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¿Qué es y cómo se hace un exorcismo? El Rituale Romanum

by Marcelo Ferrando Castro
29 mayo, 2020 - Updated on 2 julio, 2026
in Historia de las Religiones
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Sacerdote con estola morada realizando un exorcismo según el Rituale Romanum, sosteniendo un crucifijo y el libro ritual, ante una mujer sentada, en una iglesia barroca iluminada con velas

Exorcismo mayor según el Rituale Romanum. El sacerdote exorcista con estola morada sostiene el crucifijo y el texto del ritual mientras recita las fórmulas de expulsión. Sobre la mesa, un segundo ejemplar del Rituale Romanum abierto en las páginas del Exorcismus. Imagen generada con IA / Red Historia

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El exorcismo católico es uno de los rituales más antiguos, más codificados y más persistentes de la historia del cristianismo occidental. En su forma más precisa, es el rito mediante el cual un sacerdote autorizado por el obispo diocesano ordena a un demonio, en nombre de Jesucristo y de la Iglesia, abandonar el cuerpo de una persona que se considera poseída. Su fundamento teológico arranca en los evangelios, donde Jesús expulsa demonios con una autoridad que asombra a sus contemporáneos y su codificación oficial llegó en 1614 con el Rituale Romanum de Pablo V, el primer manual litúrgico universal que sistematizó el procedimiento en un texto normativo para toda la Iglesia latina.

El Rituale Romanum de 1614 estuvo vigente sin modificaciones sustanciales durante casi cuatro siglos, hasta que en 1999 la Congregación para el Culto Divino publicó una versión revisada, el De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam, que incorporó por primera vez la exigencia explícita de descartar causas psiquiátricas y médicas antes de proceder con el exorcismo mayor. Ese cambio, aparentemente técnico, refleja décadas de debate interno sobre la frontera entre la posesión demoníaca y la enfermedad mental, debate que el caso de Anneliese Michel, la joven alemana que murió en 1976 tras meses de sesiones de exorcismo sin atención médica, convirtió en ineludible.

El exorcismo católico distingue entre dos modalidades radicalmente distintas. Los exorcismos menores son oraciones y bendiciones incluidas en la liturgia ordinaria (el rito del bautismo contiene exorcismos menores desde la antigüedad) que tienen una función protectora general y que cualquier sacerdote puede realizar. El exorcismo mayor o solemne es el ritual destinado a una persona que se considera poseída por un demonio: requiere autorización expresa del obispo diocesano, debe ser realizado por un sacerdote específicamente designado como exorcista y sigue un procedimiento codificado con precisión que incluye salmos, letanías, lecturas evangélicas y fórmulas de expulsión directa en las que el nombre del arcángel Miguel ocupa un lugar central.

Lo que hace al exorcismo católico especialmente interesante como objeto de estudio histórico no es solo su antigüedad sino su capacidad de adaptación: ha sobrevivido la Ilustración, el positivismo científico del siglo XIX, la psicología moderna y el Concilio Vaticano II sin desaparecer, aunque sí transformándose. Hoy, lejos de ser una práctica residual, el exorcismo católico vive una demanda creciente en varios países, con diócesis que han incrementado el número de exorcistas autorizados y equipos mixtos de sacerdotes y psiquiatras que trabajan conjuntamente en los casos que se les presentan.

Índice:

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  • Los orígenes del exorcismo en la tradición cristiana
  • Qué es el Rituale Romanum y cómo nació
  • Los signos de posesión: cómo se diagnostica
  • El procedimiento paso a paso: cómo se hace el exorcismo
    • La preparación del exorcista
    • Las oraciones iniciales: salmos y letanías
    • La imposición de manos y el evangelio de Juan
    • Las fórmulas de exorcismo directo
    • El interrogatorio al demonio
    • La aspersión, el crucifijo y los sacramentales
    • La conclusión y la protección posterior
  • El ritual reformado de 1999: qué cambió y por qué
  • Quién puede hacer un exorcismo y cómo se autoriza
  • Comparativa entre el Rituale Romanum de 1614 vs el ritual reformado 1999
  • Artículos relacionados con exorcismos
  • Fuentes y bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre el Rituale Romanum
    • ¿Quién puede hacer un exorcismo en la Iglesia católica?
    • ¿Cuánto dura un exorcismo católico?
    • ¿Cuáles son los signos de posesión según el Rituale Romanum?
    • ¿Qué diferencia hay entre el exorcismo mayor y las oraciones de liberación?
    • ¿Por qué se invoca a San Miguel en el exorcismo?
    • ¿Ha cambiado el exorcismo con el Concilio Vaticano II?
    • ¿Es el exorcismo católico diferente del pentecostal?
    • ¿Está aumentando el número de exorcismos en la Iglesia?

Los orígenes del exorcismo en la tradición cristiana

El punto de partida de toda la tradición exorcista católica son los exorcismos de Jesús narrados en los evangelios sinópticos. Marcos, el evangelio más antiguo, presenta el exorcismo como una de las actividades centrales del ministerio de Jesús desde el primer momento: el primer acto público de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún es la expulsión de un espíritu inmundo (Mc 1:23-26), y los exorcismos se repiten a lo largo de todo el evangelio como manifestaciones del Reino de Dios que irrumpe en la historia.

Lo que distingue los exorcismos de Jesús de los de sus contemporáneos judíos es la autoridad directa con que actúa. Los exorcistas judíos del período invocaban el nombre de Dios o de ángeles como instrumentos de expulsión; Jesús expulsa los demonios por su propia autoridad, sin fórmulas intermedias. La reacción de los presentes en Cafarnaún lo expresa con precisión: «¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva con autoridad! Manda incluso a los espíritus inmundos y le obedecen» (Mc 1:27). La autoridad, no la técnica, es lo que define el exorcismo de Jesús.

Esa autoridad es la que Jesús transmite a sus discípulos. En Marcos 6:7 los envía de dos en dos «dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos», y en Lucas 10:17 los setenta y dos regresan diciendo «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu nombre». El nombre de Jesús se convierte así en el instrumento del exorcismo cristiano, una práctica que el libro de los Hechos muestra ya plenamente operativa en las primeras comunidades.

En la Iglesia primitiva de los siglos II y III, el exorcismo era una práctica común y relativamente accesible. Los exorcistas constituían una de las órdenes menores del clero y sus funciones incluían la preparación de los catecúmenos para el bautismo mediante exorcismos rituales que se consideraban necesarios para liberar al futuro bautizado de la influencia del demonio. Los Padres de la Iglesia —Tertuliano, Orígenes, Cipriano de Cartago— documentan la práctica con abundancia y la presentan como una de las pruebas de la verdad del cristianismo frente al paganismo.

Qué es el Rituale Romanum y cómo nació

El Rituale Romanum de 1614, promulgado bajo el papa Pablo V como parte de la reforma litúrgica post-tridentina, fue el primer manual litúrgico oficial de la Iglesia católica que codificó el exorcismo mayor en un texto normativo con autoridad universal. Antes de 1614 existían rituales diocesanos y manuales locales con variaciones considerables; el Rituale Romanum estableció un texto único y obligatorio para toda la Iglesia latina.

Su contexto histórico es importante para comprenderlo. El Concilio de Trento (1545-1563) había puesto en marcha una reforma profunda de la liturgia católica en respuesta a los desafíos del protestantismo, que cuestionaba muchas de las prácticas devocionales medievales. La codificación del exorcismo en un ritual oficial respondía a esa necesidad de unificación litúrgica, pero también a la preocupación por controlar una práctica que en el período medieval había adquirido formas muy diversas, algunas de ellas mezcladas con elementos de magia popular que la Iglesia miraba con recelo.

El título del capítulo dedicado al exorcismo en el Rituale Romanum es revelador: Ritus exorcizandi obsessos a daemonio, «El rito de exorcizar a los obsesos por el demonio». El término latino obsessus (no possessus) refleja una distinción teológica precisa: la posesión (possessio) implica el control total del cuerpo por el demonio, mientras que la obsesión (obsessio) puede designar un grado menor de influencia. En la práctica pastoral, sin embargo, los dos términos se usaban frecuentemente de manera intercambiable.

Los signos de posesión: cómo se diagnostica

Antes de iniciar el ritual, el Rituale Romanum exige que el exorcista verifique con certeza la presencia de signos auténticos de posesión demoníaca, para evitar confundir la enfermedad natural con la intervención sobrenatural. Los cuatro signos clásicos que el ritual establece son:

El primero es hablar o entender lenguas desconocidas: la capacidad de comunicarse en idiomas que la persona no podría conocer por medios naturales, o de comprender lo que se le dice en esas lenguas. El segundo es revelar cosas ocultas o distantes: el conocimiento de hechos que la persona no podría saber de manera natural, como pensamientos ajenos o eventos ocurridos en lugares remotos. El tercero es mostrar fuerza física superior a la natural dada la edad y condición del afectado: la capacidad de resistir físicamente a varias personas o de adoptar posturas imposibles para el cuerpo en condiciones normales. El cuarto es manifestar una aversión violenta y desproporcionada ante los objetos y lugares sagrados: reacción intensa ante el agua bendita, el crucifijo, la mención del nombre de Dios o de los santos.

El ritual advierte explícitamente que estos signos deben estar presentes con certeza y no ser el resultado de enfermedad o engaño. Esta cautela, que la práctica posterior no siempre respetó, como demuestra el caso de Anneliese Michel, refleja una conciencia teológica de que no todo sufrimiento tiene causa demoníaca y que el diagnóstico erróneo puede causar daño grave.

El procedimiento paso a paso: cómo se hace el exorcismo

El exorcismo mayor según el Rituale Romanum se estructura en fases bien definidas que el exorcista debe seguir con disciplina y sin prisas. El ritual puede durar desde una hora hasta varias sesiones prolongadas, según la gravedad del caso y la resistencia del demonio.

La preparación del exorcista

Antes de comenzar, el exorcista debe prepararse espiritualmente mediante el ayuno, la oración y la confesión sacramental. El Rituale Romanum insiste en que el exorcista debe ser un sacerdote de vida virtuosa, de fe sólida y de carácter equilibrado, capaz de mantener la calma ante las provocaciones del demonio. El ritual advierte que el demonio intentará engañar al exorcista con mentiras, intimidarlo con amenazas y agotarlo con resistencias prolongadas y que solo la fe y la perseverancia pueden superar esas tácticas.

El exorcista debe llevar consigo los objetos rituales: la estola (la banda litúrgica que simboliza su autoridad sacerdotal), el agua bendita, un crucifijo y el texto del Rituale Romanum. La persona afectada debe estar presente, preferiblemente en un espacio sagrado o al menos en un ambiente tranquilo y si es posible acompañada de personas de fe que oren durante la sesión.

Las oraciones iniciales: salmos y letanías

El ritual comienza con la recitación del salmo 53: «Oh Dios, sálvame por tu nombre» y continúa con las letanías de los santos, la larga letanía en la que se invoca la intercesión de la Virgen María, los ángeles y arcángeles (especialmente Miguel), los apóstoles y una extensa lista de santos. Las letanías cumplen una función doble: preparan espiritualmente al exorcista y a los presentes, e invocan la asistencia de la corte celestial en el combate que sigue.

Tras las letanías se recitan varios salmos de protección, entre ellos el salmo 90, «El que habita al amparo del Altísimo» y oraciones de intercesión que piden la liberación de la persona afectada. Esta fase inicial puede durar entre veinte minutos y una hora, según el uso de cada exorcista.

La imposición de manos y el evangelio de Juan

El exorcista impone las manos sobre la cabeza de la persona afectada y recita el comienzo del Evangelio de Juan: «En el principio existía la Palabra», que la tradición cristiana considera especialmente poderoso contra las fuerzas demoníacas. Simultáneamente asperja a la persona con agua bendita, que el ritual presenta como uno de los sacramentales más eficaces contra el demonio.

Esta fase de imposición de manos y lectura evangélica puede repetirse varias veces durante la sesión, especialmente cuando el demonio muestra resistencia o cuando la persona afectada experimenta reacciones físicas intensas.

Las fórmulas de exorcismo directo

El núcleo del ritual son las fórmulas de exorcismo directo —las preces imperatoriae— en las que el sacerdote se dirige al demonio en primera persona y le ordena abandonar el cuerpo en nombre de la autoridad divina. Estas fórmulas tienen una solemnidad y una potencia retórica notables, y su estructura combina la invocación de la autoridad trinitaria con la orden directa al demonio.

La fórmula más conocida comienza así: «Exorcizo te, immundissime spiritus, omnis incursio adversarii, omne phantasma, omnis legio, in nomine Domini nostri Jesu Christi» — «Te exorcizo, espíritu inmundísimo, toda incursión del adversario, todo fantasma, toda legión, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo». La fórmula continúa ordenando al demonio revelar su nombre, el día y la hora de su salida y abandonar el cuerpo sin causarle daño.

El ritual incluye también la oración a San Miguel Arcángel, que ocupa un lugar central en la espiritualidad exorcista católica: «San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla; sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio. Reprímale Dios, pedimos suplicantes, y tú, príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con el divino poder a Satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas». La invocación de Miguel en el exorcismo, el arcángel que según el Apocalipsis venció a Satanás en la guerra celestial, es invocar esa victoria como fundamento de la autoridad del exorcista.

El interrogatorio al demonio

Una vez que el demonio comienza a manifestarse a través de reacciones físicas de la persona afectada, cambios de voz o declaraciones, el exorcista puede interrogarlo directamente. El ritual prescribe preguntar al demonio su nombre, cuántos son, cuándo entró en la persona y cuándo tiene intención de salir. Las respuestas del demonio deben ser tomadas con cautela, porque el ritual advierte que el demonio miente sistemáticamente y que puede simular haber salido cuando en realidad permanece.

El interrogatorio tiene una función tanto pastoral (obtener información que pueda ayudar a comprender la situación) como táctica: forzar al demonio a revelar su nombre se considera un acto que reduce su poder, en la tradición de que el conocimiento del nombre de un ser espiritual otorga poder sobre él.

La aspersión, el crucifijo y los sacramentales

A lo largo de toda la sesión, el exorcista utiliza los sacramentales que el ritual prescribe: el agua bendita asperjada sobre la persona y el espacio, el crucifijo presentado directamente ante la persona para provocar la reacción del demonio y como símbolo de la victoria de Cristo y en algunos casos, las reliquias de los santos. Estos objetos no tienen poder mágico en sí mismos sino que son vehículos de la gracia divina cuya eficacia depende de la fe del exorcista y de la autoridad de la Iglesia que los ha consagrado.

La conclusión y la protección posterior

Cuando el exorcista considera que el demonio ha abandonado el cuerpo, generalmente cuando cesan las reacciones físicas, la persona recupera su estado normal y puede responder apropiadamente a los objetos sagrados, el ritual concluye con oraciones de acción de gracias y bendición. El exorcista instruye a la persona liberada sobre las prácticas espirituales que debe seguir para evitar una nueva posesión: la recepción frecuente de los sacramentos, la oración diaria, el alejamiento de prácticas ocultistas y la vida en gracia.

El ritual reformado de 1999: qué cambió y por qué

En 1999, la Congregación para el Culto Divino publicó el De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam, la primera revisión sustancial del ritual de exorcismo desde 1614. Los cambios más significativos no son tanto textuales pues las fórmulas de exorcismo se mantienen en lo esencial, como procedimentales y contextuales.

La novedad más importante es la exigencia explícita de evaluación médica y psiquiátrica previa. El nuevo ritual establece claramente que el exorcista debe asegurarse, con la colaboración de médicos y psiquiatras si es necesario, de que el caso no tiene una explicación clínica antes de proceder con el exorcismo. Esta cautela, que las versiones más prudentes del ritual ya recomendaban desde el siglo XIX, quedó incorporada formalmente al texto oficial.

El nuevo ritual también introdujo una distinción más clara entre el exorcismo mayor (reservado a los casos de posesión) y un conjunto de oraciones de liberación que pueden usarse en casos de influencia demoníaca menor sin que constituyan un exorcismo solemne. Esta distinción tiene consecuencias pastorales importantes: permite a los sacerdotes responder a las demandas espirituales de sus feligreses sin necesidad de recurrir inmediatamente al ritual completo, que requiere autorización episcopal.

La colaboración entre exorcistas y psiquiatras que el nuevo ritual favorece ha tomado formas concretas en algunos países. En Italia, varios equipos diocesanos han establecido protocolos de derivación entre el servicio de exorcismo y los servicios de salud mental.

Quién puede hacer un exorcismo y cómo se autoriza

El canon 1172 del Código de Derecho Canónico de 1983 establece con precisión: «Nadie puede realizar legítimamente exorcismos sobre los posesos si no ha obtenido del Ordinario del lugar licencia peculiar y expresa». El Ordinario del lugar es el obispo diocesano y la licencia es personal, es decir que se otorga a un sacerdote concreto para un caso concreto y no general.

En la práctica contemporánea, el proceso de autorización implica que la persona o su familia contacta con la diócesis, que a su vez designa a un sacerdote para evaluar el caso. Este sacerdote, frecuentemente el exorcista diocesano, realiza una primera entrevista, solicita informes médicos y psiquiátricos si no los hay y evalúa si los signos presentes son compatibles con una posesión demoníaca o tienen una explicación natural. Solo si el resultado de esa evaluación es positivo se procede a solicitar la autorización episcopal para el exorcismo mayor.

La Asociación Internacional de Exorcistas, fundada en 1990 y aprobada por el Vaticano en 2014, ofrece formación específica para sacerdotes exorcistas y ha contribuido a profesionalizar y sistematizar la práctica en varios países. Su fundador, el padre Gabriele Amorth (1925-2016), fue el exorcista más conocido del siglo XX y afirmó haber realizado decenas de miles de exorcismos a lo largo de su carrera.

Comparativa entre el Rituale Romanum de 1614 vs el ritual reformado 1999

AspectoRituale Romanum (1614)De Exorcismis (1999)
Autorización requeridaObispo diocesanoObispo diocesano (confirmado y reforzado)
Evaluación médica previaRecomendada pero no obligatoriaExplícitamente exigida
Idioma del ritualLatín obligatorioLatín o lengua vernácula
Oraciones de liberaciónNo diferenciadas del exorcismo mayorDistinguidas y codificadas por separado
Fórmulas de exorcismo directoImperativas directas en latínEstructura similar, mayor flexibilidad
Invocación de San MiguelPresente en las fórmulasMantenida
Signos de posesiónCuatro signos clásicos listadosMismos signos con mayor énfasis en prudencia
Colaboración con psiquiatríaNo mencionadaExplícitamente recomendada

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Fuentes y bibliografía

Fuentes:

  • Marcos 1:23-26, 6:7; Lucas 10:17; Apocalipsis 12:7-9 en Biblia de Jerusalén, Desclée de Brouwer, Bilbao, 2009.
  • Rituale Romanum (1614). Edición moderna en latín-español: BAC, Madrid, 2003.
  • Congregación para el Culto Divino (1999). De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam. Libreria Editrice Vaticana, Ciudad del Vaticano.
  • Código de Derecho Canónico (1983). Canon 1172. BAC, Madrid, 2001.

Bibliografía:

  • Levack, Brian P. (2013). The Devil Within: Possession and Exorcism in the Christian West. Yale University Press, New Haven.
  • Amorth, Gabriele (1990). Un esorcista racconta. Edizioni Dehoniane, Roma. Traducción española: Un exorcista cuenta su historia, BAC, Madrid, 1991.
  • Cuneo, Michael W. (2001). American Exorcism: Expelling Demons in the Land of Plenty. Doubleday, Nueva York.
  • Twelftree, Graham H. (1993). Jesus the Exorcist. Mohr Siebeck, Tubinga.
  • Ferber, Sarah (2004). Demonic Possession and Exorcism in Early Modern France. Routledge, Londres.
  • Goodman, Felicitas D. (1988). How About Demons? Possession and Exorcism in the Modern World. Indiana University Press, Bloomington.
  • Keck, David (1998). Angels and Angelology in the Middle Ages. Oxford University Press, Oxford.
  • Russell, Jeffrey Burton (1981). Satan: The Early Christian Tradition. Cornell University Press, Ithaca.

Preguntas frecuentes sobre el Rituale Romanum

¿Quién puede hacer un exorcismo en la Iglesia católica?

Solo un sacerdote con licencia expresa del obispo diocesano puede realizar legítimamente el exorcismo mayor, según el canon 1172 del Código de Derecho Canónico de 1983. La licencia es personal y específica para cada caso. Cualquier sacerdote puede recitar oraciones de protección y bendiciones menores, pero el exorcismo solemne está estrictamente reservado al exorcista autorizado.

¿Cuánto dura un exorcismo católico?

No hay una duración fija. Una sesión puede durar desde una hora hasta varias horas, y en los casos considerados graves puede ser necesario repetirla en múltiples encuentros a lo largo de semanas o meses. El Rituale Romanum no establece límites de duración y advierte que el exorcista debe mantener la calma y la perseverancia incluso cuando el demonio simula haber salido.

¿Cuáles son los signos de posesión según el Rituale Romanum?

El ritual establece cuatro signos clásicos: hablar o entender lenguas desconocidas, revelar cosas ocultas o distantes, mostrar una fuerza física superior a la natural dada la edad y condición del afectado, y manifestar una aversión violenta y desproporcionada ante los objetos y lugares sagrados. El ritual advierte que estos signos deben verificarse con certeza y que la enfermedad mental debe descartarse antes de proceder.

¿Qué diferencia hay entre el exorcismo mayor y las oraciones de liberación?

El exorcismo mayor es el ritual solemne destinado a casos de posesión plena, que requiere autorización episcopal y sigue el procedimiento codificado del Rituale Romanum. Las oraciones de liberación, introducidas en el ritual de 1999, son fórmulas más breves destinadas a casos de influencia demoníaca menor que cualquier sacerdote puede recitar sin autorización especial. La distinción permite una respuesta pastoral más gradual y apropiada a cada situación.

¿Por qué se invoca a San Miguel en el exorcismo?

Miguel es el arcángel que según el Apocalipsis (12:7-9) venció a Satanás en la guerra celestial y lo expulsó del cielo. Su invocación en el exorcismo mayor —tanto en el Rituale Romanum de 1614 como en el ritual reformado de 1999— es invocar esa victoria sobre el demonio como fundamento de la autoridad del exorcista. La oración a San Miguel atribuida al papa León XIII es uno de los elementos más característicos de la espiritualidad exorcista católica.

¿Ha cambiado el exorcismo con el Concilio Vaticano II?

El Concilio Vaticano II (1962-1965) no modificó directamente el ritual de exorcismo, pero creó el contexto teológico y litúrgico en el que se produjo la revisión de 1999. La reforma conciliar favoreció una mayor colaboración entre la Iglesia y las ciencias, lo que influyó en la exigencia de evaluación psiquiátrica previa que el ritual de 1999 incorporó. El exorcismo mayor sigue siendo una práctica oficial de la Iglesia, no una reliquia medieval abandonada tras el Vaticano II.

¿Es el exorcismo católico diferente del pentecostal?

Sí, significativamente. El exorcismo católico es un ritual privado, solemne y controlado, realizado por un sacerdote autorizado con un texto litúrgico oficial, generalmente en un espacio íntimo. El exorcismo pentecostal —llamado liberación— es una ceremonia pública y colectiva ante una congregación participante, con música, oración grupal e imposición de manos, sin un texto ritual fijo. Las diferencias reflejan teologías distintas sobre la autoridad, la comunidad y el papel del cuerpo en la experiencia religiosa.

¿Está aumentando el número de exorcismos en la Iglesia?

Sí, según los datos disponibles. La Asociación Internacional de Exorcistas reporta un aumento sostenido de solicitudes en las últimas décadas, especialmente en Italia, Polonia, España y América Latina. Las razones son debatidas: algunos lo atribuyen al crecimiento de la religiosidad carismática dentro del catolicismo, otros al impacto cultural de películas y series sobre posesión demoníaca, y otros a un aumento real de lo que los solicitantes perciben como experiencias de influencia demoníaca.

Tags: CatolicismoDemonología
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