, así como las celebraciones religiosas.

Plaza Mayor o de Armas en el centro de Cusco

Plaza Mayor o de Armas en el centro de Cuzco. Al fondo a la izquierda, la Catedral.

También sufrió en ese siglo algunas desavenencias; según citan los registros, en 1650 un terremoto acometió la ciudad y se perdieron muchos de los edificios coloniales. Dentro de la Catedral se conserva un lienzo anónimo que relata estos acontecimientos, y los incendios y destrucciones que se produjeron a causa del seísmo.

Con el siglo XVIII, se introduce en la Corona española una nueva dinastía, la borbónica. Sin embargo, a pesar de la reorganización institucional de las colonias y la creación de dos nuevos virreinatos, la sociedad andina venía sufriendo desde antaño las desavenencias que suponía la sujeción a la mita. La mita era un modelo de trabajo, heredado de la administración estatal incaica, que obligaba a la población indígena a ofrecer anualmente un determinado número de trabajadores para cada uno de los sectores de producción a cambio de su protección y mantenimiento por parte de un encomendero.

Con la influencia de las ideas ilustradas y la reminiscencia de las antiguas revueltas Incas, Túpac Amaru II, inspirado por sus predecesores, se levantó contra el poder español en la ciudad de Cuzco y la revuelta se extendió por todo el país. Aunque fue finalmente derrotado, desencadenó toda una serie de movimientos, indígenas y criollos, que desembocarían en la final independencia.

Mateo Pamacahua. Aunque fue jefe militar del bando realista y luchó contra la rebelión indígena de Tupac Amaru, terminó por simpatizar con los rebeldes y encabezar la "Rebelión del Cusco"

Mateo Pamacahua. Aunque fue jefe militar del bando realista y luchó contra la rebelión indígena de Tupac Amaru, terminó por simpatizar con los rebeldes y encabezar la “Rebelión del Cusco”

La llamada “Rebelión del Cusco” (1814-15) promovida por Mateo Pacamahua no sólo liberó a la ciudad del dominio español, sino a toda la provincia que abarcaba otras poblaciones circundantes. Después de una larga lucha contra los bastiones realistas, que apoyaban a la Corona de España y que en el virreinato de Perú eran más fuertes su la larga tradición histórica, el general pro-borbónico Ramírez consiguió la victoria militar en la ciudad y con ello sofocar la revuelta. Sin embargo, durante la misma se había proclamado el autogobierno de la ciudad, que se confirmó definitivamente con la independencia total del Virreinato del Perú en 1821.

Con la República y la creación del Departamento del Cuzco, la ciudad se convirtió en la capital de la región y gozó de importancia dentro de la organización administrativa del país. A lo largo del siglo XX, aunque tuvo que sufrir más catástrofes naturales como un terremoto en 1950, le llegaría todo el reconocimiento histórico, cultural y turístico: se potenciaron las expediciones, las políticas de protección indígena y la legislación en favor del desarrollo cultural y la conservación del patrimonio, e incluso la modernización en todo sentido, desarrollo que le ha llevado a ser en la actualidad, una ciudad donde el comercio fluye y en la que puedes desde vender tu auto usado hasta ropa, pasando por alimentos y una gran cantidad de cosas más.

Las ruinas de Machu Picchu

Las ruinas de Machu Picchu

En 1933 fue declarada como “Capital Arqueológica de América del Sur” y en 1938, la UNESCO la declaró como Patrimonio de la Humanidad.

Actualmente, la ciudad es una de las más visitadas a nivel turístico de Perú, gracias al interés que atrae la relación de su pasado con el esplendoroso y atractivo Imperio Inca y, en general, su agitada historia. Cercana a la ciudad se encuentran las ruinas de Machu Picchu, de gran reclamo turístico, en un área montañosa que se eleva a casi 2.500 metros sobre el nivel del mar. En 1911, las expediciones de Hiram Bingham dieron renombre y reconocimiento al sitio y tuvieron una gran acogida en el mundo científico y arqueológico.

Sobre el autor

- Romántico, en el sentido artístico de la palabra. En mi adolescencia tanto familiares como amigos me recordaban una y otra vez que era un humanista empedernido, pues pasaba el rato haciendo lo que quizás otros no tanto, creyéndome Bécquer, inmerso en mis propias fantasías artísticas, en libros y películas, deseando constantemente viajar y explorar mundo, admirado por mi pasado histórico y por las maravillosas producciones del ser humano. Por ello decidí estudiar Historia y simultanear con Historia del Arte, porque me parecía la manera más adecuada de llevar a cabo las habilidades y pasiones que me caracterizan: leer, escribir, viajar, investigar, conocer, dar a conocer, educar. La divulgación es otra de mis motivaciones, pues entiendo que no hay palabra que tenga valor real si no es porque haya sido transmitida con eficacia. Y con ello, tengo la determinación de que todo lo que haga en mi vida tenga un fin didáctico.

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