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Simón el Mago: el padre de todas las herejías

by Marcelo Ferrando Castro
15 octubre, 2026
in Biografías
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Escena en la que Simón el Mago se eleva en el aire sobre una calle empedrada de Roma, con una sombra oscura a su espalda, mientras el apóstol Pedro, arrodillado, reza con las manos juntas ante una multitud asombrada junto a templos de columnas.

Según los Hechos de Pedro, Simón el Mago echó a volar sobre Roma para demostrar su divinidad. Pedro se arrodilló a rezar, y Simón cayó al suelo y se rompió una pierna. En Roma se veneraban las piedras con las supuestas huellas de las rodillas del apóstol. Crédito: recreación con IA - Red Historia

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En la ciudad de Samaria vivía, hacia el año 35, un hombre que había dejado atónita a toda la población con sus artes mágicas. Grandes y pequeños lo seguían y decían de él que era el Gran Poder de Dios. Cuando llegó a la ciudad Felipe, uno de los primeros predicadores cristianos y empezó a bautizar a los samaritanos, aquel mago también creyó, se bautizó y se unió a su grupo. Pero cuando los apóstoles Pedro y Juan llegaron desde Jerusalén e impusieron las manos a los nuevos creyentes para que recibieran el Espíritu Santo, el mago les ofreció dinero para comprar ese mismo poder.

Pedro lo rechazó con una maldición: que tu dinero perezca contigo, porque has creído que el don de Dios se puede comprar.

Así presenta el libro de los Hechos de los Apóstoles a Simón el Mago, también conocido como Simón Mago, el único personaje del Nuevo Testamento cuyo nombre se convirtió en un pecado. De su intento de comprar el Espíritu Santo procede la palabra simonía, la compraventa de cargos y bienes espirituales, que obsesionó a la Iglesia medieval y llevó a Dante a reservar para los papas simoníacos uno de los castigos más humillantes de su Infierno.

Pero el Simón de los Hechos es solo el comienzo de una figura mucho más grande. En el siglo II, los escritores cristianos lo convirtieron en el padre de todas las herejías, el fundador del gnosticismo, un samaritano que se presentaba como dios y viajaba acompañado por una antigua prostituta de Tiro, Helena, a la que consideraba el primer Pensamiento de Dios, reencarnado a lo largo de los siglos en distintas mujeres, entre ellas Helena de Troya. Según Justino Mártir, los romanos le habían dedicado una estatua como dios. Según los Hechos de Pedro, se enfrentó al apóstol en Roma en una competición de milagros que terminó cuando Simón echó a volar sobre la ciudad y cayó al suelo por las oraciones de Pedro.

Durante siglos, Simón el Mago fue el gran antagonista de los apóstoles, el modelo de todos los herejes y una figura de la imaginación cristiana, representada en capiteles románicos y frescos renacentistas. Hoy los historiadores se preguntan cuánto hay de histórico en todo ello: ¿quién fue realmente aquel mago samaritano, y por qué se convirtió en el villano por excelencia del cristianismo primitivo?

Índice:

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  • El mago de Samaria
    • El intento de comprar el Espíritu
  • La simonía: un pecado con nombre propio
  • Justino Mártir y la estatua del dios Simón
    • Un error de lectura
  • Ireneo y el nacimiento del Simón gnóstico
  • Hipólito y la Gran Revelación
  • El duelo con Pedro en Roma
    • La caída de Simón
  • Las Pseudoclementinas: el gran enemigo de Pedro
  • Simón en las diferentes fuentes
  • Los simonianos
  • ¿Quién fue el Simón histórico?
  • Simón el Mago en la cultura moderna
  • Artículos relacionados con gnosticismo
  • Fuentes y bibliografía
  • Preguntas frecuentes sobre Simón el Mago
    • ¿Quién fue Simón el Mago?
    • ¿Por qué se llama simonía a la compraventa de cargos religiosos?
    • ¿Quién era Helena, la compañera de Simón el Mago?
    • ¿Es verdad que Simón el Mago voló sobre Roma?
    • ¿Existió una estatua de Simón el Mago en Roma?
    • ¿Fue Simón el Mago realmente gnóstico?
    • ¿Qué dice Dante sobre Simón el Mago?

El mago de Samaria

El relato de los Hechos de los Apóstoles, escrito hacia los años 80-90, es la fuente más antigua sobre Simón. Aparece en el capítulo 8, en el contexto de la primera expansión del cristianismo fuera de Jerusalén. Tras la muerte de Esteban, el primer mártir, muchos seguidores de Jesús huyeron de la ciudad y Felipe, uno de los siete diáconos elegidos para atender a las viudas, llegó a Samaria y comenzó a predicar y a hacer milagros.

Los samaritanos eran un pueblo emparentado con los judíos, que adoraba al mismo Dios y reconocía la ley de Moisés, pero tenía su propio templo en el monte Garizín y rechazaba el de Jerusalén. Judíos y samaritanos se despreciaban mutuamente, como muestra la célebre parábola del buen samaritano, cuya fuerza depende precisamente de que el héroe pertenezca al pueblo odiado.

En Samaria, dice el texto, vivía desde hacía tiempo un hombre llamado Simón que practicaba la magia y tenía asombrada a la población. Todos le prestaban atención y decían que era el poder de Dios llamado Grande. La expresión es significativa. No llamaban a Simón un mago o un profeta, sino una manifestación del propio poder divino. Algunos investigadores piensan que Gran Poder era un título que los samaritanos usaban para designar a Dios mismo o a una de sus manifestaciones.

Cuando Felipe empezó a predicar, muchos samaritanos creyeron y se bautizaron y Simón con ellos. El texto dice que Simón seguía a Felipe a todas partes, asombrado por los milagros que veía.

El intento de comprar el Espíritu

Al enterarse de que Samaria había recibido la palabra de Dios, los apóstoles de Jerusalén enviaron a Pedro y a Juan. Los dos apóstoles rezaron por los nuevos creyentes y les impusieron las manos y estos recibieron el Espíritu Santo.

Simón vio lo que ocurría y ofreció dinero a los apóstoles. Les pidió que le dieran también a él ese poder, para que todo aquel a quien impusiera las manos recibiera el Espíritu Santo. La respuesta de Pedro fue tajante:

Que tu dinero perezca contigo, le dijo, porque has pensado que el don de Dios se adquiere con dinero. No tienes parte ni herencia en esto, porque tu corazón no es recto ante Dios. Arrepiéntete de tu maldad y ruega al Señor que te perdone, porque veo que estás en hiel de amargura y en cadenas de injusticia.

Pedro a Simón el Mago

Simón respondió con humildad: rogad vosotros por mí al Señor, para que no me suceda nada de lo que habéis dicho; y ahí termina su historia en los Hechos. El texto no dice si se arrepintió de verdad ni qué fue de él después.

La simonía: un pecado con nombre propio

El episodio de Samaria dio nombre a un pecado. La simonía es la compraventa de cosas espirituales, como los sacramentos, las bendiciones, las reliquias y, sobre todo, los cargos eclesiásticos.

La simonía se convirtió en un problema enorme en la Iglesia medieval, cuando los obispados y las abadías controlaban tierras, rentas y poder político. Reyes y nobles vendían los cargos eclesiásticos a quien más pagaba y los compradores recuperaban la inversión cobrando por los sacramentos. En el siglo XI, los papas reformistas, con Gregorio VII a la cabeza, emprendieron una lucha contra la simonía que fue uno de los motores de la llamada reforma gregoriana y del enfrentamiento entre el papado y el Imperio conocido como la Querella de las Investiduras.

Dante, a comienzos del siglo XIV, dedicó a los simoníacos el tercer foso del octavo círculo del Infierno. Allí, los condenados están metidos cabeza abajo en agujeros excavados en la roca, con las piernas fuera y las plantas de los pies ardiendo. El castigo invierte la imagen del bautismo y de los cargos eclesiásticos: quienes se sirvieron de lo sagrado para enriquecerse quedan enterrados boca abajo. Dante encuentra allí al papa Nicolás III, que lo confunde con Bonifacio VIII, el papa reinante, cuyo puesto en el agujero ya estaba reservado. El canto comienza precisamente con una invocación a Simón el Mago y a sus miserables seguidores.

Justino Mártir y la estatua del dios Simón

La segunda fuente sobre Simón es Justino Mártir, un filósofo cristiano nacido en Samaria, en la ciudad de Flavia Neápolis, la actual Nablus, que escribió en Roma hacia el año 155. Justino conocía la región de Simón y presentaba su información como de primera mano.

En su Primera apología, dirigida al emperador Antonino Pío, Justino cuenta que Simón era de una aldea samaritana llamada Gitta. Durante el reinado de Claudio, entre los años 41 y 54, llegó a Roma, realizó prodigios mágicos gracias a los demonios que actuaban en él y fue considerado un dios. Los romanos, añade, le erigieron una estatua en la isla del Tíber, entre los dos puentes, con una inscripción en latín que decía al dios santo Simón. Según Justino, casi todos los samaritanos y algunos miembros de otros pueblos lo adoraban como el primer dios.

Justino menciona también a Helena, una mujer que acompañaba a Simón en sus viajes y que antes había sido prostituta. Los seguidores de Simón decían que era el primer Pensamiento que había surgido de él.

Un error de lectura

La historia de la estatua tuvo un desenlace curioso. En 1574, durante unas obras en la isla Tiberina de Roma, apareció una base de estatua con una inscripción latina dedicada a Semo Sanco, un antiguo dios sabino de los juramentos, identificado con el dios Fidio. La inscripción decía Semoni Sanco Deo Fidio. Los historiadores coinciden en que Justino, o sus informantes, vieron esta inscripción o una parecida y la leyeron como Simoni Deo Sancto, al dios santo Simón.

El error no invalida todo el testimonio de Justino, pero muestra cómo se construyó la leyenda de Simón: a partir de datos reales, interpretados con la convicción de que el mago samaritano había engañado incluso a los romanos.

Ireneo y el nacimiento del Simón gnóstico

La imagen de Simón como fundador del gnosticismo procede sobre todo de Ireneo de Lyon, que hacia el año 180 abrió su catálogo de herejías en Contra las herejías con él. Simón, escribió, es aquel de quien proceden todas las herejías y lo llamó padre de todas ellas.

Ireneo atribuye a Simón un sistema completo. Simón se presentaba como el Poder supremo, que se había manifestado entre los judíos como el Hijo, en Samaria como el Padre y entre las demás naciones como el Espíritu Santo. De él había surgido su primer pensamiento, Ennoia, la madre de todo, que descendió a las regiones inferiores y creó a los ángeles y las potestades, los cuales a su vez crearon el mundo.

Pero los ángeles, envidiosos y sin querer reconocer que procedían de otro, retuvieron a Ennoia y la sometieron a toda clase de humillaciones para que no pudiera volver junto a su padre. La encerraron en un cuerpo humano, y desde entonces pasó de un cuerpo de mujer a otro a lo largo de los siglos, como de un recipiente a otro. Una de esas encarnaciones fue Helena de Troya, por la que se desencadenó la guerra de Troya. Finalmente, Ennoia acabó en un burdel de la ciudad de Tiro, donde Simón la encontró y la rescató. Era la oveja perdida de la parábola de los evangelios.

Simón había descendido al mundo para liberar a Helena y, con ella, a todos los seres humanos, ofreciéndoles la salvación por medio del conocimiento de sí mismo. Los profetas, según Simón, habían hablado inspirados por los ángeles creadores del mundo y por eso quienes confiaban en él no debían preocuparse por la ley, porque la salvación no se obtenía por las obras, sino por la gracia de Simón.

Ireneo añade que los sacerdotes de los simonianos practicaban la magia, los exorcismos y los encantamientos de amor y que tenían imágenes de Simón en forma de Zeus y de Helena en forma de Atenea, a las que veneraban.

Hipólito y la Gran Revelación

A comienzos del siglo III, Hipólito de Roma ofreció una imagen distinta del pensamiento de Simón en su Refutación de todas las herejías. Hipólito cita largos fragmentos de una obra atribuida a Simón, la Gran Revelación o Gran Declaración, que expone un sistema filosófico muy elaborado.

Según este texto, el principio de todas las cosas es un fuego infinito, que tiene una doble naturaleza, oculta y manifiesta. De él surgen seis raíces, organizadas en parejas: mente y pensamiento, voz y nombre, razonamiento y reflexión. En el centro de todo está un poder que el texto llama el que estuvo, está y estará, el principio inmutable que permanece en medio del cambio.

La Gran Revelación tiene un vocabulario filosófico, con ecos de Heráclito y de los estoicos, que no se parece al relato mitológico de Ireneo. La mayoría de los investigadores piensa que no es obra de Simón, sino de un discípulo tardío del siglo II que escribió en su nombre.

Hipólito cuenta también una versión propia del final de Simón. En Roma, Simón se enfrentó a los apóstoles y al ver que perdía prestigio, anunció que si lo enterraban vivo resucitaría al tercer día. Sus discípulos cavaron una fosa y lo enterraron y allí se quedó, porque no era el Cristo.

El duelo con Pedro en Roma

La leyenda más famosa sobre Simón procede de los Hechos de Pedro, un texto apócrifo de finales del siglo II que narra la misión de Pedro en Roma y su martirio. En él, Simón aparece como el gran rival del apóstol en un enfrentamiento lleno de prodigios.

Según el relato, mientras Pablo estaba fuera de Roma, Simón llegó a la ciudad y engañó a muchos cristianos, que lo siguieron como si fuera el Gran Poder de Dios. Pedro, advertido por una visión, viajó a Roma para enfrentarse a él. El duelo entre ambos se convierte en una serie de milagros cada vez más espectaculares.

Pedro hace hablar a un perro con voz humana para que transmita un mensaje a Simón. Hace revivir un arenque ahumado colgado en un puesto de pescado, que vuelve a nadar en un estanque ante los asombrados romanos. En el momento culminante, ante el prefecto de Roma y una gran multitud, los dos compiten por resucitar a un muerto. Simón consigue que el cadáver mueva la cabeza y la multitud lo aclama, pero Pedro demuestra que se trata de un engaño y devuelve al muerto la vida completa.

La caída de Simón

Derrotado, Simón anuncia que dejará la ciudad y subirá a Dios, de quien procede. Al día siguiente, ante una multitud reunida en la vía Sacra, Simón echa a volar y se eleva sobre Roma, por encima de los templos y las colinas. Los cristianos miran a Pedro, desconcertados. Pedro se vuelve a Cristo y le pide que haga caer a Simón, pero sin matarlo, para que su caída quede como lección. Simón cae de inmediato y se rompe la pierna en tres partes. La multitud lo apedrea y sus seguidores lo llevan a la ciudad de Aricia y después a Terracina, donde muere a manos de un cirujano que intentaba curarle.

La escena del vuelo y la caída de Simón se convirtió en una de las imágenes más populares del arte cristiano. Uno de los capiteles de la catedral de Autun, en Borgoña, esculpido por Gislebertus en el siglo XII, muestra a Simón precipitándose al suelo ante Pedro y Pablo, con un demonio que lo sostiene en el aire. En el siglo XV, Benozzo Gozzoli pintó la caída de Simón en un panel hoy conservado en la colección real británica y Filippino Lippi representó la disputa entre Pedro y Simón ante Nerón en los frescos de la capilla Brancacci de Florencia.

En Roma, la tradición localizó el lugar exacto. En la iglesia de Santa Francesca Romana, junto al Foro, se conservan dos piedras con unas marcas que, según la leyenda, son las huellas de las rodillas de Pedro, que se arrodilló a rezar mientras Simón volaba.

Las Pseudoclementinas: el gran enemigo de Pedro

Simón tiene también un papel central en las Pseudoclementinas, un conjunto de textos de los siglos III y IV que narran los viajes de Clemente, futuro obispo de Roma, en compañía del apóstol Pedro. Se conservan en dos versiones, las Homilías en griego y las Recognitiones en una traducción latina.

En estos textos, Simón aparece como el gran adversario de Pedro a lo largo de todo un viaje por la costa de Siria y Fenicia: Cesarea, Tiro, Sidón, Trípoli, Laodicea. Los dos se enfrentan en largos debates públicos sobre la naturaleza de Dios, la creación, el mal y la autoridad de las Escrituras. Simón defiende que el dios creador del mundo no es el Dios supremo, una idea típicamente gnóstica y Pedro lo refuta una y otra vez. Las Pseudoclementinas presentan además a Simón como discípulo de Dositeo, otro maestro samaritano, a quien habría desplazado del liderazgo del grupo.

En el siglo XIX, el teólogo alemán Ferdinand Christian Baur, de la escuela de Tubinga, propuso una hipótesis provocadora: en algunos pasajes de las Pseudoclementinas, Simón sería en realidad una máscara del apóstol Pablo. Los textos procedían de ambientes judeocristianos que veían en Pablo a un enemigo de la ley de Moisés y lo habrían atacado bajo el disfraz de Simón el Mago. La hipótesis fue muy discutida, pero algunos pasajes parecen apoyarla, como aquel en que Simón afirma haber visto a Jesús en una visión, igual que Pablo.

Simón en las diferentes fuentes

FuenteFecha aproximadaImagen de Simón
Hechos de los ApóstolesAños 80-90Mago de Samaria que se bautiza e intenta comprar el poder de dar el Espíritu Santo
Justino MártirHacia 155Samaritano de Gitta adorado como dios en Roma, acompañado por Helena
Hechos de PedroFinales del siglo IIRival de Pedro en Roma, que vuela sobre la ciudad y cae
Ireneo de LyonHacia 180Padre de todas las herejías; Helena como Ennoia reencarnada
Hipólito de RomaComienzos del siglo IIIAutor de la Gran Revelación; muere enterrado vivo esperando resucitar
PseudoclementinasSiglos III-IVGran adversario de Pedro en Siria y Fenicia, discípulo de Dositeo
Dante, InfiernoComienzos del siglo XIVModelo de los simoníacos castigados en el octavo círculo

Los simonianos

Los seguidores de Simón, los simonianos, existieron realmente durante algún tiempo. Justino afirma que en su época, a mediados del siglo II, casi todos los samaritanos veneraban a Simón, algo sin duda exagerado. Ireneo describe a sus sacerdotes y sus prácticas mágicas. El sucesor de Simón, según la tradición, fue Menandro, también samaritano, que enseñó en Antioquía que quienes se bautizaban en su nombre no morirían.

Pero el movimiento no sobrevivió mucho. A mediados del siglo III, Orígenes escribía en su obra Contra Celso que los simonianos casi habían desaparecido y que no creía que quedaran más de 30 en todo el mundo. Para entonces, Simón era mucho más importante como personaje de la polémica cristiana que como fundador de una comunidad viva.

¿Quién fue el Simón histórico?

Los historiadores actuales están divididos sobre lo que puede decirse del Simón histórico. Hay pocas dudas de que existió un personaje llamado Simón, de origen samaritano, que actuó en la primera mitad del siglo I y que tuvo seguidores que lo veneraban como manifestación divina. El relato de los Hechos de los Apóstoles, aunque escrito con intención polémica, no parece una pura invención y el título de Gran Poder encaja bien con lo que sabemos de la religión samaritana.

Más difícil es saber si Simón fue realmente un maestro gnóstico. El sistema que Ireneo le atribuye, con Ennoia, los ángeles creadores y la salvación por el conocimiento, se parece demasiado al gnosticismo del siglo II como para ser del siglo I. Muchos investigadores, como Karlmann Beyschlag, piensan que los simonianos del siglo II adoptaron ideas gnósticas y las atribuyeron retrospectivamente a su fundador, o que los heresiólogos proyectaron sobre Simón las doctrinas de sus propios contemporáneos. Otros, como Gerd Lüdemann, creen que el núcleo del mito de Helena y Ennoia podría remontarse al propio Simón y a las tradiciones religiosas de Samaria.

Lo que sí parece claro es que los escritores cristianos necesitaban un origen para la herejía. Si la verdad procedía de Jesús y de los apóstoles, el error debía tener también un fundador y debía ser contemporáneo de los apóstoles, para mostrar que la herejía había surgido desde el principio como un enemigo externo. Simón, el mago samaritano que había intentado comprar el poder de los apóstoles y había sido rechazado por Pedro, era el candidato perfecto. Convertido en padre de todas las herejías, sirvió para explicar el origen del gnosticismo y para trazar una genealogía del error paralela a la genealogía de la verdad.

Simón el Mago en la cultura moderna

La figura de Simón ha seguido atrayendo a escritores, artistas y esoteristas. En el siglo XIX, algunos autores románticos y ocultistas lo reivindicaron como un rebelde frente a la Iglesia, un sabio que poseía un conocimiento superior al de los apóstoles. El ocultista británico Aleister Crowley incluyó a Simón el Mago en la lista de santos de su Misa gnóstica, escrita en 1913, junto a figuras como Basílides, Valentín y Carpócrates.

En el ámbito académico, Simón sigue siendo una figura clave en el debate sobre los orígenes del gnosticismo. ¿Fue el primer gnóstico, como pensaban los Padres de la Iglesia, o un taumaturgo samaritano al que la tradición convirtió en fundador de una corriente que no conoció? La pregunta no tiene una respuesta definitiva, pero su historia muestra cómo un personaje secundario de los Hechos de los Apóstoles se transformó, a lo largo de los siglos, en uno de los grandes villanos de la historia cristiana.

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Fuentes y bibliografía

Fuentes:

  • Dante Alighieri. Divina Comedia.
  • Hipólito de Roma. Refutación de todas las herejías.
  • Ireneo de Lyon. Contra los herejes. Edición de Carlos Ignacio González. México: Conferencia del Episcopado Mexicano, 2000.
  • Justino Mártir. Apologías. En Ruiz Bueno, Daniel (ed.), Padres apologistas griegos. Madrid: BAC, 1954.
  • Orígenes. Contra Celso. Edición de Daniel Ruiz Bueno. Madrid: BAC, 1967.
  • Piñero, Antonio y Del Cerro, Gonzalo (eds.). Hechos apócrifos de los apóstoles. Vol. I. Madrid: BAC, 2004.

Bibliografía:

  • Beyschlag, Karlmann. Simon Magus und die christliche Gnosis. Tubinga: Mohr Siebeck, 1974.
  • Ferreiro, Alberto. Simon Magus in Patristic, Medieval and Early Modern Traditions. Leiden: Brill, 2005.
  • Haar, Stephen. Simon Magus: The First Gnostic? Berlín: De Gruyter, 2003.
  • Jonas, Hans. La religión gnóstica. Madrid: Siruela, 2000.
  • Lüdemann, Gerd. Untersuchungen zur simonianischen Gnosis. Gotinga: Vandenhoeck & Ruprecht, 1975.
  • Montserrat Torrents, José (ed.). Los gnósticos. 2 vols. Madrid: Gredos, 1983.
  • Piñero, Antonio. Los cristianismos derrotados. Madrid: EDAF, 2007.
  • Rudolph, Kurt. Gnosis: The Nature and History of Gnosticism. San Francisco: Harper & Row, 1983.
  • Tuzlak, Ayse. «The Magician and the Heretic: The Case of Simon Magus». En Mirecki, Paul y Meyer, Marvin (eds.), Magic and Ritual in the Ancient World. Leiden: Brill, 2002.

Preguntas frecuentes sobre Simón el Mago

¿Quién fue Simón el Mago?

Fue un mago samaritano del siglo I mencionado en los Hechos de los Apóstoles. Según este relato, los habitantes de Samaria lo consideraban el Gran Poder de Dios. Tras bautizarse, ofreció dinero a los apóstoles Pedro y Juan para obtener el poder de transmitir el Espíritu Santo, y Pedro lo rechazó. En el siglo II, los escritores cristianos lo convirtieron en el fundador del gnosticismo y en el padre de todas las herejías.

¿Por qué se llama simonía a la compraventa de cargos religiosos?

Porque Simón el Mago intentó comprar a los apóstoles el poder de dar el Espíritu Santo, según los Hechos de los Apóstoles. Su nombre pasó a designar el pecado de comerciar con cosas espirituales, como los sacramentos o los cargos eclesiásticos. La simonía fue un problema grave en la Iglesia medieval y uno de los motivos de la reforma gregoriana del siglo XI.

¿Quién era Helena, la compañera de Simón el Mago?

Según Justino Mártir e Ireneo de Lyon, era una antigua prostituta de Tiro que acompañaba a Simón en sus viajes. Los simonianos la consideraban el primer Pensamiento de Dios, Ennoia, que había descendido al mundo, había sido retenida por los ángeles y se había reencarnado en distintas mujeres a lo largo de la historia, entre ellas Helena de Troya. Simón decía haber venido a liberarla.

¿Es verdad que Simón el Mago voló sobre Roma?

Es una leyenda que procede de los Hechos de Pedro, un texto apócrifo de finales del siglo II. Según el relato, Simón echó a volar sobre Roma para demostrar su divinidad, y cayó al suelo por las oraciones de Pedro, rompiéndose una pierna. La escena se representó a menudo en el arte medieval y renacentista, pero no tiene base histórica.

¿Existió una estatua de Simón el Mago en Roma?

Justino Mártir afirmó que los romanos habían erigido una estatua a Simón en la isla del Tíber con la inscripción al dios santo Simón. Pero en 1574 se encontró en ese lugar una inscripción dedicada a Semo Sanco, un antiguo dios sabino, y la mayoría de los historiadores piensa que Justino la interpretó erróneamente como una dedicatoria a Simón.

¿Fue Simón el Mago realmente gnóstico?

Es dudoso. El sistema que le atribuye Ireneo de Lyon se parece mucho al gnosticismo del siglo II, y muchos historiadores creen que fue proyectado sobre Simón por sus seguidores posteriores o por los propios heresiólogos. Es probable que el Simón histórico fuera un taumaturgo samaritano venerado como manifestación divina, y que la tradición cristiana lo convirtiera después en el fundador del gnosticismo.

¿Qué dice Dante sobre Simón el Mago?

Dante dedica a los simoníacos el canto XIX del Infierno, que comienza con una invocación a Simón el Mago. Los condenados están metidos cabeza abajo en agujeros de piedra, con las plantas de los pies ardiendo. Allí encuentra al papa Nicolás III, que lo confunde con Bonifacio VIII, cuyo puesto en el agujero ya estaba reservado.

Nota editorial: las infografías e ilustraciones de este artículo han sido desarrolladas con asistencia de herramientas de Inteligencia Artificial para la recreación artística de personajes y entornos históricos.

Tags: CristianismoGnosticismo
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