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Nuevo estudio devela cómo era la vida de los escitas

Complejas redes comerciales hacían que algunos escitas viajaran, pero la población general se dedicaba a cultivar y pasaba gran parte de su vida en un mismo lugar, según un estudio.

Los antiguos guerreros nómadas de las estepas de Europa Oriental y Asia, los escitas, probablemente no eran tan nómadas ni tenían tanta movilidad como nos sugirieron los autores de la Antigua Grecia y Roma.

Esta idea, muy divulgada y adoptada por la literatura histórica moderna, ha persistido durante dos milenios y medio, pero ahora podría ser puesta en duda por las revelaciones de un nuevo estudio.

Un equipo de antropólogos y arqueólogos de Europa y EE.UU. se enfocó en la dieta y la movilidad de personas sepultadas en la época escita en tres lugares distintos de Ucrania. 

Analizaron concretamente la distribución de isótopos de cuatro elementos químicos en las muestras de esmalte dental y los huesos de decenas de esqueletos y los resultados apuntan a una estabilidad propia de la vida sedentaria.

Solo algunos de los individuos presentaban evidencias de una movilidad a larga distancia, probablemente relacionada con las importantes conexiones interregionales dentro del reino escita. 

Mientras tanto, la población general tenía bajos índices de movilidad y se solía mover en torno a asentamientos «urbanos» donde practicaba el «agro-pastoralismo» y «se dedicaba principalmente al cultivo del mijo».

«Si bien la movilidad a larga distancia aumentó durante la época escita en comparación con los períodos anteriores, esta se limitaba a un pequeño porcentaje de personas», afirma la antropóloga Alicia Ventresca Miller, profesora asistente en la Universidad de Míchigan y autora principal del estudio. 

Su equipo se alejó de los estereotipos asumidos de la migración y el nomadismo en este antiguo pueblo y propuso en su lugar unas «ideas dinámicas y contextualizadas sobre lo que significa ser ‘escita'».

«Los escitas fueron predecesores de la incipiente globalización»

Las conclusiones del equipo se fundamentan en un análisis estadístico de las concentraciones de isótopos de estroncio, oxígeno, carbono y nitrógeno en restos humanos extraídos de sitios funerarios escitas ubicados a cientos de kilómetros uno del otro: Belsk, Mamái-Gorá y Medvin (en las actuales provincias ucranianas de Poltava, Zaporozhye y Kiev, respectivamente).

Cada ubicación geográfica deja una signatura isotópica diferente, tanto en los dientes como en los huesos, lo mismo que la dieta básica que la persona mantiene durante su vida.

Muchos viajes y cambios en la región de residencia conllevan alteraciones en la composición química de la comida y estas se reflejan en esos tejidos sólidos.

Los resultados del análisis apuntan que los habitantes de esos asentamientos gozaban de dietas variadas con el mijo como componente clave, lo que sugiere que permanecían cerca de donde cultivaban el cereal.

Solo en uno de los tres sitios arqueológicos (Mamái-Gorá) la dieta incluía una gran cantidad de pescado.

En este mismo lugar, dos de los individuos desenterrados consumían menos mijo y los autores estiman que esto significa que «participaron en la movilidad interregional».

Desde estos asentamientos en la actual Ucrania, el dominio escita se extendía entre el siglo VIII a.C. y el I d.C. hacia el norte, el sur y a miles de kilómetros al este.

Estas tribus esteparias consiguieron mantener la conexión entre todos esos territorios, por lo que los investigadores ven en el pueblo escita a unos «predecesores de la incipiente globalización en Eurasia«.

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