El judaísmo es la religión monoteísta más antigua del mundo occidental, con una historia que se extiende más de 3.000 años desde sus orígenes en Mesopotamia hasta la época contemporánea. El pueblo que practicaba esta religión experimentó transformaciones profundas en su comprensión de lo divino, su organización política y su identidad cultural.
Comenzó como monolatría tribal (adoración de un dios familiar dentro de un contexto politeísta general), evolucionó hacia el monoteísmo exclusivo bajo el profeta Moisés, se consolidó como religión estatal bajo los reyes David y Salomón y finalmente se transformó en un sistema religioso portátil basado en la Ley (Torá) después del destierro en Babilonia.
A lo largo de esta historia, el pueblo judío experimentó momentos de gloria (la monarquía unificada, la construcción de templos magníficos) y momentos de sufrimiento (cautiverio, diáspora, ocupación extranjera). La religión judía fue también la matriz de la cual nacerían posteriormente el cristianismo y el islam, haciendo su historia fundamental para entender la evolución religiosa de Occidente.
¿Qué es el judaísmo?
El judaísmo es simultáneamente una religión, una cultura y una identidad étnica. Esta complejidad hace que sea difícil definir con precisión quién es judío. La ley religiosa judía tradicional (Halakhá) establece que es judío quien nace de madre judía o quien se convierte formalmente al judaísmo ortodoxo. Sin embargo, esta definición legal no captura la realidad completa: el judaísmo es también una forma de vida, un conjunto de valores morales y una conexión histórica con un territorio y una tradición milenaria.
El judaísmo se basa en varios pilares fundamentales. El primero es la creencia en un único Dios verdadero (Yahvé o el Señor en hebreo), monoteísmo que fue revolucionario para su época cuando la mayoría de los pueblos antiguos adoraban múltiples deidades. El segundo pilar es la Torá, la Ley divina que Dios supuestamente reveló al profeta Moisés en el monte Sinaí. El tercero es la alianza (Berit en hebreo), un pacto entre Dios y el pueblo judío mediante el cual Dios promete protección y la tierra prometida a cambio de que el pueblo siga los preceptos divinos. El cuarto pilar es la tierra de Israel, que ha sido central en la conciencia judía desde los tiempos antiguos hasta el presente.
El vocabulario utilizado para describir a los practicantes de esta religión ha variado a lo largo de la historia, lo que refleja cambios políticos y geográficos. Los hebreos fueron los pueblos semitas nómadas originarios de Mesopotamia que eventualmente se asentaron en Canaán. Los Israelitas fueron los pueblos que ocuparon el territorio de Israel después de la conquista de Palestina, organizados en torno a las 12 tribus y a una monarquía centralizada. Los Judíos fueron los descendientes de este pueblo después del cautiverio en Babilonia, cuando el término se refería principalmente a quienes practicaban la religión judía sin necesidad de un reino independiente. Esta distinción entre Hebreos, Israelitas y Judíos es importante para la comprensión histórica precisa.
La época premonárquica: orígenes y formación de la fe (ca. 3000-1200 a.C.)
Los primeros patriarcas y la monolatría familiar
El pueblo hebreo tiene sus orígenes en las poblaciones semitas nómadas de Mesopotamia. Según la tradición bíblica y la evidencia arqueológica, alrededor del tercer milenio antes de Cristo, grupos de pueblos semitas comenzaron a migrar desde Mesopotamia hacia el oeste, en dirección a la región de Canaán. Estos pueblos no practicaban el monoteísmo en su forma pura, sino lo que los historiadores modernos llaman monolatría: cada familia o tribu tenía su propio dios protector, al que rendía culto exclusivamente dentro de su núcleo familiar, aunque reconocían la existencia de otros dioses adorados por otros pueblos.
La tradición judía atribuye la fundación de este pueblo al patriarca Abraham, quien según los textos bíblicos vivió alrededor del año 2000-1800 a.C. Abraham fue presentado como el progenitor de una tribu nómada que viajaba por las estepas de Palestina con sus rebaños. La importancia religiosa de Abraham radica en que fue el primero en establecer una alianza personal con Dios. Esta alianza no era colectiva sino privada: Dios se comprometía a proteger a Abraham y a su descendencia y Abraham se comprometía a mantener la fe y la obediencia. El acto simbólico de esta alianza fue la circuncisión, una práctica que probablemente existía en pueblos semitas antiguos pero que se reinterpretó como marca de la alianza divina.


Los descendientes inmediatos de Abraham fueron Isaac y Jacob. Isaac es presentado principalmente como víctima del famoso episodio del sacrificio, cuando Abraham fue ordenado por Dios a sacrificar a su hijo como prueba de fe, aunque fue detenido en el último momento. Jacob fue el padre de doce hijos cuyo nombre en hebreo significa «Israel» y de estos doce hijos descendieron las doce tribus que posteriormente conquistarían Palestina. Los nombres de estas tribus permanecieron en la conciencia judía durante milenios: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Isacar, Zabulón, Dan, Neftalí, Gad, Aser, José y Benjamín.
Durante esta época de los patriarcas, la religión era fundamentalmente privada y tribal. No existía un sacerdocio formal ni templos construidos y los rituales religiosos ocurrían en espacios abiertos, frecuentemente en lugares considerados sagrados por su naturaleza: montañas, árboles antiguos, manantiales. El padre de la familia actúa como sacerdote, realizando sacrificios animales y ofrendas a la deidad tribal y la mujer tiene un papel importante en estos rituales, pues es asociada con atributos como la fertilidad y la perpetuación del pueblo.
El éxodo y la revelación de Moisés
Alrededor del siglo XIV a.C., según la tradición bíblica, una hambruna azotó la tierra de Canaán, lo que obligó a muchas poblaciones a emigrar hacia Egipto en busca de alimentos. Los pueblos hebreos se asentaron en Egipto, donde trabajaron durante generaciones. Aunque la tradición bíblica describe este período como «cautiverio» y «esclavitud«, la evidencia histórica sugiere una situación más compleja: aunque trabajaban en proyectos de construcción faraónica, no eran esclavos en el sentido de ser posesión de los amos, pero su condición era definitivamente subordinada.
El cambio religioso fundamental en la historia judía ocurrió con el profeta Moisés, quien probablemente vivió en el siglo XIII a.C., durante el reinado del faraón Ramsés II. Según la tradición bíblica, Moisés fue criado en la corte del faraón pero escapó al desierto de Madián, donde trabajaba como pastor. Allí fue llamado por Dios a través de una zarza que ardía sin consumirse. El Dios que se le reveló a Moisés no era el dios tribal de sus antepasados sino una deidad con un nombre específico: Yahvé. Este nombre, compuesto por las consonantes hebreas YHWH, fue considerado tan sagrado que la tradición judía posterior prohibió su pronunciación, sustituyéndolo por términos como Adonay (Señor) o Elohim (Dios).
La importancia de Moisés es difícil de exagerar. Fue el líder militar que organizó la salida de Egipto, conocida como el Éxodo, fue también el receptor de la Torá, la Ley divina, supuestamente revelada por Dios en el monte Sinaí, fue el profeta que estableció la alianza colectiva entre Dios y el pueblo hebreo y fue el organizador religioso que estableció el sistema de sacrificios y el Tabernáculo (una tienda sagrada portátil que servía como santuario durante la travesía por el desierto).


El Éxodo fue transformador no solamente militarmente sino también teológicamente. Mientras que la alianza de Abraham fue personal y privada, la alianza de Moisés fue colectiva. Dios se comprometía a liberar al pueblo hebreo de la esclavitud y a conducirlo a la tierra prometida de Canaán. A cambio, el pueblo se comprometía a obedecer la Ley divina. Esta alianza fue registrada en forma de los Diez Mandamientos (el Decálogo), las normas fundamentales de conducta que formaban el núcleo de la religión judía.
El monoteísmo alcanzado bajo Moisés no fue todavía completamente exclusivista. El primer mandamiento reconoce la existencia de otros dioses («No tendrás otros dioses delante de mí») pero prohíbe su culto. Yahvé es presentado como un Dios celoso que exige lealtad exclusiva. Además, la revelación mosáica prohíbe la creación de imágenes talladas de la divinidad, pues Yahvé es un Dios trascendente que no puede ser representado materialmente.
La conquista de Palestina y las doce tribus
Después del Éxodo, el pueblo hebreo pasó aproximadamente 40 años en el desierto según la tradición bíblica, aunque la duración real probablemente fue más breve. Durante este tiempo, Moisés murió y fue sucedido por Josué, quien lideró la conquista de Palestina. Esta conquista no fue un evento militar único sino un proceso gradual de ocupación territorial que probablemente tomó varias generaciones.
Los arqueólogos debaten si la conquista fue principalmente militar o si fue más bien una infiltración gradual seguida de síntesis con la población cananea local. La evidencia sugiere que la realidad fue más compleja que el relato bíblico simplificado: las doce tribus se asentaron gradualmente en diferentes regiones de Palestina, frecuentemente coexistiendo y mezclándose con la población cananea preexistente.
Tras la conquista inicial, el territorio fue dividido entre las doce tribus y cada una recibió su propia región geográfica. La tribu de Leví, que había sido designada como los guardianes del Tabernáculo y los custodios de la Torá, no recibió territorio sino que fue distribuida entre las otras tribus para servir funciones religiosas. Esta estructura tribal fue la forma de organización política durante los aproximadamente dos siglos siguientes, conocidos como el período de los Jueces.
Durante el período de los Jueces (aproximadamente 1200-1000 a.C.), Israel no tenía un gobierno centralizado, sino que cada tribu era gobernada por un líder local llamado «juez», aunque el término es engañoso pues estos líderes combinaban funciones religiosas, militares y administrativas. Los jueces eran figuras carismáticas que emergían en tiempos de crisis, supuestamente llamadas por Dios para salvar al pueblo de amenazas externas o internas. Figuras como Gedeón, Sansón y Débora son recordadas en la tradición como jueces de especial importancia.
Sin embargo, durante este período la religión de Israel fue influida significativamente por las religiones de los pueblos cananeos circundantes. Los cananeos tenían un panteón bien desarrollado encabezado por el dios El y la diosa Astarté. Las prácticas religiosas cananeas, particularmente los sacrificios de animales en altares rústicos y las celebraciones estacionales vinculadas a la agricultura, fueron adoptadas gradualmente por los israelitas. Esta síntesis religiosa se conoce como sincretismo y fue objeto de crítica constante de los profetas posteriores que denunciaban la desviación del monoteísmo puro.


La época monárquica y el Primer Templo: centralización política y religiosa (ca. 1000-560 a.C.)
El reinado de David y la unificación
Alrededor del año 1000 a.C., la estructura tribal descentralizada de Israel dio lugar a un gobierno monárquico centralizado. Las razones fueron múltiples: la necesidad de defensa unificada contra enemigos externos (particularmente los filisteos, un pueblo del Mediterráneo que se había asentado en las costas de Palestina), la desventaja militar de una estructura descentralizada y probablemente la influencia de modelos políticos vecinos.
El primer rey fue Saúl, de la tribu de Benjamín, quien según la tradición bíblica fue ungido por el profeta Samuel. Sin embargo, su reinado fue breve y problemático, marcado por conflictos tanto externos como internos. Fue sucedido por David, quien probablemente vivió entre 1000 y 970 a.C.
David es una de las figuras más importantes en la historia judía, aunque su historicidad ha sido objeto de debate académico. La evidencia arqueológica más clara es una inscripción encontrada en Tel Dan que menciona la «casa de David», confirmando que una dinastía con este nombre gobernó Israel alrededor del siglo IX a.C., pero muchos de los detalles dramáticos de la vida de David presentes en la Biblia (su victoria sobre el gigante Goliat con una honda, sus hazañas militares, sus conflictos personales) probablemente contienen elementos legendarios mezclados con hechos históricos.
Lo que es históricamente seguro es que David fue un líder militar capaz que unificó las tribus de Israel bajo un gobierno centralizado. Logró derrotar a los filisteos, eliminando la amenaza más peligrosa para la supervivencia de Israel y estableció una capital en la ciudad de Jerusalén, que anteriormente había sido controlada por los jebuseos. Esta elección de capital fue importante pues Jerusalén era una ciudad neutral que no pertenecía a ninguna tribu en particular, lo que facilitaba su aceptación por todas las tribus como centro político común.
David también centralizó la religión. Trasladó el Arca de la Alianza (la caja sagrada que supuestamente contenía las Tablas de la Ley) de la ciudad de Silo a Jerusalén, construyó una tienda sagrada (Tabernáculo) para albergar el Arca en Jerusalén y proyectó la construcción de un templo permanente, aunque esta tarea fue realizada por su hijo Salomón.
La unificación bajo David no fue pacífica ni permanente. Hubo rebeliones de pueblos cananeos locales que no querían ser absorbidos en el Estado israelita. Hubo también conflictos dentro de la corte de David, incluyendo una rebelión dirigida por su propio hijo Absalón. Además, David enfrentó la crítica de profetas que cuestionaban si la institución de la monarquía era compatible con la teología de Israel, donde supuestamente Dios era el único rey legítimo.


A pesar de estos conflictos, el reinado de David es recordado en la tradición judía como una edad de oro. David fue considerado el «dulce cantor de Israel», asociado con la composición de salmos que formaron parte central de la liturgia judía posterior. Su descendencia fue considerada elegida por Dios y la promesa divina de una dinastía perpetua de David fue central en las esperanzas mesiánicas posteriores.
Salomón y la construcción del Templo
El hijo de David, Salomón, sucedió a su padre alrededor del año 970 a.C. Su reinado duró aproximadamente 40 años y es presentado en la tradición bíblica como un período de gran esplendor, paz y prosperidad. Aunque los historiadores modernos cuestionan algunos de los detalles más grandiosos (como las cifras de riqueza y el tamaño del imperio), está claro que Salomón fue un líder administrativamente capaz que consolidó los logros militares de su padre.
Salomón es más conocido por dos logros principales: la construcción del Primer Templo de Jerusalén y la acumulación de riqueza extraordinaria. El Templo fue construido en el monte Moriah, el lugar donde según la tradición Abraham había sido ordenado a sacrificar a Isaac. El Templo fue diseñado según modelos arquitectónicos fenicios (Salomón contrató constructores fenicios) pero adaptados al monoteísmo israelita. El edificio albergaba el Arca de la Alianza en su santuario más interior, llamado el Santo de los Santos, donde solo el sumo sacerdote podía entrar una vez al año.








La construcción del Templo fue transformadora para la religión judía. Mientras que anteriormente la religión era practicada en múltiples santuarios locales distribuidos por el territorio, el Templo de Jerusalén se convirtió en el único santuario oficial autorizado. Esto centralizó no solamente la religión sino también el poder político, pues el rey y el sumo sacerdote se convirtieron en figuras inseparables. La riqueza de los sacrificios realizados en el Templo fluía hacia sus funcionarios y hacia las arcas reales.
La riqueza de Salomón provenía de varias fuentes. El comercio fue importante: Salomón controlaba rutas comerciales estratégicas entre Egipto, Arabia y Mesopotamia y de ahí acumuló oro y plata, especias y maderas preciosas. Desarrolló la industria metalúrgica en su territorio y estableció alianzas dinásticas mediante matrimonios, incluyendo un matrimonio con la hija del faraón de Egipto. La leyenda de sus minas de oro en Ofir (probablemente en Arabia o el Cuerno de África) capturó la imaginación de generaciones posteriores.
Sin embargo, los últimos años del reinado de Salomón fueron problemáticos. Su construcción del Templo y de su propio palacio requirió trabajo forzado masivo, lo que generó descontento popular. Se casó con mujeres extranjeras (el texto bíblico menciona 700 esposas y 300 concubinas, aunque estos números probablemente son exagerados) y permitió que practicaran sus propias religiones, incluyendo la veneración de dioses extranjeros. Los profetas críticos interpretaron esto como una violación del primer mandamiento. Los últimos años de su reinado vieron distanciamiento del pueblo y crítica profética que auguraba la caída del reino.
División del reino y declive
A la muerte de Salomón alrededor del año 931 a.C., su reino se dividió, fragmentándose en dos reinos: el Reino de Judá en el sur, con capital en Jerusalén y gobernado por los descendientes de David y el Reino de Israel en el norte, con capital en Samaría y gobernado por una serie de dinastías rivales. Esta división fue fatídica.
Durante los siguientes dos siglos, los reinos de Judá e Israel tuvieron historias divergentes. El Reino de Israel del norte fue más grande y rico territorialmente, pero también más inestable políticamente, experimentando múltiples golpes de estado y cambios de dinastía. El Reino de Judá del sur fue más pequeño pero, al contener Jerusalén y el Templo, mantuvo una cohesión religiosa más fuerte.
Durante este período de reinos divididos, la religión israelita continuó siendo influida por las religiones cananeas circundantes y por las potencias imperiales que ejercían dominio, los asirios en el norte y los egipcios a veces en el sur. Hubo momentos en que el sincretismo religioso se profundizó, con reyes que promovieron la adoración de dioses extranjeros, los cuales fueron acompañados por la actividad profética intensa, con figuras como Elías y Eliseo denunciando la desviación religiosa y llamando al pueblo a retornar al monoteísmo puro.
En el año 721 a.C., el Reino de Israel del norte fue conquistado por el Imperio Asirio bajo el rey Sargón II. La mayoría de la población fue deportada a Mesopotamia, y poblaciones asirias fueron asentadas en el territorio. Este evento marcó el fin del Reino de Israel del norte y el comienzo de la diáspora judía. Los diez «pueblos perdidos de Israel» (así llamados porque desaparecieron de la historia registrada) se refieren a las diez tribus del norte que fueron deportadas. El Reino de Judá del sur sobrevivió durante aproximadamente 135 años más.
El final del Reino de Judá llegó en el 586 a.C., cuando el imperio babilónico con Nabucodonosor II conquistó Jerusalén después de un asedio prolongado. El Primer Templo fue destruido, sus ornamentos fueron saqueados, y la élite de la población fue deportada a Babilonia. Este evento fue catastrófico para la conciencia judía y marcó el punto de inflexión más importante en la historia religiosa del pueblo.
El destierro en Babilonia y la época del Segundo Templo: transformación religiosa (ca. 560 a.C. – 71 d.C.)
El cautiverio babilónico y sus consecuencias religiosas
La deportación a Babilonia fue probablemente el evento más transformador en la historia del judaísmo. Cuando el Primer Templo fue destruido, la infraestructura religiosa del pueblo fue desmantelada: ya no había templo donde hacer sacrificios, no había un reino independiente y no había una tierra prometida bajo control judío. Los judíos exiliados en Babilonia enfrentaban una pregunta fundamental: ¿cómo podía el pueblo judío mantener su identidad religiosa y cultural sin templo, sin reino, sin tierra?
La respuesta fue revolucionaria: el judaísmo se transformó de una religión centrada en el templo y en la tierra en una religión centrada en la Ley (Torá). Los escribas y maestros religiosos comenzaron a estudiar, interpretar y enseñar la Torá de manera sistemática. La Torá misma se convirtió en un substituto para el templo: era el objeto sagrado alrededor del cual se reunía la comunidad judía. La sinagoga (palabra que significa «reunión») emergió como la institución religiosa central, reemplazando el templo como lugar de encuentro comunitario.
Durante el exilio babilónico, que duró aproximadamente 50 años, la literatura judía fue transformada. Los escribas recopilaron, editaron y finalizaron los textos que se convertirían en las escrituras sagradas del judaísmo. Se compiló el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia), se registraron las historias de Israel en lo que se convertiría el libro de Reyes y se recopilaron las palabras de los profetas anteriores. Este proceso de canonización fue crucial pues creó un corpus de textos sagrados que eran transportables, que no dependían de un templo específico o de una tierra específica.


La experiencia del exilio también transformó la teología judía. Muchos judíos experimentaron un profundo desengaño: ¿cómo había permitido Dios la destrucción del templo? ¿Había sido abandonado el pueblo elegido? En respuesta, los profetas del exilio (particularmente el profeta cuyo trabajo se registra en la segunda mitad del libro de Isaías) reinterpretaron el significado del sufrimiento. El castigo de Dios al pueblo era temporal y después del sufrimiento vendría la restauración. El exilio era un período de purificación, no de abandono permanente. Esta teología del sufrimiento como purificación y preludio a la restauración se convirtió en un tema central en el judaísmo posterior.
El retorno y la reconstrucción del Segundo Templo
El imperio babilónico no duró mucho después del exilio judío. En el 538 a.C., el emperador persa Ciro II el Grande conquistó Babilonia. A diferencia de los asirios y babilonios que practicaban deportación y asimilación forzada, los persas permitían que los pueblos conquistados regresaran a sus tierras y practicaran sus propias religiones. Ciro II emitió un decreto permitiendo que los judíos retornaran a Palestina y reconstruyeran su templo.
El retorno fue gradual y no fue un evento único. Algunos judíos regresaron inmediatamente, otros lo hicieron décadas después y muchos nunca regresaron, prefiriendo las comunidades que habían establecido en Babilonia y otras ciudades. Los que regresaron encontraron un territorio devastado, con la ciudad de Jerusalén en ruinas. La reconstrucción fue lenta y difícil, enfrentando oposición de poblaciones locales que se habían asentado en el territorio durante el exilio.
La reconstrucción del Segundo Templo duró varias décadas. El trabajo en el templo se inició alrededor del 538 a.C. pero fue interrumpido repetidamente por oposición local y por el agotamiento de los recursos. El templo fue finalmente completado alrededor del 516 a.C., bajo el liderazgo del gobernador Zorobabel. El Segundo Templo fue menos magnífico que el Primero, según los textos antiguos, pero cumplió su función como centro de la vida religiosa judía.
Durante el período persa (538-333 a.C.), la comunidad judía de Palestina fue reorganizada bajo un sistema teológico donde el sumo sacerdote era la figura política más importante. El Imperio Persa delegaba la administración local en líderes religiosos, lo que otorgaba poder político al clero judío. Esta período es conocido como la teocracia (literalmente, gobierno de Dios), aunque en realidad fue un gobierno de sacerdotes bajo la supervisión persa.
Durante esta época teológica importante ocurrió la finalización de los escritos sagrados judíos. El Pentateuco fue probablemente compilado en su forma final. La Ley se convirtió en el fundamento de toda la vida comunitaria. El retorno simbólico del sacerdote Esdras con una copia de la Ley marca el punto de consolidación de la religión basada en textos escritos.
Período helenístico y resistencia religiosa


La estabilidad del período persa terminó en 333 a.C., cuando Alejandro Magno conquistó el Imperio Persa. Tras la muerte de Alejandro, su imperio se dividió entre sus generales, los diádocos. Palestina inicialmente fue gobernada por los Ptolomeos (dinastía macedónica de Egipto) y luego pasó a los Seléucidas, dinastía macedónica de Siria fundada por Seleuco I Nicátor alrededor del 200 a.C.
La dominación griega del periodo helenístico transformó la cultura del Mediterráneo oriental, incluyendo a la comunidad judía. El idioma griego se convirtió en la lengua común de comunicación, al igual que las ideas griegas sobre filosofía, ciencia y arte penetraron en la cultura judía. Muchos judíos adoptaron costumbres griegas, nombres griegos y escuelas de pensamiento griegas en una helenización gradual y en su mayoría pacífica durante los primeros siglos.
Sin embargo, bajo el rey seléucida Antíoco IV (quien reinó 175-164 a.C.), la política hacia el judaísmo se volvió deliberadamente represiva. Antíoco intentó imponer el culto al dios griego Zeus en el Templo de Jerusalén. Prohibió las prácticas judías fundamentales como la circuncisión y la observancia del Sabbat, persiguió activamente a los judíos que resistieron estas políticas y profanó el Templo, sacrificando un cerdo (animal impuro según la ley judía) sobre el altar.
Esta represión desencadenó una rebelión armada dirigida por una familia sacerdotal llamada los Macabeos (también conocidos como los Asmoneos). Bajo el liderazgo de Judas Macabeo, los judíos rebeldes derrotaron al ejército seléucida, contra todas las probabilidades. Recuperaron Jerusalén, purificaron el Templo (celebrado en la festividad de Jánuca, que conmemora este evento) y establecieron un Estado judío independiente nuevamente.
La dinastía macabea gobernó Judea durante aproximadamente un siglo. Sin embargo, como ocurre frecuentemente con los regímenes revolucionarios, los Macabeos se volvieron cada vez más helenizados y autocráticos y las tensiones internas llevaron a una guerra civil que provocó la intervención de Roma.
El período romano y la evolución religiosa
En el año 63 a.C., el general romano Pompeyo conquistó Judea. A diferencia de los anteriores conquistadores que permitieron una medida de autonomía local, Roma ejerció un control más directo. Palestina se convirtió en una provincia romana, aunque se permitió un grado de auto-gobierno bajo el Sanedrín (consejo judío) presidido por el sumo sacerdote.
El rey Herodes I el Grande (37-4 a.C.) fue designado por Roma para gobernar Judea quien, aunque era de ascendencia parcialmente judía, fue impuesto por los romanos. El reinado de Herodes fue caracterizado por represión brutal de oponentes, pero también por sus ambiciones arquitectónicas, incluyendo la reconstrucción y expansión del Segundo Templo.
Durante el período romano, la religión judía experimentó divisiones internas profundas. Las diferentes respuestas a la dominación romana y a los cambios teológicos generaron múltiples sectas dentro del judaísmo:
Los saduceos eran la élite aristocrática y sacerdotal que colaboraba con los romanos. Aceptaban solamente la Torá escrita como autoridad religiosa y rechazaban creencias más recientes como la resurrección de los muertos. Controlaban el Templo y el Sanedrín.
Los fariseos eran la mayoría popular que enfatizaba la Torá oral (interpretaciones y tradiciones legales) además de la Torá escrita. Creían en la resurrección de los muertos y en la venidera del Mesías. Tras la destrucción del Templo, el fariseísmo se convirtió en la forma dominante de judaísmo.
Los zelotas eran guerreros que buscaban la liberación violenta de la dominación romana. Creían que Dios intervendría para enviar un mesías guerrero que liberaría a Israel. El creciente movimiento zelota finalmente desencadenó una rebelión contra Roma.
Los esenios eran una secta ascética que vivía en comunidades separadas, como la comunidad de Qumrán cerca del Mar Muerto. Creían que se aproximaba el final de los tiempos y practicaban una vida extremadamente disciplinada en preparación para la batalla escatológica final.
La tensión política se intensificó durante el siglo I d.C. El aumento de la presión fiscal romana, la corrupción de la élite local y la falta de perspectiva en la situación política desembocó en una revuelta contra Roma. En el año 66 d.C., estallaron las hostilidades abiertas.
La Primera Guerra Judeo-Romana (66-73 d.C.) fue desastrosa para los judíos. Aunque inicialmente tuvieron éxito contra las fuerzas romanas locales, Roma envió una fuerza expedicionaria masiva bajo el mando del general (y futuro emperador) Tito. Tras un asedio prolongado y brutal, los romanos conquistaron Jerusalén en el año 70 d.C. y el Segundo Templo fue destruido. Meses después, la fortaleza judía final de Masada cayó. El conflicto causó cientos de miles de muertes y la destrucción masiva de infraestructura.


La destrucción del Segundo Templo fue transformadora para el judaísmo por segunda vez. Con la desaparición del Templo, el sistema de sacrificios rituales se convirtió en imposible. Sin embargo, a diferencia de la destrucción del Primer Templo, esta vez los judíos estaban mejor preparados intelectualmente. Durante el siglo anterior, los maestros fariseos habían estado desarrollando una forma de judaísmo basada en la oración y el estudio de la Ley en lugar de los sacrificios del Templo. Esta forma de judaísmo se convirtió en la base del judaísmo rabínico moderno que ha perdurado hasta el presente.
Tabla cronológica de momentos clave en la historia antigua del judaísmo
| Período | Fechas aproximadas | Eventos principales | Figuras clave |
|---|---|---|---|
| Patriarcas | 2000-1800 a.C. | Abraham, Isaac, Jacob; monolatría familiar | Abraham, Isaac, Jacob |
| Éxodo | 1300-1200 a.C. | Salida de Egipto; revelación de Yahvé; Torá | Moisés |
| Conquista | 1200-1000 a.C. | Ocupación de Palestina; 12 tribus; período de los Jueces | Josué, Débora, Sansón |
| Monarquía unificada | 1000-931 a.C. | David funda dinastía; Salomón construye Primer Templo | David, Salomón |
| Reinos divididos | 931-721 a.C. | División en Israel y Judá; profetas críticos | Elías, Eliseo, Amós |
| Caída del norte | 721 a.C. | Conquista asiria; deportación de Israel | Sargón II |
| Caída del sur | 586 a.C. | Conquista babilónica; destrucción del Primer Templo | Nabucodonosor II, Jeremías |
| Exilio | 586-538 a.C. | Destierro en Babilonia; compilación de textos sagrados | Escribas, profetas exílicos |
| Retorno | 538-516 a.C. | Edicto de Ciro; retorno y reconstrucción | Zorobabel, Esdras |
| Período persa | 538-333 a.C. | Teocracia; finalización de escritos sagrados | Sacerdotes, escribas |
| Período helenístico | 333-164 a.C. | Conquista de Alejandro; helenización; Antíoco IV | Judas Macabeo |
| Período macabeo | 164-63 a.C. | Independencia judía; dinastía asmonea | Judas, Jonathan, Simón |
| Período romano temprano | 63 a.C. – 66 d.C. | Provincia romana; Herodes el Grande; tensión creciente | Herodes, Sanedrín |
| Primera Guerra Judeo-Romana | 66-73 d.C. | Rebelión contra Roma; destrucción del Segundo Templo | Tito, líderes zelotas |
La evolución de las creencias religiosas: de la monolatría al monoteísmo exclusivo
Durante el largo período cubierto en esta historia, las creencias fundamentales del pueblo judío evolucionaron profundamente. Este cambio no fue lineal ni uniforme, sino un proceso de desarrollo gradual que fue acelerado por momentos de crisis.
Durante la época de los patriarcas, el pueblo hebreo practicaba monolatría familiar. Cada familia tenía su propio dios protector tribal, frecuentemente asociado con El, la deidad suprema del panteón cananeo. El padre de la familia actuaba como sacerdote, realizando rituales privados en santuarios locales al aire libre.
La revelación de Moisés introdujo un cambio crucial: Yahvé fue presentado como una deidad con un nombre específico, una deidad que se había revelado personalmente a Moisés y que había realizado acciones en la historia (liberación de Egipto). Aunque el monoteísmo puro no fue alcanzado inmediatamente, la adoración de Yahvé se convirtió en el culto central. El primer mandamiento reconoce la existencia de otros dioses pero prohíbe su culto.
Durante la época monárquica, particularmente bajo David y Salomón, el monoteísmo se fortaleció. El Templo de Jerusalén se convirtió en el único santuario autorizado. La liturgia se centralizó. Sin embargo, el sincretismo persiguió. Las prácticas cananeas fueron incorporadas a la religión israelita. Los profetas del período (Elías, Eliseo) tuvieron que combatir constantemente la adoración de Baal y otras deidades cananeas.
Tras el cautiverio en Babilonia, el monoteísmo se convirtió en excluyente. Durante el exilio, el pueblo judío fue introducido al dualismo zoroástrico persa (la idea de una batalla cósmica entre el bien y el mal, entre Dios y Satán, dando origen al diablo). Aunque el judaísmo nunca adoptó completamente el dualismo, algunos de sus elementos fueron integrados. La creencia en ángeles y demonios se desarrolló, la idea de la resurrección de los muertos (ausente en la Torá primitiva) fue adoptada y se desarrlloó la escatología (las creencias sobre el fin de los tiempos).
Para el período del Segundo Templo, el judaísmo era completamente monoteísta en su teología oficial. Había un solo Dios verdadero, Yahvé. Todo lo demás que existía (ángeles, demonios, seres humanos) era creación de este Dios único. Esta teología fue profundamente diferente de la politeología de los pueblos circundantes y se convirtió en una de las contribuciones más importantes de la religión judía a la historia intelectual humana.
Las instituciones religiosas: del sacrificio al estudio de la Ley
La forma en que el pueblo judío practicaba su religión también cambió radicalmente a lo largo de esta historia.
En la época premonárquica, la práctica religiosa consistía principalmente en sacrificios animales realizados por el padre de la familia en altares al aire libre. No había un sistema sacerdotal formal. No había templos construidos. La religión era principalmente privada y familiar.
Con la construcción del Primer Templo bajo Salomón, se instituyó un sacerdocio formal. El Templo se convirtió en el centro de la vida religiosa judía. Los sacrificios se realizaban bajo el supervision del sumo sacerdote y su asistentes. Las festividades religiosas se celebraban en el Templo. Una estructura jerárquica clerical se desarrolló.
Tras la destrucción del Primer Templo y durante el exilio en Babilonia, las prácticas basadas en sacrificios se hicieron imposibles. En su lugar, la Ley (Torá) se convirtió en el centro de la práctica religiosa. El estudio, memorización e interpretación de la Torá se convirtieron en la práctica religiosa central. La sinagoga, una institución para el estudio y la oración comunitaria, reemplazó el Templo como centro de la vida comunitaria.
Aunque el Segundo Templo fue reconstruido y el sistema sacrificial fue restablecido, la importancia relativa del estudio de la Ley continuó creciendo. Para el período romano, existe evidencia de que la sinagoga era casi tan importante como el Templo en la vida religiosa judía.
Tras la destrucción del Segundo Templo en el 70 d.C., sin la posibilidad de sacrificios, la Ley y la sinagoga se convirtieron en completamente centrales. Los maestros fariseos, que sobrevivieron a la guerra porque enfatizaban el estudio de la Ley sobre el Templo, se convirtieron en los líderes del judaísmo reconstruido. Su énfasis en la Ley oral (interpretaciones legales y tradiciones) proporcionó la base para el desarrollo del Talmud y el judaísmo rabínico medieval y moderno.
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- Primer Templo de Jerusalén: institución religiosa central de la época monárquica
- Segundo Templo de Jerusalén: reconstrucción y funciones religiosas
Fuentes y bibliografía
Fuentes antiguas
- Flavio Josefo. Antigüedades de los Judíos.
- Biblia hebrea / Tanakh.
Estudios académicos modernos
- Bright, John. A History of Israel. 4ª edición. Westminster John Knox Press, 2000.
- Finkelstein, Israel y Silberman, Neil Asher. The Bible Unearthed: Archaeology’s New Vision of Ancient Israel and the Origin of Sacred Texts. Free Press, 2001.
- Miller, J. Maxwell y Hayes, John H. A History of Ancient Israel and Judah. 2ª edición. Westminster John Knox Press, 2006.
Estudios sobre religión judía antigua
- Shanks, Hershel (editor). Ancient Israel: A Short History from Abraham to the Roman Destruction of the Temple. Prentice Hall Press, 1988.
- Tcherikover, Victor. Hellenistic Civilization and the Jews. Dover Publications, 2003.
Referencias de arqueología
- Mazar, Amihai. Archaeology of the Land of the Bible: 10,000-586 B.C.E. Doubleday, 1990.
Preguntas frecuentes sobre el judaísmo
¿Qué significa la palabra «Yahvé»?
Yahvé es el nombre de Dios en la religión judía antigua, compuesto por las consonantes hebreas YHWH. Su pronunciación exacta se ha perdido, pues la tradición judía posterior prohibió su pronunciación como un acto de reverencia. El nombre probablemente derivaba de un verbo hebreo que significa «ser» o «existir», sugiriendo que Dios es la existencia fundamental. En los textos bíblicos traducidos al inglés o al español, Yahvé es frecuentemente traducido como «el Señor» o «Dios».
¿Cuál es la diferencia entre el monoteísmo y la monolatría?
La monolatría es la adoración de un solo dios dentro de un contexto donde otros dioses son reconocidos como existentes. La familia hebreo-antiguos adoraban a su dios tribal protetor pero reconocían la existencia de otros dioses adorados por otros pueblos. El monoteísmo es la creencia de que solo existe un único Dios verdadero. Aunque el proceso de transformación fue gradual, por la época del exilio en Babilonia, el judaísmo se había convertido en completamente monoteísta.
¿Fue la división del reino de Salomón inevitable?
Los historiadores debaten si la división fue inevitable o si fue resultado de decisiones políticas específicas. La división parece haber sido precipitada por el intento del hijo de Salomón de aumentar la carga tributaria sobre el norte. Sin embargo, las divisiones territoriales y étnicas preexistentes entre norte y sur probablemente facilitaron la división. Una vez divididos, los dos reinos se volvieron rivalidades naturales, haciendo difícil la reunificación.
¿Qué sucedió con las diez tribus perdidas del norte?
Cuando el Reino de Israel del norte fue conquistado por Asiria en 721 a.C., la mayoría de la población fue deportada. A diferencia de los judíos del sur que mantuvieron su identidad religiosa y cultural durante el exilio en Babilonia, los deportados del norte se asimilaron gradualmente a las poblaciones asirias. Probablemente se mezclaron con poblaciones locales y adoptaron nuevas identidades. La idea de las «diez tribus perdidas» ha capturado la imaginación durante miles de años, con especulaciones sobre si llegaron a través de Asia Central, cruzaron el océano hacia América, o se asentaron en regiones remotas. Sin embargo, la realidad probablemente fue más mundana: se asimilaron a las poblaciones locales y desaparecieron como grupo étnico identificable.
¿Fue el cautiverio en Babilonia realmente tan catastrófico como se describe?
El evento fue ciertamente traumático para la élite política y sacerdotal que fue deportada. Sin embargo, la mayoría de la población judía probablemente permaneció en Palestina bajo control babilónico. El exilio afectó principalmente a la élite. Para esta élite, sin embargo, fue profundamente transformador. Sin embargo, el cautiverio fue también religiosamente transformador de manera positiva. Fue durante el exilio que se compilaron los textos sagrados, que se desarrolló la forma portátil de judaísmo basada en la Ley que permitiría la supervivencia judía durante milenios de diáspora.
¿Cuán fiable es el relato bíblico de esta historia?
El relato bíblico combina hechos históricos reales con materiales legendarios, míticos y teológicos. Los historiadores modernos distinguen cuidadosamente entre lo que es probablemente histórico y lo que es probablemente legendario. Por ejemplo, la existencia de David como figura histórica es confirmada por la inscripción de Tel Dan, pero muchos de los detalles de su vida en la Biblia contienen elementos legendarios. El Éxodo probablemente representa una reminiscencia de algún evento histórico real (quizás la expulsión de los Hicsos de Egipto, quizás una rebelión de trabajadores), pero los detalles dramáticos de las plagas y la separación del Mar Rojo son probablemente elaboraciones teológicas. Los arqueólogos continúan descubriendo nueva evidencia que ayuda a aclarar qué partes del relato bíblico son histórica y qué partes son legendarias.
¿Cómo el judaísmo antiguo influyó en el cristianismo e islam?
El cristianismo emergió del judaísmo del siglo I. Jesús fue judío que enseñaba a otros judíos. El cristianismo primitivo consistía principalmente de judíos que creían que Jesús era el Mesías prometido. Aunque el cristianismo eventualmente se separó del judaísmo, sus escrituras sagradas (lo que los cristianos llaman el Antiguo Testamento) son los textos sagrados judíos. El islam, que emergió en el siglo VII, también tiene profundas raíces en la tradición judía. El Corán hace referencia a muchas figuras bíblicas judías. Muhammad es retratado como un profeta en la línea de los profetas judíos. Aunque el islam y el judaísmo se han desarrollado de formas muy diferentes, comparten creencias fundamentales en monoteísmo, en profetas, en una Ley divina revelada, y en Jerusalem como ciudad santa.













