El Imperio Carolingio fue el primer intento exitoso de reunificar Europa occidental después del colapso del Imperio romano en 476. Fundado por Carlomagno en 768 y oficialmente proclamado imperio en 800, se extendía desde España hasta Hungría, abarcando la Francia moderna, Alemania occidental, Italia septentrional y los Países Bajos.
Lo extraordinario del imperio no fue solo su tamaño territorial, sino cómo funcionaba administrativamente. Carlomagno dividió sus dominios en condados gobernados por condes leales, fronterizos militarizados llamados marcas, y un cuerpo de inspectores imperiales (missi dominici) que viajaban supervisando que nadie se rebelara contra la autoridad central. Legislaba mediante capitulares que mezclaban derecho germánico con principios cristianos.
El imperio preservó la cultura clásica mediante la copia sistemática de manuscritos en monasterios, desarrolló la minúscula carolingia (escritura clara que es antecesora de nuestras letras modernas) y estableció un modelo donde el poder secular y la Iglesia colaboraban estrechamente: el papa coronaba al emperador, legitimando su poder religiosamente.
Tras la muerte de Carlomagno en 814, sus sucesores no pudieron mantener la unidad. Guerras civiles dinásticas culminaron en el Tratado de Verdún (843), que dividió el imperio en tres reinos: Francia Occidental (futura Francia), Francia Oriental (futura Alemania) y Lotaringia (zona intermedia). Invasiones vikingas, musulmanas y húngaras debilitaron aún más la autoridad central. Para 888, el imperio unificado había desaparecido, aunque su legado institucional, cultural y político perduraría toda la Edad Media.
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A continuación desarrollamos los orígenes del imperio, cómo se gobernaba, quién lo componía territorialmente, cómo legislaba, qué pasó tras la muerte de Carlomagno y su impacto duradero en Europa. Ideal para trabajos académicos, investigación histórica o curiosidad sobre cómo funcionaban los imperios medievales.
Contexto: Los francos antes de Carlomagno
Para entender por qué Carlomagno pudo crear un imperio, primero debemos comprender que no lo hizo desde cero. Los francos ya eran la potencia más importante de Europa occidental a mediados del siglo VIII, y la dinastía que Carlomagno heredaría había preparado el terreno durante generaciones.
La dinastía merovingia: potencia temprana, declive irreversible
Los francos originalmente eran una tribu germánica que conquistó la Galia romana en el siglo V. Su primer líder notable, Clodoveo I (481-511), unificó las tribus francas, conquistó la mayor parte de la Galia y se convirtió al catolicismo. Esta conversión fue crucial: mientras otros pueblos germanos (visigodos, ostrogodos, vándalos) adoptaron el arrianismo y fueron considerados herejes por la Iglesia romana, Clodoveo era ortodoxo. Los obispos galorromanos lo apoyaron, facilitando su dominio sobre una población que seguía siendo mayoritariamente romana de mentalidad.

La dinastía merovingia que Clodoveo fundó, sin embargo, tenía una fatalidad estructural. Cada rey dividía el reino entre sus hijos según la costumbre germánica. Esto provocaba fragmentación constante, seguida por guerras civiles cuando los hermanos intentaban reunificar el territorio. Para el siglo VII, los reyes merovingios eran figuras ceremoniales débiles, apodados despectivamente los «reyes holgazanes» (rois fainéants). El poder real residía en los mayordomos de palacio, nobles que administraban la corte del rey y, efectivamente, gobernaban el reino.
Ascenso de los mayordomos: de administradores a gobernantes
Pipino de Heristal (687-714) consolidó el poder de los mayordomos, pero fue su hijo ilegítimo, Carlos Martel (714-741), quien transformó esta posición en poder absoluto. Carlos, cuyo nombre significa «el Martillo», derrotó a un ejército musulmán invasor en la batalla de Poitiers en 732, un evento posteriormente mitificado como el momento en que se salvó a Europa del Islam. Aunque militarmente la batalla fue menor, le dio a Carlos Martel prestigio suficiente para gobernar como rey de facto.
El hijo de Carlos Martel, Pipino el Breve (741-768), dio el paso definitivo. En 751, con el respaldo del papa Zacarías, depuso al último rey merovingio y se proclamó rey de los francos. Lo revolucionario fue que la Iglesia legitimó este golpe mediante una unción real: el papa Esteban II viajó a Francia y consagró a Pipino con óleo sagrado. Los reyes anteriores habían sido elegidos por nobles; ahora la Iglesia los consagraba. A cambio, Pipino derrotó a los lombardos que amenazaban Roma y donó territorios en Italia central al papado (la Donación de Pipino), creando los Estados Pontificios.
Este acuerdo fue revolucionario porque estableció un patrón que definiría la política medieval: una alianza mutua donde el papado otorgaba legitimidad religiosa a gobernantes seculares, y esos gobernantes protegían al papa y a la Iglesia militarmente. Carlomagno heredaría y perfeccionaría esta alianza.
Por qué el reino franco estaba listo para un imperio
Cuando Carlomagno heredó en 768, los francos ya controlaban la región más grande y mejor organizada de Europa occidental. No partía de cero, sino que recibía una máquina política funcional: un reino con fronteras definidas, una alianza establecida con el papado, una aristocracia militar leal, y una población cristianizada que reconocía la autoridad franca. Lo que Carlomagno haría sería expandir sistemáticamente estos elementos hasta convertirlos en un imperio.
Carlomagno: unificación y expansión (768-814)
La unificación del reino franco (768-771)
Cuando Pipino el Breve murió en 768, dividió su reino entre sus dos hijos según la costumbre franca: Carlomagno (también llamado Carlos) recibió la parte occidental (Francia e Italia), mientras que su hermano menor Carlomán recibió el este (territorios germánicos). Los hermanos eran muy diferentes. Carlomán era cauteloso, más influido por la aristocracia local, mientras que Carlomagno tenía una visión claramente expansionista.

La división fue tensa desde el inicio. Ambos reclamaban autoridad completa, los nobles de cada región jugaban a los hermanos uno contra el otro. Una guerra civil parecía inevitable. Pero en 771, Carlomán murió súbitamente en circunstancias nunca totalmente esclarecidas—algunos historiadores sospechan envenenamiento, aunque no hay pruebas. La verdad es que tras su muerte, Carlomagno simplemente anexionó todos los territorios de su hermano. Tenía 29 años. Nadie lo detuvo. Se convirtió en el gobernante indiscutible de los francos y reinaría 43 años más.
Estrategia territorial: consolidar fronteras y expandir poder
Con el reino franco bajo su control absoluto, Carlomagno implementó una estrategia clara de expansión territorial. Su objetivo no era la conquista por conquista, sino crear un imperio lo suficientemente grande para rivalizarse con los dos únicos otros poderes significativos de Occidente: el papado y el Imperio Bizantino.
Las fronteras de su reino necesitaban ser seguras. A norte y oriente, pueblos germánicos paganos—especialmente los sajones—realizaban incursiones constantes. Al sur, los lombardos de Italia amenazaban al papado. Al oeste, las fronteras marítimas con Britania eran relativamente seguras pero limitantes. La estrategia era clara: someter estos territorios, convertirlos en provincias del imperio y así controlar toda Europa occidental.
Las conquistas principales
Entre 772 y 804, Carlomagno realizó una serie de campañas que transformaron el mapa político. Contra los sajones en el norte (guerras que duraron 32 años), sometió un pueblo germánico resistente. En Italia, incorporó el reino lombardo. Hacia el este, sus ejércitos conquistaron territorios bávaros y avaros que extendieron el imperio hasta el Danubio. En el suroeste, estableció la Marca Hispánica como zona defensiva contra los musulmanes de España.
De hecho, la realidad era más compleja que una serie de conquistas heroicas. Carlomagno enfrentaba rebeliones constantemente. Los sajones, por ejemplo, aceptaban el bautismo cuando los ejércitos francos estaban presentes, pero retornaban al paganismo cuando se retiraban. Su líder Widukind organizó una resistencia guerrillera que duró décadas. La solución final de Carlomagno fue brutal: ordenó deportaciones masivas de población sajona, colonización franca de sus tierras, y el Capitular Sajón (785), que castigaba con muerte cualquier acto de paganismo—adorar ídolos, sacrificar animales, incluso quemar cadáveros (costumbre sajona tradicional) se convirtieron en capital.
Para 804, la resistencia sajona finalmente colapsó. Los sajones fueron cristianizados (por la fuerza), sus territorios fueron divididos en diócesis, y la región quedó integrada permanentemente al imperio.
La coronación imperial: Navidad del año 800
Para el año 800, Carlomagno controlaba un territorio vasto. Sus dominios incluían la Francia moderna, Alemania occidental, Italia septentrional, los Países Bajos, zonas de España y Austria. Era sin duda el gobernante más poderoso de Europa occidental. Pero le faltaba algo: el título de emperador.
En 799, el papa León III enfrentó una crisis política. Nobles romanos lo atacaron en las calles, intentando cegarlo y cortarle la lengua. León escapó y huyó hacia el norte buscando protección de Carlomagno. Este evento fue decisivo. El papa estaba pidiendo ayuda al rey franco, reconociendo implícitamente que Carlomagno era el verdadero poder en Occidente.
Carlomagno viajó a Roma en 800 para resolver la crisis. Mientras asistía a misa en la basílica de San Pedro el 25 de diciembre, el papa León III colocó una corona sobre su cabeza y proclamó: «A Carlos Augusto, coronado por Dios, grande y pacífico emperador de los romanos, vida y victoria». La multitud presente aclamó tres veces.

Las crónicas posteriores afirman que Carlomagno se sorprendió por la coronación, diciendo que «nunca habría entrado en la iglesia si hubiera conocido la intención del papa». Esto probablemente es propaganda. Carlomagno era demasiado astuto para ser sorprendido por algo tan importante. Probablemente orquestó toda la ceremonia, pero quería que pareciera iniciativa papal para evitar ofender al emperador bizantino.
Lo importante es que recreó una posición que había desaparecido hace más de trescientos años: la de emperador romano occidental. El Imperio romano occidental había colapsado en 476. Por trescientos años, Europa occidental no tuvo emperador; fue un mosaico de reinos desunidos. Ahora, de repente, existía nuevamente un emperador. Esto tuvo implicaciones geopolíticas enormes y estableció un precedente que duraría toda la Edad Media.
Territorio y composición del imperio (año 814)
Extensión territorial
En su apogeo alrededor de 814, el Imperio Carolingio era el territorio más grande controlado por un solo gobernante en Europa occidental desde el colapso del Imperio romano tres siglos antes. Se extendía desde el océano Atlántico (a través de Francia) hasta el río Danubio en Europa oriental. Sin embargo, era significativamente más pequeño que el antiguo Imperio romano: excluía Britania (dominada por reinos anglosajones), España meridional (controlada por emires musulmanes), Italia meridional y Sicilia (bajo dominio bizantino), y la mayor parte de Europa oriental (habitada por eslavos y pueblos nómadas).
El mapa político del imperio no era uniforme. Algunas regiones eran dominios directos de Carlomagno, gobernadas por condes que él nombraba y de los que esperaba obediencia. Otras eran reinos vasallos semiautónomos—como Baviera—que conservaban sus propios duques pero reconocían la supremacía franca. Las fronteras eran con frecuencia zonas militarizadas llamadas marcas, regiones de amortiguamiento dirigidas por marqueses con autoridad casi real para responder a amenazas externas.
Regiones principales
Francia: el corazón original del reino franco permanecía como el núcleo político y administrativo del imperio. Aquisgrán, en lo que hoy es Alemania occidental pero entonces era parte del territorio franco, fue establecida como capital. La región seguía siendo la más urbanizada, más rica, y donde residía la nobleza más poderosa.
Sajonia: conquistada entre 772 y 804 tras tres décadas de guerra brutal, Sajonia fue transformada de territorio pagano rebelde en provincia cristiana del imperio. Muchos sajones fueron deportados, francos fueron enviados como colonos, y la región fue dividida en diócesis (divisiones administrativas eclesiásticas) dirigidas por obispos francos leales.
Italia septentrional: tras incorporar el reino franco en Italia en 774, Carlomagno extendió su dominio sobre Italia del norte. Roma permanecía bajo control del papa, pero los territorios circundantes eran parte del imperio. Esta fue la región más rica del imperio, heredera de ciudades y tradiciones romanas.
Baviera: incorporada en 788, Baviera fue gobernada por un duque pero bajo supremacía franca. La región representaba la expansión hacia el Danubio y controlaba rutas comerciales hacia el este.
Territorio ávaro: entre 791 y 796, los ejércitos carolingios conquistaron la región de los avaros (aproximadamente la actual Austria y Hungría). Los avaros eran un pueblo nómada túrquico cuyo imperio estaba en declive. Las campañas fueron devastadoras; los anales francos describen el saqueo del tesoro ávaro, acumulado durante generaciones de pillaje, como tan vasto que requirió 15 carros tirados por bueyes para transportarlo. Esta conquista extendió el imperio hasta sus límites orientales máximos.
Marca Hispánica: en el suroeste, aunque Carlomagno no logró conquistar territorio significativo en la Península Ibérica (dominada por emires musulmanes), sí estableció una zona de amortiguamiento que protegía sus fronteras meridionales. Esta región eventualmente se convertiría en el condado de Barcelona.

Poblaciones y diversidad
El imperio era sorprendentemente diverso. Su población consistía en múltiples pueblos con distintas tradiciones, idiomas y grados de cristianización:
Francos: la elite gobernante. Originalmente una tribu germánica, los francos del siglo VIII ya eran parcialmente romanizados y completamente cristianos. Formaban la nobleza militar, los obispos, y la administración central.
Sajones: pueblos germánicos que practicaban el paganismo germánico tradicional antes de su conquista. Tras décadas de represión violenta, fueron cristianizados y eventualmente absorbidos en la sociedad franca.
Lombardos: pueblos germánicos que habían conquistado Italia siglos antes. Eran cristianos pero arrianos (considerados herejes). Su incorporación al imperio fue más de integración forzada que de asimilación voluntaria.
Bávaros: pueblo germánico semigermánico que ocupaba el sudeste. Eran cristianos y cercanos culturalmente a los francos, lo que facilitaba su integración relativa.
Ávaros: pueblo túrquico nómada cuyo imperio fue destruido. Su población fue parcialmente incorporada, parcialmente deportada.
Población romanorromana: en Italia y en regiones galorromanas, los descendientes de la población romana antigua permanecían. Estos grupos conservaban más de la tradición romana, eran urbanos (cuando Carlomagno era en su mayoría rural), y conservaban restos del sistema eclesiástico romano.
Lo extraordinario es que Carlomagno creó una entidad política que, aunque diversa, funcionaba como un imperio coherente. De hecho, la homogeneidad relativa del imperio carolingio (todos sus pueblos eran cristianos; ninguno era tan distante culturalmente como lo habían sido los pueblos del Imperio romano tardío) lo hacía, paradójicamente, más cohesivo que el antiguo Imperio romano a pesar de ser más pequeño territorialmente.
Administración del Imperio Carolingio
Estructura territorial: condados y marcas
Para gobernar un imperio tan vasto, Carlomagno necesitaba un sistema administrativo descentralizado pero controlado. Dividió su territorio en unidades administrativas llamadas condados (comitatus). Cada condado era gobernado por un conde (comes), generalmente un noble franco leal que Carlomagno nombraba directamente. Los condes tenían poderes amplios: administraban justicia, recaudaban impuestos, mantenían el orden, y movilizaban tropas cuando el emperador los requería.
Lo crucial es que los condes no eran independientes. Eran funcionarios del imperio, removibles a discreción del emperador, y esperados de ejercer el poder en nombre de Carlomagno, no en nombre propio. Los capitulares (decretos imperiales) especificaban con precisión cuáles eran sus responsabilidades, cómo debían administrar justicia, qué impuestos recolectar, y qué hacer en caso de rebelión.
Las zonas fronterizas eran diferentes. Llamadas marcas, estos territorios enfrentaban amenazas externas constantemente. Eran gobernadas por marqueses (marchio), nobles que tenían más autonomía que los condes ordinarios porque necesitaban capacidad de decisión rápida para responder a invasiones o rebeliones. Las marcas importantes incluían la Marca de Bretaña (contra bretones), la Marca Hispánica (contra musulmanes), la Marca Danesa (contra escandinavos), y la Marca Oriental (contra ávaros y eslavos).
Esta estructura de condados y marcas era ingeniosa. Permitía que Carlomagno gobernara un imperio vasto sin una burocracia centralizada masiva (que hubiera sido imposible en la sociedad medieval). Los condes y marqueses eran nobles con sus propias tierras y vasallos, a quienes Carlomagno delegaba autoridad. A cambio, esperaba obediencia absoluta.
Control central: los missi dominici
El verdadero genio del sistema administrativo carolingio fue un cuerpo especial de inspectores: los missi dominici, literalmente los «enviados del señor». Estos eran parejas de inspectores—típicamente un noble y un obispo—que viajaban constantemente por el imperio verificando que los condes cumplieran las órdenes imperiales. Tenían autoridad para juzgar casos, corregir abusos, investigar corrupción, y reportar directamente al emperador.
Los missi dominici viajaban regularmente en circuitos, visitando cada condado cada cierto tiempo. Su simple existencia actuaba como freno contra la independencia de los condes. Un conde sabía que sus decisiones serían revisadas, sus impuestos auditados, sus abusos reportados. Esto evitaba que los condes se transformaran en señores feudales verdaderamente independientes.
Lo ingenioso es que los missi eran pares del conde que visitaban (en términos de rango), lo que les daba autoridad pero también credibilidad. No eran agentes externos impuestos, sino colegas del conde con autoridad específica temporal. Esta estructura fue revolucionaria para su tiempo porque efectivamente extendía el poder del emperador sobre regiones que nunca visitaba.
Poder religioso integrado en la administración
Los obispos jugaban un papel dual en el imperio. Religiosos por definición, eran también administradores con poder político real. Carlomagno frecuentemente nombraba a los obispos (con la aprobación del papa), y esperaba que administraran sus diócesis en el interés del imperio, no solo en interés de la Iglesia.
Esta integración de poder religioso y secular era revolucionaria. Los obispos supervisaban educación en sus territorios, administraban justicia (especialmente en casos morales), recaudaban contribuciones de la población, y actuaban como consejeros del emperador en temas de política. Los obispos también actuaban como missi dominici, visitando otros territorios para supervisar a los condes. De hecho, la mayoría de los missi incluían un eclesiástico junto a un noble laico.
Carlomagno entendía que la Iglesia era una institución global con redes de comunicación que ningún estado medieval podría igualar. Los obispos se comunicaban con el papa, con otros obispos, transmitían información y órdenes de manera que los nobles laicos frecuentemente no podían. Usarlos como administradores multiplicaba el alcance de su poder.
La corte imperial: centro de decisión
Aquisgrán era donde residía Carlomagno y donde se tomaban las decisiones imperiales más importantes. Construyó un palacio fortificado monumental y una capilla. Alrededor suyo se reunía una corte que incluía los principales nobles del imperio, obispos influyentes, y eruditos que asesoraban sobre temas administrativos, religiosos, y legales.
Aunque los viajes de Carlomagno eran frecuentes (viajaba constantemente para mantener control), Aquisgrán permaneció como el corazón del imperio. Era donde se emitían los capitulares más importantes, donde se resolvían apelaciones legales, y donde se planeaban campañas militares. La corte también era el lugar donde Carlomagno convocaba a los principales nobles para consejo, asegurando que la elite del imperio permaneciera conectada a su autoridad central.
Legislación y poder: los Capitulares
Qué eran y por qué fueron revolucionarios
En lugar de crear un código legal único escrito que gobernara todo el imperio (algo imposible en una sociedad donde la mayoría era analfabeta y las comunicaciones eran lentas), Carlomagno legislaba mediante capitulares. Los capitulares eran decretos reales divididos en capítulos individuales, emitidos por el emperador y comunicados a través de la red eclesiástica y nobleza.
Lo revolucionario es que los capitulares no eran caprichosos. Seguían principios consistentes, mezclaban precedentes germánicos con doctrina cristiana, y buscaban crear uniformidad legal en todo el imperio. Un capitular podía ser un edicto general aplicable en todo el imperio; otro podía ser específico para una región en particular que enfrentaba problemas particulares.
Tipos de capitulares
Capitulares generales: aplicables en todo el imperio. Regulaban asuntos de importancia imperial: defensa, impuestos, administración, educación. El Capitulare missorum (capitular sobre los missi dominici) especificaba exactamente qué autoridad tenían los inspectores imperiales y cómo debían reportar.
Capitulares específicos: emitidos para regiones particulares enfrentando problemas particulares. El Capitular Sajón (785), por ejemplo, era específico para Sajonia y castigaba con muerte actos de paganismo—una medida que no era universalmente aplicada en otras regiones.
Capitulares sobre reforma: dedicados a mejorar instituciones específicas. Los capitulares sobre educación especificaban que los monasterios debían mantener escuelas, que el clero debía ser letrado, que los nobles debían ser educados en latín.
Contenido y alcance
Los capitulares cubrían prácticamente todo aspecto de la vida: regulaban precios del grano durante hambrunas, establecían pesos y medidas estándar para el comercio, prohibían la usura, fijaban salarios de funcionarios, prescribían penas para diversos crímenes, y regulaban asuntos de moral cristiana.
Lo notable es que mezclaban dos tradiciones legales: la tradición germánica (basada en costumbre y precedente) con la tradición romana (basada en código escrito) reanimada por la doctrina cristiana. Esto creaba un sistema legal único que no era puramente germánico ni puramente romano, sino síntesis.
Por ejemplo, el sistema de justicia prescribía que en muchos casos, el acusado podría demostrar su inocencia mediante juicio de Dios (ordeal)—si sumergía la mano en agua hirviendo y la herida sanaba en tres días, era inocente. Esto era práctica germánica. Pero también prescribía que ciertos crímenes (traición, sacrilegio) eran automáticamente capitales—esto venía de derecho romano. Y todo estaba justificado mediante doctrina cristiana: Dios era la verdadera justicia, y el emperador era su instrumento en la tierra.
El Renacimiento Carolingio como política de estado
Por qué la cultura fue estrategia imperial
Carlomagno entendía algo que muchos gobernantes no: un imperio duraba mediante más que fuerza militar. Necesitaba cohesión cultural, religión compartida, y un sistema educativo que produciera administradores leales. Por eso invirtió masivamente en cultura, educación, y preservación de textos clásicos.
Lo revolucionario es que no vio esto como proyecto cultural sino como política de estado. La minúscula carolingia no era solo reforma de escritura bonita; era modernización administrativa que permitía comunicaciones más claras. Las escuelas palatinas no eran solo lugares para educar a jóvenes; eran generadores de lealtad ideológica. La preservación de manuscritos no era anticuarismo; era fortalecimiento de la autoridad mediante control del conocimiento.
La escuela palatina y el trivium-quadrivium

Carlomagno estableció una escuela en la corte de Aquisgrán donde los hijos de nobles francos (y algunos plebeyos talentosos) recibían educación sistemática. Reclutó al erudito más brillante de Europa: Alcuino de York, un monje inglés que era probablemente el intelectual más importante del siglo VIII.
Alcuino reorganizó completamente la educación usando principios de la antigüedad clásica. El currículo enfatizaba el trivium (gramática, retórica, lógica) y el quadrivium (aritmética, geometría, música, astronomía). Esto no era nuevo; provenía de educación clásica romana. Pero su implementación sistemática en la corte de Carlomagno fue revolucionaria. Nobles francos que antes eran analfabetos fueron educados en latín clásico, filosofía, y astronomía. Carlomagno mismo aprendió a leer de adulto.
Lo importante es que estas escuelas no eran únicamente en Aquisgrán. Alcuino y otros eruditos viajaban, establecían scriptoria en monasterios, entrenaban a clérigos en administración, escritura, y doctrina. La corte se convirtió en centro irradiador de reforma educativa.
La minúscula carolingia: una reforma administrativa
Una de las innovaciones más duraderas del Renacimiento Carolingio fue la minúscula carolingia, un nuevo estilo de escritura desarrollado en los scriptoria carolingios bajo dirección de Alcuino. Antes del siglo VIII, los manuscritos latinos se escribían en varios estilos, muchos difíciles de leer. La escritura cursiva romana antigua era compacta pero poco clara. Otros estilos eran ornamentados pero lentos de escribir.
La minúscula carolingia estandarizó la escritura en letras claras, uniformes, y altamente legibles. Cada letra tenía forma definida. El espaciado entre palabras era consistente. Se podía leer rápidamente sin ambigüedad. Esto parece técnico, pero fue revolucionario. La escritura clara hizo que copiar manuscritos fuera más rápido, y leerlos fuera más fácil. Facilitó la transmisión del conocimiento a través de generaciones.
De hecho, la minúscula carolingia es el ancestro directo de las letras minúsculas que usamos hoy. Cuando lees este artículo en pantalla, estás usando una escritura que Carlomagno mandó desarrollar como reforma administrativa. Ningún cambio administrativo de Carlomagno tiene consecuencias tan duraderas como este cambio tipográfico.

Preservación de manuscritos clásicos
Carlomagno ordenó a los monasterios que copiaran manuscritos antiguos. No innovaban; preservaban. Los scriptoria monásticos se convirtieron en centros de producción de libros. Monjes pacientes copiaban obras de Virgilio, Cicerón, Ovidio, Séneca y otros autores clásicos. Miles de manuscritos fueron copiados durante el Renacimiento Carolingio.
La importancia no se puede exagerar. Muchas obras literarias romanas no habían sido copiadas en siglos. Existían en quizás una o dos copias antiguas que se deterioraban. Sin la actividad masiva de copia carolingia, se habrían perdido para siempre. Cuando el Imperio Carolingio colapsó en el siglo IX y Europa entró en una nueva era de caos (invasiones vikingas, húngaras, musulmanas), el conocimiento preservado por los carolingios sobrevivió en los monasterios. Siglos después, durante el Renacimiento italiano, los humanistas redescubrieron estos manuscritos carolingios y los usaron como base para su propio renacimiento.
Comparativa: Imperio Romano versus Imperio Carolingio
| Aspecto | Imperio Romano Occidental (siglos IV-V) | Imperio Carolingio (siglos VIII-IX) | Diferencia clave |
|---|---|---|---|
| Extensión territorial | Todo el Mediterráneo, incluyendo Britania, España, Norte de África | Europa occidental y central (sin Britania ni Mediterráneo sur) | El carolingio era más pequeño pero más homogéneo |
| Centro de poder | Roma, luego Rávena | Aquisgrán | Desplazamiento hacia el norte |
| Religión | Cristianización gradual (siglos IV-V) | Cristianismo católico como pilar del estado | Carlomagno usaba religión como herramienta política |
| Economía | Monetaria, comercio mediterráneo, ciudades grandes | Agraria, economía local, villas rurales | Ruralización vs urbanización romana |
| Cultura | Literatura, filosofía, derecho, ingeniería | Preservación y copia de textos romanos | Roma creaba; carolingios preservaban |
| Administración | Burocracia profesional, funcionarios civiles | Condes locales, inspectores imperiales | Más descentralizada y militarizada |
| Duración | ~500 años (27 a.C.-476 d.C.) | ~100 años como entidad unificada (768-888) | Roma duró mucho más |
Sucesores de Carlomagno: evolución y fragmentación
Ludovico Pío: intento de mantener unidad (814-840)
Cuando Carlomagno murió en enero de 814, fue enterrado en la capilla palatina de Aquisgrán. Su hijo Ludovico Pío (también llamado Ludovico I) heredó el imperio unificado. Ludovico era un gobernante devoto pero débil. Su reinado estuvo marcado por rebeliones de sus propios hijos y conflictos con la nobleza franca. Aunque el imperio permaneció unificado durante su vida, las grietas se hicieron evidentes.

Ludovico tenía tres hijos sobrevivientes. Según la tradición franca, planeó dividir el imperio entre ellos tras su muerte. Pero sus propios hijos lo desobedecían constantemente, exigiendo herencias mayores. Ludovico intentó varias divisiones, cambió su testamento múltiples veces. La nobleza franca, viendo la debilidad, comenzó a formar facciones alrededor de los diferentes hijos.
El reinado de Ludovico reveló una verdad incómoda: el imperio había sido creado mediante la autoridad personal de Carlomagno. Su genio militar, su inteligencia política, su presencia eran insustituibles. Sin él, el imperio se fragmentaba.
Guerra civil carolingia (840-843)
Cuando Ludovico Pío murió en 840, estalló la guerra civil. Ludovico tenía tres hijos sobrevivientes: Lotario I (el mayor, que también era co-emperador), Luis el Germánico (que gobernaba Baviera), y Carlos el Calvo (que gobernaba Aquitania). Lotario reclamaba todo el imperio para sí mismo, basándose en su título de co-emperador. Pero sus hermanos se rebelaron.
En 841, Luis y Carlos derrotaron a Lotario en la batalla de Fontenoy, una de las batallas más sangrientas del siglo IX. Miles de nobles francos murieron en ambos bandos. Las crónicas contemporáneas describen el evento como catastrófico, tanto militarmente como políticamente. La batalla fue traumática porque mostró que la elite guerrera franca era capaz de destruirse a sí misma.
Tras Fontenoy, Luis y Carlos sellaron su alianza con los Juramentos de Estrasburgo (842), un documento crucialmente importante. Cada hermano juró en el idioma del otro: Luis juró en romance (proto-francés) para que las tropas de Carlos entendieran, y Carlos juró en germánico (proto-alemán) para que las tropas de Luis entendieran. Este evento revela que el Imperio Carolingio ya estaba dividido lingüísticamente: el oeste hablaba lenguas romances; el este hablaba germánico.
Tratado de Verdún (843): división formal del imperio
En 843, los tres hermanos negociaron el Tratado de Verdún, que formalmente dividió el Imperio Carolingio en tres reinos:
Francia Occidental (a Carlos el Calvo): territorios al oeste del Ródano y el Mosa. Incluía Francia moderna, partes de Italia. Se convertiría en el núcleo de la futura Francia.
Francia Oriental (a Luis el Germánico): territorios al este del Rin. Incluía Alemania moderna. Se convertiría en el núcleo de la futura Alemania.
Lotaringia (a Lotario I, quien retuvo el título imperial): una franja intermedia que incluía Italia del norte, Borgoña, Provenza, y la región entre el Rin y el Mosa (la actual Bélgica, Países Bajos, Alsacia-Lorena). Geográficamente fragmentada, difícil de defender.
Esta división fue geopolíticamente desastrosa. Lotaringia era una zona débil y vulnerable, constantemente disputada entre sus hermanos más fuertes. Cuando Lotario murió en 855, su reino se subdividió entre sus hijos, fragmentándose aún más. Durante los siglos siguientes, Francia y Alemania lucharon constantemente por controlar esta zona intermedia. Las guerras franco-alemanas del siglo XIX y XX (incluyendo las Guerras Mundiales) tienen sus raíces directas en el Tratado de Verdún.
Invasiones externas y colapso del imperio centralizado (850-888)
El imperio fragmentado enfrentó nuevas invasiones justas cuando más necesitaba unidad. El gran ejército pagano vikingo atacaba las costas atlánticas y remontaba los ríos, saqueando monasterios ricos y ciudades. Los musulmanes atacaban desde España y el Mediterráneo. Los húngaros (magiares) invadían desde el este.

Los reyes carolingios divididos no podían defenderse eficazmente. Francia Occidental y Francia Oriental compitieron por la posesión de Lotaringia en lugar de cooperar contra invasores externos. Las tropas debían dividirse entre defensa fronteriza e intentos de conquista mutua. La administración central se desmoronó. Los condes, viendo que el emperador no podía protegerlos, comenzaron a gobernar de facto independientemente, construyendo sus propias fortalezas, reclutando sus propias tropas.
Para el año 888, la autoridad central carolingia había colapsado. Nobles locales se autonombraban reyes o duques, ignorando la autoridad imperial. Carlos III El Gordo, el último emperador que había brevemente reunificado el imperio en 884, fue depuesto en 887. Aunque miembros de la familia carolingia continuaron gobernando en algunas regiones hasta el siglo X (el último carolingio francés fue Luis V, muerto en 987), el Imperio Carolingio como entidad política unificada había terminado.
Emperadores Carolingios: linaje y sucesión
| Período | Nombre | Títulos | Control territorial | Notas |
|---|---|---|---|---|
| 768–814 | Carlomagno | Rey de los Francos, Emperador de los Romanos (desde 800) | Unificado | Fundador; apogeo del imperio |
| 814–840 | Ludovico Pío | Emperador de los Romanos | Unificado | Hijo de Carlomagno; intenta mantener unidad |
| 840–855 | Lotario I | Emperador de los Romanos | Lotaringia (débil) | Hijo de Ludovico; recibe zona intermedia |
| 840–876 | Luis el Germánico | Rey de Francia Oriental | Francia Oriental | Hermano de Lotario; funda dinastía oriental |
| 840–877 | Carlos el Calvo | Rey de Francia Occidental | Francia Occidental | Hermano menor; funda dinastía occidental |
| 855–875 | Luis II | Emperador de los Romanos | Lotaringia e Italia | Hijo de Lotario; último emperador legítimo débil |
| 875–877 | Carlos el Calvo | Emperador de los Romanos | Imperio fragmentado | Intenta reunificación; fracasa |
| 877–884 | Carlomán II | Rey de Francia Occidental | Francia Occidental | Hijo de Carlos el Calvo |
| 884–888 | Carlos el Gordo | Emperador de los Romanos | Casi reunificado | Último que reunifica brevemente |
| 888+ | — | — | Fragmentado | FIN del Imperio Carolingio unificado |
Legado del Imperio Carolingio: qué dejó la institución
Modelo político medieval: alianza de poder secular e iglesia
El Imperio Carolingio estableció un modelo político que definiría toda la Edad Media: la alianza mutua entre gobernante secular e Iglesia católica. Carlomagno había sido coronado emperador por el papa. Los emperadores posteriores—especialmente los del Sacro Imperio Romano Germánico—buscaban la coronación papal como legitimación religiosa.
Esto significaba que la Iglesia no era meramente religión: era institución política con poder legitimador. Y el gobernante secular no era meramente político: era defensor de la fe. Esta fusión fue tan profunda que la Reforma protestante, quinientos años después, fue parcialmente una reacción contra esta entidad político-religiosa inseparable.
Instituciones administrativas que evolucionaron
El sistema de condados y condes de Carlomagno no desapareció con el imperio. Evolucionó hacia el feudalismo. Los condes se convirtieron en duques locales con poder hereditario. Los missi dominici desaparecieron, pero la idea de inspectores imperiales sobrevivió en otras formas. Los capitulares dejaron de ser uniformes, pero el concepto de ley escrita codificada mediante decreto persistió.
De hecho, sin el precedente carolingio, el feudalismo probablemente habría sido mucho más caótico. Los feudales posteriores heredaban un marco administrativo preexistente. El derecho feudal reconocía, en cierta forma, la autoridad imperial anterior. Así que aunque el imperio se fragmentó, sus instituciones se filtraron hacia abajo en la estructura feudal.

Preservación del conocimiento clásico
Sin el Renacimiento Carolingio, una buena parte de la literatura latina se habría perdido para siempre. Los manuscritos copiados en los scriptoria carolingios sobrevivieron a las invasiones del siglo IX en los monasterios europeos. Cuando los humanistas italianos del siglo XV «redescubrieron» el Renacimiento (italiano), en realidad estaban redescubriendo manuscritos carolingios.
Más profundamente, la minúscula carolingia transformó la escritura occidental. Nuestras letras minúsculas modernas descienden directamente de ella. Cada vez que escribes o lees en minúsculas, estás usando una escritura que Carlomagno mandó desarrollar como reforma administrativa.
División geopolítica de Europa: Francia, Alemania, y la eterna Lotaringia
El Tratado de Verdún (843) estableció las fronteras básicas de Europa occidental que perduran hasta hoy. La división entre una Europa occidental de habla romance (Francia) y una Europa central de habla germánica (Alemania) se consolidó formalmente entonces. Lotaringia, la zona intermedia, se convirtió en el campo de batalla perpetuo de Europa.
Territorios como Alsacia-Lorena, los Países Bajos, y Bélgica alternaron entre control francés y alemán durante siglos. Las guerras franco-alemanas del siglo XIX (Guerra franco-prusiana de 1870, Primera Guerra Mundial, Segunda Guerra Mundial) tienen sus raíces directas en el Tratado de Verdún. De hecho, se podría argumentar que la geopolítica de Europa durante 1,100 años fue en gran medida determinada por cómo se dividió el imperio carolingio en 843.
La idea de Europa unificada
Quizás el legado más intangible pero poderoso del Imperio Carolingio es la idea misma de una Europa unificada bajo un solo gobernante o unión política. Carlomagno creó, por primera vez desde Roma, una entidad política que abarcaba la mayor parte de Europa occidental. Aunque su imperio se fragmentó, la memoria de esa unidad perduró.
Visionarios europeos posteriores invocaron constantemente el recuerdo de Carlomagno. Los emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico se veían como sus sucesores directos. Napoleón se presentaba explícitamente como neo-Carlomagno. La Unión Europea, en cierto sentido, es el último intento de revivir la visión de Carlomagno de una Europa unificada (aunque pacíficamente, mediante cooperación, no mediante conquista militar).
De hecho, la UE otorga anualmente el Premio Carlomagno a figuras que contribuyen significativamente a la unidad continental. Carlomagno es invocado en documentos fundadores de la UE como símbolo de identidad europea. Mil doscientos años después de su coronación, la idea de un imperio europeo unificado—cuyo fundador fue Carlomagno—sigue siendo influyente en la política continental.
Preguntas frecuentes sobre el Imperio Carolingio
¿Quién fue Carlomagno y por qué es importante?
Carlomagno (742-814), cuyo nombre significa «Carlos el Grande», fue el rey de los francos que fundó el Imperio Carolingio. Es importante porque reunificó Europa occidental por primera vez desde la caída del Imperio romano, promovió un renacimiento cultural sin precedentes desde Roma, estableció instituciones administrativas que influenciaron toda la Edad Media, y fue coronado emperador de los romanos en 800, recreando el concepto de imperio en Occidente tras trescientos años de inexistencia. Su legado incluye la preservación de textos clásicos, la reforma de la escritura moderna, y el establecimiento de un modelo donde el poder secular y la Iglesia colaboraban estrechamente.
¿Cómo se gobernaba el Imperio Carolingio?
El Imperio Carolingio se gobernaba mediante un sistema descentralizado de condados (dirigidos por condes nombrados por el emperador) y marcas fronterizas (dirigidas por marqueses con más autonomía). Los condados estaban supervisados por inspectores imperiales llamados missi dominici, que viajaban regularmente verificando que los condes obedecieran las órdenes imperiales. El emperador legislaba mediante capitulares, decretos que especificaban regulaciones en todo, desde administración hasta moralidad cristiana. Los obispos jugaban un papel dual como líderes religiosos y administradores políticos.
¿Por qué el papa coronó a Carlomagno como emperador en 800?
El papa León III coronó a Carlomagno en 800 por razones políticas y estratégicas. León enfrentaba una crisis política en Roma: nobles locales lo acusaban de corrupción y habían intentado mutilarlo. León huyó a buscar protección de Carlomagno, reconociendo que el rey franco era el verdadero poder en Occidente. Al coronar a Carlomagno como emperador, León legitimó su propio papado mediante el respaldo militar franco y estableció un precedente donde la Iglesia otorgaba legitimidad al poder imperial. Carlomagno, a cambio, obtenía legitimidad religiosa para su poder secular.
¿Qué fue el Renacimiento Carolingio?
El Renacimiento Carolingio fue un movimiento cultural e intelectual promovido por Carlomagno durante los siglos VIII-IX. No fue un «renacimiento» en el sentido renacentista posterior (que innovaba), sino un esfuerzo sistemático por preservar y transmitir la cultura clásica romana. Carlomagno estableció la escuela palatina en Aquisgrán, reclutó eruditos como Alcuino de York, estandarizó la educación bajo el sistema del trivium y quadrivium, ordenó a los monasterios copiar manuscritos clásicos, y desarrolló la minúscula carolingia (escritura clara que es ancestro de nuestras letras modernas). Sin este esfuerzo, muchas obras latinas antiguas se habrían perdido para siempre.
¿Por qué se dividió el Imperio Carolingio después de Carlomagno?
El Imperio Carolingio se dividió por una combinación de tradición germánica, luchas dinásticas, y debilidad militar. La tradición franca dictaba que los reinos se dividieran entre los hijos del rey. Cuando el hijo de Carlomagno, Ludovico Pío, murió en 840, sus tres hijos lucharon por el control. Tras una guerra civil sangrienta, firmaron el Tratado de Verdún (843), dividiendo el imperio en tres reinos: Francia Occidental (futura Francia), Francia Oriental (futura Alemania), y Lotaringia (zona intermedia). Esta división debilitó el imperio justo cuando enfrentaba nuevas invasiones (vikingos, musulmanes, húngaros). Para finales del siglo IX, la autoridad central carolingia había colapsado completamente.
¿Cuál es la diferencia entre el Imperio Carolingio y el Imperio Romano?
El Imperio Carolingio fue menor, más descentralizado, y más rural que el Imperio Romano. Territorialmente, el carolingio abarcaba Europa occidental y central, pero excluía Britania, España meridional, y el Mediterráneo sur. Administrativamente, el carolingio dependía de condes locales supervisados por inspectores imperiales, mientras que Roma tenía una burocracia profesional centralizada. Económicamente, el carolingio era agrario y rural, mientras que Roma era urbano y comercial. Culturalmente, Roma creaba arte, literatura y filosofía originales, mientras que los carolingios preservaban y copiaban textos romanos. Religiosamente, Roma se cristianizó gradualmente, pero el carolingio usaba el cristianismo como pilar político desde el inicio. Finalmente, Roma duró siglos; el imperio unificado carolingio duró menos de un siglo.
¿Qué pasó con el título imperial después de que el Imperio Carolingio colapsó?
Tras Carlomagno, el título imperial pasó a su hijo Ludovico Pío (814-840), quien lo transmitió a su hijo mayor Lotario I (840-855). Después de Lotario, el título se fragmentó: varios miembros de la familia carolingia lo reclamaban simultáneamente en diferentes regiones. Para finales del siglo IX, el título había perdido significado real. El último emperador carolingio legítimo fue depuesto en 887. Tras un período de vacío, el título imperial fue revivido en 962 cuando Otón I de Alemania fue coronado emperador, fundando lo que posteriormente se llamaría el Sacro Imperio Romano Germánico. Este nuevo imperio se veía explícitamente como sucesor del carolingio y existió hasta 1806.
¿Cómo influyó el Imperio Carolingio en la Edad Media?
El Imperio Carolingio estableció las bases políticas, culturales, y religiosas de toda la Edad Media europea. Políticamente, creó el modelo de imperio cristiano donde el papa coronaba al emperador, legitimando el poder secular mediante autoridad religiosa. Administrativamente, sus instituciones (condados, marcas, missi dominici) fueron adoptadas por reinos posteriores e influyeron en el desarrollo del feudalismo. Culturalmente, preservó textos clásicos que de otro modo se habrían perdido, y desarrolló la minúscula carolingia que revolucionó la transmisión del conocimiento. Geopolíticamente, el Tratado de Verdún (843) estableció las fronteras básicas entre Francia y Alemania. La memoria del Imperio Carolingio inspiró intentos posteriores de unificar Europa, especialmente el Sacro Imperio Romano Germánico.
Fuentes y bibliografía
Fuentes en español
- Eginardo. Vida de Carlomagno. Madrid: Gredos, 1999.
- Barbero, Alessandro. Carlomagno: Un padre de Europa. Barcelona: Ariel, 2004.
- Collins, Roger. La Europa de la Alta Edad Media (300-1000). Madrid: Akal, 2000.
- Riché, Pierre. Carlomagno. Madrid: Espasa Calpe, 1987.
- Lot, Ferdinand. El fin del mundo antiguo y el comienzo de la Edad Media. México: UTEHA, 1956.
- McKitterick, Rosamond. Carlomagno: Formación de una identidad europea. Madrid: Akal, 2014.
- Ganshof, François L. El feudalismo. Barcelona: Ariel, 1975.
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Fuentes en inglés
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- McKitterick, Rosamond. Charlemagne: The Formation of a European Identity. Cambridge: Cambridge University Press, 2008.
- Collins, Roger. Charlemagne. Londres: Macmillan, 1998.
- Barbero, Alessandro. Charlemagne: Father of a Continent. Berkeley: University of California Press, 2004.
- Story, Joanna, ed. Charlemagne: Empire and Society. Manchester: Manchester University Press, 2005.
- Riché, Pierre. The Carolingians: A Family Who Forged Europe. Filadelfia: University of Pennsylvania Press, 1993.
- McKitterick, Rosamond, ed. The New Cambridge Medieval History, Vol. 2: c. 700-c. 900. Cambridge: Cambridge University Press, 1995.
- Nelson, Janet L. King and Emperor: A New Life of Charlemagne. Oakland: University of California Press, 2019.
- Goldberg, Eric J. Struggle for Empire: Kingship and Conflict under Louis the German, 817-876. Ithaca: Cornell University Press, 2006.
- Innes, Matthew. «Charlemagne’s Government». En Charlemagne: Empire and Society, editado por Joanna Story, 71-89. Manchester: Manchester University Press, 2005.
Fuentes primarias
- Annales regni Francorum (Anales del reino franco). Edición de F. Kurze. Hanover: MGH, 1895.
- Capitularia regum Francorum. Edición de A. Boretius y V. Krause. Hanover: MGH, 1883-1897.
- Alcuino de York. Epistolae (Cartas). Edición de Ernst Dümmler. Berlín: MGH, 1895.
- Notker el Tartamudo. Gesta Karoli Magni (Hechos de Carlomagno). Edición de Hans F. Haefele. Berlín: MGH, 1959.
Recursos digitales
- Internet Medieval Sourcebook: Carolingian Empire. Fordham University.
- The Carolingian World. King’s College London.
- Monumenta Germaniae Historica (MGH) Digital.
Explora más
- Imperio Bizantino: el heredero de Roma en Oriente.
- Sacro Imperio Romano Germánico: el legado carolingio.
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- Las invasiones vikingas: el azote de Europa (siglos IX-XI).
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