La importancia de los gatos en la cultura egipcia

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Los gatos ocupaban un lugar de gran importancia en el Antiguo Egipto. Crédito: Pixabay

Según Diego Pérez de Guiademascotas, hay diferentes investigaciones en las que se destaca el peculiar comportamiento de los felinos al compararlo con el de otros animales domésticos.

El experto afirma que existe un factor diferencial entre, por ejemplo, los perros y los gatos: “Un perro siempre cambia su comportamiento al interactuar con una persona. En cambio, los gatos no modifican su actitud en absoluto. Es decir, los felinos levantan la cola, se frotan contra nuestras piernas y se sientan a nuestro lado. Exactamente lo mismo que hacen con otros gatos. Eso los convierte en mascotas bastante peculiares”, manifiesta.

Probablemente, esta actitud desafiante fue lo que los convirtió en una de las especies más adoradas en el Antiguo Egipto. Y es que, la población de esta época les atribuía una serie de significados divinos. Asimismo, eran venerados ya que fueron considerados la reencarnación de la diosa Bastet.

Aunque en el Antiguo Egipto siempre trataron de domesticar a los animales, el caso de los gatos era especial, ya que tenían un lugar importante en los hogares egipcios por todo lo que representaban. Hasta el momento, se ha reconocido dos especies de felinos más populares durante la época.

El primero es el gato salvaje. Esta especie es la que más se ha extendido alrededor del mundo, se lo puede encontrar en todas partes a excepción de la selva tropical y el Sahara, debido a su clima.

El referido felino pesa entre 3 a 7 kg y puede llegar a crecer hasta 75 cm. Es mayormente nocturno y durante el día suele protegerse del calor en árboles o espacios cerrados. Esta especie era una de las favoritas entre los pobladores.

Asimismo, otra raza identificada en el antiguo Egipto fue el gato de los pantanos, el cual como su mismo nombre lo indica, vive en zonas húmedas. Es además de mayor tamaño que un gato salvaje pero tiene las patas cortas y pesa hasta 15 kg.

Cabe resaltar que en la antigüedad nunca permitían la obesidad en los gatos, pues cuidaban mucho también su alimentación. Al ser considerado una divinidad, la familia entera sufría si este enfermaba. Más aún, si el felino llegaba a fallecer, todos los miembros de la familia se afeitaban las cejas. Esto representaba el luto por el que estaban pasando.

Las familias adineradas tenían la costumbre de momificar a sus gatos cuando estos fallecían. La adoración que recibían los felinos era tal que en caso ocurriera un incendio, las personas se ubicaban alrededor del fuego para evitar que alguno de estos animales salte hacia las llamas.

Lo peor pasaba si algún egipcio llegaba a matar a un gato. No importaba si era de casualidad o a propósito, el desafortunado recibía la pena máxima, es decir, era condenado a muerte. Incluso algunos antropólogos señalan que ni el propio faraón podía evitar que esto se cumpla.

Según hallazgos realizados en Egipto, en 1890 se halló un cementerio de gatos, el cual contenía más de 170 mil felinos enterrados. Muchos de ellos, habían sido momificados para asegurar su preservación.

La preservación por los gatos no quedaba ahí, pues en el antiguo Egipto también estaba prohibido llevar a los gatos fuera del país, ya sea por viaje o venta. No existía ninguna razón válida que permita a los pobladores llevarse al gato consigo.

Incluso se proclamó una ley haciendo referencia a esta prohibición. De todas formas, luego se llevaron a estos animales de forma ilegal y precisamente fue la manera en cómo los felinos empezaron a extenderse por Europa.

Al ser considerados también como divinidades, los egipcios tenían la creencia que el gato podía ver el interior del ser humano. De esta manera ellos confiaban a ciegas en la intuición o reacción de su mascota cuando observaban algún comportamiento diferente frente a la visita.

La palabra “gato”, por como se conoce ahora, no era la utilizada por los egipcios. Ellos, en su idioma, utilizaban la onomatopeya “miu” para referirse a los gatos machos y “miut” para las hembras.

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