Libro Gratis: El Cantar de Mio Cid

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Cantar de Mio Cid

Durante toda la Edad Media floreció en la poesía épica, un género conocido como el “cantar de gesta”. Este tipo de piezas cantaban las grandes hazañas de un héroe, adornándolas de tal modo que, su protagonista, se alejaba del común de mortales y se convertía, a menudo, en un símbolo de identidad nacional y en todo un modelo al que aspiraba asemejarse todo caballero.

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Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid

Los juglares y trovadores, eran quienes cantaban estas piezas épicas, ya fuere en los salones de los grandes señores que les daban cobijo y sustento a cambio de divertir a sus invitados, o bien en las plazas y mercados públicos, donde se congregaban las gentes del vulgo.

Los cantares de gesta o “chansons de geste” (como se las denominó en Francia) eran transmitidos únicamente por tradición oral, pues su registro escrito es de época más tardía. Esta es la razón, por la cual, se han perdido muchos de ellos con el transcurrir de los siglos.

El juglar, como profesional del divertimento, actuaba frente a públicos que, como hemos hecho mención, eran de muy variado tipo y nivel cultural. Así, los cantares, debían ser adaptados por el juglar para acomodarse a su auditorio.

En este punto, apreciamos el hecho de que todo cantar era fruto de la memorización de sus versos, pues se transmitían por medio de la tradición oral. Cada cantar podía contar con entre 3000 y 4000 versos, a lo que hay que sumar la tarea del juglar en la adaptación del poema a los distintos públicos y la remodelación de sus versos según las modas y tendencias imperantes.

Hoy en día existe una colección bastante limitada de cantares europeos, pese a que en su día fueron eminentemente prolíficos. En Francia, por ejemplo, nos encontramos con la mítica “Chanson de Roldan”; en Alemania, con el “Cantar de los Nibelungos”; en Rusia, el de “las huestes de Ígor” y en España, lugar en que éste género se cultivó de forma especial, tan sólo nos han llegado el de las “mocedades de Rodrigo”, algunos veros del “Cantar de Roncesvalles” y por supuesto, el que da nombre a este post, el “Cantar del Mío Cid”.

El Cantar de Mío Cid, se conserva en un manuscrito de la Biblioteca Nacional en Madrid copiado en el XIV, al que le faltan la hoja inicial y dos interiores. Este escrito no es original, sino que al parecer, es una copia de otro fechado en 1207 y firmado por Per Abat.

El Poema consta de 3.730 versos, agrupados en tiradas que mantienen una misma rima (los versos son monorrimos asonantados, con una extensión de entre 12 y 16 sílabas y divididos por cesura en dos mitades o hemistiquios). Las tiradas se agrupan en tres grandes partes o cantares que dividen el poema: Cantar del destierro, Cantar de las bodas y Cantar de la afrenta de Corpes.

El cantar del destierro, narra cómo El Cid, Rodrigo Díaz de Vivar, es desterrado por el rey Alfonso VI, cuando el noble exige al monarca que juramente que no mató a su hermano (hecho que la corte suponía pero que ninguno osó cuestionar). Con este acto de valor (transmitir sin tapujos esta duda a su rey) el Cid, se ve obligado a abandonar Castilla, dejando atrás a su mujer e hijas.

Al destierro con doce de los suyos, el Cid cabalga por territorio de moros, y entabla diversas batallas por Castejón, Alcocer, Calatayud, hasta llegar a Huesca, Zaragoza y Lérida. En estas escaramuzas hace preso al conde de Barcelona.

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“Las hijas del Cid”

En el cantar de las bodas: El Cid, aún en su destierro, conquista Valencia en nombre de su rey. Su mujer e hijas se reúnen con el héroe en sus nuevas tierras y los infantes de Carrión solicitan el casamiento con estas, para lo cual intercede el rey.

En la última parte del cantar, el de la afrenta de Corpes, los infantes de Carrión (tachados de pusilánimes y cobardes y objeto de burlas por parte de los hombres del Cid), deciden vengarse en las hijas del caballero castellano, a las que violan y abandonan en el robledal de Corpes. Ante esto El Cid pide justicia al rey, quien convoca unas cortes donde se restaura el honor afrentado. Las hijas de El Cid terminan casándose con los infantes de Navarra y Aragón (la afrenta no sólo es vengada sino que el honor es restaurado aspirando las hijas a un rango mucho mayor, emparentando el Cid con la realeza).

El Cantar del Mío Cid, destaca por encima de otros cantares europeos por su componente humano y de superación personal. Aunque es un cantar de gesta que tiende a la magnificación artificial del héroe, por medio de constantes recursos estilísticos como el del epíteto épico, el Cid no deja de ser un hombre. El caballero no lucha contra dragones, trolls, ni personajes mitificados, lucha contra hombres mortales, como él. Además, el Cid, se comporta en todo momento de una forma recta y justa, con independencia de ante quien se encuentre- Incluso osa enfrentarse y cuestionar a su rey, movido por el ideal de justicia, el Cid no se amilana.

El eje central del poema es el honor y la superación personal. El noble castellano, desterrado y despojado de su honor, recorre las tierras castellanas combatiendo y deshaciendo entuertos, siempre en nombre de su rey (del cual nunca reniega pese a su destierro). Es en ésta época donde se refleja la nobleza de espíritu del héroe.

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Cantar de Mio Cid

En una tierra conquistada por el enemigo musulmán, el Cid no distingue a los hombres nada más que por su persona, siendo justo y magnánimo con el enemigo, cuando éste se comporta de forma honrosa y honorable. Al mismo tiempo, castiga a los suyos, cuando estos son traidores y no se comportan conforme a las leyes de la caballería, la justicia o la cristiandad.

Las pruebas y dificultades a las que se ve sometido el caballero en su intento de reconquistar su honor no son pocas, pero la entereza y el justo obrar, le llevan no sólo a conseguir recuperarlo, sino a superar su estatus original, llegando a emparentar con la nobleza, el estatus más alto al que se podía aspirar. Ésta es la moraleja del poema, la superación personal y la recompensa por obrar de forma justa en todo momento.

Otro factor importante que distingue la historia de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid campeador, de las de otros héroes como Roldán, nos la encontramos en el momento de su muerte, cuando el Cid (un soldado de Dios, nacido para combatir) gana su última batalla después de muerto. No es que resucite o que se espere su regreso en el momento de máxima necesidad (como en la historia bretona del rey Arturo) sino que muerto (como mortal que es) es ensillado en su caballo y su mera visión (la estampa de su gloria) le concede la victoria, estando éste yerto.

Por todo lo mencionado, el Cantar del Mío Cid, es uno de los más importantes cantares de gesta europeos, por su métrica y composición, así como por los valores y el mensaje que transmite aquel noble castellano, que en buena hora nació…

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