Subastarán la gran colección de posters de Sachs

Póster de Eduard Munch (1922).

Después de siete años de litigio, el Tribunal Federal de Justicia de Karlsruhe, Alemania, dictaminó finalmente que los 4.529 carteles coleccionados por Hans Sachs antes de que él y su familia tuvieran que huir de Alemania en 1939, debían pertenecer a su hijo, Peter Sachs.

"Kunstausstellung Secession", póster de Gustav Klimt (1898).
“Kunstausstellung Secession”, póster de Gustav Klimt (1898).

Hans Sachs, era un dentista con buen ojo clínico para apreciar el arte gráfico. Durante su adolescencia, a finales de 1890, acumuló unos 12.500 carteles que guardaba como si de un auténtico tesoro se tratase. Toda su colección estaba repleta de pequeñas y curiosas tiras cómicas, propaganda política, eventos deportivos, publicidad de las películas y de las óperas, carteles que anunciaban exposiciones de arte y bienes de consumo… y algunos de ellos habían sido creados por maestros de la talla de Toulouse-Lautrec o Gustav Klimt.

Este dentista fue un pionero en el reconocimiento del valor de las artes gráficas, y en una época en la que los carteles eran destinados a ser pegado en una pared, destruidos o bien cubiertos unos días más tarde por otros nuevos, Sachs trató a su colección como una galería de bellas pinturas. De hecho, para que todo el mundo pudiera disfrutar de las obras que durante tanto tiempo había recopilado, abrió al público el Museo de Artes Aplicadas, el cual estaba adicionado a su propio hogar.

Pero el ascenso del partido nazi al gobierno alemán lo arruinó todo. En el verano de 1938, la colección de carteles fue confiscado por Joseph Goebbels, ministro de propaganda de la Alemania nacionalista y amigo íntimo de Hitler, quien codiciaba las obras para un museo propio. Después de varias semanas de angustiosa incertidumbre, Sachs consiguió escapar de Alemania junto con su esposa y su hijo pequeño, para terminar viviendo en Nueva York.

Al acabar la guerra, Hans asumió que su estimada colección probablemente no habría sobrevivido, por lo que solicitó un reembolso bajo el programa de compensación Oeste alemán, y en 1961 recibió 225.000 marcos alemanes (unos 37.000 euros en aquel momento).

Cinco años más tarde, Sachs descubrió que por lo menos 8.000 de sus carteles seguían existiendo, y que durante todo ese tiempo habían estado ocultos en un museo de la Alemania Oriental. Sus intentos de compartir sus conocimientos con el museo fueron rechazados y Hans murió en 1974 sin haber vuelto a ver sus hermosos carteles de nuevo.

Tras la reunificación, la colección que acabó reducida a 5.000 piezas (nadie sabe lo qué pasó con el resto), se trasladó al Museo Histórico Alemán de Berlín, aunque únicamente los expertos y eruditos podían tener acceso a ella.

Sin embargo, Peter Sachs ignoró que todavía se conservara una parte considerable de la colección hasta el año 2005. Nada más descubrirlo intentó por todos los medios recuperar los carteles. Pero como su padre había aceptado el dinero de la indemnización, los tribunales concluían reiteradamente, en que Peter no tenía base legal para reclamar dicha colección.

Póster de Eduard Munch (1922).
Póster de Eduard Munch (1922).

Finalmente, después de muchos años de apelaciones, se dictaminó que aunque bien es cierto que técnicamente los carteles pertenecían a Alemania, el objetivo de las leyes de compensación era reparar las injusticias que en su día causó el régimen nazi. Por lo tanto, el tribunal falló a favor de Peter, ya que se consideró que el la solución más justa.

Cuando el juicio llegó a su fin el año pasado uno de los abogados de Peter Sachs, Matthias Druba declaró que: “Hans Sachs quiso mostrar el arte del cartel al público, por lo que el objetivo ahora es encontrar un depositario de los carteles en los museos, donde de verdad se pueden visitar y no estén escondidos“.

Ahora, pasados diez meses desde la sentencia, ese objetivo ha cambiado. Al parecer Peter no ha conseguido encontrar ningún arrendatario que esté interesado en los carteles, y por ello ha decidido vender la mayor parte de ellos.

Sachs únicamente se quedará con cuatro carteles a los que atribuye un valor sentimental, y otros 800 serán donados a varios museos. Los demás serán subastados al mejor postor a través de la agencia Guernsey, que hoy día ya está manejando la venta. Peter Sachs por su parte se ha mostrado completamente satisfecho con su decisión.

No hay una solución práctica que sería poder enmarcar y colgar los carteles de 4.300 en mi casa, así que no veo ninguna otra alternativa a lo que estamos haciendo“, comentó Peter Sachs al Washington Post, de 75 años, por teléfono desde su residencia en Las Vegas. “Pero no me siento culpable de ninguna manera. Incluso con los que están siendo subastados creo que es mucho más preferible que las obras vayan a parar a las manos de personas que realmente disfruten de ellas y que sepan apreciarlos, en lugar de que se queden almacenados durante setenta años en un museo sin que puedan ver la luz del día“.